Declaimer: Los personajes de esta historia no son míos, son tomados del cartoon ¡Hey Arnold! De Nickelodeon. Este fanfic está hecho sin fines de lucro solo es para divertirse leyendo.

Sumary: ¿Cómo sellar tus labios? ¿Hay un método práctico cuando las palabras y el amor surgen? Arnold y Helga lo descubrirán en una noche… ¡No se lo pierdan! ¡DEJEN REVIEWS!


Esta historia está dedicada a Aquarius No Kari que de no ser por su insistencia jamás le hubiera puesto atención a esta idea y mucho menos a escribirla.


¿Cómo sellar tus labios?: Método práctico.

- ¡¿Qué?!

- ¡Shhhhhhhhhhhh! ¡¿Quieres que te oiga todo el mundo?! ¡Phoebe!

- Lo siento, Helga… pero ¡te dijo eso! – se puso las manos en la boca.

- ¡Que sí, que sí! – Sacó los libros del casillero – yo me quedé helada, Phoebe.

- ¿Pensaste en lo que te dije? – Le susurró a su amiga.

- ¿Sobre si estoy enamorada de él? – La chica asintió – pues… no sé… - se mordió el labio – pue…

- ¡Habla, Helga!

- ¡Sí, creo que sí me enamoré de él!

- ¡Qué felicidad! ¡Vamos, quiero que me cuentes todo! – y sin decir más cerró el casillero de su amiga y la empujó a un lugar donde pudieran hablar más tranquila sin saber que alguien las había escuchado…

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- Simplemente no lo creo…

- Rhonda, trata de…

- ¡Me rechazó, Nadine! ¡Se supone que por eso lo invité!

- Bueno…

- No se te ocurra justificarlo ¡Ni siquiera me dijo cual era el nombre de su cita!

- Sí, pero no es para tanto.

- ¡¿Qué no es para tanto?! ¡Me quedé sin pareja!

- ¿Y si invitas a…

- ¡Ni lo pienses, Shina!

- Es una opción…

- Cuando me esté muriendo… sólo cuando me esté muriendo…

- Entonces apresúrate a encontrar a alguien porque si él consigue pareja…

- ¡Chicas! ¡No me torturen!

Shina y Nadine vieron a Rhonda con paciencia ¿A quién pudo haber invitado ese chico?

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- ¡Lo conseguí muchachos! ¡Les dije que lo haría!

El vestidor de los chicos se llenó de gritos y silbidos para felicitar a Martin.

- ¿Y cómo lo lograste?

- Pues… se lo pedí y ella aceptó, desde luego, más que gustosa – se rió con suficiencia - ¡Se los dije!

- ¡No puedo creerlo!

- Helga Pataki aceptó, así como lo oyen – volvió a reír de las misma forma.

- Pero… ¿esa chica? No es muy… femenina que digamos… ¿no crees?

- Es la chica que me gusta y no quiero más comentarios al respecto – advirtió mientras se ponía su camiseta y recogía sus cosas seguido de cerca por sus amigos.

Al otro lado del vestidor…

- ¿Oíste eso?

- Lo oí, Gerald, lo oí.

- ¿Quién lo diría? ¿Cómo había hecho para que Helga acepte? Porque eso de que aceptó gustosa no me lo creo mucho…

- No tengo ni la menor idea – dijo cerrando su casillero y dejando a su amigo hablando solo.

- ¡Arnold, espera! – pero Arnold no le hizo caso. – ¿Y a este qué le pasa?

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¡Rayos!

Golpeó una lata del piso y siguió caminando sin rumbo fijo hasta que…

PUM

- ¡Arnold!

- ¡Cabeza de Balón! – él levantó la vista y en frente tirados en el piso (debido al choque) al igual que él se encontraban Lila y Helga.

- ¿Qué te pasa, Arnoldo? ¿Ahora te dedicas a tirar a la gente?

