¡Hola! Lo prometido es deuda, y tal como he dicho, actualizo a finales de cada mes :3. Sin embargo, esas palabras descaradamente incumpliré en el mes de NOVIEMBRE ya que estaré presentando el primer parcial del semestre (O sea, será un linchamiento académico T~T*). ¡En fin! Hablemos de cosas más alegres xD…

Agradecimientos especiales a las personas que me dejaron un review en el anterior capítulo:

SanGreX /-/ Naomic /-/ Hilal Mv.

Son sus palabras los que me animan a continuar con esta historia. También abracitos a los que me agregaron en sus favoritos o en follows ¡GRACIAS! Hacen que me esfuerce por mantener sus expectativas. En cuanto los que se pasaron a leer, tomándose unos minutos de su tiempo, pues les mando saludos.

¡Ahora sí; feliz lectura…!


His Name is…
Por: ChibiFjola.

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CAPÍTULO I

La Última Estación del Sueño

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La belleza de los sueños…
Es su enigma a lo desconocido.
Así como también es la revelación de tus verdaderos deseos en su esencia más pura.
Por lo que podemos soñar en lo que sea.
Sin embargo, hay que tener cuidado con lo que se sueña,
O si no podría hacerse realidad.

¡Al menos así dicen~!

~ (*) ~

— ¡Shirō-chan~!

El aludido se encogió de hombros ante el llamado, aunque ya había cedido a que usara ese apelativo… no significa que le agrade. Al menos tenía el consuelo que solamente ella sería quien lo llamara así (…Ya que antes que se diera cuenta, Ukitake hizo un silencioso acuerdo, ya no llamándolo "Shirō-chan" sino Pequeshirō, sabiéndose que será el otro con salir impune de llamarle incorrectamente).

Alzó su mirada del papeleo que revisaba para ver a Momo Hitsugaya, aproximándose a su escritorio. Usando su uniforme estándar de shinigami sin modificaciones más su placa que indica su posición en la Gotei 13, podría decir que nada ha cambiado en ella… pero sería mentira. La menuda Teniente del quinto escuadrón ha madurado apropiadamente en los últimos años.

Empezando por su cabello azabache, anteriormente que era recogido en un moño alto y cubierto de tela… hasta después de unos meses que le fue asignado su nuevo Capitán de la quinta división y segunda autoridad para la joven shinigami en su rango como Teniente. Sabía que aunque no estuvo presente en aquel momento fue por Shinji Hirako que ella se corto el cabello e incluso personalmente el Vizard fue el quién le dio fin a la sedosa melena azabache con sus propias manos.

Al principio le molesto su sorpresivo cambio de look pero en el fondo sabía que ocultaba un significado profundo aquel inesperado cambio de apariencia. Y a ojos perspicaces descifrarían lo que escondían los cortos mechones azabaches que no alcanzaban a rozar los hombros delicados de la Teniente, siendo "Un nuevo comienzo". Desde entonces los lazos entre Teniente y Capitán del quinto escuadrón se solidificaron en un mudo pacto de genuina camaradería y… él finalmente pudo ver a Momo, después del desafortunado incidente que la apuñalo por accidente en la batalla de Karakura contra Aizen, ya que ella solía evitarlo cuando se recupero de la operación y sólo hasta entonces aclararle para su alivio que su amistad seguía intacta…

No le hacía gracia que Shinji Hirako se haya vuelto en el confidente de Momo, pero le estaba eternamente agradecido porque si no fuera sido por el Vizard, quizás su relación jamás hubiera cicatrizado las heridas provocadas por Aizen y eventualmente formalizarse aquella adoración mutua que sentían por el otro, en lo que siempre se ha sospechado…

Amor.
En su más pura esencia.

Luego de ese nuevo look, Momo mantuvo su flequillo similar al de él pero en el sentido contrario y usando en el mismo lugar el broche que utilizo durante la guerra contra la organización Wandenreich. Sosteniendo el accesorio para el cabello; el lado izquierdo de su melena azabache, despejando ese lado de su rostro y de por si haciendo que su larga melena caiga tal cual cascada detrás de su pequeña espalda mientras que el lado opuesto del agraciado rostro femenino era enmarcado preciosamente por el flequillo y el largo mechón que se situaba al costado de su cara.

Definitivamente su actual apariencia realzaba elegantemente su feminidad, aunque prevalecía esa gentil inocencia que le daba un toque adorable e infantil.

…Un sonoro beso estampándose en su mejilla izquierda lo saco de sus reflexiones, parpadeando desconcertado mientras que de fondo se oía la cantarina risa de Momo del lado izquierdo de su persona.

— Ten.

