NdA: ¡gracias por la acogida! :D He decidido dos cosas importantes acerca de este fic: que voy a ponerles nombres de sabores de helados a los capítulos, y que estos van a ser headcanons desarrollados. Lo cual significa que sí, voy a seguirlo c: No sé cuándo publicaré ni cuántos capítulos tendrá, pero sé que serán cortitos, y espero que os divirtáis leyendo tanto como yo me divierto escribiendo.
Fresa ácida
Iwaizumi Hajime, para los profesores cuando pasan lista y para los presentadores de los torneos de vóley. Siempre es el primer nombre que dicen cuando el Seijoh pisa la cancha y la hace suya a base de turquesa y blanco.
Capitán, para todo su equipo. Incluso para Kyoutani, que no respeta a nadie, después de una cantidad ingente de disciplina. Hasta Hanamaki y Matsukawa lo llaman así, y eso que son sus mejores amigos desde que empezaron a jugar juntos, hace ya casi tres años. Oikawa no los conoce tanto como él, claro, pero tiene el suficiente trato con ambos como para saber que son irónicos, y sarcásticos y burlones. A ella le costaría muchísimo meterlos en vereda, y tal vez ni siquiera lo conseguiría. Sin embargo, cuando se dirigen a Iwa-chan no hay ni una sola gota de humor o desdén en sus voces. Por lo menos la mayor parte del tiempo, lo cual es toda una hazaña. Cuando Oikawa ha salido con ellos le han tomado el pelo cada dos por tres, y lo triste es que nunca tiene la dignidad suficiente para retirarles la palabra durante más de diez minutos.
Hajime, para sus madres. Y para nadie más. De momento. Que ella sepa. Es un nombre bonito. Le queda bien. Suena cercano y le hace pensar en los jerséis grandes y calentitos que siempre le coge prestados, y que solo le devuelve cuando huelen a vainilla y a desodorante suave y al perfume que siempre se aplica en el cuello y los brazos por las mañanas. A chica. Hajime evoca en ella una especie de sinestesia; una capacidad casi mágica para asociar conceptos y palabras con sabores y olores de cosas que no están ahí, como leña cortada y fresa ácida. A Oikawa le gusta el sonido que produce el aire entre los dientes al pronunciar la jota, y cómo muere la eme en sus labios, amortiguada y redonda.
Lleva años probando a decirlo en voz baja cuando se queda sola, imaginando la cara que pondría Iwa-chan si una mañana lo saludase con un beso en la mejilla, cerca, muy cerca de la boca, dejando la marca del gloss, y le sonriera "buenos días, Hajime". Hajime es la razón por la que solo sale con universitarios. Porque en el instituto todo el mundo lo conoce, y ya es bastante doloroso verlo tras los párpados cuando la acarician bajo la falda o le desabrochan el sujetador. Hay veces en que su nombre le quema en los labios y necesita decirlo, necesita besarlo y morderlo, pero aprieta la mandíbula y se queda callada hasta que la respiración vuelve a encontrar su cauce y el miedo a que se le escapen esas tres sílabas va desapareciendo a medida que se viste y se seca la saliva de las clavículas.
Oikawa podría morirse si alguien en el Seijoh se enterase.
Oikawa Tooru. Prodigio sin precedentes en la historia del vóley femenino, genio matemático, bilingüe, amante de los gatos, seguidora incansable y suscriptora fiel de todas las revistas y documentales relacionados con avistamientos, espacio exterior y lanzaderas. Tiene a un montón de chicos haciendo cola en la puerta de su dormitorio pero sueña con tirarse a su mejor amigo porque es tonta del bote.
No debería reconfortarle tanto el hecho de que haya un apelativo que está reservado solo para ella.
–Iwa-chan.
Tirados sobre la cama de Oikawa a última hora de la tarde. Oikawa cerca del cabecero e Iwa-chan sentado en una esquina. La espalda recta contra la pared. Intercambiando impresiones sobre los deberes de inglés, porque sus profesores llevan el temario a la par y siempre les marcan los mismos ejercicios. El gesto laxo y concentrado. Remangado hasta los hombros. Iwa-chan se mete una cucharada de helado en la boca antes de levantar la vista de su cuaderno. Vainilla y fresa ácida. Una gran combinación.
–Qué.
¿Crees que tengo posibilidades contigo, Iwa-chan? Porque los chicos con los que salgo son buenos y amables, y no se merecen que piense en ti mientras estoy con ellos, pero cuando no estoy con nadie es incluso peor y mucho más frustrante, y me estoy haciendo daño.
Oikawa le sonríe detrás de su lápiz. Bocabajo sobre el colchón. La coleta mal hecha. En calcetines. El jersey granate de Iwa-chan no consigue taparle del todo las bragas.
–Nada.
Queríais el POV de Oikawa y aquí lo tenéis ´u` Iremos alternando. ¡Decidme sabores de helados -y si cuela, agregadme a Facebook-!