- No, Helga…

- Yo no creo que sea eso pero sí deberías tener cuidado cuando camines, puedes lastimar a alguien.

- Lo siento, Lila – se levantó del piso y le tendió una mano para que se levantara.

- ¿Y yo qué? ¿No merezco una disculpa, o qué? – le espetó desde el piso.

- ¡Espera, Helga! Iba a…

- No hay problema, ya me di cuenta que uno deja de ser el mismo con el tiempo – se levantó y Arnold la miró ¿Molesto? ¿Qué le pasaba?

- Supongo que lo dices por tu cita ¿verdad?

- ¿Qué cita? Yo no tengo ninguna cita - ¿De qué, diablos, estaba hablando?

- Eso no es lo mismo que dijo Martin Vitello ¿Te suena el nombre? – le preguntó irónico.

Ese mequetrefe… aunque… ¿eso qué le importaba a Arnold?

- ¿Y si así fuera, qué? ¡Eso no te importa, Arnoldo! – Lo retó y se acercó un poco – Tengo el derecho de salir con quiera aunque fuese Martin Vitello ¿Algún problema con eso, tonto? – Le apuntó con el dedo y él la miró resentido.

- No, ninguno ¿Vamos, Lila?

- ¿A dónde? – preguntó la chica que por estar pensando en otra cosa se había perdido en la conversación.

Ella y Arnold habían terminado hace poco y era la única (a parte del mismo Arnold) que sabía el por qué de la ruptura o mejor dicho… "el por quién", lo que no entendía era lo que pasaba…

- ¿Qué dices?

- ¿Eh? – ella vio que Arnold ansiaba una respuesta.

- Sí, creo…

- Te recojo a la ocho – y sin más Arnold se fue dejando a los dos chicos a solas.

- Felicidades, princesa – Helga la miró con odio y ella seguía sin entender – serás la sensación en la fiesta, ya me lo imagino "la chica del campo y el cabeza de balón desinflado" ¡qué enternecedor… - fingió un suspiro – …y patético! Diviértanse – dijo antes de retirarse dejando a Lila completamente confundida.

¿Una fiesta? ¿Qué fiesta?

Empezó a caminar meditando en lo sucedido ¿A qué fiesta accedí a ir? Hasta que se topó con el tablón de anuncios y ahí lo vio, justo en medio de todo: el panfleto de la fiesta de Rhonda.

¡La fiesta de Rhonda!

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- ¿Puedes creerlo, Phoebe?

- ¡Cuida… ¡AY! ¡¿Por qué me pegas?! – Helga miró amenazante al chico que intentó salir cuando ellas entraban al comedor.

- ¡Primero yo, idiota!

- ¿Quién lo dice?

- La que te pegará más fuerte si osas retarme – le enseñó un puño.

- Cl-claro…

- Eso pensé, camina Phoebs.

- Caminando…

Ambas se dirigieron a la barra de comida y esperaron que les sirvieran pero…

- ¡Helga! – oyó que alguien gritaba y aún con la bandeja en las manos se volteó.

- ¿Qué?

- ¿Por qué aceptaste?

- ¿Qué? ¿De qué hablas? - ¿Y ahora que se trae, Rhonda?

- Hablo de tu cita

- ¡Otra vez con lo de las maldita citas! – puso los ojos en blanco, volteó a ver a Phoebe: - ¿Ves lo que digo?

- Así veo – ella siguió tomando su jugo - ¿Qué hay con eso? Tú misma dijiste que era en parejas. Me invitaron yo acepté, generalmente así funciona ¿sabes?

- Yo no dije que era en pareja – puso sus manos en la cintura.

- Nadine estaba ahí cuando preguntaste "¿Ya sabes lo que te pondrás? ¿Con quién irás?" – hizo una voz aguda y puso cara de boba.

Phoebe y Nadine rieron pero pararon a una mirada de Rhonda.

- Sí pero…

- Generalmente eso es lo que se deduce; si no sabes deducir cosas ese no es mi problema, princesa…

- ¿Por qué lo haces?

