Capítulo 2
Ya habían pasado muchos años luz de distancia desde que abandonamos la órbita de Kinmoku y nuestro viaje había comenzado. Volábamos sin parar, siempre temerosas de que Sailor Galaxia cumpliera su promesa de encontrarnos y destruirnos.
Cuando estábamos muy cansadas, parábamos en algún planetoide o satélite que nos permitiera recuperar fuerzas y seguíamos nuestro camino, y cuando no podíamos seguir aguantando el hambre, descendíamos hasta algún planeta para buscar qué comer.
Si teníamos la suerte de toparnos con alguna civilización, comíamos decentemente, siempre ocultando nuestra identidad, destransformándonos y quedando envueltas en gruesas túnicas que nos cubrían por completo, haciéndonos pasar por viajeras que solo necesitaban algo de comida.
Cuando llegábamos a algún planeta desierto, teníamos que buscar algo decente que llevarnos a la boca; alguna planta comestible o animal que nos satisficiera, y así como llegábamos, nos íbamos, antes que Galaxia percibiera nuestra energía.
Vagamos por mucho tiempo a través del universo, hasta que comenzamos a percibir débilmente el aroma a flores que la caracterizaba.
Y así, como peregrinas, como estrellas fugaces que surcaban el cosmos, atravesamos diversas galaxias hasta que llegamos a una en particular.
- Su aroma es más fuerte aquí – mencionó Sailor Maker
- Puedo percibirlo – reafirmé
- Pero, ¿dónde estamos? – preguntó Sailor Healer.
- En la Vía Láctea – le respondió mi castaña hermana – Ésta galaxia es una de las más importantes que existen en el universo y justo ahora estamos entrando al Sistema Solar – nos mencionó mi hermana, la cual se sentía seguramente feliz de compartir su sabiduría con nosotras.
Una vez nos encontrábamos en dicho sistema, atravesamos los desiertos planetas exteriores. A medida que avanzábamos, el aroma a flores se hacía cada vez más fuerte.
Con rapidez cruzamos el Cinturón de Asteroides y sobrevolamos por Júpiter y Marte, los cuáles también estaban desiertos, hasta que nos paramos en seco.
Quedamos suspendidas en el aire observando un hermoso planeta azul junto al cual, el satélite más precioso y brillante que jamás había visto rotaba a su alrededor.
No puedo describir a ciencia cierta lo que sentí cuando vi la Luna, como se llamaba ese satélite, pero debo decir que inmediatamente me sentí atraída y embelesada por su belleza.
- Fighter – Maker me codeó, sacándome de mi romántico encuentro con aquella magnífica perla resplandeciente – La princesa no se encuentra "ahí", se encuentra "allí" – señaló hacia la Tierra y yo seguí el dedo con la mirada.
- Lo sé.
- ¿Entonces por qué pusiste cara de bobona cuando vista LA Luna? – me preguntó Healer cruzada de brazos, haciendo énfasis en la palaba "la"
- Mmjh – gruñí – porque nunca había visto un satélite tan brillante – contesté algo sonrojada
- Si claro – Healer rodó los ojos - Vamos pues.
Emprendimos nuestro viaje hacia la órbita terrestre y rápidamente cruzamos la atmósfera.
Una vez entramos en el territorio terrícola, comenzamos a descender a gran velocidad, pues éramos atraídas por la fuerza de gravedad. Cuando vi que pronto tocaríamos tierra, opté por cubrir mi rostro con los brazos, intentando amortiguar el impacto.
Sailor Stars
Abrí lentamente los ojos, topándome con el cielo estrellado y sintiendo el mullido pasto debajo de mí. Mi cabello, ahora suelto, estaba disperso alrededor de mi cabeza y un tanto enmarañado, y no pude evitar sonreír al ver las copas de los árboles a mi alrededor.
Habíamos aterrizado en una especie de bosque, o tal vez parque, y aquella vista me recordaba tanto a las noches palaciegas y tranquilas que había pasado en mi adorado Kinmoku.
Decidí incorporarme para saber cómo y dónde habían aterrizado mis hermanas cuando lo descubrí, mirándome fijamente con esos hermosos ojos color zafiro que en algún lado había visto.
Su cabello, largo y negro estaba suelto cubriendo su desnuda espalda, y sus facciones eran igual a las mías, solo que con la dureza masculina; portaba aretes en forma de luna creciente.
Con horror comprobé que él y yo éramos la misma persona.
- ¡¿Quién eres?!
- Yo soy tu
Moví la cabeza con desesperación.
- ¡Yo no soy hombre! – le respondí
- Pues me temo que aquí en este lugar, sí – me contestó sonriendo.
