"De seguro saben cómo quitarles la diversión a las cosas" dijo uno de los nobles asiáticos. Mientras aspiraba una bocanada de uno de sus puros que trajo para la ocasión. Y miraba a través del oscuro vidrio que les permitía observar lo que ocurría en el cuarto contiguo. "Ese chico es un inútil, si querían algo bien hecho me lo hubiesen pedido a mi…"

"Eres un enfermo" dijo otro, mucho más joven que cualquiera de los presentes. "y deja de fumar esa cosa aquí dentro"

"Si solo yo soy el enfermo, dime ¿Por qué no soy el único viendo como ocurre esto?, ¿eh?" le dijo a la vez que aspiraba nuevamente y le soltaba el humo en la cara al joven que se había atrevido a hablarle.

Tras dicho esto hubo un silencio impresionante en la habitación. En total eran 5 personas allí, incluyendo a Kiyomi Azumabito y a su guardia personal. Un joven noble, de unos 17 años que había sido obligado a crecer y tomar un cargo más grande que su voluntad para hacerse cargo de sí mismo. Kazoku, quien había disparado a Mikasa mientras esta luchaba con los hombres de Kiyomi; y Akiyami Aoyama, otro de los nobles, un hombre enorme cercano a sus 40 años, quien estaba disfrutando de sobremanera la situación e incomodando a parte de los demás presentes.

El hombre rio entonces. Satisfecho con el hecho de hacer que algunos de los grandes de Hizuru presentes se comieran sus palabras y tragaran su orgullo. Miró a Kiyomi y vio como la mujer tenía la mirada baja. No queriendo levantarla y ver a través del vidrio como un tipo cualquiera se forzaba en Ackerman.

"¿Qué ocurre Kiyomi?" dijo con burla acercándose a ella. El guardia que la acompañaba no permitió que se acercara más. "Te avergüenza ver como hacen mujer a tu… oh espera. Error mío."

"Cierra la boca si no quieres hacer que despedace en este instante" Amenazó la mujer mayor. "Te aconsejo que recuerdes quien tiene el poder suficiente aquí como para hacerte desaparecer a ti y a toda tu familia en un segundo"

"Y yo te aconsejo a ti que comiences a hablar con más respeto a tus compatriotas, defiendes a esa chiquilla como si fuera una de nosotros." Interrumpió Kazoku. "Te has vuelto blanda" le cuestionó el hombre. Volteándose a verla directamente a los ojos. La habitación era oscura, pero no lo suficiente como para evitar ver las miradas desafiantes que se lanzaban ambos. Kiyomi sabía que la mayoría de los nobles tenían la cabeza lavada por Marley respecto a los Eldianos, sabía que no habían apoyado su idea de recibir a Mikasa Ackerman meses atrás, aún menos cuando Kiyomi planeaba ponerla tan alto en la sociedad. En un escalón al que mucho de ellos ni con las décadas de esfuerzo habrían alcanzado a llegar. Mikasa tendría casi el poder de una princesa en Hizuru, lugar que le correspondería según su descendencia. Kiyomi estaba más que feliz de seguir las tradiciones de su familia, pero entonces no se percató de que estaba generando un rechazo entre la nobleza del país asiático; y cuando estos le dijeron que la única forma de que los mantuviese conformes con sus nuevas decisiones e integraciones era dándole herederos nacidos en Hizuru, sería recién el momento en que comenzarían a aceptarla. Y también sabía que algunos de ellos tenían estrechas relaciones comerciales con Marley, y estos al enterarse de lo que iba a ocurrir impusieron sus condiciones con tal de no terminar con esos tratos. Así como se sabía de los Eldianos, también se sabía de los Ackerman. Kazoku era uno de sus perros. Si él quería quitarle a los hijos Ackerman que nacerían en el futuro, sabía que solo sería ella la que se interpondría. Y si lo hacía podría ser acusada de traición. Así de complicada estaba la situación para la comarca de Hizuru. Atrapada junto a lo que quedaba su familia en una jaula de oro.

De pronto escuchó al menor de los presentes.

"Umh… señora Azumabito" El chico le estaba apuntando hacía la otra habitación.

Miró sorprendida hacia donde estaba ocurriendo todo. Mikasa acababa de despertar.

Un grito feroz y terrible penetró como un cuchillo en las mentes de los presentes. Era un grito que mostraba tal furia y dolor que le habló a Kiyomi Azumabito directamente a su corazón. - ¿Qué he hecho? – pensó.

"oh, qué mal" se burló Aoyama. "Ahora se puso interesante".


"Debe comer, señorita Ackerman"

Una mano se posó sobre su hombro descubierto, sobresaltándola. Miró hacia un lado y vio a una mujer joven extendiéndole una bandeja. La chica inspiró profundamente, sintiéndose como si fuese la primera vez que respiraba en horas, y miró alrededor para ver dónde estaba. ¿Cuándo había llegado allí?

