"Si Dios me diera un deseo siquiera, pediría por el olvido. Que las esperanzas murieran de una buena vez".

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Capitulo Uno: Cuando era una mujer tímida…

Hace un año...

Era la décima tercera vez que suspiraba tras la puerta de roble de una de las oficinas contiguas del Hokage. Estaba nerviosa, perceptible por el temblar de sus manos que acariciaban ese envoltorio azul con tanta dulzura.

Se encontraba en una sencilla habitación de cuatro paredes con una ventana rectangular en lo alto por donde apenas pasaba la luz del día. Había un escritorio muy pequeño con dos sillas situadas en los extremos opuestos del mismo y un par de fotografías de algún hombre que no conocía. El techo tenia un total de ciento dos tejados de barro pulido con un brillo de color negro esmaltado que, a su vez tenía un total cuatrocientos veinticinco manchas irregulares. Lo sabía porque ella misma las había contado todas, atrapada en esa oficina.

Hinata Hyūga, una mujer de veintisiete años, cabello azabache y ojos platinos, debería estar a dos puertas de la que actualmente se ocultaba, presentando el informe de su más reciente misión en el país del viento. Una misión relativamente fácil que había consistido en arrestar a un par de Shinobis desertores Clase C, la cual habían realizado con mucho éxito, pero cuando se disponía a entregar el reporte le entró un momento de pánico, y se ocultó ahí.

—«No podía hacerlo».

El problema no era el informe que tenía que entregar al Hokage, sino que, para ella, el Hokage en cuestión no sólo era el líder de la aldea, sino también su único y platónico amor: Uzumaki Naruto. Además, se acercaba el Festival Rinne y ella había querido aprovechar la oportunidad de entregarle un presente hecho por sus propias manos, que contuviere esos profundos sentimientos que había guardado desde su niñez. Algo que expresará todo lo que significaba para ella. Porque a diferencia de los demás siempre lo había estado observando. La gente decía que había pasado de ser un perdedor al líder la aldea más poderosa de las Naciones. La gente nunca confió en él y vio en él sólo un niño muy ruidoso; un portador de un demonio; una vasija vacía. Pero Hinata siempre vio más, mucho, mucho más.

Para la Hyūga, Naruto nunca fue un perdedor, sino por el contrario era y siempre había sido la persona más brillante de todas. Su esencia cálida era como un sol que proyectaba una enorme sombra sobre los demás. Tenía la increíble habilidad para conectarse con las personas, incluso con los enemigos. Naruto siempre le inspiró una profunda admiración porque si caí se levantaba, sino tenia la fuerza la adquiría, si alguien caí en la sombra, no lo dejaba atrás. Con acciones defendió a los suyos, consiguió amigos, prevaleció a pesar de que cualquier otro se hubiera rendido en aquella meta que parecía tan imposible. Y ella no pudo dejar de mirarlo. Le veía siempre que podía, atrapada por una infinita admiración; presa del deseo de alcanzarlo y demostrar que ella también podía ser más de lo que se esperaba. Porque mirándolo también creía que podía ser más fuerte.

Él le había dotado del valor que necesitaba para confrontar su destino, convertirse en una respetable Kunoichi a pesar de que su familia no confiaba en su fuerza; a pesar de que su familia le dio la espalda, la degradó de su posición de heredera y la mandó a la academia Ninja esperando que eventualmente muriera. Él le mostró el camino con su propio camino marcado de sangre y lágrimas; le otorgó la motivación para levantarse también, para pelear, para ser más de lo que ella creía de sí misma. Su voluntad era el fuego de la aldea y la suya también.

Ella quería tratar de expresarle todo aquello, incluso no hubiera las palabras suficientes. Quería caminar a su lado permanentemente, si él se lo permita.

—«Sin tan sólo mis sentimientos te alcanzarán…»—.

Por eso había estado tan decidida tejiendo por días una bufanda roja que los enlazará mutuamente, pensando sólo en su dentadura perlada y su energía dorada. Había estado tan decidida….

Suspiro amargamente, aferrándose a la puerta como si su vida dependiera de ello.

—«No podía hacerlo»—. ¿Cómo podría? Hinata sabía que Naruto era un hombre muy cotizado entre las mujeres de todas las edades, incluso tenía su propio club de fans, él definitivamente podría rechazarla si alguien se le había adelantado. Si expresaba sus verdaderos sentimientos al Uzumaki y la rechazada, él podría evitarla en adelante. Por siempre podía despedirse de la calidez que implicaba vivir a su sombra, porque al menos en la sombra él la quería como una camarada. Su confesión podría importunarlo; Naruto podría titubear al dirigirle la palabra la próxima vez. El rubio bien podría vacilar al verla después de una indeseada confesión y no encontrar sus ojos de aguamarina nunca más. Perdería la fuerza, seria patética, pequeña y ahí ella se quedaría con un saludo no pronunciado, con nada más que su cálida esencia desapareciendo a lo lejos. Entonces, definitivamente ella tendría de pronto un enorme espacio vacío en su pecho.