Los colores no tardaron en subirse en el rostro masculino, centrándose mayormente en sus mejillas una vez que su cerebro asimilo la muestra de cariño recibida. Seguido prontamente de ser rodeado por los delgados brazos de su mujer para mostrarle un sobre amarillo ante sus ojos.

Carraspeó, queriendo recobrar la compostura y no mostrarse tan afectado por un simple beso o… su sola cercanía que le alteraba los nervios (…en un buen pero peligroso sentido de la palabra). — ¿Qué es? —Cuestionó, sonando su voz más profunda de lo habitual mientras que tomaba el sobre.

— Lo que me pedisteis.

Su sonrojo pasó a mejor vida al desaparecer de un soplo, arqueando una ceja confundido por la escueta respuesta. Por lo que no queriendo más rodeos, saco el contenido donde mostró los análisis de un chequeo médico general… exactamente de ginecología.

Momo volvió a reírse divertida al ver los ligeros patrones cambiantes en el rostro inflexible y sexy de su esposo, concluyendo en aquella serie de ceños fruncidos y destellos en diferentes matices que se vislumbraban en sus ojos turquesas; en una expresión estoica que reflejaba una disimulada calma.

— ¿Mejor?

— Hmph.

— ¡Oh, vamos~! —Canturreo en protesta por su inesperado orgullo, virando su rostro en el sentido contrario de donde estaba ella para evadir verla a los ojos. — No te hagas "el duro" conmigo, sé que te alivia un montón la noticia.

— Hmph…

— Así como me da la razón para decirte "Te lo dije" —El peliblanco se volteo a verla en clara protesta, pero para su sorpresa sus quejas fueron silenciadas por una boca más pequeña, cálida y dueña de labios sutilmente carnosos. Fue un contacto efímero para su disgusto porque la pelinegra aprovechando que él tenía la boca abierta, en medio de su beso introdujo su lengua en una suave acaricia que dejo un rastro húmedo en un hilo de saliva al separar sus bocas.

Momo apoyo su frente con la de él, mirándole juguetonamente mientras que se sentaba en sus piernas.

— ¡Ne~!, Shirō-chan estoy en mi descanso ¿Qué tal si jugamos?

— ¿No estamos algo grandecitos para la gracia? —Cuestionó divertido, haciéndose el desatendido sobre la real insinuación de la shinigami.

Suspiró, aparentando abatimiento. —Bueno… si eso crees, yo puedo jugar sola… —Hizo el ademan de levarte del regazo del joven Capitán hasta que sintió un jalón de su muñeca que la volvió a sentar. — Oh, ¿No qu…? —Sus palabras fueron silenciadas al ser su boca usurpada por la de él, no pudiendo evitar un ronroneo de satisfacción por el contacto.

En el suave calor que los envolvía, ascendiendo lentamente al grabar entre cortos y largos segundos de besos el mutuo deseo que sienten por el otro mientras que sus manos inquietas exploraban el cuerpo ajeno de su querido compañero, comenzando a estorbarle las ropas…

—…Espera… la puerta… —Dijo arrastrando las palabras al tener la voz áspera y ronca luego de largos minutos de sesión entre besos y acaricias.

— Ya me encargue —Le interrumpió depositando un casto beso en sus labios. Al recibir la mirada turquesa extrañada y un tanto apremiante, se explicó un tanto tímida: — Pueees… cuando entré, coloque unos cuantos conjuros de barrera…

Tōshirō sonrió internamente, tener a la shinigami experta del Kidō de todo Seireitei como esposa sí que tenía sus ventajas.

— Con qué lo tenías calculado, eh —Indicó acusador, sacándole un poderoso sonrojo a Momo que hincho las mejillas claramente enfurruñada y avergonzada al verse pillada con la doble intención de su visita. — ¿Pusisteis la de anti-ruido?

Ella evadiendo verlo a los ojos, asintió.

— Perfecto.

— ¡A-Ah! ¡Shirō-chan! —Exclamó al ser sorpresivamente cargada por las caderas y verse sentada sobre el escritorio, luego de que en un movimiento rápido Hitsugaya despejo su lugar de trabajo al tirarlo todo al suelo.

— No tendré contemplación.

—…Sí nunca la tienes —Farfulló, removiéndose nerviosa en su lugar.

…Ignorantes lo que ocurría fuera del despacho del intimidante Capitán del décimo escuadrón, una impúdica y colorida orquesta resonaba entre las cuatro paredes ante la fusión de dos cuerpos al convertirse en un sólo ente en más de una vez durante el resto de la tarde.

