Los personajes pertenecen a J.K. Rowling, a exepción de los que no reconozcan.
1.- Un poco de la vida de Ron Weasley.
—Rosie, por favor, guarda tus juguetes —pidió Hermione nuevamente a su hija.
—¿En serio nos iremos a vivir con los abuelos? —preguntó la ojiazul que estaba sentada en la alfombra de su habitación. Al lado de la pequeña había una caja de cartón con varios juguetes dentro de ella y otros más regados en la alfombra. Hermione dejo de guardar la ropa en la maleta y fijó la vista en su hija.
—Rose, ya te lo había dicho: el fin de semana nos iremos a Londres —dijo Hermione.
Nunca había tenido problemas con su hija, a pesar de su corta edad, era una niña muy inteligente. Había comenzado a hablar muy rápido.
—¿Pero por qué tenemos que irnos a Londres? —insistió la pequeña. Hermione se acercó hasta ella y se sentó a su lado.
—Cariño, mamá fue trasferida a un nuevo instituto, en Londres —explicó la castaña tiernamente.
—¿Qué es transferida? —preguntó la pelirroja con curiosidad, Hermione sonrió.
—Significa que ahora tendré que dar clases en el instituto en Londres y no aquí —expuso Hermione sonriendo a su hija —. Además viviremos con los abuelos, ¿no te parece excelente eso?
—Sí, pero... —la niña agachó la cabeza.
—¿Qué pasa, Rosie? —Hermione le levantó la cara suavemente.
—Ya no veré a Susy ni a Mark —contestó la niña tristemente —, ¡tampoco a la tía Luna!
— ¡Oh, princesa! No te pongas triste —Hermione abrazó a su hija —. Te aseguro que en Londres tendrás nuevos amigos... ¡Y la tía Luna también irá a Londres!
—¿En serio? —preguntó Rose abriendo los ojos.
—Por supuesto, amor. Ahora, ¿me ayudas a empacar? —Rosie asintió con la cabeza y luego comenzó a guardar los juguetes. Hermione le dio un beso en la cabeza y siguió guardando la ropa.
Londres, Inglaterra.
Un pelirrojo de ojos azules, cuerpo bien formado (gracias a los entrenamientos de fútbol y a que corría todas las mañanas) y sonrisa encantadora, se encontraba sentado en su oficina. Ron Weasley, ahora de veintiocho años, trabajaba en la empresa de su padre que se dedicaba a la construcción de edificios y hoteles. Ron era un gran arquitecto y era vicepresidente de la compañía. A lo largo de los años había creado una gran fortuna y vivía en una casa que él mismo había diseñado y construido.
No estaba casado y no salía con ninguna chica desde hacía seis años. Únicamente trabajaba y se dedicaba a sus sobrinos, en especial por Albus, el segundo hijo de su hermana Ginny y su mejor amigo Harry Potter.
Aparte de trabajar en la empresa, Ronald era socio de sus hermanos gemelos. Tenían una juguetería mundialmente famosa llamada "Sortilegios Weasley". Tenían sucursales por todo el continente de Europa, y en Australia y América. Pero sólo una en Londres, la primera que habían abierto.
Revisaba unos papeles sobre el último trabajo en que había estado trabajado. Un instituto nuevo que abriría en septiembre. Tan sólo faltaban unos detalles y el asunto quedaría listo. Levantó la vista cuando llamaron a la puerta.
—Adelante —dijo con voz amable.
—Señor Weasley —dijo una mujer de unos cuarenta años, ojos y cabellos negros con algunas canas.
—¿Qué pasa, Abie? —preguntó el chico a su secretaria. Abie Marshall era una mujer muy carismática y le tenía un gran aprecio al chico, igual Ron le tenía aprecio a ella.
—Sus hermanos, los gemelos, están aquí —anunció la secretaria con una sonrisa.
—Hazlos pasar, Abie —ordenó el pelirrojo sonriendo.
