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Pitt y Maddi son los primeros en acercarse a pegarme alaridos. Tras ellos, viene Debbie. Y por último, la vieja Julia. Les oigo, pero no pienso cambiar de opinión, nunca he tenido nada tan claro como ahora mismo.

Trato de explicarle mis motivos a Debbie, pero me interrumpe continuamente. Lo único que puedo hacer es suspirar, esperando que en algún momento decida callarse. Me cuesta bastante hacerla entrar en razón, aunque, igual soy yo la que necesita entrar en razón. ¿Realmente estoy dispuesta a abandonarlos a todos? ¿A mi hermano? ¿A Debbie? Ahora estoy más confundida.

Por fin, ha decidido callar y dejarme hablar.

─Escucha. Déjame hablar. Voy a ir con él y me conducirá hasta los Monicans, te guste o no.

─Pero…

─No, no vas a convencerme de lo contrario. Piénsalo, solo durante un momento, ponte en mi lugar. Se me acaba de presentar la oportunidad de luchar contra la Unión, de detenerlos y de evitar que reconstruyan su imperio. Si les paramos los pies, podremos dejar de escondernos y volveremos a casa. No nos perseguirán más y… mi hermano tendrá la oportunidad de volver a ser feliz ─le cuento interrumpiéndola.

Debbie se queda en silencio, imagino que tratando de entender mi situación. Yo opto por levantarme e ir junto al Monicano que se halla herido en la camilla. Cojo un poco de agua que tengo en una bolsa tejida colgada a la cintura y la echo en un trozo de tela gris. Lo escurro un poco y se lo pongo en la frente. Él comienza a parpadear seguidas veces, como si se encontrase incómodo. Cuando me voy a levantar, algo me lo impide: el Monican.

─Gracias. ─Dice débilmente. Le miro y sonrío, a modo de respuesta. Acto seguido, respiro profundamente y vuelvo a meditar sobre si irme con él o quedarme aquí, cuidando de los míos.

─¿Ocurre algo? ─Me pregunta.

─Las cosas entre… todos, no van muy bien. He decidido hacer algo que no agrada a muchos de los demás.

─Si realmente crees que es lo correcto, hazlo.

Medito seriamente sobre mis decisiones, nunca antes se me había pasado por la cabeza irme, no de verdad. Tal vez, algún día, lo haya pensado, pero nunca he decidido hacerlo, hasta el día de hoy.

El Monican me mira frunciendo el ceño, ya que no pronuncio palabra alguna. Intento explicarle mi situación, pero me resulta imposible. El parece haber entendido a medias lo que le quiero decir, eso me tranquiliza, puedo dejar de tartamudear.

─¿Me intentas decir que quieres ser Monican? ─Pregunta.

Me limito a asentir.

─Plantéatelo mejor, fíjate como he acabado yo ─dice mientras se señala el costado.

─¿Cómo te hiciste eso? ─Pregunto curiosa.

─Fue en las construcciones del Capitolio.

─¡¿El Capitolio?! ─ Digo patidifusa.

Me pide que baje el tono de voz y lo hago, conteniendo la emoción.

─Yo era uno de los infiltrados en la Unión, Breya, la Pacificadora, me envió a infiltrarme entre ellos y conseguí recopilar bastante información.

─¿Pacificadora?

─La Monican al mando. Una vez que me encontraba infiltrado y tenía información suficiente para volver, por error, encontré unos planos sobre un nuevo Capitolio y decidí cogerlos, para llevárselos a Breya.

─¿Qué ocurrió? ─ Pregunto aún más intrigada.

─Me cogieron, justo cuando estaba huyendo. Me tuvieron cautivo durante meses, sometido a tortura. Cuando tuvieron un descuido, aproveché para escapar, para ello tuve que soltarme de los barrotes que me sujetaban. Había dos y cada uno clavado a una parte de mi cuerpo, uno a la pierna y otro al costado.

─Por eso las heridas.

Cuando termina de contarme lo ocurrido, vuelvo a pensar si lo más adecuado es unirme a los Monicans. Tal vez me termine pasando lo mismo y acabe con una herida letal.