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~ ((«».«»)) ~

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Él carraspeo al verse nuevamente en ese jodido bosque con follaje de hielo macizo y marchito ya que los arboles no tenían hojas, la tierra estaba seca y totalmente desértico que únicamente lo adornaba flores de narcisos y lirios del valle. Si, era un exótico paisaje hermoso pero… ya empezaba a exasperarle un poco soñar lo mismo sin obtener respuestas.

Gruñendo malhumorado, se adentro en las profundidades del bosque en busca del sendero que lo lleva al gran lago. Ahí siempre concluye el sueño por lo que ya deseoso de darle fin, avanzo hacia lo desconocido con la luna acompañándole en lo alto del despejado cielo estrellado.

¡Hehehe~! Recién llegando ¿Y ya te quieres ir?

Hitsugaya casi besa el suelo cuando escucha esa voz, desconcertado hasta la médula se volteo dónde provino la pregunta en ese tono melódico y endemoniadamente familiar con cierto timbre infantil.

¡¿Momo?!

No podía ser su esposa. Pero parecía mostrar todos los indicios de que era aquella mujer descalza de largo cabello azabache cayendo tal cual cascada por sus hombros y espalda, apoyándose en el tronco de uno de los arboles, vestida con un kimono de color verde turquesa con un estampado de flores de ciruelo que iban del pecho derecho junto con la manga de dicho lado y después descendiendo hasta la falda. Combinando la exquisita prenda oriental con un obi de color lavanda con un estampado abstracto y floreado de color violáceo platinado.

¿Qué pasa? —Cuestionó juguetona, ladeando la cabeza a un lado. — Me ves como si fueras visto un fantasma.

No, no, no. Definitivamente NO podía ser SU Momo ¡Estaba en uno de sus sueños, maldición! ¿Pero entonces qué? Era alguna de sus fantasías (…no sería la primera vez), pero el hecho que se manifestara exactamente en esté sueño le despertaba desconfianza, pensándose que algo más profundo debe haber de por medio.

¡Espera…!

Instantáneamente la siguió a pesar que estaba al tanto que esa no era su amiga y esposa, justamente como aquella vez en el ataque de la invasión armada al Gotei 13 por un plan de Kageroza, esté hizo que dos Hinamori reigai lo interceptaran en el camino con el propósito de derrotarlo ya que era bien sabido que a la única persona que jamás lastimaría sería a Momo.

¡Ven! —Decía entre risas, paseándose juguetonamente entre los árboles y una que otras veces se ocultaba para solo asomar la cabeza, revelando su actual posición ante él. — ¡Atrápame Shirō-chan! ¡A-Ah…!

Después de un largo correteo de aquí y allá, el peliblanco pudo finalmente capturar a "Momo" al sujetarla por la muñeca. Ella se giró sorprendida de ser aprensada pero pronto se relajo, recuperando su deslumbrante sonrisa totalmente dirigida a él…

Tal cual como lo suele hacer Momo.

¡He~! Veo que me atrapasteis.

A él le fue imposible sonreír de soslayo, aún en sueños… ella se veía hermosa. Aunque no tuviera ojos de llamativa iris o un color exótico de cabello, a los ojos de Hitsugaya Tōshirō, Momo es perfecta. Y ese kimono tan elegante la hacía ver como una delicada muñeca de porcelana…

Cautivado por tan maravillosa imagen, alzó una mano para depositarla en una de sus mejillas. Sintiendo automáticamente la suavidad de la cremosa piel nívea, tan cálida y emanando esa ligera fragancia frutal que lo enloquece.

¡¿Hm?!

Alarmado Hitsugaya se vio obligado a retroceder unos pasos cuando súbitamente la larga melena azabache se tiño de un intenso color blanco al igual que sus cejas y sus pestañas. No obstante, ella le seguía sonriendo como si nada.

¿Eeeh~? ¿Cuál es el problema? —Le preguntó con inocencia de la que está vez él pudo advertir era fingida. El peliblanco se puso en alerta en el instante que ella comenzó acercarse, extendiendo la mano para tocarlo e instintivamente él retrocedió, rehuyendo de su contacto. — ¡Hehehe~! No hay de que correr…

Sin embargo, antes de que la Momo albina diera unos pasos más hacía él… un dragón alado hizo acto de presencia detrás de la peliblanca que pareció sorprendida, hecho la cabeza hacia atrás como cerciorándose que era el dragón y después tan sólo sonrió ladinamente.

¡Tsk! ¡Tsk! —Chasqueo la lengua en inofensiva desaprobación. La peliblanca descendió su mirada para cruzarla con la turquesa que observaba alerta y confundido a ese par. — Parece que todavía no, Shirō-chan.

