Capitulo 2: Cara a cara.
" Por timonel un grupo de invidentes."
Torre de Babel
Yuuto salió de su trabajo como contable en una pequeña floristería y se dirigió a su casa, donde lo debía estar esperando su hijo con la niñera. A pesar de que tenía el dinero de los Kidou sabía que no lo podía usar. Había sido tan tonto de recién casado al haberle el poder a Fudou, dejándole manejar su fortuna, ya que ahora si él tocara un solo centavo de ese dinero, Fudou vería el movimiento en las cuentas y sabría donde se encontraba. Así que le tocaba trabajar como cualquier mortal, por surte era bueno con los números, lo que le había permitido encontrar ese trabajo.
Iba a montar el tren cuando de pronto se originó un tiroteo y la estación se llenó de gritos. Se desató un tumulto y un griterío ensordecedor. Yuuto no tenía ni idea de lo que sucedía sólo se arrojó al suelo, como los que estaban a su alrededor, tratando de proteger de los tiros. De repente alguien lo tomó de un brazo y lo levantó del suelo a la fuerza.
Yuuto forcejeó, mientras era arrastrado fuera de ahí contra su voluntad. Todo era demasiado confuso. Trataba de escapar del encapuchado que lo arrastraba, mientras, la gente en el andén trataba de huir de los tiros.
Yuuto se logró zafar del tipo que lo arrastraba mordiéndolo y se dio la vuelta para correr, pero fue inútil pues chocó atrás suyo con otro enmascarado que se lo echó al hombro como un saco de patatas. Lo sacaron del andén y lo tiraron dentro de un auto negro con los cristales polarizados.
Yuuto no entendía lo que sucedía, pero estaba aterrado y su corazón latía a mil por hora. El auto se puso en movimiento y cuando se trató de abalanzar contra una puerta para salir del auto, le tiraron un extraño aerosol en el rostro y todo se volvió oscuridad.
Los hombres se quitaron las máscaras, y se cambiaron de ropa, cambiaron de auto y llevaron al inconsciente Yuuto a un aeropuerto privado donde lo subieron en un avión... con rumbo a la ciudad de Inazuma.
Yuuto despertó a medio viaje, pero nada mas abrir sus ojos, nuevamente le lanzaron aquel aerosol al rostro y volvió a caer al mundo de los sueños.
-o-o-o-o-
Akio sonrió mirando el cuerpo tendido en su cama. Todo había salido según lo planeado. El tumulto en la estación de Okinawa era obra de la mafia local y Akio, quien conocía el movimiento gracias a un pajarillo, había aprovechado la ocasión y había secuestrado al hermoso oji-rojo que ahora dormía en su cama con una expresión tranquila, los ojos cerrados las largas pestañas en reposo y el cabello en rastas suelto y esparcido por la almohada, tenía que admitir que puede que fuera un tramposo y mentiroso pero Yuuto seguía siendo hermoso.
En esos momentos Yuuto se movió y Akio lo observó despertar tranquilamente. Yuuto parpadeó un par de veces con pereza, estirándose de forma felina. Miró a su alrededor con ojos adormilados, que se espabilaron de inmediato al no conocer su entorno. Se sentó de un salto en la cama, sin reconocer nada y asustado al recordar el incidente del andén. Y casi se le va el alma del cuerpo al ver al hombre parado frente a la cama.
-Akio.
Susurro sin tan siquiera darse cuenta. Akio sonrió de forma malévola.
-Bienvenido a casa, Yuuto Fudou.
-No... me llames así, aun cuando acepte añadir tu apellido al mío nunca renuncie al mío, además no seré un Fudou por mucho tiempo más –alegó- ¿Qué hago aquí? ¿Cómo llegué aquí? -preguntó levantándose de la cama y retrocediendo lejos de Akio. Akio dio un paso hacia él, luego otro, Yuuto levantó las manos- ¡No, no te acerques a mí! –exclamó viendo a Akio quien se detuvo sonriendo de forma demoníaca.
-De acuerdo, te dejo tu espacio... de momento.
-¿Qué hago aquí?
-Ya que tú no querías venir por tu propia voluntad a verme, pues me vi en la pequeña necesidad de traerte a la fuerza.