Voy a la tienda a sentarme junto a Trevor, si decido ir, tengo que aprovechar todo el tiempo posible para estar a su lado.

Parece ser, que él sabe lo que pasa, porque noto que un par de lágrimas se secan en mi camisa superior. Cuando le veo llorar, no puedo evitar derrumbarme, no puedo dejarle. Le voy a decir que no iré, acabo de imaginarme como lo pasará sin mí, y yo sin él. No podría aguantar ni media hora.

Estoy a punto de contarle que no iré, pero me calla empezando a hablar él.

─Tienes que hacerlo, tienes que impedir que los malos se salgan con la suya ─dice tragando saliva.

─Trevor, si no quieres que vaya, no iré.

─Sam, tienes que ir. Eres la persona más fuerte del mundo y tienes que salvarnos a todos. Cuando vuelvas, podrás enseñarme a usar el arco, porque estoy seguro de que vas a volver.

Trato de contener las lágrimas y parecer… la persona más fuerte del mundo ante mi hermano.

Trevor confía en mí, confía en que acabe con ésta maldita anarquía que nos tiene vagando de bosque en bosque. Pero soy yo la que no tiene confianza en sí misma, ahora no quiero irme, no me imagino viviendo sin mi hermano, sin despertar día tras día a su lado, con ese aroma a naranjas. Sin embargo, sé que si no voy, Trevor no me lo perdonará, porque está depositando toda su confianza en mí, porque está dispuesto a dejarme ir, si eso ayuda a salvarnos a todos.

Salgo de la tienda y llamo a todos. Se acercan esperando una respuesta, la cual tendrán en breves segundos.

Respiro y levanto la cabeza, observando el claro y azulado cielo, viendo revolotear los sinsajos encima de nuestras cabezas. El aroma a pino invade mis fosas nasales y la brisa marina me aparta la larga y rubia melena de la cara. Los vuelvo a mirar a todos, que están ansiosos y comienzo a hablar.

─Antes de que me digáis nada, debéis saber que tengo el apoyo y la confianza de la persona que más me importa en el mundo. Cualquier cosa que expongáis, no servirá de nada. Voy a ir, me uniré a los Monicanos y lucharé junto a ellos. Voy a acabar con la Unión, con todos y cada uno de ellos que se han encargado de arruinar nuestras vidas. Dicho esto, quiero aclarar que ya que no voy a estar, queda Debbie al mando. Confiad en sus sinceras palabras y acatad sus órdenes sin rechistar, sabe perfectamente lo que hace y sé que puede con esto y mucho más. Pitt y Maddi, sé que protegeréis al grupo bajo cualquier circunstancia, me voy tranquila mientras vosotros estéis aquí. Y sólo os voy a pedir una cosa, a todos. Mientras yo no esté, cuidad de mi hermano, por favor, tratad de impedir que recuerde que su hermana mayor no está aquí. Necesitará apoyo más que ninguno de vosotros. Vais a tener que colaborar todos. Y en cuanto a la comida, tendréis que aprender a cazar, a fabricar armas y buscar plantas comestibles. Ahora, más que nunca, tendréis que trabajar duro… y eso es todo.

Nadie dice nada, todo se queda en absoluto silencio. Observo a la vieja Julia, ella me mira a los ojos y comienza a sonreír. Me da a entender que cuidará de mi hermano.

Todos siguen callados, y como veo que no tienen intención de hablar, voy a la tienda y cojo mi arco, el carcaj con las flechas y me pongo mi chaqueta negra.

Voy a ver al Monican herido, a ver como sigue. Llego y veo que los sudores han cesado y la herida ha dejado de sangrar compulsivamente. Progresa muy deprisa, a este paso, dentro de muy poco saldremos de aquí y me dirigirá hacia la sede de los Monicans.

Le abofeteo un poco la cara, para que despierte, y lo hace muy enfadado.

─Tranquilo, sólo vengo a decirte que voy contigo.

─¿Lo has pensando bien? ─Pregunta mientras se sienta.

─Si, bastante. Por cierto, ya que viajaré contigo durante un tiempo, me gustaría saber cómo te llamas.

─Marcus Falco. ¿Y tú?

─Samantha Thor.