¡¿Y qué diablos significa eso?!

No hubo respuesta, tan sólo Hyōrinmaru descendió su cabeza hasta donde estaba él y de sus fauces exhaló una inherente cantidad de frío tan fuerte que en contra de su voluntad su cuerpo comenzó a retroceder sin importar cuán firme se mantuviera. Amenazándolo de mandarlo a volar como si fuera una hoja…

¡Argh! ¡HYŌRINMARU…!

Abrió los ojos sobresaltado y jadeante, dando primero con el techo en medio de la oscuridad del dormitorio. Se mantuvo tieso y quieto en la posición que despertó, estando acostado boca arriba hasta calmarse al ya asimilar su cerebro que estaba seguro en la comodidad de su hogar.

Quisiera pensar que fue producto de una pesadilla pero… era difícil concebirlo cuando su Zanpaku-tō de hielo está de por medio. Comprendiendo que a cada cierto tiempo, algo nuevo revela sus sueños más no significa que aclaré sus dudas sino lo contrario.

«¿Qué pasa?»
«Me ves como si fueras visto un fantasma.
»

Momo…, pensó al recordar a la del sueño, incluyendo la versión albina. E incentivado por sus memorias más inquietudes, estiró la mano en busca del cálido cuerpo de la Teniente del quinto escuadrón para atraerla consigo y apresarla en un abrazo. ¿Eh?, no obstante para su sorpresa y mayor angustia, el lado del futon donde duerme ella… yacía vacío.

¿Qué demo…?, se incorporó del lecho matrimonial mientras que hacía uso de sus habilidades de detección y dar así con el alma de su pareja. Al advertir en cuestión de segundos que una flama roja se movía en la cocina de la casa, se relajo y se encamino en medio de la oscuridad hacia allá tal cual un espectro.

No tardando en verla de espalda a la entrada de la cocina, calentando algo en la estufa. Tarareando una melodía por lo bajo, totalmente distraída en ello sin todavía percatarse que ya no estaba sola…

— ¡WAH! —Exclamó la pelinegra al sentir una presencia pegada a su espalda y de por sí, envolviéndola en un abrazo. — ¡S-Shirō-chan! ¡No me asustes así!

— ¿Qué haces?

Momo hizo un mohín al ver que el ignoraba sus quejas, por lo que volvió hacer lo suyo mientras que tenía al peliblanco abrazándola por detrás y el mentón masculino se apoyaba en su hombro izquierdo.

— Hago té —Contestó con las mejillas hinchadas en rebeldía ¡Uy, como le exasperaba que él se divirtiera asustándola! Y lo peor que no puede pagárselo con la misma moneda porque Tōshirō aparte que la supera en fuerza, también en velocidad y nivel de reiatsu. Eso sin mencionar que si bien ella puede pasar desapercibo, ocultando su reiatsu, eso no importa porque él se las apaña para detectarla sin muchos esfuerzos.

— ¿A esta hora? —Cuestionó, ocultando su rostro en la curvatura del cuello femenino para después inhalar disimuladamente la aromática piel nívea que tenía el distintivo de ser dulce y cítrico a la vez.,…Tal cual al melocotón…, pensó embriagado con la esencia única de su mejor amiga quien es también su esposa y la mujer que lo enloquece en todo el sentido de la palabra.

— Sí, no podía dormir ¿Quie…res…?

El ofrecimiento de la ojicastaña quedo a media voz cuando sintió el aliento del joven Capitán chocar contra su piel en un suave suspiro que la estremeció de los pies a la cabeza. Esa secuencia de cambios, no pasaron desapercibido para él que, si no tuviera su rostro oculto, se podría apreciar que ahora estaba sonriendo socarrón ¿…Y por qué no? También soberbio al sentir su ego masculino elevándose por los cielos. Sin embargo, por muy tentador que fuera pasar a las ligas mayores con Momo; por esta vez desistiría al tan sólo querer disfrutar de tenerla en sus brazos.

— Sí. Pero…

Ella que ya estaba sirviendo las infusiones en las tazas, viró ligeramente el rostro para cruzar su mirada castaña con la turquesa. Admirando que él tenía esa careta inmutable. — ¿Qué? Dime…

— ¿Te hará bien beber té a esta hora?

— ¿Eh?

— Es que no quiero que mojes la cama…

— ¡¿EH?!

— Así que no bebas mucho ¿De acuerdo?

…Y a continuación él le estampo un beso en la sien a Momo que seguía desconcertada al inesperado comentario, posteriormente estiró su mano para tomar su taza y deshacer el abrazo. Manteniendo una distancia prudencial de la pelinegra que no tardo en reaccionar, obviamente molesta…

— ¡SHIRŌ-CHAN!