—«Naruto-kun…»—. Se sentía cada vez más insegura.

Sin embargo, tampoco debía fallarle a sus alumnos que la estaban apoyando para que hiciera su confesión. Como maestra del nuevo equipo número ocho, tenia a su cargo una nueva generación de jóvenes muy inteligentes, integrando por: Sarada Uchiha hija del matrimonio entre Sakura y Sasuke Uchiha; Mitsuki producto genético de experimentos de Orochimaru; y Shikadai, hijo del matrimonio entre Shikamaru y Temari. Los cuales deberían estar acompañándola para entregar el reporte como usualmente lo hacían, empero este día se excusaron temprano en cuanto volvieron de misión, alegando que tenían que ayudar en la casa de su antigua maestra Kurenai con los preparativos del cumpleaños de su hija Mirai, lo que la dejaba justo como estaba ahora.

Sintió rabia. ¡La habían dejado deliberadamente a solas con él!

El cómo habían adivinado que planeaba entregarle la bufanda a Naruto, se le escapaba de sus manos. —«Quizá Sakura tuvo que ver…»—.

Sabía que sus alumnos −así como el resto del mundo, salvo el propio rubio − estaban muy conscientes de sus sentimientos. Seguramente notaron como se le aceleraba el corazón al hablar con el Hokage y sus repentinos sonrojos. Era evidente que sentía algo por él. El gesto lo hicieron con la mejor de las intenciones, claro, pues los jóvenes creían en el amor, no entendían que la vida real es mucho más complicada. No siempre los amores son correspondidos y ella muy probablemente sería el caso.

Después de todo, está técnicamente vendría siendo su segunda confesión. La primera había quedado aplastada por una gran cantidad de eventos importantes que habían marcado la vida de todos, principalmente a Naruto. Además, el rubio nunca había tocado el tema en los doce años que habían trascurrido desde que ella se interpuso frente a Pain para tratar de evitar que los Akatuki secuestrara a Naruto, cuyo hecho casi la llevo a una muerte prematura. Pero la culpa no era del Hokage. Ella fue demasiado tímida para molestarlo con una respuesta. —«O quizá solo había sido el miedo a obtener su respuesta»–. Meditó con desdicha.

En el fondo de su corazón lo presentía: que la indiferencia de él no había sido en vano. Quizá ya era tarde, por lo que ella sólo escucharía aquello que no quería de sus dulces labios morenos. Quizá sólo lo vería en su hermosa mirada azulada: el rechazó…

O tal vez, tan sólo tal vez su confesión lo alcanzaría, pudiendo ver en sus bellos orbes marinos un sentimiento indescifrable.

—«Naruto-kun…»—. Con su carácter atolondrado e infantil la salvó de la oscuridad; su tenacidad le dio un propósito en la vida. Ella lo amaba tanto. —«¿Como se verá tu expresión… con sentimientos de amor?»—.

Con esos pensamientos en la mente, perdió la noción del tiempo hasta que los vestigios del atardecer se colaron por la ventana mientras el sentimiento de esperanza persistía.

—«De verdad, deseo ver esa expresión»—.

Renovaba con un poco de valentía, salió de esa oficina que la mantenía a salvo, colocándose justo enfrente de la puerta del Hokage.

Titubante se dispuso a tocar suavemente la puerta cuando…—Pase—. Hinata ahogó un grito cuando escucho la voz del soberano del fuego hablarle desde a dentro. Fue inevitable su reacción. A pesar de los años; a pesar de que ella era una exitosa Kunoichi y considerada una de las mujeres más fuertes, seguía teniendo esas reacciones infantiles. El sólo oírlo dirigirse a ella, aun sí éste desconocía con quien hablaba, la llenaba de demasiados sentimientos.

Con su corazón palpitando tan rápido que temía pudieran ser escuchado por alguien, empujó la puerta y fijó su opalina mirada al centro de la habitación, donde lo reconoció.

Sus ojos perlados destellaron de puro amor.