─Bien, pues si estás segura de lo que has decidido, dame un par de horas y te llevaré con la resistencia.

Asiento y corro a recoger mis cosas. Ordeno mis pocas pertenencias en una bolsa de tela negra, tejida por mi madre, y me cargo al hombro el arco. Voy a hacer una última caza para que tengan algo que comer antes de acostumbrarse a cazar.

Me adentro en las penumbras del oscuro bosque, dando silenciosos pasos para no ahuyentar a la presa. Oigo un raudo chasquido. Solo por el sonido, sé que se trata de una ardilla.

Tenso el arco vertiginosamente y disparo al frente, la flecha atraviesa el tronco de un árbol y puedo oír como se clava en el cuerpo de la ardilla. Recojo el animal y lo meto en otra bolsa de tela que me cuelgo a la espalda. Limpio la sangre de la flecha y vuelvo a cargar el arco, tengo que seguir buscando comida, no puede alimentarse un grupo de 20 personas a base de una ardilla.

Sigo caminando y la luna comienza a salir a mi paso. Avanzo algo acalorada, mi piel aceitunada reluce a la luz de la luna, debido al sudor de mi frente.

Cazar me reconforta, me recuerda a cuando vivía en el Distrito 12 y pasaba la verja para meterme en el bosque a cazar, cuando cogía mi arco escondido en una superficie rocosa y comenzaba a buscar por el bosque mis presas. Cuando no conseguía cazar nada, cogía plantas comestibles con Debbie y luego nos dábamos un baño en un pequeño lago que nos encontramos un día. Recuerdo que el mismo día que encontramos el lago, la enseñé a disparar con el arco, aprendió a hacerlo a la perfección en pocos días, tenía talento. Ahora se ha convertido en una cazadora experta y seguro que será una estupenda líder.

Sigo caminando por el bosque, cada vez más oscuro, en busca de comida. Pasadas unas horas, consigo cazar un par de zarigüeyas, un conejo y cuatro ratas campestres.

En la bolsa ya no me entra nada más, así que llevo la caza del día al grupo y les exijo que no se lo coman aún, todavía queda ciervo de ayer, si no me equivoco.

Marcus se ha levantado y está listo para irse, al igual que yo.

Recojo mi equipaje y comienzo a despedirme de todos. Debbie rompe a llorar y Julia tiene que calmarla. Pitt y Maddi me dan un abrazo interminable, tengo que separarme a la fuerza. Luego me acerco a Alysson, siempre se encarga de limpiar a la comida y servirla, es muy buena conmigo. Le doy un gran abrazo y le ordeno que esconda las presas que he traído hoy, ella asiente y se aparta para que el resto se acerquen a despedirse. Por último, queda la despedida más dolorosa: mi hermano.

Como un hombrecito, me abraza sin soltar una sola lágrima y me sonríe.

─Eres mi heroína. ─Eso es lo último que me ha dicho mi hermano, lo último que oiré de su voz en mucho tiempo.

Ya estoy lista para partir, sin embargo, me quedo observándolos a todos. Hago una fotografía mental, algo que me ayude a levantarme cada día de los que se aproximan, para saber por lo que lucho. Cuando estoy preparada, doy la espalda a mi gente y Marcus y yo nos perdemos entre los árboles del bosque. Vuelvo la vista hacia atrás y ya no hay nada que ver, nada.

Aunque es de noche y deberíamos acampar en algún sitio para descansar, Marcus dice que lo mejor es que lleguemos cuanto antes a la sede de los Monicans, ya que la Unión le estará buscando por cualquier parte.

La luz de la luna se me hace cegadora, alumbra todo a nuestro alrededor, en el caso de que se acerque alguna amenaza, estamos completamente a la vista, no me siento muy segura.

Marcus comienza a mirarme muy detenidamente, examinando cada parte de mí. Me siento incómoda y le digo tiranamente que pare.

─Lo siento, no quería molestarte. Pero me resultas muy extraña.

─Gracias, lo estás arreglando.

─Lo que quiero decir es que no parece que te hayas criado en el Distrito 12, más bien del 2 o del 4.

─Pues soy del 12.

─Pero eres rubia.

