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Los meses transcurrieron en un abrir y cerrar de ojos, entre los preparativos de fin de curso, los exámenes de admisión de ingreso a la universidad y mi esperado viaje de mudanza; el tiempo se fue volando. Recuerdo la noche anterior a mi vuelo a Tokio, mamá me dio un gran abrazo y con lágrimas en los ojos me deseó buena suerte. Fue extraño, no tanto el que me abrazara sino su mensaje, era como si supiera que algo ocurriría en mi nueva vida que me impediría volver al nido, ella tenía razón, ese fue el último día que viví bajo su techo. Después de mi mudanza yo no volví a casa más que para algunas fiestas especiales, pero no hacía más de unos días.
Debo confesar que aunque Tokio es una metrópoli muy urbanizada, moderna y bella, en su tipo; no le envidiaba nada a Kioto. Incluso los árboles de cerezo se me hacían de un tono más pálido que el de los jardines de mi ciudad natal. Mi abuelo había plantado unos hermosos árboles de cerezo en el rancho de los Fujino, en esta época del año era cuando florecían, era hermoso tan sólo correr bajo sus pétalos. Nosotros... No. Es un recuerdo muy doloroso, la caída de las hojas. No quiero recordar.
Ahora debo concentrarme en mi nueva vida en la ciudad, nuevos amigos, nuevos maestros, nuevo todo. Incluso mi tía había pedido expresamente que le llamara por su nombre, nada de formalidades que a ella eso no le iba; era una persona rara pero supongo que por eso ella también huyó del pueblo. Si mal no recuerdo, la historia como me la contaron fue así, Midori y su hermana menor se fueron a Tokio a estudiar a la universidad, pero ninguna volvió nunca, ambas encontraron su destino en la metrópoli y eso decepcionó grandemente a mi abuelo, sólo mi padre se quedó en el rancho y lo trabajó con entereza. Esa es la razón por la que nosotros lo heredamos en toda su extensión.
Pero volviendo a la historia de Midori, ella estudió Derecho mercantil, parece ser que se relacionó muy bien y administra los negocios de una familia extranjera muy poderosa. Aunque Midori es muy extrovertida y muy fresca, cuando de esa familia se trata, sus labios se sellan. Mamá piensa que deben ser narcotraficantes y es por eso que mantiene el misterio entorno a su empleo. Lo cierto es que la casa que me proporcionó para vivienda, se encuentra en una zona muy acomodada de Tokio, tiene espacio para guardar la camioneta que papá me obsequió cuando terminé la preparatoria. De hecho se encuentra en una zona privada, hay un vigilante en la entrada del fraccionamiento, aparte de que la entrada es por medio de una tarjeta que da acceso a la colonia. A pesar de que no son departamentos, no conozco a mis vecinos, muchas de estas casas se encuentran deshabitadas y las que lo están, probablemente sus propietarios se encuentren fuera todo el día, de tal forma que pareciera que es una zona fantasma.
Todo lo contrario cuando estás en la calle, Tokio está sobrepoblado, ves caras y caras y estoy segura de que nunca vas a encontrar a alguien conocido, es una ciudad demasiado grande para que eso ocurra. El tráfico es una locura, hay ocasiones donde prefiero simplemente coger el metro pues es mucho más descansado, salvo el hecho de que tengo que madrugar porque lo mismo yo necesito entrar a las 7 de la mañana que los otros 13 millones de habitantes. De todas maneras el distrito de Ginza no está muy lejos de la Universidad, pues me encuentro en una zona de abolengo y casi céntrica, uno de los 23 barrios especiales de Japón. La vida nocturna de la ciudad es mágica, es una lástima que realmente mi enfoque a la universidad me mantenga ocupada todos los días, pues, de estudiar cualquier otra carrera universitaria, probablemente me la pasara en la vida bohemia.
Ando fuera todo el día, realmente llego a casa entrada la noche y sólo a hacer mis deberes, después de todo, la casa es de Midori pero ella no vive conmigo. Sí es cierto, era parte del trato que no viviera sola, pero Midori me dijo que su trabajo la mantenía lo suficientemente ocupada como para nunca estar en casa, viajaba mucho y... Creo que tiene pareja, así que estoy segura de que ella vive en otro lugar y sólo me ha dado esta casa para mantener tranquilos a mis padres. Nunca he recibido correspondencia suya en esta dirección, así que probablemente mi teoría sea cierta. Midori no vive aquí. Pero bueno, ¿por qué he de ser yo quien desmienta su versión de los hechos? Si les dijo a mis padres que compartiríamos casa, ¿quién soy yo para contradecirla? No, definitivamente eso es algo que nunca haré. No es como si yo pudiera dejar entrar a mis amigos aquí, si alguna vez lo hice, el vigilante los miró con tal desconfianza, que hablaba cada hora a la casa para saber si estaba bien. Nunca más, dije yo. Al menos aquí no.