- ¿El qué? ¿El aceptar la invitación de Vitello?

- Sí.

- No tiene título de propiedad.

- Sí pero… sabías que lo quería – bajó la voz.

- Corrección, muñeca. Uno: no lo querías a él, sólo querías lo que representa (popularidad y eso) y dos: no lo sabía, tal vez, repito, tal vez pude haberlo supuesto pero nada más… sin duda es una gran mentira pero lo hecho, hecho está…

- Si pero ¿por qué?

- Eso es un secreto que no te pienso contar y cambiando un poco el tema ¿quién te lo dijo?

- Los chicos no han parado de decirlo – contestó Nadine.

- ¿Qué chicos?

- Esos chicos – señaló Rhonda a una parte del equipo atlético de la preparatoria – a estas alturas la escuela lo sabe, además que él dijo que aceptaste de inmediato.

- ¿Ah sí? – Enarcó las cejas - ¿Dijo algo más?

- ¿Sobre qué?

- Sobre nada, detenme esto – le dio su bandeja de comidas a Rhonda y gritó: - ¡Martin Vitello!

- Ten cuidado, Helga…

- No te preocupes, el que se tiene que cuidar es este. No te pierdes de mucho Rhonda; después de esta noche te lo puedes quedar, te lo regalo con moño y todo pero… primero lo primero – el chico se acercó.

- Dime preciosa.

- ¿Tienes algo que hacer?- preguntó melosa y pudo oír perfectamente algunos silbidos atrás del chico.

- Para ti tengo todo mi tiempo – le guiñó un ojo u de pronto se oyeron más silbidos.

- Acompáñame, por favor – Nos vemos luego chicas – se retiró con Martin siguiéndola cual cachorro faldero.

- Eso dio miedo – habló Nadine.

- Espero que no lo mate…

- ¿Tú crees, Phoebe? Necesita pareja, no creo que llegue a mi fiesta con alguien completamente magullado porque eso se vería mal y Helga no lo haría ¿O sí?

Las chicas no contestaban pero en el fondo, las tres sabían que la respuesta era… sí.

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- ¿En el baño de chicas?

- No hables – lo agarró del cuello de la camisa y lo jaló al interior.

- ¡Hey! – gritaron dos chicas que se estaban viendo al espejo.

- Tú y tú fuera ¡Ahora! Y quién esté ahí dentro también – las chicas salieron, Helga revisó puertas y no había nadie.

- Eres ruda, Pataki. Eso es lo que me gusta de ti. Ruda y directa – sonrió de forma pícara.

- ¿En serio? – Se le acercó peligrosamente y él quedó apoyado en los lavamanos – No tienes idea de lo ruda que puedo llegar a ser – ella traía algo a sus espaladas, algo que se había guardado de la cafetería.

- ¿Qué tanto? – murmuró pícaro.

- El suficiente para…

¡PAF! – Le embarró en la cara y la camisa el pudín de chocolate que traía.

- ¡Eso es para que te quede claro quién manda aquí! ¡¿Me oyes?!

- ¡¿Qué?! – intentó soltarse pero Helga (no sabía cómo lo hacía) no lo dejaba moverse, casi juraría que era un táctica de lucha libre…

- ¡Cuando dije que había condiciones era porque tenías y debías hacer lo que yo te diga!

- Tú no dijiste nada sobre decirlo.

- ¡Y tampoco de distorsionar las cosas! – Le jaló más la camisa y él sentía que le faltaba el aire - ¡Eso debías deducirlo! – lo soltó y él empezó a sobarse el cuello – si llego a oír otro chisme de estos no vivirás para contarlo.

- L-lo… - tosió – lo siento.

- Recógeme a las ocho.

- ¿Qué? – ¡Está loca! Primero intenta matarme y ahora me establece horarios.