—En seguida —dijo Abie y salió de la oficina. Mientras el pelirrojo ordenaba los papeles que poco a poco había desordenado.
—¡Ronnie! —exclamó Fred entrando junto a su gemelo George. Tenían treinta años y al igual que los Weasley tenían el cabello rojo característico de ellos. Eran los bromistas de la familia, siempre haciendo bromas y sacándole una sonrisa a cualquiera. Los gemelos tenían el cabello corto y los ojos miel. Tenían buen cuerpo. George estaba casado con una chica llamada Angelina y tenía dos hijos: Fred II y Roxanne. Mientras que Fred seguía soltero.
—¿Qué tal, Fred, George? —preguntó Ron dejando los papeles sobre el escritorio.
—¿Cómo estás querido hermano? —Fred se sentó en una de las sillas frente al escritorio de su hermano, George se sentó a su lado.
—Bien, y ¿puedo saber que los trae por aquí? —cuestionó el ojiazul recargándose en su silla hacia atrás.
—Pues veras mi querido hermanito —comenzó George sonriente.
—Tenemos que viajar a Australia el fin de semana —continuó el otro gemelo.
—Por lo que te quedarás a cargo de "Sortilegios Weasley" en lo que estamos fuera —finalizó George.
—Está bien, de todas formas no tendré nada que hacer por éstas tres semanas —aceptó el varón más pequeño de los Weasley.
—¿Ya han terminado ese edificio para el instituto? —preguntó Fred jugando con el adorno que su hermano tenía en su escritorio, mientras George revisaba unos papeles que había sobre el escritorio.
—Sí. Sólo falta entregar unos papeles y unos cuantos arreglos y quedará listo –Ron se rascó la mejilla pensativo.
—¿Y qué es esto? —dijo George levantando los papeles y algo cayó al piso cuando lo hizo.
—Es lo que estaba revisando, estaban en un cajón y apenas los estaba viendo —contestó Ron sin darle importancia.
—Eh, George: se ha caído algo —dijo el otro gemelo agachándose y recogiendo lo que había caído, al tomarlo se dio cuenta de que era una foto. Le dio la vuelta y ahí estaba su hermano menor con una chica castaña de ojos marrones abrazados y sonrientes.
—¿Qué es eso? —quiso saber Ron mirando el papel que su hermano aún tenía entre sus dedos.
—Una foto, ¿Por qué todavía guardas eso? —le cuestionó Fred a su hermano menor dándole la foto.
—Se debió haber quedado aquí —contestó Ronald dejando la foto sobre el escritorio, cambiando su expresión.
—¡Vamos, pequeño Ronald! Ya debes dejarla atrás —dijo Fred sonriendo. El ojiazul no contestó, pero fijó su vista en la foto.
—Será mejor que nos apuremos, si no llegaremos tarde y mamá se enfadara —intervino George. Fred se levantó sonriente y se encaminó a la salida, dejando solos a su gemelo y a su hermano pequeño.
—Aún la amas –dijo George. No era una pregunta, era una afirmación.
—Demasiado George —suspiró Ron cerrando los ojos.
—Escucha Ronald, tal vez Fred tenga razón y debas dejarla atrás —George a pesar de ser bromista y de siempre molestar a su hermano, era más serio que su gemelo —. Hermione se fue y desde entonces no has salido con nadie, Ron. Tal vez deberías darte una oportunidad. Mírate: eres joven, con buena posición y lo único que haces es trabajar. Sólo estas en el trabajo y tu tiempo libre lo pasas con tus sobrinos. Piénsalo hermano, deberías ser feliz.
George sonrió tristemente y salió de la oficina de su hermano menor dejándolo solo.
—Ser feliz —repitió el ojiazul en voz baja. Con un último suspiro se levantó de su silla, guardó la foto en el primer cajón de su escritorio, agarró su saco y salió de su oficina.
Abajo lo estaban esperando los gemelos, George hablaba por celular y Fred coqueteaba con una de las recepcionistas.