Sin embargo, mañana tengo un examen muy importante, el primero del semestre, necesito una nota sobresaliente, tengo planes, quiero un buen promedio, lo necesito, una beca en el extranjero sería genial. Además tengo la mejor asesora de la universidad de medicina, es una suerte que me haya tocado como tutora de equipo. Tokiha-sensei, es una doctora reconocida a nivel internacional, los condiscípulos superiores dicen que ha venido a apoyar en un proyecto ambicioso a la universidad de Tokio y es por eso que de momento está radicando en Japón, suerte para mí. Tener a una neurocirujana reconocida en el medio como maestra y tutora es algo genial. Casi como de cuento. Pero volviendo a mi aburrida vida, tengo que estudiar, así que he regresado antes a casa pero cual fuera mi sorpresa que las luces de la sala se encontraban encendidas, mas sin embargo no estaba el automóvil de Midori en la puerta.
Con algo de recelo, entré a la casa, donde desde afuera se escuchaba el televisor encendido, una silueta se encontraba ahí y entonces un escalofrío me recorrió toda la espalda erizándome hasta el último vello de mi piel. ¡No estaba sola! ¡Hay un extraño en mi casa! En silencio, cogí un jarrón de la mesita de estar en la entrada de la casa y caminé despacio hacia la amenaza. Entonces emití un grito hacia él para llamar su atención.
- ¡Oye! - Grité, causando de esa manera que el invasor volteara y cuando lo hizo fue demasiado tarde, le rompí el jarrón en la cabeza causándole tal vez una contusión. Fue tan rápido que no pude detenerme, él no era un él, sino una ella, lo supe por su gemido de dolor.
Tirada en el piso, totalmente fuera de combate y con una leve cortada que comenzaba a sangrar me asusté, entré en pánico de hecho. Era una joven de cabello largo y cobalto, de finas facciones y con un atuendo de motociclista... ¿Será posible que...? Sin embargo, como mi presunta asaltante no reaccionaba decidí entonces llamar a la tía Midori, pues me temía lo peor en ese momento.
- ¡Ja ja ja!
- No te rías... Duele.
- Lo siento Natsuki, es que es tan gracioso, ja ja ja...
- No es gracioso tía Midori, has debido decirme que tendríamos visitas. - Repuse mientras le trataba de bajar la inflamación provocada por el golpe, a la extraña en mi sala.
- Lo lamento Shizuru, se me pasó.- Lo dijo tan inocente que hasta la lengua sacó. - Shizuru, te presento a Natsuki Kruger, compartirás la vivienda con ella una corta temporada, estará aquí unos meses solamente así que espero que se lleven bien las dos.
- Gusto en conocerte – Dijo Natsuki aún con los hielos envueltos en un paño de cocina sobre la cabeza.
- Lamento lo que ocurrió, pero te lo merecías, has debido llamar antes de entrar.
- ¿De qué hablas? No había nadie en casa.
- De todas maneras eso no estuvo bien.
- ¿Así es la recepción de la gente de Kioto? Caray...
- Bueno chicas, yo les dejo, es tarde y tengo muchas cosas que hacer, Shizuru, esta casa es lo suficientemente grande para las dos, así que no te preocupes en compartirla y Natsuki...- Midori hizo una pausa larga – Pórtate bien por favor.
- Mientras Shizuru tenga las manos vacías estaremos bien Midori, gracias por el hospedaje.
Desde entonces mi aislada vida terminó, pues un buen día Natsuki Kruger se mudó a mi hogar en Tokio convirtiéndole en un completo caos. Ella era una persona extraña. Empezando por su apellido, Kruger, Natsuki insistía en que era japonesa pero su apellido obviamente no lo era, al goglear su nombre no aparecía nada por internet y el apellido Kruger era tan raro como desconocido aún. Lo más que pude obtener es que era de un origen alemán... ¿tal vez? Bueno, hasta ahí llegó mi paciencia por buscar, no suelo hacer esas cosas realmente, prefiero las preguntas directas.