- Nunca dije que nuestro trato se acababa. Deberías aprender a oír a los demás – se sacudió las manos y se acercó a la puerta, con una mano en el pomo dijo: - Quedas advertido; otra cosa de estas y tu reputación acabarás así… - chasqueó los dedos – de rápido. Nos vemos Vitello – salió dejando al chico muy asustado y no muy convencido del trato que había hecho.

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- ¿En verdad te vas a dejar ver "Anónimo"? – su amigo rió.

- Cállate…

- Déjame ver… - el chico cogió la computadora y buscó la conversación de la noche anterior – "Me reconocerás con un beso! – fingió una voz ahogada y ambos rieron.

- Cállate…

- Irás puntual, por lo que veo… - empezó a examinarla el traje – todo un donjuán…

- Sabes que no es por eso.

- Lo sé… ¡Aún no creo que te enamoraste de Helga G. Pataki.

- Yo tampoco, amigo, yo tampoco…

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- ¡Ya está! ¡Luces maravillosa hermanita, bebé!

- Si tú lo dices…

- ¡Claro que sí! Mira – le jaló al espejo cuerpo entero de la puerta del armario para que Helga se viera - ¿Lo ves?

- No está nada mal… - se revisó el vestido, los zapatos, el cabello incluso el maquillaje que le obligaron a ponerse.

- No está nada mal… tengo que admitirlo, Olga, tienes gusto para esto…

- Sí ¿verdad? – ambas sonrieron.

- ¿Qué tal estoy? – Phoebe salió del cuarto de baño con su vestido ya puesto. Era un vestido azul oscuro que se amoldaba a su cuerpo de forma discreta y la combinaba con zapatos de tacón mediano y su cabello agarrado con una cinta del color del vestido.

- Vaya Phoebe… si no supiera que eras tú la que estaba en el baño creería que me cambiaron de amiga; te ves bien y Gerald de seguro opinaría lo mismo.

- ¡Helga! No me avergüences – la chica se sonrojó.

- Pero si Helga tiene razón ¡Te ves preciosa! – Olga agarró ambas chicas y las puso frente al espejo - ¡Están hermosas!

- ¡Olga no exageres y apártate que fastidias! – la rubia le dio un empujón - ¡Qué asco! Tanta cursilería me mata.

RING…. – el timbre sonó.

- Parece que sus citas llegaron, iré a ver qué tal están ¡Ya vuelvo! – anunció Olga antes de irse.

- Como si me importara…

- Helga…

- No lo intentes, Phoebe, tengo coraje.

- ¿Y cuando no? – ella rió.

- Cállate – le pegó ligeramente en el hombro – Ese cabeza de balón es un idiota ¡No la había invitado y esperó hasta que yo estuviera presente!

- No creo que haya sido eso…

- ¿No lo crees? ¡Por favor! Pudo hacerlo en cualquier otro momento o ligar ¡¿Por qué tenía que hacerlo justo cuando estaba yo presente?! ¡No lo entiendo! – bufó molesta con las manos en la cintura.

- Dijiste que te mencionó algo sobre tu cita con Vitello ¿cierto?

- Ajá… ¿eso qué tiene que ver?

- ¿Cómo se enteró?

- Imagino que de la misma forma que Rhonda pero repito: ¿Qué tiene que ver?

- No lo sé…

- ¡¿Quieres dejar de responder así?! ¡Si no lo sabes no hagas más preguntas! ¡Esto es frustrante! – se sentó de golpe en la cama con los brazos cruzados.

- ¡Anímate, Helga!

- ¿Cómo si se puede saber?

- ¡Verás a anónimo! – gritó sentándose de golpe al lado de su amiga.

- ¡Shhhhhhhhhhhhhhhhh! – le cubrió la boca desesperada - ¡Nadie puede enterarse! – susurró antes de destaparle la boca.

- ¡Pero lo verás, Helga, lo verás! – se emocionó.

- Sí… - se acomodó un mechón de cabello – lo veré…

¿Quién podrá ser?

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- ¡Vaya, el lugar está a reventar! ¿Verdad, chicas?