—¿Otra más? —preguntó Ron a George señalando en dirección a Fred.
—Sí —afirmó George mirando a su gemelo y colgando el celular —. Otra más en la lista de Fred Weasley. Vamos, no quiero hacer esperar a mamá y mucho menos a Angie... ¡Fred!
Fred volteó hacia su gemelo un segundo y volvió su vista a la recepcionista, le dijo algo que hizo sonreír a la chica y después se despidió.
—¿Nos vamos? —preguntó sonriente.
—Sí, nos vemos allá —dijo Ron antes de dirigirse al estacionamiento por su camioneta. George y Fred salieron por la puerta de entrada, ya que el auto del segundo estaba aparcado frente al edificio y el de Ron en el estacionamiento. Caminó unos cuantos pasos hasta llegar a su camioneta, una Explorer en color gris.
Estaba saliendo del estacionamiento cuando vio el BMW rojo de Fred avanzando a unos metros de él. Salió del estacionamiento y condujo detrás de su hermano por media hora hasta llegar ante una enorme casa. Tenía un jardín lleno de plantas y un enorme árbol. La casa era de ladrillo y estaba pintada de blanco y por los bordes de un azul claro. Ron aparcó su camioneta frente a la casa, detrás del auto de su hermano Fred.
—¡Llegamos! —exclamó George saliendo del auto, al mismo tiempo que la puerta se abría y salía un pequeño de siete años, el pelo rojo, los ojos negros y con pecas.
—¡Papá! —gritó el pequeño corriendo hacia George.
—¡Fred! —saludó George acariciando la cabeza de su hijo.
—¿Y para tu tío consentido no hay abrazo? —preguntó el otro gemelo saliendo del auto.
—¡Tío Fred! —el pequeño abrazó a su tío.
—¡Hola, pequeño Freddie! —respondió Fred a su sobrino y ahijado.
—James está dentro ¡tiene un nuevo balón de fútbol! —exclamó el niño emocionado.
—¿En serio? —preguntó mientras caminaban hacia la casa.
—Sí... –dijo el niño a su lado.
—¡Eh, Ron! ¿No vas a entrar o qué? —gritó Fred, ya que el ojiazul ni siquiera había salido de la camioneta.
—¡Ya voy! –gritó Ron abriendo la puerta de la camioneta. Salió y volvió a cerrar la puerta, dirigiéndose a la puerta de la casa, que seguía abierta. Entró y la cerró. Avanzó desde el umbral hasta la sala donde estaba su sobrina Lucy sentada en el sillón leyendo una revista.
—Hola, Lucy —saludó el pelirrojo a su sobrina.
—Hola, tío Ron —contestó la niña con una sonrisa.
La pequeña tenía el cabello rizado y café obscuro, como Audrey, su madre y los ojos azules de Percy, uno de los hermanos de Ron y usaba lentes de montura delgada en color lila. Lucy, a sus ocho años de edad, era una niña muy inteligente y seria, al igual que Percy, pero también era muy dulce y tierna, como su madre. Jugaba con sus primos y todo, pero normalmente la veías leyendo. Era la sobrina consentida de Ron, y tal vez el hecho de su forma de ser le recordaba a Hermione.
—¿Qué lees pequeña? —le preguntó Ron mientras se sentaba a su lado.
—Es una revista sobre el mundo marino —contestó la niña fijando su atención en las páginas.
—¿Mundo marino, eh? —Ron se fijó en las hojas de la revista y sonrió.
—Sí, es fascinante ¡simplemente maravilloso! —exclamó la niña sonriente.
—Creo que en casa tengo un libro sobre eso —dijo Ron con aire pensativo —. Echaré un vistazo y si lo encuentro te lo traeré la próxima vez.
—¡Gracias, tío! —Lucy besó la mejilla de su tío, felizmente.