Natsuki era una joven de ojos color esmeralda, de complexión delgada, cabello largo y cobalto, un acento que no tenía acento, al menos ninguno que yo pueda reconocer y un pésimo gusto para vestir. Siempre usaba camisas de manga larga y esos guantes de motociclista... ¡Nunca se los quita! Inclusive come con ellos y me atrevería decir que duerme con ellos también. Nunca puedo cruzar más de dos palabras con ella, es muy esquiva pero no es que sea desagradable, sólo es muy cerrada, nunca me cuenta nada y por lo general se la pasa en la casa sin hacer nada. En algunas ocasiones como ahora, sale de la casa y no vuelve hasta muy entrada la noche, otras simplemente no vuelve. Cuando creo que debo llamar a Midori por su ausencia regresa, como si nunca se hubiera ido, es probable que esté mal de la cabeza.
Estaba en periodo de exámenes de nuevo, Tokiha-sensei había encomendado un trabajo de grupo en compensación para los créditos de su materia y quería impresionarla, así que me adjudiqué la responsabilidad de la investigación dejando que por esta vez, mis compañeros se enfoquen en sus otras materias. Lamentablemente estaba muy presionada por ello, tanto que el cenicero se encontraba lleno de colillas, un hábito que aprendí de mi padre y que no he podido dejar a pesar de que lo he intentado varias veces. Es imposible, cuando estoy estresada o como mucho o fumo, prefiero fumar, los kilos con el tipo de vida que llevo son algo que difícilmente consiga bajar. Un ruido en la cocina me asustó pero pensé que era Natsuki revolviendo las cosas en la alacena, cuando encendí la luz me sorprendió mucho un gato rojizo buscando algo de comer. A la distancia miré cómo escalaba por lo alto de la alacena en su búsqueda de alguna lata de atún.
- ¿Estás perdido? - Le llamé, dirigiéndome al refrigerador y sacando una caja de leche para servirle en un plato desechable – Ven gatito, ven.
Entonces el gato pelirrojo se acercó a mí y bebió del plato con naturalidad, sin miedo, permitiéndome acariciar su brilloso pelaje y contemplar sus manchas negras mezcladas con el pelo rojo. No tenía collar, pero su condición corporal me indicaba que estaba bien alimentado, quizá se había escapado de su casa o tal vez sus dueños se mudaron y lo abandonaron; sea lo que fuere, el gato estaba en mi cocina bebiendo leche, probablemente Natsuki dejó la ventana abierta otra vez.
- Heathcliff, ¿te parece bien? - El gato me ignoró, pero un ronroneo se escuchó desde su pecho, lo llevé a mis brazos y comencé a rascarle las orejas, acto que el felino apreció enormemente.
- ¿Shizuru no has visto mi...? - Entró a la cocina la susodicha, quien me contempló con una sonrisa burlona - ¿Tenemos una mascota?
- Dejaste la ventana abierta, entró buscando comida.
- Ya veo.
- Ve a la tienda por alimento para gato – Ordené con firmeza.
- ¿Disculpa?
- Ha sido culpa tuya que el gato entrara y no lo vamos a dejar sin comer, así que coge tu apestosa motocicleta y busca alimento para gato en la tienda.
- Está bien, Shizuru, ¿has cenado? He visto como doscientas colillas de cigarro en el comedor y no veo ningún plato de comida en la mesa, ni siquiera usado.
- No exageres Natsuki, tal vez me haya fumado dos...- Pero ella tenía razón, en realidad no había probado bocado desde la mañana, estaba tan ensimismada con mi trabajo que me olvidé por completo de ello.
- Vuelvo pronto, iré por algo de comer para los tres, no tardo.
Dicho esto se fue. Natsuki, como decía antes, era una persona extraña, sin embargo a pesar de no demostrar ningún tipo de respeto por el protocolo, como lo es llamarme por mi nombre sin haberme pedido permiso; siempre está al pendiente de mí. No pasó mucho tiempo cuando escuché que guardaba su motocicleta en el garage, como lo prometió, trajo comida para los tres y cenamos tranquilamente como si fuéramos viejos amigos a la mesa. Heathcliff terminó su comida y se echó a mis pies mientras finalizaba mi sopa china, en silencio, contemplaba los rasgos de Natsuki, había algo en ella que se me hacía familiar, pero no podía decir qué era exactamente.
- ¿Qué te pasó en el rostro? - Tenía un golpe en la cara, en la mañana no estaba así - ¿Te has caído nuevamente de la moto? - Al principio no me respondió, sólo se llevó la mano a la mejilla que estaba amoratada por el golpe, se sonrió y me miró a los ojos antes de responder.