- Tienes razón – dijo Phoebe antes de bajar del taxi siendo ayudada por Gerald.

- Rhonda no hizo mal trabajo – murmuró la rubia.

- ¿Chicos?

- ¿Qué sucede, Vitello? – Helga se dio la vuelta para encarar al chico que estaba a un lado del conductor del taxi.

- ¿Quién va a pagar? – preguntó.

Gerald y Phoebe se miraron pero antes de poder decir algo fue Helga quien habló:

- ¿Traes dinero suficiente?

- Sí pero…

- Paga tú.

- ¿Por qué yo? – Se quejó – tus amigos pue… - Helga lo amenazó con la mirada.

- ¿Quieres que te recuerde lo que hablamos en la mañana? – susurró entre dientes.

- No, es mejor así, pago yo – el chico se apresuró a sacar el dinero de su bolsillo.

- Eso imaginé y ¡apresúrate que no tengo toda la noche!

- ¡Sí! – Saltó en su puesto.

- ¿Qué pasa con ese chico? – le susurró Gerald a Phoebe.

- No preguntes…

- ¡Muévete, Vitello!

- ¡Aquí estoy! – se paró al lado de ella y la miró.

- Puedes hacerlo – le extendió el brazo y él lo tomó gustoso – te pasas de listo y amaneces muerto – le dijo al oído – él tragó saliva – Vamos, muchachos.

Phoebe y Gerald vieron al chico, les daba pena pero él se lo había buscado. Una vez que tocaron el timbre de la puerta se abrió gracias a Rhonda.

- ¡Bienvenidos!

- Hola, Rhonda.

- Hola Gerald.

- Te ves bien.

- Gracias, Phoebe.

- Hola niña.

- Hola a ti también, Helga.

- Ho…

- Para después, camina Vitello – lo jaló pero antes de irse le dijo en el oído a Rhonda – en quince minutos puedes quedártelo.

- ¡De acuerdo! – se emocionó.

- Es un trato – sonrió antes de ir al salón que en donde estaba el resto de parejas. En él pudo ver a Harold y Patty jugando a las vencidas siendo animados por Sid y Stinky. Eugene se encontraba bailando con Shina, Nadine seguía a unas hormigas coloradas que se habían colado en la fiesta por la puerta del jardín abierta. Algunos chicos como Curly se encontraban desahogándose en el ponche (Rhonda nunca lo invitó) y otros que conocía y no recordaba sus nombres también estaban ahí, sin embargo ningún rastro de ellos: Ni Anónimo ni Arnold.

¿Dónde estarán?

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- ¿Estás lista, Lila?

- Sí, Arnold, gracias por preguntar.

- Vamos, entonces – ambos se dirigieron a la entrada y justo cuando él iba a tocar el timbre ella lo detuvo - ¿Qué sucede?

- ¿Por qué haces esto?

- ¿De qué estás hablando?

- Lo de Helga y lo otro…

- Ah… eso… - suspiró – no lo sé…

- Pues deberías saberlo, Arnold, ella tiene que saberlo.

- Se enterará esta noche. Lo prometo ¿Vamos?

- Está bien – Lila aceptó no muy convencida pero igual se animó al ver cómo había quedado la decoración en la fiesta.

- Hola Rhonda.

- Hola, Arnold.

- ¡Te quedó muy bien, Rhonda! ¡Felicidades!

- ¿Tú crees?

- Estoy segura de eso.

- Chicos yo…

- Ve, Arnold – el chico no esperó más respuesta y se dirigió al salón, vio a muchos conocidos y entre ellos a… Helga. Tomó aire y se dirigió a ella.

- Hola, Helga – ella lo miró.

- Ah… eres tú Cabeza de Balón – algo latió fuerte dentro de sí.

- ¿Y quién más podría ser?

- Mira, no te ofendas pero estoy esperando a alguien más – fue cortante pero él no estaba dispuesto a dejarse ignorar.