─Ah, ya, es por eso. Todos me lo han dicho. Ni yo misma sé porque soy rubia en vez de tener el típico cabello castaño.

La conversación se termina en ese mismo momento y seguimos caminando. Cada paso que doy es más agotador que el anterior, hoy he caminado bastante y he cazado el doble de lo habitual en un día.

Comienzo a pensar en que estarán haciendo ahora Debbie, Julia, Pitt, Maddi… mi hermano. Seguramente pensando en qué hacer ahora que tienen que ganarse la comida ellos mismos, Debbie estará estresada, haciendo notas mentales sobre como llevar al grupo ella sola, Pitt y Maddi tranquilizando a todos y mi hermano estará con su arco, tratando de aprender solo. Querrá ayudar en todo lo posible, pero Julia, seguro que cada vez que le vea practicando le quitará el arco y se lo esconderá. Espero que sean capaces de cuidarse ellos solos.

Me detengo en un punto del bosque y me siento, cogiendo aire para poder continuar.

─No puedo más, necesito descansar. Llevamos mucho tiempo caminando sin parar.─Tengo que respirar agitadamente, ya que me duele si respiro normal.

─Bueno, haremos un pequeño descanso.

Marcus se sienta a mi lado, pero parece que él no necesita descansar para nada. Apenas suda y no parece que esté herido de gravedad en el costado, envidio la capacidad física que tiene. Muchas veces he tenido que llevar poca comida al grupo por estar cansada para seguir cazando.

Mi respiración comienza a normalizarse y empiezo a sudar menos que antes, tal vez pueda caminar un poco más. Me levanto con facilidad y Marcus también. Abro mi bolsa de tela y saco la botella de agua, bebo un poco, pero está caliente. Comienzo a caminar a paso lento mientras que sigo respirando. Marcus se pone a la cabeza para guiarme, no estoy acostumbrada a ir en segundo lugar. Siempre era yo la que guiaba a todos y ahora soy la guiada. Tengo que empezar a pensar que ahora no soy la líder.

Llevamos caminando por lo menos cuatro horas, ya que la luna ha hecho un gran cambio de posición en el cielo. Deben de ser la tres de la madrugada, no sé hasta cuando estaremos caminando, pero cuanto antes lleguemos, mejor.

Marcus se detiene un instante y observa el entorno, señala varios caminos, como si intentase recordar la dirección. Inmediatamente, retorna el paso y me obliga a tomar el sendero más claro, sigue sin parecerme buena idea estar al descubierto, pero es él el que sabe la dirección.

En poco tiempo llegamos a un campo con ramas de gran tamaño que nos cubren hasta la cintura. Tropiezo varias veces, en el suelo hay un par de rocas sueltas a las que se me enganchan las botas.

Salimos de aquel campo y ahora estamos de nuevo en el bosque.

─Si seguimos a este ritmo, mañana por la mañana habremos llegado.

Eso me anima y decido aumentar la velocidad. La cosa se complica cuando los ojos se me comienzan a cerrar de vez en cuando, los froto cada vez que ocurre, pero no impide que tenga sueño. Me hecho el agua caliente en la cara, me despeja un poco y puedo volver a caminar normal.

Veo unas ardillas pasar, las cazo y las guardo para tener algo que comer durante el trayecto. Marcus las mira y le noto que el hambre se refleja en sus ojos.

─¿Quieres comer? ─Le digo ofreciéndole una ardilla.

─¡Si! Es decir… así tendremos más energía para continuar.

Paramos en una zona llena de árboles muy altos y ponemos la comida en el suelo, cojo un par de ramas de los árboles, tengo que trepar por los árboles para cogerlas, ya que están muy altas. Cuando las tengo, las tiro y enciendo un buen fuego. Asamos dos ardillas y nos las devoramos en poco tiempo. Guardo las tres que quedan en la bolsa y continuamos.

Se hace de día cuando miro al cielo. Marcus se para en un rincón y toca el aire con la mano abierta. Entonces, la forma de la mano se refleja en una especie de cristal flotante. Un campo violeta se enciende y lo traspasamos. Una cúpula blanca aparece ante mis ojos.

─Hemos llegado.─Dice mirando al frente, al igual que yo, que estoy impresionada por el lugar.