En ese momento escuché el quejido de otros dos chicos que comenzaban a incorporarse y se sobaban la cabeza.
- Dura la caída, ¿verdad? – les dijo mi yo masculino.
- Si algo. ¿Pero qué…? – el platinado miró fijamente al pelinegro que lo observaba sonriente.
- ¿Qué está pasando aquí? – preguntó el castaño mientras estudiaba su torso desnudo.
- ¡Es lo mismo que yo quiero saber! – pregunté histérica
- No seas tonta, no pueden oírte – me respondió el pelinegro, dirigiéndome una encantadora y odiosa sonrisa.
- ¿Y por qué tu si me ves y me oyes?
- Porque vives en mi cabeza, preciosa – me respondió guiñándome un ojo.
- ¡¿Pero qué es esto?! – dijo el platinado, tocándose alarmantemente el cuerpo.
- Parece que ésta es nuestra forma en la Tierra – respondió mi yo masculino, levantándose sin ningún pudor y abriendo los brazos.
- ¡Oh por Dios Fighter! ¡Cúbrete! – le dijo el castaño, mientras se tapaba los ojos.
- ¡Ay por favor! ¿De cuándo acá tan pudorosos? Si lo mismo que yo tengo lo tienen ustedes – les dijo maliciosamente – y no soy Fighter, soy Seiya, Seiya Kou.
- ¿Seiya Kou? – preguntaron al unísono - ¿De dónde sacaste ese nombre?
- Ese es mi nombre aquí y lo saqué de aquí – dijo, señalándose la cabeza – y ustedes también tienen uno. Si lo buscan dentro de ustedes.
Los chicos cerraron los ojos, obedeciendo… ¿me?, buscando su nombre en su interior. Yo simplemente observaba todo aquello estupefacta.
- Yaten – dijo el platinado, abriendo los ojos.
- Taiki – imitó el castaño al platinado.
- ¡Muy bien hermanos! ¡Somos los Kou! – dijo Seiya, mi alter ego, abrazando entusiasmado a los otros chicos.
- ¡Seiya basta! Estas desnudo – protestaron.
- Ustedes también, cochinos.
- Me encantaría saber cómo ocurrió esto – dijo Taiki, señalando el cambio de cuerpo.
- Pues parece que aquí esta es nuestra naturaleza – dijo Seiya, quien había tomado todo con mucha normalidad.
- Genial. Quince años viviendo como chica para que de un momento a otro resulte que soy hombre en la Tierra – dijo Yaten, rodando los ojos - ¿Qué no pudimos haber nacido así? Digo, nos hubiéramos ahorrado tantos cambios hormonales.
- ¿Eso o que tal vez Kakyuu así te hubiese hecho caso? – dijo traviesamente el pelinegro.
- ¡Seiya! – lo reprendí. ¿Cómo era posible que le faltara así el respeto a nuestra princesa?
- ¿Qué? Qué amargada eres – me contestó. Yaten se había enojado por el comentario de Seiya.
- ¡Basta! – los reprendió Taiki – Seiya por favor, no seas irrespetuoso. En cuanto a ti – se dirigió al platinado – no andes renegando, además, supongo que aún podemos transformarnos.
Los tres chicos miraron al suelo, descubriendo los Sailor Change Star. Se agacharon y los recogieron.
- ¿Creen que sea buena idea? – preguntó el platinado
- No lo sé – respondió Seiya – pero si tenemos esta forma, es por algo, ¿no creen?
Taiki y Yaten asintieron y desistieron de transformarse, y yo estaba que me jalaba el cabello porque quería ver materializadas a mis hermanas y no a esos chicos en los que se habían convertido.
- Bueno, su aroma nos trajo hasta aquí, así que creo que tenemos que empezar a buscarla – dijo Taiki.
- Yo lo que creo es que lo primero que debemos hacer es buscar algo de ropa que ponernos – comento mi pelinegro amigo – no podemos andar con nuestras tentaciones al aire, ¿no?
- No puedo creer que como hombre seas la cosa más exasperante del universo – señaló con desagrado Yaten.
- Y yo no puedo creer que como hombre seas la cosa más gruñona del universo. Ya no sé si prefiero a Healer o a ti – le respondió, sacándole la lengua.
- ¡Basta los dos! – dijo el castaño, tratando de poner orden – Yaten, Seiya tiene razón. No es correcto andar desnudos, así que lo mejor será que aprovechemos la noche para hurtar ropa de algún tendedero y posteriormente algo se nos ocurrirá.