…Ah, claro que disfrutar su cercanía y aprisionarla en un abrazo era genial pero fastidiarla para ver sus pucheros de lo más infantiles, no tenía precio.

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~ ((«».«»)) ~

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Por un bosque de hielo desértico, bajo la luz de la luna, caminaba tranquilamente Tōshirō cruzados de brazos y ocultando sus manos en las mangas de su yukata azul añil. No parecía mostrar apuro por finalizar aquel sueño al cual comenzaba acostumbrarse desde ya hace un par de meses atrás.

Más bien se le veía interesado en buscar algo o a alguien.

Su exótica mirada se paseaba por los alrededores, buscando especialmente a cierta chica apenas entrada en la adolescencia. Tenía el cabello tan blanco como la nieve y corto, llegándole por arriba de los hombros sin rozarlos. Además que su flequillo le obstruía ver el color de sus ojos. Siempre solía vestir un sencillo vestido veraniego de color blanco que le llega por arriba de las rodillas y sin tirantes, ajustándose en la parte del busto apenas en desarrollo que tenuemente se acentuaba al usar debajo del pecho un pequeño listón azul violáceo. Amarrado sobre el vestido para formar un perfecto moño anudado a un costado como adorno.

Después de aquel sueño con Momo en que su cabello, cejas y pestañas se tornaron blanco; aquella joven comenzó aparecer al punto que puede entablar una conversación con está sin muchos inconvenientes. Eso sí, cuando se trataba de preguntarle quien era o profundizar algo más relacionado sobre la existencia de la chica, el sueño o del porque Hyōrinmaru está involucrado;…la adolescente que no se le calculaba más de trece años, omitía la pregunta o él despertaba del sueño (ya sea con o sin la intervención del Dragón).

Por lo que todavía todo seguía siendo un enigma para el ojiturquesa.

¿Huh?

Sin advertencia, en su camino se cruzó algo que resultó ser una mancha negra que avanzaba dando saltos. Observo mejor la nueva presencia que yacía a una distancia prudencial de su persona, resultando ser un pequeño… ¿Conejo-ciervo?

Hitsugaya miró con incertidumbre al animal de denso pelaje negro quien poseía sobre la cabeza unas pequeñas astas propias de un ciervo, aún en plena formación. Entonces como si no fuera suficiente la dudosa especie de la criatura… con su pequeña naricita que se movía frenética apuntó al peliblanco a quien le recorrió un desagradable escalofrío al cruzar su mirada con la del conejo-ciervo.

Porque los ojos del animal eran de un intenso color lila sin pupila, admirándose exclusivamente la insólita coloración de su iris.

¡OYE…!

La criatura emprendió la retirada, no tardando en ser perseguido por el peliblanco quien le daba mala espina el animal. Despertándole el impulso de querer destruir aquella cosa… como si se tratara de un molesto bicho ¿Pero por qué? ¿Qué representaba?

¡ALÉJATE DE ELLA!

Durante su recorrido, observo a lo lejos como el conejo negro al dar con la joven de cabello blanco, sin vacilar se aproximo a ella la cual se volteo ante el potente grito de Tōshirō sólo para toparse con el animal que dio un salto hacia su persona y por reflejo la adolescente lo atrapo en sus brazos.

La criatura al estar en los brazos de la peliblanca, cerró sus ojos y se hizo un ovillo entrando en un profundo ensueño. Mientras que la joven se mantenía cabizbaja…

Algo estaba mal. Lo sabía. Hitsugaya podía sentir no muy lejos de ahí como Hyōrinmaru estaba inquieto y todo tenía que ver con ese extraño animal. Ahora la atmosfera que rodeaba a la adolescente era… siniestra, disimulado bajo una falsa gentileza.

¡Hehehehe! —Imprevistamente ella comenzó a reírse, era una risa infantil y vacía. — ¡Buenos díaaas~! —Saludó, ladeando la cabeza a un lado con una cínica sonrisa de oreja a oreja en sus labios. — Así que finalmente nos conocemos. Predecesor de Hyōrinmaru.

El joven Capitán se mantuvo a la defensiva, observando con recelo a la joven que caminaba distraídamente muy cerca de él. Aunque sabía que el motivo de su raro comportamiento, era provocado por el animal que cargaba en brazos.

Sí… —Se dijo pensativa, comenzando a formarse debajo de sus pies descalzos; una fina capa de escarcha que se expandía en dirección a Tōshirō en silenciosa hostilidad. — Este asqueroso sentimiento nostálgico, sólo puede provocarlo aquel que posee "el vínculo".

