hola hola jeje lo prometido es deuda noo jeje pues espero les guste esta historia jeje
Diclamier: La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer
Capitulo 2
El whisky era barato y mordía como una mujer airada. Garrett respiró a través de los dientes y esperó morir. Al no hacerlo, se sirvió otra copa de la botella, se recostó en la silla y contempló la extensión abierta del Golfo de México. A su espalda, la pequeña cantina se preparaba para el negocio de la noche. En la cocina se freían frijoles y enchiladas. El olor a cebolla llegaba con fuerza y competía con el de licor y tabaco. Las conversaciones se mantenían en un español rápido que Garrett entendía y soslayaba.
No quería compañía. Quería el whisky y el agua.
El sol era una bola roja sobre el golfo. Nubes bajas titilaban con tonalidades rosadas y doradas. El fuego del whisky se asentaba en un calor agradable y cómodo en su estómago. Garrett Cullen estaba de vacaciones, y por Dios que pensaba disfrutarlas.
Los Estados Unidos se hallaban a un trayecto corto de avión. Hacía años que había dejado de pensar en ellos como en su hogar... o al menos se había convencido de eso. Habían pasado doce años desde que zarpó de San Francisco siendo un joven idealista dominado por la culpabilidad e impulsado por los sueños. Había visto Hong Kong y Singapur. Durante un año había viajado por Oriente, ganándose la vida con su ingenio y el talento que había heredado de sus padres. Por la noche había tocado en salones de hotel y en tugurios, mientras por el día asimilaba las vistas y los olores extranjeros.
Luego había estado en Tokio. Había tocado música americana en un pequeño antro, con la idea de atravesar Asia.
Simplemente había sido cuestión de hallarse en el lugar adecuado en el momento adecuado. O al revés. En los bares las peleas eran asiduas. Carlisle Cullen le había enseñado a su hijo mucho más que saber mantener el ritmo. Garrett sabía cuándo golpear y cuándo retirarse.
No había sido su intención salvar la vida de Charlie Forrester. Y desde luego no había sabido que Forrester en un agente estadounidense.
«El destino», pensó en ese momento, mientras observaba el sol rojo acercarse más al horizonte. Era el destino el que lo había llevado a desviar el cuchillo destinado al corazón de Charlie. Y en el destino, con sus designios caprichosos, el que lo había enredado en el sombrío juego del espionaje. Garrett había llegado a cruzar Asia, y llegado más allá. Pero enrolado al servicio del Sistema de Seguridad Internacional.
En ese momento Charlie estaba muerto. Se sirvió otra copa y brindó por su amigo y mentor. No fue la bala de un asesino ni un cuchillo en un callejón oscuro lo que habían acabado con él, sino un paro cardíaco. El cuerpo de Charlie simplemente había decidido que su tiempo se había agotado.
Allí sentado en ese antro mexicano, Garrett Cullen reflexionó.
El funeral iba a celebrarse catorce horas después en Chicago. Como aún no estaba listo pan cruzar el Río Grande, iba a quedarse en México a beber por su viejo amigo y a contemplar la vida. Mientras estiraba sus largas piernas enfundadas en unos pantalones caqui, decidió que su amigo lo comprendería. Charlie jamás había sido un devoto de la ceremonia. Su lema en hacer el trabajo, beber una copa y pasar al siguiente.
Sacó una cajetilla aplastada de cigarrillos y buscó unas cerillas en el bolsillo de la camisa sucia. Tenía manos largas. Con diez años había soñado en convertirse en concertista de piano. Pero había soñado en convenirse en muchas cosas. Un sombrero viejo ocultaba su rostro en sombras al encender una cerilla y acercarla al cigarrillo.
Estaba muy bronceado, ya que su último trabajo lo había mantenido al aire libre. Tenía el pelo tupido y lo bastante largo como para ondularse por debajo del sombrero en un desorden de un rubio oscuro. El calor le humedecía la cara enjuta. A lo largo de la mandíbula izquierda había una cicatriz pequeña y blanca, encuentro con una botella rota. Desde los dieciséis años tenía la nariz un poco torcida... por una pelea por el honor de una joven.
En ese momento se encontraba más próximo a la delgadez debido a una prolongada estancia en el hospital. La última bala que había recibido había estado a punto de matarlo. Incluso sin el whisky y sin el pesar que lo embargaba, tenía un aspecto peligroso. Los huesos eran prominentes, los ojos intensos.
No se había afeitado en tres días, lo que acentuaba aún más su aspecto hosco. El camarero estaba encantado de dejarlo en paz con la botella y su soledad.
A medida que anochecía, la cantina se tornaba más bulliciosa. Por una radio salía música mexicana interrumpida por esporádicos estallidos de estática. Alguien rompió una copa. Dos hombres comenzaron a discutir de pesca, política y mujeres. Garrett se sirvió otro trago.
La vio en cuanto entró. Los viejos hábitos lo impulsaron a clavar la vista en la puerta. El entrenamiento hizo que asimilara los detalles sin dar la impresión de que miraba. «Una turista que tomó el desvío equivocado», pensó mientras observaba la piel de porcelana salpicada de pecas que hacían juego con el pelo rojo. Se achicharraría después de una hora bajo el sol de Yucatán. «Es una pena», concluyó, concentrándose otra vez en la bebida.
Había esperado que retrocediera nada más darse cuenta del sitio en el que había entrado. Pero en lugar de eso fue directamente a la barra. Garrett cruzó los tobillos y se dedicó a estudiarla.
Llevaba unos pantalones blancos impecables a pesar del calor polvoriento del día. Los acompañaba con una blusa de tono púrpura lo bastante amplia como para ser fresca. Aun así, notó que era esbelta, con suficientes curvas como para darle cierto estilo a los pantalones holgados. El pelo, casi del color del sol poniente, estaba recogido en una trenza, pero tenía el rostro girado, de modo que únicamente le veía el perfil. «Clásico», concluyó sin mucho interés. «Estilo camafeo». El tipo de mujer de champán y caviar.
Se bebió el resto del trago y decidió emborracharse... en honor de Charlie.
Acababa de alzar la botella cuando la mujer se volvió y lo miró directamente. Desde las sombras del sombrero, Garrett le devolvió la mirada. Tenso, continuó sirviéndose whisky mientras ella atravesaba la sala en su dirección.
-¿Señor Cullen?
Él enarcó levemente una ceja al oír el acento. Tenía un deje irlandés, el mismo que exhibía su padre cuando estaba furioso o alegre. Bebió whisky sin decir una palabra.
-¿Es usted Garrett Cullen?
También notó un deje de nervios en la voz. Y de cerca pudo ver ojeras bajo unos ojos extraordinariamente verdes. Ella apretó los labios. Cerró los dedos con fuerza sobre el asa de un bolso de paja que le colgaba del hombro. Garrett dejó el whisky sobre la mesa y se dio cuenta de que estaba un poco borracho para sentirse molesto.
-Podría ser. ¿Por qué?
Se pone interesante noo jeje ?
reviews?