- ¡Bien Taiki! Me da gusto que tu sabiduría no desapareció – dijo burlonamente el pelinegro, tirando del largo cabello castaño.
Sinceramente, yo tampoco podía creer que de todos los alter egos que existían en el universo, me hubiera tocado ¡el chico más despreocupado del mundo! No podía creer que mi parte masculina así fuera; siempre pensé que de ser hombre, sería un guerrero valiente, que se tomaría las cosas seriamente y todo eso, pero oh desilusión al darme cuenta la clase de chico que sería y con lo que tendría que lidiar por quien sabe cuánto tiempo.
- ¡Hey estrellita! Andando que no te puedes quedar aquí – me dijo.
- Quiero ver a mis hermanas –suspiré
- ¡Pero si ahí las tienes! – me contestó señalando a los chicos que iban frente a nosotros. No pude evitar sonrojarme al ver sus glúteos – no exactamente como las conoces pero, son ellas.
- Supongo que "ellos" también ven a Healer y Maker
- Yo también supongo que si – me respondió, encogiéndose de hombros – finalmente son sus alter egos y subconscientes.
Sailor Stars
No fue difícil para los chicos adaptarse a la vida terrícola, por lo que una vez que tuvieron algo con lo cual vestirse, decidieron buscar la forma de ganarse la vida.
Y es que en ese momento, la principal prioridad era ver la manera de sobrevivir. Una vez cubierta dicha necesidad básica, comenzaríamos en la búsqueda de nuestra princesa.
Los chicos consiguieron trabajos de medio tiempo, como cualquier adolescente normal, a excepción de Taiki (ya me estaba acostumbrando a llamarlo así) que había conseguido trabajo de bibliotecario, Yaten y Seiya tenían trabajos "normales de adolescente".
Mi platinado hermano entró a trabajar en un karaoke, pues seguía siendo lo bastante vanidoso como para entrar en algún otro empleo que implicara ensuciarse, lavar platos, limpiar mesas o cualquier otra cosa que pudiera entorpecer su cuidado personal, y Seiya… bueno, él consiguió trabajo en un restaurante de comida rápida de una famosa franquicia.
Habían pasado tres meses desde nuestra llegada a la Tierra y seguíamos sin tener rastro de la princesa, sin embargo, los chicos evitaban tocar el tema y yo ya estaba desesperada.
- Espero que no te hayas olvidado de nuestra obligación – le dije a Seiya, mientras lo veía que iba y venía en su habitación, vistiéndose para ir al trabajo.
- Por supuesto que no preciosa – me respondió, mirándome a través del espejo.
- ¿Entonces por qué en estos tres meses no has hecho nada por plantear una solución a esto? ¡Eres el líder! Que no se te olvide.
- Y créeme que no se me olvida – me confrontó – pero esto no es fácil. Yo también quiero encontrarla.
- Pues no parece. No vinimos de vacaciones ni mucho menos para vivir una nueva vida, ¡no somos unas cobardes!– le espeté molesta
- ¡Ya sé que no somos ningunos cobardes! - me tomó de las muñecas - ¿O no será acaso que Yaten no es el único enamorado de la princesa?
Sentí como la sangre subía a mi rostro coloreándolo. No, no estaba enamorada de la princesa, lo único que quería era encontrarla y largarme de la Tierra, pero, ¿acaso como hombre podría sentirme atraída por ella? Moví la cabeza de forma negativa, sacando todos esos pensamientos.
Un anuncio en la radio hizo que mi pelea con mi alter ego se viera interrumpida, cuando la locutora anunció la llegada de un grupo musical a Osaka, la ciudad donde habíamos llegado. La chica en la radio dio una breve reseña de la carrera musical de dicho grupo e hizo un comentario sobre lo exitosa que era la carrera de los idols en esos días.
Una idea comenzó a surgir en Seiya y yo, por lo que nos miramos a los ojos de manera cómplice.
- ¿Estás pensado lo mismo que yo? – preguntó Seiya
- Creo que por primera vez en tres meses estamos de acuerdo – le respondí – pero deja que sea yo quien se los diga.
- ¿Estás segura, preciosa? – el pelinegro ahora me trataba de una forma algo cariñosa.
- Si
- Bien… ¡Poder de lucha estelar, transformación!
Poco a poco pude sentir como me fui materializando, y cuando abrí los ojos, comencé a observar mis manos y me asomé al espejo para comprobar que era yo de nuevo, con mi cuerpo de mujer, como siempre debió de ser.
- ¿Contenta? – escuché su masculina voz detrás mio.
- Si – le respondí con una amplia sonrisa; ahora era Seiya quien estaba en segundo plano.