- ¿A quién si se puede saber?

- A…

- ¡Aquí estoy mi pequeña, Helga! – ella lo fulminó con la mirada y ganas no le faltaron de tirarle encima el ponche que le había traído Por supuesto que él no era el chico que esperaba… va uno… falta otro… aunque por otro lado…

- Creí que te habías perdido – le sonrió.

- Para nada, es difícil perderte de vista, preciosa – Náuseas, grandes y horribles náuseas pero debía suspirar y ser paciente… ya llegará… ya llegará… ya llegará…

- Paciencia Helga, ten calma… Gracias, eres un… - estúpido pelele, mequetrefe, imbécil… - encanto.

- Hola Vitello – interrumpió Arnold molesto.

- No te había visto – le sonrió – hola… no recuerdo tu apellido.

- Con Arnold basta.

- Hola "con Arnold basta" – rió de su propio chiste.

Idiota… - ambos rubios lo miraron mal.

- Era un chiste ¿no se ríen? Me gusta esa canción ¿Bailas? – le jaló la mano a la rubia.

- Yo…

- ¡Vamos!

- Es… ¡toma Arnold! – le dijo antes de ser arrastrada hacia la pista de baile. - ¡¿Sé puede saber qué, demonios, haces?! – él la sujetó de la cintura y casi la obligó a bailar muy juntos.

- ¿Crees que no me di cuenta?

- ¿De qué, rayos, hablas? – le susurró y él le dio una vuelta pero volvió a atraerla hacia sí.

- Puedo tener cara de tonto pero no lo soy Pataki y lo del baño fue porque me cogiste desprevenido – ella rió. - No es gracioso.

- Y no digo que lo sea – lo miró altiva – sólo me río de lo que te haré cuando esto acabe.

- Yo también lo espero pero ahora no. Sé que intentaste mandarme al mejor postor.

- ¿"Mejor postor"? ¿No es demasiado para tu simple vocabulario?

- Muy graciosa – rió sarcástico – No, me dejaste olvidado casi al instante ¿Qué pretendías? ¿Entregarme en bandeja de plata a tu amiga Rhonda?

- No sé de qué hablas.

- Yo te quiero a ti.

- ¡Pero yo no!

- ¡Ya lo veremos! – él le agarró la cara.

- ¿Qué? – terminó de acercarla y (ella tuvo que ahogar el grito que iba a dar) él la besó a la fuerza, en frente de todos; la música se detuvo y todos los presentes se quedaron con la boca abierta y Arnold… Arnold aventó su lata de soda antes de dirigirse al jardín para salir de ahí sin que lo vieran.

Él la soltó.

- ¿Y ahora qué piensas? – le sonrió y ella aún no creía lo que pasaba porque se había quedado con los ojos abiertos y por lo tanto había visto lo que Arnold hizo.

- ¿Quieres saber lo que pienso? – preguntó entre dientes mientras se sacudía las manos pero él como todo tonto que no la conocía no vio la señal de peligro.

- Sí…

- ¡Esto es lo que pienso! ¡Toma! – un certero rodillazo en la entrepierna fue suficiente para que Vitello caiga al piso adolorido - ¡Tú, tú y tú! ¡Lévenselo y sáquenlo de mi vista! – señaló a Harold, Sid y Stinky y ellos no dudaron en obedecerla.

- ¡Qué asco! – Se limpió la boca - ¡¿Y ustedes que ven?! ¡Aquí no hay nada más que ver ¿me oyeron?! – enseguida la música volvió a sonar y las personas a hablar y pretender que nada vieron.

- ¡Helga! – Phoebe se le acercó seguida de Gerald.

- ¡Oye Pataki, eso le debió haber dolido!

- No hables o te haré conocer ese dolor en carne propia.

- Me quedé mudo… - hizo como si se sellara la boca.

- ¿Qué harás con respecto a… ya sabes?