—De nada, pequeña —Ron sonrió. Estaba a punto de preguntar por el resto de la familia cuando escucharon pasos por el pasillo y segundos después, en la entrada de la sala, estaba Molly Weasley.
—¡Ron, que gusto verte hijo! —dijo la señora Weasley acercándose para abrazar a su hijo.
—También me alegro de verte, mamá —contestó el ojiazul mientras su madre le daba un beso en la mejilla. Molly Weasley era una persona dulce, tierna y muy amorosa, pero tenía su carácter también. Tenía los ojos cafés claros y el pelo rojo surcado con varias canas.
—Tu padre y tus hermanos están en el patio –informó antes de salir nuevamente de la sala.
—Será mejor que también salga —Lucy cerró la revista y la dejó a un lado de ella mientras se levantaba y caminaba junto a su tío.
—¿Molly sigue tratando de persuadirte? —preguntó Ron levantando una ceja. Molly II era la hermana mayor de Lucy y era lo opuesto a ella, más divertida y liberal.
—Sí, toda la semana me ha molestado con lo mismo —contaba la niña mientras avanzaban hacia el jardín y comenzó a imitar a su hermana —. "Lucy, relájate", "Lucy, deja ese libro por un segundo", "Lucy, disfruta la vida".
—¡Vaya! —rió Ron ante las ocurrencias de su sobrina. Ya habían llegado ante la puerta que daba al enorme patio de la Madriguera, como le decían a la casa. Abrió la puerta para salir, dejando pasar primero a su sobrina y después él. Y allí estaban todos los Weasley, a excepción de Charlie, el segundo hijo del matrimonio Weasley. Vio al resto de sus hermanos, su padre, Harry (su único cuñado hombre y mejor amigo). Y en la piscina que había estaban los niños jugando en el agua.
—¡Hola, Ron! —saludó Arthur Weasley, sentado en una mesa de picnic que tenía una enorme sombrilla cubriéndola del sol. Sentado al lado del señor Weasley estaba Harry, Percy y Bill, mientras los gemelos estaban en el borde de la alberca cuidando a los pequeños.
—Hola, papá. ¿Cómo están? —Ron se sentó en una silla libre, a un lado de Harry.
—¡Eh, Lu! —gritó un pequeño rubio de ojos azules, Louis Weasley —¡Ven a nadar!
—Hablamos luego, tío Ron —dijo Lucy antes de irse junto a su primo.
—Pensé que se quedaría dentro hasta la hora de la comida —dijo Percy mirando a su hija.
—¿Qué tal te va? —le preguntó Bill.
—Bien, ahora que ya terminamos el edificio tendré descanso —suspiró Ron.
—Pero, quedarás a cargo de la juguetería por tres semanas ¿no? —preguntó Percy.
—Así es, por cierto, ¿por qué mamá organizó una reunión en jueves? —quiso saber el varón más pequeño de los Weasley.
—Para despedir a los gemelos —respondió Harry.
—Pero se van hasta el sábado —comentó Ron mientras se servía un vaso de limonada.
—Sí, pero como mañana van a estar el día ocupados con las maletas y su vuelo es por la mañana –aclaró Bill sonriente.
—Creo que ya debemos llamar a los niños —Arthur se puso en pie y caminó hasta donde sus nietos. Al mismo tiempo la puerta del patio se abría y por ella entraba la única hija mujer de Arthur y Molly, Ginny.
—¡Ron! Mamá dijo que ya habías llegado —Ginny se acercó y le dio un beso en la mejilla.
—Llegué junto con los gemelos —dijo él mientras veía a los niños salir del agua.
—Ni siquiera han saludado, llegaron directo al patio —comentó Ginny mientras abrazaba a Harry —. Mamá dice que ya esta lista la mesa, que pasen a comer.
—¡Excelente! Muero de hambre —Ron sonrió.
—Ronald, tú siempre tienes hambre —rió Ginny.
—¡Tío, Ron! —gritó un pequeño corriendo hacia él.