- Espero que por este capricho tuyo no nos pongas en peligro. Galaxia podría percibir nuestra energía utilizada en la transformación.
- Tranquilo. Solo necesito hablar con ellas y después no volveré a transformarme si no es necesario.
Salí de la habitación, dirigiendo mis pasos hacia donde se encontraban Taiki y Yaten.
Mis hermanos estaban en la sala; Yaten comía una manzana mientras Taiki preparaba su almuerzo para irse al trabajo.
Ambos dejaron de hacer lo que hacían cuando me vieron parada en medio de la estancia. La manzana cayó de las manos de mi platinado hermano mientras se quedaba con la boca abierta. Taiki simplemente me observaba de pies a cabeza y yo no pude evitar sentirme un tanto abochornada.
- ¿Fi… Fighter? – tartamudeó Yaten, quien estaba sonrojado
- Si, soy yo – dije desviando la mirada. Podía sentir como las hormonas masculinas de ellos se apoderaban de sus cuerpos.
- ¿Por qué? – preguntó Taiki, estudiando mis piernas.
- ¡Basta los dos! – espeté incómoda – Necesito hablar con ustedes, transfórmense ahora.
Sin preguntar más, los chicos se transformaron frente a mí, dando paso a mis queridas hermanas. Una vez las tuve enfrente, corrí a abrazarlas.
- ¡Las he extrañado tanto! – no pude evitar ponerme un poco sentimental.
- Nosotras también – respondió Healer.
- ¿De qué querías hablar? – preguntó Maker.
- Oigan, sé que llevamos tres meses aquí y pareciera que no he hecho nada… que Seiya no ha hecho nada pero ya tengo un plan para encontrarla.
- Seiya – suspiró Healer – no puedo creer que él sea tu alter ego
La miré seria. Sinceramente, yo tampoco podía creerlo, pero no iba a renegar de mi misma, bueno, de mi parte masculina.
- Oigan, sé que a veces Seiya puede parecer un poco irresponsable pero créanme que está haciendo todo lo posible por comportarse como el líder que debe ser. Confíen en él por favor. Finalmente, él y yo somos la misma persona.
- Pero tu eres más sensata – agregó mi castaña hermana
Solté un suspiro
- No vamos a hablar de nuestra identidad en este planeta, vamos a hablar de Kakyuu. Creo que si cantamos, desde el fondo de nuestro corazón podemos encontrarla. Formemos un grupo y aprovechemos nuestra apariencia para encontrar a la única mujer que nos interesa en este mundo.
- Creo, que el ser hombre te afectó un poco la cabeza hermana – Healer me miraba incrédula.
- Pues yo creo que es una buena idea y la apoyo. En Kinmoku, la princesa disfrutaba de nuestras melodías. Si cantamos para ella, es muy probable que aparezca ante nosotras.
- ¿La estas apoyando? – mi platinada hermana miraba incrédula a Maker
- ¿Quieres encontrarla o no? La música nos ayudará mucho
- ¡Claro que quiero encontrarla! Pero, ¿cómo nos haremos famosas? ¿Y el dinero? ¡Qué se supone vamos a hacer!
- No quisiera ser aguafiestas estrellita pero creo que deben de dar por terminada su junta pronto si no quieren que su resplandor comience a brillar fuera de éste planeta – me comentó Seiya.
- Creo que podemos grabar un demo y llevarlo a una disquera, y para eso no necesitamos mucho presupuesto – dije – basta con un buen micrófono y una pista. Ahora, ¿lo hacemos o no?
Las chicas me miraban fijamente.
- Está bien – respondió Healer – no perdemos nada con intentarlo
- Pues ya está, cantemos entonces. Pero, ¿Cómo nos vamos a llamar?
En ese momento, mi mente comenzó a trabajar al mil por hora, reparando en nuestros broches de transformación que emitían un brillo singular, pues, dentro de ellos, se encontraban nuestras semillas estelares.
- Ahí tienes la respuesta que buscas – me susurró Seiya
- Three Lights – dije, mirándolas a ambas
- ¿Qué?
- Que seremos los Three Lights.
Qué tal Bombones!
Les traigo el segundo capítulo de este fic algo... diferente por así decirlo. No es muy fácil escribir un lío como este, y bueno, creo que todos tenemos curiosidad por saber como fue que Three Lights llegó a ser Three Lights.
Parece que Fighter tiene algunos problemitas con su lado masculino, pero debe aprender a entender que todos llevamos una parte opuesta, y bueno, los problemas realmente aun no comienzan.
Gracias por leerme y no se olviden pasar por mi página en FB, me encuentran como Gabiusa Kou! Besos estelares! :* :*