¿De qué estás hablando?

Hehehe, es cierto. No lo sabes —Su insolente sonrisa, cargada de malicia se acentuó. — Ellos te han mantenido en la ignorancia durante estos meses —El peliblando mayor adjudicó que el conejo-ciervo se refería a la adolescente y a su Zanpaku-tō. — Desafortunadamente, no se me está permitido decírtelo. Tan poco soy un suicida…

La atención de la joven inducida por la influencia del animal, se enfocó a un punto de los árboles de hielo. Hitsugaya pronto lo imitó para observar oportunamente como Hyōrinmaru se paseaba alrededor de ellos como una bestia enjaulada. El dragón alado se le veía impaciente, inquieto y sobretodo destilando un gran aborrecimiento a la bola de pelos que yacía dormida apaciblemente en los brazos de la jovencita.

No había duda que el dragón quería congelar y despedazar a la molesta criatura, tanto como él.

Pero como consejo, te diré: más vale que empieces atender a tu mujer…

¡A ella no la metas! —Rugió iracundo, provocando que a la vez Hyōrinmaru hiciera acto de presencia detrás de su portador, vociferando un rugido feroz. Compartiendo el mismo deseo del peliblanco de erradicar a tan perturbador insecto peludo.

La adolescente se encogió de hombros despreocupada y el conejo-ciervo que yacía dormido, entreabrió sus ojos para dejar admirar su peculiar mirada lila sin pupila.

Sólo decía. Es eso o pueda ser que ella no tolere semejante carga…

Y a continuación el animal salto fuera de los brazos de la chica para adentrarse a las profundidades del bosque a una gran velocidad, huyendo cobardemente del dragón ya que las tendría de perder si se enfrentaba ante la monumental criatura alada de hielo macizo.

Criatura alada que tuvo que dar mayor prioridad a la adolescente que se desmayó al estar libre del control del conejo-ciervo. Por lo que el dragón descendió su cabeza rápidamente y detuvo a tiempo la caída de la joven quien pareció reaccionar, apoyándose de la imponente criatura. Hitsugaya iba acercarse al ver a la joven moverse con torpeza, resultándole un esfuerzo mantener el equilibrio como si fuera una cría en sus primeras andanzas.

Ella se veía demasiado frágil al extremo que despertaba en él el impulso de querer protegerla con todas sus fuerzas, a la vez que avivaba su instinto asesino de querer ir por el maldito conejo y hacerle pagar ¿Qué le hizo para dejarla tan débil?

Salió de sus reflexiones al ver que su Zanpaku-tō vocifero un rugido pasivo, casi en un susurro, admirando como en el algún momento ayudo a la joven a llevarla al árbol de hielo más cercano donde está se sentó en el suelo, recargando su espalda en el tronco de hielo y posteriormente el dragón se enrosco alrededor de donde descansaba la adolescente de manera protectora.

Las atenciones de la monumental criatura desconcertaron un poco a Hitsugaya porque era la primera vez que observaba a Hyōrinmaru actuar tan devotamente hacía alguien más que no sea él.

¿Quién era esa chica? ¿Qué era ese conejo-ciervo? ¿Por qué sabía tanto…?

Aún no, Hitsugaya —

Las palabras de ultratumba del dragón resonaron por el bosque, apartando su mirada rojiza de la joven que yacía dormida profundamente; para enfocarlo sobre su portador.

Hasta entonces, prioriza tus prioridades —

Hyōrinmaru se acomodo mejor en su lugar y así poder descender su cabeza hasta depositarla muy cerca de la joven que casi instantáneamente su cuerpo se inclino hacia donde estaba la cabeza del dragón, usándolo de almohada.

Abrió los ojos de golpe, recibiéndolo la oscuridad de su dormitorio que débilmente era iluminado por la luz pálida de la luna que se infiltraba entre las cortinas. Volvía una vez más a la vida real, suspiro y cerró los ojos en un intento de relajarse…

Solamente para abrirlos de golpes al sentir una anomalía, incorporándose en la cama y jaló el edredón para destapar el lado derecho de la cama donde duerme su pareja para verla en posición fetal, con las mejillas rojas y con una fina capa de sudor que cubría su piel nívea.

— ¡Momo! —La tomo en brazos e instintivamente ella se acurruco, pudiendo sentir como su delicado cuerpo de muñeca temblaba. Eso sin agregar que sus dientes castañeaban, diminutas gotas de sudor se deslizaban por su rostro hasta perderse por el escote de su yukata y sus agraciadas fracciones faciales estaban contraídas en malestar. — ¡Momo! ¡Momo!