-¡Dios! ¡Ese tiroteo, fue cosa tuya! -gritó Yuuto realmente horrorizado mientras se tapaba la boca con una mano.
Akio desestimó el comentario con un movimiento de su mano.
-No, para nada. El tiroteo fue obra de otros, yo sólo lo aproveche.
-¿Sabías que ese tiroteo iba a pasar?
-Sí.
-¿Y no avisaste a las autoridades?
Más que una pregunta, esta vez las palabras de Yuuto fueron una acusación.
-No era mi problema -dijo Akio simplemente con sangre fría y encogiéndose de hombros.
-¿Qué quieres de mí? ¿Por qué me trajiste aquí? -preguntó Yuuto con verdadero miedo.
Cierto que mientras duro su matrimonio y noviazgo con Akio, este nunca le había hecho nada malo a él, ni pegado ni ofendido, pero cuando Yuuto descubrió su vida secreta, descubrió que Akio no sólo era un respetable empresario, ex-jugador de fútbol juvenil, sino que él controlaba todo el bajo mundo de Inazuma, había tomado el lugar que una vez ostentara Reiji Kageyama. Sabiendo esto a la misma vez que se enteraba de su embarazo, Yuuto había huido horrorizado a Okinawa en donde se ocultó todo este tiempo de la forma más discreta posible. No era en vano, después de todo es un genio.
-¿Y todavía lo preguntas? Tú, taimado mentiroso ¿Tú que prometiste amarme hasta que la muerte nos separara y apenas al año de casados huiste seguramente con algún amante? -Le dijo Akio duramente.
Yuuto cerró sus puños con rabia, pero se negó a responder a la provocación.
-Debo irme de aquí, tengo que volver a mi casa.
-De aquí no saldrás hasta que a mí se me pegue la gana, Yuuto -Le advirtió Akio, acercándose a él.
Yuuto retrocedió hasta que chocó con la pared, ya sin poder huir más, Akio lo acorraló contra ésta, se miraron ambos a los ojos, rojo contra verde dado que Akio le había quitado sus lentes a Yuuto.
-No, no me obligaras a permanecer aquí. No quiero verte nunca más. Además el amor de mi vida esta en Okinawa y volveré con él, te guste o no -le juró Yuuto manteniéndole la mirada. Y no mentía, se dijo Yuuto, no había nadie a quien amara más que a su hijo Shindou y este estaba en Okinawa.
Por su lado, Akio se sintió furioso de que Yuuto aceptara tan tranquilo su infidelidad y sin contenerse hizo lo que nunca había hecho. Levantó su mano contra Yuuto.
Yuuto se llevó la mano a la mejilla que la mano de Akio le había golpeado, primero incrédulo y luego furioso.
Yuuto lo empujó con todas sus fuerzas, pero sólo logró hacerlo retroceder un paso y lo miró con sus ojos escupiendo fuego. Akio era más alto que él, pero eso no le intimidaba.
-¡Nunca en tu vida te atrevas a volver a golpearme!
-Siento que lo tendré que hacer y muchas veces más. Cometí un grave error contigo, Yuuto. No te puse disciplina y ahora lo haré. Te enseñaré a respetarme, a callar cuando te lo ordeno, a saltar si te digo que saltes y a obedecerme así se me vaya la vida en ello.
-¡Eso jamás! Si hubiese sabido quien eres realmente el día que nos unimos, te juro que me abría cortado las venas antes que casarme contigo.
-Tú me hiciste lo que ahora soy. Jamás te levanté la mano o te falté el respeto. Tú me lo faltaste a mí dejándome por otro.
-Tu te lo merecías por ser un criminal ¡Controlas la mafia local! ¡Eres como Kageyama! -lo acusó Yuuto y esa era algo que Akio no se esperaba.
-¿Cómo sabes eso? -preguntó retrocediendo un paso asombrado. Había tenido cuidado en su matrimonio de no involucrar a Yuuto en nada para que no sospechara nunca y para no lastimarlo.