Pestañeo varias veces intentando volver en sí.

"Coma" Volvió su atención a la chica. Quien, con una dulce voz le colocó la bandeja sobre el regazo. En ella había un simple bol con lo que parecía ser sopa y a un lado un trozo de pan.

"Disculpe si no es mucho, señorita Ackerman, la señora Azumabito me pidió que le diera algo liviano en caso de cualquier eventualidad"

¿Eventualidad?

"¿Qu..qué?" preguntó Mikasa con dificultad para articular la pregunta, su garganta se encontraba extremadamente seca.

"Oh lo siento, permítame" dijo la chica, acercándole un vaso con agua que se encontraba en una mesa a su espalda. Mikasa lo recibió y acercó a sus labios, apenas sintió el frio liquido tragó desesperadamente. Estaba sedienta.

"Con cuidado" le dijo la chica.

Una vez terminó su de servirse el agua, le entregó el vaso.

"¿Que ha pasado?" preguntó.

La chica de repente se puso extremadamente roja, mirando al suelo. No se sentía capacitada para esto.

"¿No… no lo recuerda?"

"Si lo hiciera no te estaría preguntando" Le respondió Mikasa a secas.

La chica estaba completamente nerviosa y apenada. Todos es ese lugar se habían enterado de la atrocidad que había permitido la soberana de Hizuru junto los nobles. Y también se habían enterado de lo que había hecho la chica descansando sobre la cama.

"Usted… usted despertó en medio de…" No tenía el valor para hacerlo.

Para el alivio de la joven, la puerta de la habitación se abrió y por ella apareció Kiyomi. Completamente seria. Es primera vez que se le veía sin escolta.

"Déjanos a solas por favor." Le pidió a la muchacha sin siquiera mirarla, su vista siempre puesta en Mikasa.

"Como ordene" dijo, a continuación, se inclinó frente a ella y salió desapareciendo rápidamente por el umbral de la puerta.

La mujer mayor se quedó mirando a Mikasa, poniéndola muy nerviosa de repente.

"¿Señora Kiyomi?" preguntó Mikasa. "¿Está todo bien?"

La mujer cerró los ojos y suspiró profundamente. Antes de abrirlo dijo con una voz suave.

"Perdóname"

¿Perdonarla? ¿De qué estaba habland… oh.

Los ojos de Mikasa se abrieron como platos. Lagrimas comenzaron a caer por sus mejillas sin que ella las sintiera. El recuerdo había vuelto con fuerza, quemándole.

"No sabes cuánto lo hago" continuó. "No quería que tuvieses que vivir eso, menos aún que lo tengas que hacer de nuevo"

"¿Qué?" Preguntó entonces indignada. - ¿De nuevo? – pensó.

Su mirada estaba perdida, intentó hacerse lo más pequeña posible, abrazándose las rodillas y escondiendo la cabeza entre ellas. Por favor, por favor, por favor. Que sea una mentira. Eren, por favor ven. No los dejes. Sintió de repente un dolor en su entrepierna. Por favor, por favor, por favor. Que sea una mentira. No. No. No. Armin, por favor. Sintió dolores en la parte baja de su abdomen y en sus manos. Se miró los nudillos y vio que estaban enrojecidos.

"Despertaste en medio del coito… no tuvimos tiempo para reaccionar y golpeaste al joven que estaba allí contigo hasta acabar con su vida." Explicó la mujer. Hablando de su abusador como si fuese una víctima más "Tuvimos que volver a sedarte, estabas muy exaltada…"

La mujer se acercó a ella para poder tenderle la mano y confortarla. Pero Mikasa ya no se compraba nada de eso.

"FUERA" exclamó la chica interrumpiéndola, se levantó con brusquedad de la cama para intensificar su deseo y correr a la mujer la habitación. La odiaba con todo su ser. Sintió un tirón en su hombro y se lo miró, estaba vendado. Me dispararon – recordó.

"Me dispararon" le reclamó a la mujer mayor "Me drogaron" dio un peligroso paso más cerca de ella. "Me violaron."

"Mikasa…"

"CALLATE" Quería matarla, y a todos en ese lugar. Se acercó rápidamente a Kiyomi. Su vista fija en el cuello de la mujer, quería estrangularla, acabar con su vida con sus propias manos, así como ellos acababan de quitarle lo poco de paz que le quedaba en su vida. La mujer mayor retrocedió alejándose de la chica.

"¡Guardias!" Gritó Kiyomi Azumabito, aterrada.

Mikasa alcanzó a tomar a la mujer por el cuello y cayó con ella al suelo. Sabía que no alcanzaría a matarle, pero intentaría hacerle el mayor daño posible, así como se lo había hecho ella. Quería dejarle algo que la hiciera recordarla por siempre. Enterró sus uñas con fuerza, sacando sangre en el proceso. Vio como sus ojos inyectaban del líquido carmesí. En ese instante el guardia personal de Kiyomi atravesó la puerta y no tuvo ningún reparo en empujar a Mikasa con brutalidad para poder liberar a la gobernante de su nación.