Intento reanimarla, depositando su mano sobre la mejilla de ella y dándole cuidadosamente palmaditas. Logrando que la mujer se removiera en su lugar y entreabriera sus ojos, admirándose su mirada castaña nublada.

— C-Caliente… —Balbuceo en un gemido ahogado, su respiración era irregular y su mirada desenfocada estaba dirigida al techo. —…Tō… shirō… hace… calor…

El peliblanco parpadeo incrédulo ¡¿Cómo podía tener calor si falta poco para el invierno?! Aún con la calefacción, se podía percibir el fresco del sereno.

—…Tan cansada… —Jadeo sin la fuerza para moverse y apenas en un hilillo de voz, confesó su estado con la poca cordura que tenía. —…A-Ayúdame… Shirō… chan…

El aludido tenía en mente llevarla al Cuarto Escuadrón para que la atendieran pero ante el estado tan débil de la pelinegra, parecía que iba a darle un ataque si no actuaba en el momento ¿Pero qué podía hacer?

—…Tanto c-calor…

Hitsugaya miró contrariado a Momo antes de poner en marcha la posible solución para aliviar el malestar de su esposa, la mano que tenía sobre la mejilla femenina comenzó a emanar una tenue luz de color azul celeste e inmediatamente ella reaccionó ante el estimulo del reaitsu de él que emitía una brisa gélida que chocaba contra su piel nívea en una suave brisa.

—…Más… —Suplicó, logrando enfocar su nublada mirada sobre la turquesa. — Shirō-chan…

El Capitán no se hizo de rogar, cumpliendo con la petición por lo que la luz que emanaba la palma de su mano se tornó más brillante y de un vivo color azul. Ella dejo escapar un suspiro de alivio, empezando a relajarse su rostro y dejando atrás aquella expresión de dolor.

Él admirando los cambios favorables en la pelinegra en sumisos matices, su mano que reposaba en la mejilla femenina tomó vida propia e inicio una exploración. Acariciando gentilmente el rostro de Momo al mismo tiempo que la refrescaba ya que mantenía su reaitsu fluctuando uniformemente de su mano.

No tardo en oír las respuestas positivas de ella en dóciles ronroneos que emitía su boca desde lo profundo de la garganta, por lo que amplió su exploración y descendió su mano del delicado rostro hacia el cuello más la piel que exhibía el recatado escote de la yukata violeta de tonalidad suave. Dándose su tiempo en acariciar esa zona sin prisas mientras que observaba el rostro de la azabache.

Ya el chillón sonrojo rojizo que se asomaba en los pómulos de Momo se habían suavizados, tornándose en un adorable e imperceptible rubor de color rosáceo. Así como también ya no había rastros de la fina capa de sudor que se deslizaban por la tersa piel a excepción del cuero cabelludo que estaba seguro que si hundía sus dedos en esa zona de la sedosa melena azabache, podría sentir la ligera humedad que había absorbido.

— ¡Ah!… por favor…

Pidió nuevamente la pequeña Teniente, arqueando la espalda cuando la mano de Hitsugaya se deslizó más allá de lo que mostraba el discreto escote.

— Por favor… Tōshirō…

Castaño y turquesa chocaron, teniendo un dialogo visual del cual el ojiturquesa comprendió el significado de aquella ambigua petición de parte de ella. Razón por la que la mano masculina se adentro en el escote de la bata de dormir de Momo y en el proceso abría más la prenda, dejando entre ver tentadoramente la desnudez de la anatomía femenina, al menos de la cintura para arriba…

— ¡Ha! —La ojicastaña arqueo la espalda al sentir la mano ajena que se deslizaba por su plano vientre de modo pausado, tocando su piel con las yemas de sus dedos que los sentía como un cubito de hielo que resbalaba juguetonamente. Era una sensación extraña, relajante y a la vez de lo más estimulante.

Hitsugaya en una acaricia ni muy perezosa ni muy apresurada, pasaba su mano por cada centímetro posible del pequeño tórax de la mujer. Trazando caminos una y otra vez por los costados de su cintura, abdomen, cuello y, para su mayor desesperación, por sus senos… donde era un "visitante" demasiado pasajero para mimar esa zona tan sensible.

— ¿Mejor?

Sus ojos se abrieron, cruzándolas pronto con los turquesas que la observaba expectante e intensamente que la hizo estremecer y hacer que sus mejillas se colorearan en vergüenza.

— Mejor… —Contestó, sonriéndole tímidamente. Al mismo tiempo él dejaba de concentrar y liberar su reaitsu en la palma de su mano derecha. — Gracias Tōshirō.