-Cuando mi padre fue asesinado, jure averiguar quien lo mató... -la expresión de Akio se volvió hermética. Yuuto se fue contra él, zarandeándolo sin éxito de la camisa- ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué mataste a mi padre? ¿Por qué abriste un abismo tan grande entre ambos, Akio? -le gritó furioso.
-Tu padre metió sus narices donde no debía -confesó al fin-. Amenazó con llevarte lejos cuando descubrió mis… otros negocios. Quería dinero para dejarte a mi lado. Me asqueó que estuviera dispuesto a venderte... así que lo mate.
-¡Era mi padre! -gritó Yuuto furioso pegando con los puños el pecho de acero que ni los sentía.
-Padre adoptivo –le recalcó -. Así que por eso te fuiste.
-Sí y por eso quiero el divorcio.
-¿Y ese otro hombre del que hablaste?
-No lo hay –confesó -. El otro hombre de mi vida es mi bebé. Tengo un hijo y es la razón por la que tengo que volver en este mismo momento a Okinawa. Su niñera debe estar muy preocupada por mi ausencia.
Las palabras de Yuuto fueron como una bofetada para Akio. Tomó a Yuuto del cabello con rabia, jalándole las rastas haciendo que lo mirara. Así que éste no sólo lo había engañado con otro, sí no que además tenía un hijo, un bebé de su amante. Lo molería a golpes, se juró Akio, abofeteándolo varias veces con su mano libre, Yuuto gritó desesperado, debatiéndose por escapar, pero sólo consiguió que el castigo aumentase. Akio lo tiró contra el suelo y lo pateó en el estómago dejándolo sin aire.
-¡Maldita puta, tuviste un hijo con otro!
Nadie jamás se había atrevido a pegarle a Yuuto, después de todo se trataba de un Kidou. Trató de parar la bota de Akio cuando este lo pateó por segunda vez sacándole el aire del estomago. Supo entonces que Akio lo mataría a golpes si no le aclaraba que jamás lo había tocado otro hombre.
-Para, Akio-Rogó, pero el otro no le hacía caso- Akio, por favor detente-Lloró desesperado- Shindou es tuyo, es tu hijo -Listo… Akio paró respirando aún con rabia y mirando a Yuuto sin creerle -. Mi bebé tiene un año y medio. Abandoné esta casa con tres meses de embarazo -Le explicó temeroso de que Akio volviera a pegarle -. Te lo juro por lo que más amo en este mundo que es Shindou, mi hijo, nuestro hijo… que tú eres su padre.
Akio se inclinó y lo levantó del piso en sus fuertes brazos dejándolo en la cama, ya más calmado.
-Por tu bien, mi hermoso tramposo, ojalá y sea así. Buscaré a ese niño y le haré las pruebas de ADN y si no es mío lo mato ante tus propios ojos.
Yuuto ahogó un grito de horror por la sangre fría de Akio, del verdadero Akio, no el perfecto caballero con el que estuvo casado.
Su único alivio era que Shindou si era hijo de Akio, y las pruebas de ADN lo demostrarían.
-Es tu hijo -aseguró.
-En ese caso, lo criaré.
-¿Me lo arrebatarás? -preguntó Yuuto verdaderamente asustado y a punto de llorar.
Akio jugó por un momento con la idea de torturarlo diciéndole que sí, pero desistió, a su muy retorcido modo Yuuto Kidou era la persona que más amaba en el mundo.
-No, eres mi consorte y ya te dije que te educaría. Y por mi vida que aprenderás a ser el consorte perfecto, a las buenas o a las malas... ¡Ah! claro y si resulta ser realmente mi hijo, recibirás tu merecido castigo por haberme arrebatado su primer año y medio de vida -aseguró con una sonrisa sacada del mismo averno.
Yuuto tuvo verdadero miedo del ser con el que se había casado. Del verdadero Akio Fudou… su esposo.
Continuará...
pervertida yaoista-Claro aqui tienes el segundo capitulo en el proximo se acaba ^^
Chao Ling-Yin-Entiendo lo que quieres decir pero para poner todo eso tendria que haber echo el fic mas largo ^^ y para hacerlo mas largo tendria que ponerle mas tiempo lo que significaria menos tiempo para los otros XD