- Ya no vino – aceptó desilusionada – pero es quien menos me importa en este momento porque necesito ver a Arnold.

- ¿Qué? – Phoebe vio a su amiga y notó la decisión en su cara.

- ¿Dónde está? – preguntó Gerald

- Yo sí lo sé, Gerald, no quiero que me interrumpan – dicho esto dejó de lado a la pareja de novios y se dirigió al jardín para buscar a Arnold.

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- Soy un imbécil – musitó mirando la luna reflejada en el agua de la fuente artificial - ¿Cómo pude…

- ¿Cómo pudiste irte de la fiesta? ¿Así sin más?

- Eres tú, Helga – dijo molesto.

- Es obvio, al menos que creas que soy tu abuela – intentó bromear pero Arnold no la siguió.

- No te metas con mi abuela, Pataki

¿Qué?

- ¿Qué? ¿Desde cuándo y por qué soy Pataki y no Helga?

- Porque mi abuela sí es sincera y ¿cuándo? Desde ahora – respondió cortante y ella no podía estar más estupefacta – Permiso, debo irme – se levantó del sitio dónde estaba sentado y pasó por su lado sin siquiera mirarla.

- ¡Espera, Arnoldo! – le tomó un brazo.

- Me llamo Arnold no Arnoldo, Pataki – ella lo soltó bruscamente.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco… ¡Diez! ¡Maldición!

- ¡¿Qué?! - ¡¿Qué, demonios, te sucede, idiota?! – le golpeó el pecho con un dedo mientras se hacía el cabello hacia atrás con la otra mano - ¿Por qué me hablas así? ¿Por qué un estúpido venido a más me besó? ¡Por favor! ¿Cuántos chicos crees que me han besado en toda mi vida? – el no dijo nada, se encontraba demasiado sorprendido – Dos: el imbécil de esta noche y… tú

- ¿Yo?

- Tú ¿o ya no te acuerdas de Industrias Futuro? ¿O las vacaciones en la playa cuando te gustaba esa chica Summer o en la obra teatral o…? – el bajó la cabeza avergonzado claro que lo recordaba… todas esas veces fueron cuando era niño… además que siempre quien lo besaba era ella… - Claro, lo olvidaba – se rió divertida aunque estuviese ocultando una gran amargura y por primera vez decepción – el perfecto Cabeza de Balón es capaz de no olvidarse de nada ni de nadie menos – él la vio a los ojos y notó que no tenía el mismo brillo, la misma decisión pero… - de mí.

- ¿De qué hablas? –

- Olvídalo, pierdo mi tiempo…

- ¡Espera! – le cogió una mano.

- ¡Suéltame, idiota!

- Pero…

- ¡Pero nada! Si no sabes de lo que te estoy hablando es porque no me mereces, hasta un tonto pudo haberse fijado (lo dijo pensando en Brainy)

- ¿De qué? – se le acercó y ella no hizo el menor esfuerzo por alejarse.

- Tengo que decirlo… si no lo hago ahora no lo haré nunca ¡No seas cobarde Pataki! Respira…es ahora o nunca… De mis sentimientos – Dios… ¡lo hice! El aire le faltaba, la boca se le había secado…

- ¿Qué sentimientos?

- ¡Demonios! ¡Estúpido Cabeza de Balón! ¡Estúpido Anónimo! ¡No vino!... – quería llorar, matar a alguien incluso y Arnold era una buena opción pero le daba pena hacer lo mismo que le haría a Vitello en cuanto lo viera de nuevo – ya no importa, ya lo confesé, Anónimo no vino…estoy perdiendo mi tiempo Los que ahora han cambiado pero como siempre se los he dado al chico equivocado.

- ¿Y ese chico es?

- ¿Por qué me ve así? ¿Por qué… - Arnold se había acercado y ahora estaban muy cerca

¿Por qué sentían que sus corazones latían a martillazos? ¿Por qué no podían fijarse en otra cosa que no fueran los ojos del otro? ¿Por qué sentían que sólo existían ellos? ¿Por qué parecía que sus vidas cambiarían en ese instante?