Y a continuación Momo que yacía acurrucada en el poderoso pecho de su pareja, deposito en dicha zona un casto beso cargado de dulzura ante la piel que exhibía la apertura de la yukata masculina. Despertando un cosquilleo en la tersa piel bronceada de él al sentir la suavidad y calidez de los tiernos labios rosáceos.

— No hagas eso —Le rezongó entre dientes, removiéndose incomodo en su lugar.

Los ojos castaños le miraron entre curiosos y divertidos porque sabía muy bien que su querido esposo no era exactamente un hombre que posea cosquillas. No obstante, eso NO obstruía su lado apasionado que fácilmente se podía incentivar con el más mínimo e inocente mimo de su parte.

— Lujurioso —Susurró ella por lo bajito pero su comentario fue audible, ganándose la mirada fulminante del joven Capitán.

— La quién me lo viene decir —Y al ver que Momo le iba a protestar, haciendo sus acostumbrados pucheros infantiles. Él rápidamente se anticipó: — Hace unos momentos TÚ eras la lujuriosa ¿O me lo vas a negar?

— Soy de carne —Se excusó sonrojada, evadiendo su penetrante mirada turquesa que tanto adora admirar pero… en ocasiones como esta se le hacía demasiado difícil por la misma vergüenza.

— Pues yo también. Así que no acuse.

Le sacó la lengua infantilmente al ver que nuevamente perdía una batalla contra él.

Su semblante socarrón se tornó serio. — Momo ¿Qué paso?

Una mirada fue más que suficiente para comprender hacia donde venía la pregunta, por lo que un tanto cabizbaja contestó: — No lo sé. Solamente sé que de un momento a otro, me empecé a sentir sofocada… —Se mostró pensativa por unos segundos. — Bueno, no sé si tenga algo que ver, pero antes de irnos a dormir me sentía un poco acalorada.

Hitsugaya se mostró meditabundo con una expresión de lo más rígida, sumergiéndose en los recuerdos del sueño que no hace mucho tuvo. Pareciéndole demasiada coincidencia ciertos eventos del mismo ensueño con lo que le acaba de suceder a su amiga.

«Pero como consejo, te diré: más vale que empieces atender a tu mujer…»
«Es eso o pueda ser que ella no tolere semejante carga…»

¿Carga? ¿A qué se refería ese conejo? ¡¿Y de dónde salió ese animal?! Porque dudaba rotundamente que fuera alguna creación casual de su propia mente.

«Aún no, Hitsugaya»

Aún no, aún no, ¡¿AÚN NO QUÉ?! ¡Ya lo tenían HARTO! Más si ese "supuesto sueño" amenazaba en afectar de alguna manera a Momo. ¿Qué no podía saber? ¿Por qué tanto misterio…?

«Ellos te han mantenido en la ignorancia durante estos meses»

¡En eso estaba de acuerdo con el peludo parásito! Sin embargo, por mucho rodeo y evasiones que ha tenido Hyōrinmaru con él en los últimos meses respecto a específico sueño; sentía que su Zanpaku-tō de hielo no iba con mala intención, más bien presentía que lo protegía ¿Pero de qué? También estaba aquella chica de la cual no percibe exactamente maldad, aunque es demasiado intrigante para su gusto.

«Hasta entonces, prioriza tus prioridades»

¿Qué quiso decir con eso? ¿Se referirá a Momo?

Bueno, lo sea o no. Obviamente mi prioridad ante todo es el bienestar de Momo., sentenció en sus reflexiones.

— Shirō-chan… —Ante el llamado el peliblanco enfoco su atención en la mujer que abrazaba protectoramente. — Estoy bien, enserio —Le aseguró dedicándole una de sus deslumbrantes sonrisas.

Él tan sólo afianzo el abrazo, trayéndola consigo como si en cualquier momento ella pudiera desaparecer de su lado. Porque tenía el presentimiento que lo que le ocurrió a Momo en esta noche, no sería ni la punta del iceberg.

«…pueda ser que ella no tolere semejante carga…»

Sí… las cosas no volverían a ser lo mismo de ahora en adelante.

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FIN DEL CAPÍTULO I.


Espero que haya sido de su agrado esté capítulo. Si les nace, dejen un review y si no… Bueno igualmente gracias por el gesto de leer mi historia, tomándose unos minutos de su tiempo.

Para los que esperaban en este mes de Octubre que actualizara los fic(s) HitsuHina de:

Pasión Congelante /-/ Eternamente Maid /-/ Look at me /-/ Recopilación: Deseos del Alma /-/ Pide un Deseo.

Solamente diré que la próxima vez (quizás después de Noviembre, si sigo en una pieza), estás historias estarán en mi prioridad de actualizar.

¡Bye~!