Él estaba detrás de su escritorio, escribiendo incesante sobre una pila de papeles. Se le notaba un poco cansado, más para ella seguía siendo la imagen más deslumbrante que hubiera visto jamás. Seguía siendo la persona de la cual se enamoró sólo que más madura y sensual. Debajo de unos lentes anaranjados, se ocultaban sus preciosos ojos azules que guardaban la profundidad del mar. Sus esplendorosos cabellos rubios brillaban como fuego detrás de un atardecer moribundo con nubes rosas, los cuales ahora apenas les llegaban a sus sieneses. Había alcanzado una madurez corporal con los años de entrenamiento, misma que tenía debajo una polera de color naranja y la capa distintiva del líder supremo de Konohagakure, la cual portaba con orgullo, como si siempre hubiera sida para él; cuan indumentaria heroica.

Hinata se ahogó ahí mismo, consiente de la calidez de su pecho y temblar de su frágil cuerpo. —«Es tan bello»—. Pensó en sus adentros.

—Naruto-kun…– Se le escapó en un aliento suave. Instantáneamente sus dedos deambulaban por sus labios entreabiertos como si hubiera dicho algo prohibido; como si al pronunciar su nombre sin el honorifico hubiera cometido un acto pecaminoso.

Justo por eso él levantó sus ojos aguamarina, matándola ahí de un sopetón.

Al actual Hokage le pareció escuchar que alguien lo llamaba enfrente de él, y como acto de reflejo alzó su azulada mirada hacia quien le hablaba, ya que era muy extraño que se dirigieran a él sin el honorifico de Séptimo. Fue ese mismo instante que se cohibió; que sus labios se secaron, su corazón se detuvo y se sintió sobrecogido ante la intensa mirada de ella. No esperaba ver a Hinata sola enfrente suyo. Tuvo la impresión de que todas las ideas sobre sus deberes en la aldea se esfumaron de imprevisto, con una sola palabra coherente por detrás: — «Linda».

De pronto no sabía qué hacer. Al mirar ese misterio en los ojos blancos de ella, sintió necesidad por ser visto así todos los días. En ese instante, acompañando su sobrecogimiento, sintió una sed endemoniada. Tuvo muy a su pesar, que sostenerse en el escritorio para no cometer un acto primitivo, aunque ni él mismo sabía que iba a hacer.

Convencido que lo experimentado era locura por insomnio, la invitó a pasar con un ademán, tratando de ocultar su nerviosismo. Luego ella atropelladamente le explicó el éxito de la misión, evitando en la medida posible el contacto visual con él, cosa que agradecía infinitamente, pues no estaba seguro que pasaría si ella lo volvía a mirar con ese brillo tan inexplicable en sus ojos.

Cuando ella hubo terminado, ya se sentía un poco menos nervioso y más de vuelta a su normal ser.

—Está bien Hinata. Bueno trabajo, me alegra que estés bien. — Le dijo sonriente causando un inexplicable color carmesí en las mejillas de Hinata. —Puedes retirarte ahora.

—Hokage-sama, espere…— Comento rápidamente la Hyūga, sin saber realmente como continuar.

—¿Pasa algo, Hinata? — Preguntó confundido mientras observaba como la joven Kunoichi apretaba fuertemente el envoltorio azul que trae en sus manos, del cual apenas había reparado que portaba.

Haciendo acopio de todo el valor que poseía, cogió aire comenzó a recitar en un tono seguro el discurso que había preparado para él: —Hokage-sama, yo siempre lo he observado… — No obstante, justo cuando iba a terminar la frase alguien entro por la puerta y se lanzó contra él, sorprendiendo no sólo a la Hyūga, sino también al Séptimo.

— ¡Claro que sí! ¡Naruto-sempai!—. Gritó una joven hermosa de rubios cabellos y apretadas prendas, un tanto provocativas. Hinata la había visto un par de veces entre el grupo de mujeres que usualmente estaban detrás del blondo, regalándolo cosas, tomándole fotos e invitándolo a salir, pero nunca se le ocurrió creer que ella tuviera alguna relación sería con el Hokage. Al parecer se equivocaba.

Justo iba decir algo su rubio amado, cuando aquella mujer se puso sobre sus muslos, rosando su sexo con el abdomen de él, y le dio un beso apasionado; tan sensual que incluso ella podía percibir el calor y su lengua introduciéndose en la cavidad de su boca. Todo esto ajeno a cierta mujer con el corazón henchido de falsas ilusiones.

Se retiró en silencio, dejando un recuerdo azul en el escritorio.

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Naruto había invitado a esa chica a cenar como agradecimiento a unos favores decorativos que le había pedido hacer en su nueva casa, insospechado a que ella iba a tomarlo con tanta iniciativa e iba a besarle de esa forma. Él no podía respirar y lo tenía completamente cogido de su melena, haciendo imposible cualquier maniobra para librarse. De cualquier forma, estaba demasiado sorprendido como para intentarlo hasta que sintió la lengua mojada de ella introducirse, siendo aquel momento en que despertó de su estupor, y la apartó bruscamente, causando que cayera al suelo.