- Se me cerró la puerta automática de la tienda en la cara. - Le miré con cierta incredulidad a lo que ella continuó. - Seguramente no tengo alma. - Y por respuestas como esas es que digo que ella es una persona anormal.
Esa mañana el despertador no sonó o quizá no lo escuché, el punto aquí es que me dormí y salí corriendo para llegar en punto a la universidad, donde mis amigos me preguntaron sobre el trabajo y la verdad... Lo dejé en casa.
- ¿Se te olvidó el trabajo Fujino? ¡Pero si tienes memoria de elefante!
- Lo siento Suzushiro, en cuanto el examen de embriología finalice iré volando a casa por la memoria y lo imprimiré antes de que la doctora Tokiha lo pida.
- Shizuru, no vas a llegar a tiempo, es mejor que hablemos con la doctora Tokiha para pedirle una oportunidad de traérselo mañana. - Esa era Yukino, quien mantenía siempre la compostura y la ecuanimidad, casi tanto como yo. Sí, ella tenía razón, era imposible hacer lo que dije.
- Disculpen...- Entonces una voz nos interrumpió, una que no tenía nada que hacer en la universidad. - Dejaste esto en casa Shizuru. - Era Natsuki, quien tenía mi memoria en la mano y mis ojos no podían apartar la vista de ella.
- ¡Matanga! - Exclamó Suzushiro, quien ni tarda ni perezosa se llevó a Yukino para imprimir el trabajo juntas.
- Natsuki, no sé como agradecerte esto, yo me dormí y me olvidé por completo...
- Sí, sí; el gato me avisó que te habías ido sin esto, también me dijo que te pasaste el desayuno. - Rara como siempre – Andando. - Me cogió del brazo y me haló hacia la dirección contraria de donde apareció.
- ¿A dónde me llevas?
- Vamos a la cafetería para que comas algo, no puedes dar un examen con el estómago vacío.
Desayunamos en completo silencio, muchos de mis condiscípulos nos vieron con curiosidad, en realidad todos me conocían pero a Natsuki nadie le había visto y dada su apariencia era imposible no fijarse en ella. Además todos usaban bata y ella una chaqueta de cuero negro, el cabello suelto y un juzu enroscado en la mano izquierda que junto con sus guantes, no se los quitaba ni para bañarse supongo.
A pesar de su apariencia, Natsuki me parecía muy atractiva. Sus rasgos finos, su tez blanca y pálida, sus labios delgados... Era una joven bendecida de belleza innata, lo malo es que era descuidada en su arreglo personal, pero sin duda detrás de esa máscara de indiferencia y desgracia; se encontraba una mujer noble y bonita. Seguramente mis condiscípulos también lo han notado y por eso cuchichean al pasar cerca de nosotras.
- Menudo alboroto has causado Shizuru-chan. - Esa voz...
- ¡Tokiha-sensei! - Pegué un brinco del susto pues no me esperaba que la pelirroja se acercara tan de la nada.
- ¿Puedo sentarme con ustedes? - Preguntó con cortesía, a lo que respondí que sí, sin dudarlo – Haruka-chan me ha contado, le he visto imprimiendo como loca junto con su inseparable amiga.
- Lo siento Tokiha-sensei, no volverá a suceder.
- No te presiones Shizuru-chan...
Tokiha era una mujer pelirroja, de cabellos cortos, apariencia estética, ojos violáceos y de sonrisa contagiosa. No era muy alta pero sus atributos estaban bien distribuidos si me lo preguntan, era mayor que yo y las malas lenguas dicen que tenía más de cincuenta años... Pero si eso era verdad, ¿por qué rayos parecía una colegiala más en bata? El rumor debía tener algo de verdad, es decir, Tokiha-sensei no pudo haber concluido su educación antes de los treinta años, después estudió la maestría en el extranjero y tiene un doctorado. En Hong Kong, ya era famosa por sus manos prodigiosas en la neurocirugía cuando yo ni siquiera pensaba en qué hacer con mi vida.
- ¿Y quién es tu amiga Shizuru-chan?
Entonces reparé en la presencia de Natsuki a la mesa, quien nunca, desde que la conozco, había visto que le pusiera mala cara a nadie. Natsuki siempre era indiferente, pero con Tokiha-sensei no sintió asco para demostrarle su desagrado. Los ojos verdes de Natsuki echaban fuego, ¿por qué? ¿qué está pasando?