—¡Albus! —Ron cargó al pequeño cuando llegó ante él.
El niño era igualito a Harry, sólo que sin lentes y sin cicatriz. Tenía el mismo pelo indomable y azabache que Harry y los ojos verdes tan brillantes. Era el más pequeño de los nietos, con tan sólo cinco años de edad. Estaba todo mojado, dado que apenas había salido de la alberca y su cabello estaba aplastado en su frente. Él, aparte de Lucy, era el sobrino favorito de Ron, aunque él fuera padrino de James.
—Albus, ¡vas a mojar a Ron! —dijo Ginny agarrando una toalla y extendiéndola para secar al niño —. Ven, vamos a cambiarte.
El niño bajó de los brazos de su tío y se paró frente a su madre. Ginny se agachó para estar a la altura del niño y lo secó.
—¡Niños, séquense antes de entrar! —ordenó Percy al ver que los demás niños avanzaban hacia adentro de la casa.
—Vamos, Ron —dijo Arthur, mientras Percy, Harry y Ginny daban toallas a los niños.
Avanzaron hasta la casa, pasaron por la sala y siguieron hasta llegar al comedor, donde había una enorme mesa rectangular hecha de madera. Audrey, Fleur y Angelina ya estaban ahí terminando de acomodar los cubiertos.
—¡Hola! —dijeron todas a coro.
—Hola —respondió Ron al saludo.
—En un momento servimos –dijo Audrey.
Angelina era una chica morena y de pelo lacio y negro. Fleur era rubia y de ojos azules. Angelina y Fleur salieron por la puerta que conectaba el comedor con la cocina y momentos después regresaron junto con Molly cargando varios platos de comida.
—Tomen asiento —indicó Molly, mientras los niños llegaban corriendo y ocupaban sus lugares.
—¡Niños! —venía gritando Percy detrás de ellos.
—Tío, más tarde nos volveremos a meter a la alberca —dijo James con una sonrisa pícara en el rostro —. Así que no es necesario que nos cambiemos.
—James tiene razón —concordó Fred.
—Sí, pero tendrán que esperarse dos horas después de comer —dijo Percy blandiendo el dedo índice.
—Ya sabemos, papi —Molly II rodó los ojos y se sentó junto a su prima Dominique, que era la única de los hijos de Bill que había salido pelirroja y de ojos azules.
Uno a uno fue tomando lugar en la mesa. James, Fred y Roxanne, la hermana pequeña de Fred, se sentaron juntos. Lucy se sentó junto a su tío Ron y Louis a un lado de Lucy. Todos ya estaban sentados cuándo reapareció la señora Weasley con una enorme bandeja de pechugas de pollo.
Pronto el comedor fue un total caos: conversaciones aquí y allá mientras los platos pasaban de mano en mano. A pesar de que ya todos habían tomado lugar, aún quedaban siete lugares vacíos y la señora Weasley no perdía la esperanza de que pronto fueran ocupados.
Así transcurrió la tarde y parte de la noche. A partir de las nueve todos se fueron yendo, los últimos en irse fueron Ron y Fred, quien había invitado a su hermano menor para tomar unas copas, pero éste se negó. Así que condujo 45 minutos hasta llegar a su casa. Una linda casa de ladrillo en color azul claro. La casa el mismo la había construido y diseñado. Tenía una recámara principal, con baño propio y dos habitaciones extras. Introdujo la llave en la cerradura de la puerta principal, entró y volvió a cerrar con llave la puerta. Sin encender las luces subió escaleras arriba y se dirigió a su dormitorio. Estaba exhausto, así que se puso su pijama y se tiró en la cama quedando completamente dormido.
¡Hola! Les traigo este nuevo capítulo que espero sea de su agrado.
Gracias a quienes comentaron el primer capítulo, a quienes agregaron a favoritos y a quienes dieron Follow
Bueno, les aviso que actualizaré cada viernes o sábado, sin falta.
¡Saludos!
LunitaEmo-Granger