- No importa ahora – murmuró y no sabía cómo sus palabras se entendieron… ¡sentía la boca completamente seca!

- Sí me importa – tragó saliva – me importa todo lo que tiene que ver contigo Helga G. Pataki.

- No juegues conmigo.

- No lo hago… dime quién es ese chico.

- No lo sé… sólo se…

- ¿Cómo se llama?

- Anónimo…

- Me reconocerás con un beso chica ruda… te dije que me reconocerías con un beso Helga…

Lo siguiente que pasó ninguno supo cómo fue exactamente, sólo supieron que sus labios estaban sellados, fundidos en los otros como por una especie de magia o conjuro… y que Helga identificaba como amor…

El aire les faltó y se separaron.

- ¿Qué… qué…

- Yo soy Anónimo, Helga, y he descubierto que me he enamorado de ti, más de lo que alguna vez pude hacerlo. Descubrí quién eras hace dos semanas, por eso rompí con Lila… no podía seguir con ella sabiendo lo que sentía, ella me entendió y me apoyó (¡¿Lila?!); fuiste capaz de robarme el corazón en unas cuantas horas porque después de la primera charla ya no fui consciente de lo que hacía, sólo sabía que anhelaba cada día el sentarme frente a la computadora para hablar, reír y ser incluso regañado por ti porque a pesar de que no me conocías me insultabas sin piedad – se rió y ella a su pesar también lo hizo – creo… creo que… te volviste parte de mi y no pude evitarlo… necesitaba decirlo, Helga – terminó de hablar y Helga no sabía si era una de sus locas fantasías o era la realidad… así que lo comprobó de la única forma que sabía: agarró a Arnold de la cara y fue ella quien lo besó; Arnold se sorprendió pero se dejó llevar y antes de poder evitarlo Helga ya lo había soltado.

- Esto… es real… - dijo ausente – ¡Eres Anónimo! – él rió.

- Claro que es real.

- ¡Cielos! – Su sonrisa se le iluminó - ¡Te gusto, Arnold! – festejó emocionada.

- Sí pero…

- ¿No te das cuenta? – Él negó - ¡Es lo que he deseado toda mi vida!

- ¿Qué?

- Lo de Industrias Futuro, lo que dije e hice era real. Estoy enamorada de ti Cabeza de Balón.

- ¡¿Desde los nueve años?! – se sorprendió ¡Se suponía que yo era el que me confesaría no ella…!

- Desde los cuatro – aclaró.

Ambos se vieron, rieron y se besaron.

¿Quién iba a imaginarlo? Después de tantos años… Después de todo un beso es el método más práctico de sellar tus labios, especialmente si es con amor y ellos lo descubrieron a partir de esa noche…

Fin

Notas de Autora:

¿Qué les pareció? La parte más difícil de escribir fue sin duda la última… no quería que saliera ni muy cursi ni muy plano y eso es lo que salió.

A mí me encanta la actitud de Helga para con Martin Vitello, ese chico se equivocó de chica jejejeje.

¿Y Arnold? Salió un romántico jijiji, pero entiéndanlo, se enamoró y no lo maten por lo que hizo con Lila por ponerse celoso de Helga… y ella ni enterada jajaja.

Este fanfic me gustó escribirlo y es uno de mis favoritos. Espero que lo disfruten tanto como yo así como también sus comentarios para con el fic.

Le agradezco a Aquarius No Kari, Alisse, peste21, Bkpest, PerFecTHeLL, isabel20, teddyetere (ustedes dos me escriben a mi otra historia también, gracias por eso) quienes se tomaron la molestia de leer y comentar el fic, también a quienes me agregaron a favoritos y a sus alertas y por supuesto a quienes lo leyeron.

Ahora, sí, me despido, deseándoles éxitos en su vida y que tengan un gran y hermoso día.

Se despide.

Clyo-Potter.