Veo gente entrenando por el exterior de la cúpula. Son bastante buenos; unos se enfrentan cuerpo a cuerpo en unas colchonetas que hay en el suelo, al lado de ellos hay una placa de metal que pone 16. Otros practican con cuchillos, también hay una placa metálica en esa zona, pone 11. Veo que dos chicas se enfrentan con varas de lucha, las hojas de las varas están bien afiladas, un mínimo roce de esas varas puede ser mortal. Donde están esas chicas, pone 3.

No entiendo lo de las placas, pero veo que todo el mundo se entrena muy duro. Aunque estén cansados, siguen entrenando, porque tienen un motivo para seguir, acabar con la Unión.

Marcus me lleva al interior de la cúpula, dentro sólo hay gente mayor que revisa archivos, traza misiones, hace planos y selecciona armas.

Una mujer pálida con piel de porcelana y pelo cardado, también blanco, se acerca a mí. Me mira detenidamente y niega con la cabeza.

─No nos sirve, sólo es una cría.

─La he visto en acción, es bastante buena con el arco, se podría decir que excelente.

Yo no digo nada, si digo cualquier cosa, puede que lo estropeé todo, aun más.

─¿Cuántos años tienes? ─Me pregunta.

─Tengo 15 años ─digo todo lo firme que me permite la garganta.

─Hazle una prueba y verás que puede ser una magnífica Monican. Lideraba un grupo de supervivientes del Distrito 12 y los ha dejado para luchar junto a nosotros, dale una oportunidad.

─Sólo una ─concluye ella. Acto continuo, se va.

Sin su presencia, me siento algo más relajada, la verdad es que impone mucho. Marcus me ve y sé por el modo en el que lo hace, que voy a tener que hacerlo lo mejor posible en la prueba.

─¿Esa era la Pacificadora?

─Si, y no le has caído muy bien.

Eso me hace sentirme más presionada y salgo a tomar un poco el aire. La gente sigue entrenando, tal vez deba hacerlo yo también.

Me descuelgo el arco del hombro y busco un sitio donde practicar. No veo ninguna zona de tiro cercana, genial, lo voy a hacer fatal en la prueba.

Cuando lo doy todo por perdido un chico moreno se me acerca.

─La sección de tiro con arco es la 19 ─me dice el chico.

─Gracias, estaba algo perdida.

─Tranquila, yo te acompaño.

El chico me lleva bastante lejos de dónde estábamos y entonces veo la placa metálica con el 19. Hay dianas por todas partes, también hay maniquíes con números en el cuerpo y un hombre muy corpulento de pie.

He tenido suerte, no hay nadie en esa sección y puedo practicar sola. Coloco una flecha en el arco y tenso la cuerda. Espero un buen rato antes de disparar al muñeco, quiero que la flecha quede en medio de los ojos. Cuando lo creo oportuno, disparo y la flecha se clava en el sitio que quería, hago lo mismo con todos los muñecos y paso a las dianas. Consigo que todas se claven en el centro. El hombre abre los ojos como platos y me doy la vuelta para que no me diga nada, pero a mi espalda estaban todos mirando como disparaba, están igual de sorprendidos que el hombre del puesto.

─Creo que no va a hacer falta ninguna prueba ─oigo decir a Breya.

Marcus está al lado de Breya. Han debido de observar mi entrenamiento y por lo que ha dicho la Pacificadora, debo de haberlo hecho bien.

Marcus me dice que todos los que me han visto quieren formar equipo conmigo en las misiones de los Monicans. Me siento alagada, pero sigo siendo la novata.

La Pacificadora me mete de nuevo en la cúpula y me indica que mi primera misión, tiene lugar ésta misma noche. Formaré equipo con un chico llamado Craven Raab. Me enseña la foto del perfil del Monican y es el mismo que me ha llevado hasta la sección 19. A parte de él, está otra chica llamada Rebecca Bandolini y otro llamado Brock O'Conor.

Estoy muy nerviosa y muy feliz, podré actuar desde hoy. Hoy voy a desbaratar algunos de los planes de la Unión.

Me voy a encargar de que nunca se les olvide el nombre de Samantha Thor.