–¡¿Que haces?!— Le espetó, notando de reojo la ausencia de cierta mujer de cabellos azabache.

Ella le miró confundida—. Ahora que somos pareja es normal que nos besemos, ¿recuerda? Me invitó como novios —.Le dijo ella sin asomó de duda.

Él le miró aún más sorprendido, comprendiendo de pronto que su invitación se había mal interpretada y se tomó su tiempo para explicarle toda la situación. Al final de su diálogo la mujer pareció decepcionada y se retiró rápidamente avergonzada sin hacer mayores escándalos.

Naruto suspiro con cansancio, frunciendo el ceño por la jaqueca repentina, pensando cómo mañana iba ir a contarle toda la historia a Hinata y hacerle unas aclaraciones. No es que le debiera alguna explicación, pero los sentimientos de las mujeres siempre eran raros y complicados. No quería ningún malentendido con su…muy preciada camarada. Hoy ya era muy tarde para ello, sin mencionar que tenía montañas de trabajo. Mañana seria entonces. No quería que ella se quedará con una mala impresión de él. Por algún motivo su opinión le importaba.

Se acaricio las sienes, viendo la pila de papeles que tenía por delante. —«Mañana sin falta»—.

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Cierta joven de negros cabellos y ojos de luna se encontraba sola en el parque de juegos de la aldea, dejando que la última escena vivida en la oficina del soberano la agobiara lentamente con el vaivén del cumplió sobre el que estaba y con un sólo pensamiento en mente: —«Ama a alguien más».

Allá atrás su primer impulso fue arrancar de los brazos de Naruto a aquella chica que lo besaba con arrebato. Un instinto primitivo tan lejano a su personalidad tímida. Sin embargo, su primer deseo fue obstaculizado al percatarse de la debilidad que inesperadamente atrofiaban sus músculos y el ahogo extraño que le impedía el oxígeno a sus pulmones, por eso tuvo que huir de ahí.

Porque lo había visto; la pasión desbordante de su amor. Ella no era nada para interponerse; no era nada en comparación a su amor. Ella no tenía la fuerza para ir contra de la felicidad de su amado, aún a costa de la suya.

— Naruto-kun, estoy feliz por ti—. Susurro a la luna, embozando una sonrisa amarga, cuando gotas saladas comenzaron a bañar sus mejillas y un desosiego la inundó.

¿A quien engañaba? No podía ser del todo feliz con la idea del rubio amando a otra persona. La aldea simplemente no iba a ser lo mimo; su vida tampoco. Le deparaban tardes y noches en las que su último y primer pensamientos sería él, y tendría que vivir con la idea que probablemente algún día se case con esa mujer, para formar la familia que tanto se merecía. Le esperaban días completos sabiendo que ella no era esa mujer e incluso tendría que seguir viéndole para la asignación de las misiones Ninja. Un montón de días sin tardes rosas, donde le suplicaría a Kami-sama un sólo deseo: el olvido. El olvido de sus sonrisas alegres; la desaparición de los firmamentos en sus ojos; que su boca ya no embozará ninguna curva traidora con sólo pensar en el blondo; que las noches fueran cortas; que las esperanzas murieran de una buena vez; que los recuerdos no supieran a agrio-dulce; que se le agotaran por fin el color de sus mejillas y que todo fuera de un solo tono gris, sin dolor.

— «Sin ti »—. Pensó decidida, presionando instintivamente la agonizante herida en su pecho, mientras más gotas calientes se derramaban sobre sus mejillas, siendo los juegos de metal su único testigo.

Mas tardes, esa noche burlando la alta seguridad de las puertas de la hoja, se hundió en las sombras de la deserción, el deshonor, y el olvido. Dos golpes certeros de su Taijutsu bastaron para tratar de buscar su propia felicidad.

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Comentarios de Autor: Originalmente la historia proponía que fuera Sakura la enamorada de Naruto, pero no me pareció correcto entre ellos, ya que me gusta mucho el personaje de Sakura como para arruinarlo. Pienso que es más un aliado. En este universo Naruto es Hokage y no están casados, por lo que Boruto no existe.

Traté de expresar correctamente los sentimientos de Hinata sin excesivo drama. Sólo la verdad… como se siente el desamor.

Quizá haga un One-shot inspirado en le escena de la bufanda con un desenlace diferente y sin Toneri de por medio jejeej

See ya soon