- Ella es Kruger Natsuki. - Decidí presentarla ya que la susodicha no tenía la más mínima intención de hacerlo. - Me ha traído el trabajo que dejé en la casa sensei.
- No tienes por qué darle explicaciones Shizuru. - Espetó Natsuki.
- Kruger-san – Ahora la sensei miraba a Natsuki de una manera enigmática, sin perder ni la sonrisa ni la compostura, como si la escena le pareciera divertida – Shizuru-chan recién inicia la carrera de medicina, pero yo le auguro un enorme futuro en ella. - Tokiha-sensei continuó sin dejar de mirarle a los ojos. - He pensado, si estarás de acuerdo conmigo, que a Shizuru-chan le vendría bien una especialización fuera de Japón, ¿no lo crees tú?
El duelo de miradas prosiguió, Natsuki miraba con recelo a Tokiha-sensei sin decir una sola palabra; las dos permanecieron así por lo que me pareció una eternidad. Natsuki le peló los dientes a la sensei y se levantó de la mesa sin decir una sola palabra, sólo se fue. Estaba tan apenada con la sensei que no buscaba cómo excusarme con ella. Tokiha-sensei me dijo que no me preocupara, para ella no fue algo inusual... Pero yo estaba tan enojada, estaba indignada. Natsuki nunca debió comportarse así, sensei no le hizo ni dijo nada. Pero cuando llegara a casa me iba a oír, esto no se quedaría así.
El día fue más pesado de lo que pensé, llegué a casa sin ganas de nada y la verdad no tenía muchas ganas de ver ni saber nada de Natsuki. No pude concentrarme bien en mi examen y no creo haber dado una nota sobresaliente, el trabajo que hice toda la noche anterior fue casi al vapor y por último ese momento incómodo en la cafetería... No. Un día para olvidar.
En la sala, se encontraba un piano de cola que siempre estaba cubierto por una sábana blanca para protegerlo del polvo, se veía que nadie lo tocaba nunca y me pregunto por qué la tía Midori tendría uno si no sabía tocar. Es por eso y por muchas cosas más que dudo que esa casa en verdad le perteneciera a ella. Pero esta vez el piano no fue ignorado, en cuanto entré a la casa lo escuché cantar, alguien lo estaba tocando magistralmente, una pieza desconocida y melodramática, pero hermosa para mis oídos. Cada nota perfecta. Cada silencio exacto. Y la persona que ejecutaba la melodía era Natsuki, quien hasta ahora, desconocía que supiera hacer algo más que dormir.
A oscuras, sentada en el banquillo, Natsuki pareció ignorar mi presencia en la habitación mientras de memoria digitaba las teclas del piano con delicadeza. Heathcliff, se encontraba echado en un mueble cercano al piano, dormía plácidamente probablemente adormecido por la música. Cual hechizo, yo también sentí deseos de dormir, me sentí relajada. Entonces todo mi enojo y frustración inicial desapareció y me embargó la curiosidad, lentamente me acerqué hacia ella y la escuché tocar el instrumento. Abrí la boca para preguntarle dónde había aprendido a tocar pero ella adivinó mi pregunta aún no formulada y respondió.
- Esta melodía la compuso mi mentor en el internado. - ¿Internado? - Murió poco después de habérmela enseñado, desde entonces, vive por siempre en mi corazón.
- ¿Por qué estuviste en un internado?
- Porque soy huérfana de padre y madre, Shizuru. - En este punto culminó la melodía y se llevó las manos sobre las rodillas. - Mi familia no me quiso cuidar y prefirieron mantenerme ahí hasta que tuviera la edad suficiente de volver a casa.
- ¿Qué sucedió...? - Tenía miedo de preguntar, Natsuki bajó la cabeza y no me miraba a los ojos, a pesar de la penumbra pude distiguir aflicción en su rostro.
- Un accidente automovilístico acabó con sus vidas, sólo yo sobreviví, esto ocurrió cuando cumplí los siete años. - Nada dije después de esto, quedé conmocionada, no sabía que decirle. Hasta este momento, para mí, Natsuki era una especie de niña rica y extravagante, sin necesidad de trabajar y de vida fácil. - Sé que no te agrado Shizuru, sólo te pido que lidies conmigo un tiempo más, estaré aquí hasta las festividades del Obon y después me iré de tu vida.
- ¿A dónde?
- A casa, soy la heredera de una familia muy antigua quien aún no puede tomar posesión de sus bienes.