Mikasa volvió a levantarse del lugar en el que había caído de forma inmediata y volvió a atacar, ya no razonaba, solo quería dañar. Herir de gravedad, matar si fuera posible. No tenía otro objetivo en mente que no fuese aquel.

El guardia se aventó sobre ella y la agarró con fuerza, se posicionó detrás de la chica con rapidez y le rodeó el cuello con su brazo, manteniéndola inmóvil y ejerciendo presión. Mikasa pronto sintió como el aire dejaba sus pulmones.

En algún momento de ese forcejeo, llegó la chica que le había traído comida minutos atrás corriendo a asistir a su superiora. Lo último que vio Mikasa antes de volver a desmayarse fueron los fríos y escrutiñadores ojos de la mujer con complejos de madre frustrada. Pudo ver odio y lo único que pudo pensar Mikasa en ese entonces fue: - El sentimiento es mutuo. -


2 Meses después.

Ya se había sentido agotada en otras ocasiones a lo largo de su vida, pero el dolor incesante de sus heridas la había transportado a un sitio delirante que ella nunca había imaginado que podría existir. Ni siquiera se comparaba con aquella vez que sus costillas fueron aplastadas por las manos de un titán. Maldición. Aún no se acostumbraba a la diferencia entre su yo pasado y el del presente. Antes, su "poder" o condición, lo que haya sido en ese entonces, le había ayudado mucho a omitir gran parte del dolor, y le había permitido sanar rápidamente. Ahora no era más que una simple persona, común y corriente.

Sus pensamientos se perseguían unos a otros en espiral, con unas repentinas oleadas de sentimientos que ella no podía resolver, al menos no hasta el punto de sentirse satisfecha. Sabía lo que tenía que hacer: Salir de allí lo antes posible. Descubrir un lugar nuevo y empezar desde cero.

Se levantó del suelo y miró por última vez a la figura ensangrentada y deforme que estaba sobre la cama. No se arrepentía de nada. ¿Cómo podría? ¿Quién en su lugar se arrepentiría?

Con dificultad comenzó a moverse, no miró del todo sus heridas. Intentó ignorarlas como pudo.

Salió hacia el pasillo que se encontraba fuera de la habitación. Lo siguió a paso lento pero seguro, rogando porque nadie la viera, o si no todo su plan ser iría al demonio. Maldijo por lo bajo cuando sintió algo pegajoso a sus pies descalzos y pudo ver cómo iba dejando un rastro de sangre a cada paso que daba. – Maldición

Camino por un sinfín de pasillos y habitaciones buscando la forma de salir. Juraba que ya conocía este lugar lo bastante bien. Pero no lograba encontrar nada como ella lo esperaba. Las paredes se retorcían, los pasillos se le hacían eternos y las puertas se le movían de lugar.

De pronto escuchó un alboroto. Su corazón le comenzó a latir con fuerza contra su pecho. Sintió un poco de adrenalina recorrerle el cuerpo y empezó a huir, lejos del ruido. En su mente, ya habían descubierto lo que había hecho, la estaban buscando. La harían volver a hacer esas atrocidades. Una y otra y otra vez. Cerró los ojos con fuerza dejando caer lágrimas de frustración. - No quiero volver – pensó – Quiero irme de aquí, no quiero sufrir más. Quiero a mis padres, quiero a Grisha y a Carla, quiero a Eren y a Armin. –

Su corazón le dolía. Se apretó contra su pecho y le dificultó respirar.

Detuvo abruptamente su huida cuando oyó disparos a lo lejos. ¿Si la estuviesen siguiendo por qué dispararían sin haberla encontrado? De repente escuchó alarmas. Alarmas que nunca en sus 5 meses que llevaba viviendo allí había escuchado. Pero sabía exactamente lo que significaban.

Estaban atacando el castillo.

Entró a una de las habitaciones. El dolor de su pecho iba en aumento. Se escondió detrás de una gran mesa que había en el centro, lo más lejos de la puerta posible y a la vista de ella. Si entraban a ese cuarto no la verían a simple vista.

Comenzó por intentar relajar su respiración. Estuvo a punto de tener un ataque de pánico allí mismo.

Estuvo así varios minutos, hasta que por fin pudo respirar con normalidad. Sus heridas ardían aún más ahora que la adrenalina proporcionada por su pequeña huida estaba dejando su cuerpo.

Escuchó pasos. Muchos de ellos aproximarse a donde se encontraba ella. Y entre ellos gritos de soldados que no lograba oír con claridad lo que decían. Comenzaron a disparar, se estaba generando una guerra detrás de la puerta que daba al pasillo. Comenzó a oír gritos, y los disparos comenzaron a disminuir; los soldados de Hizuru estaban siendo masacrados. Cuando ya no pudo oir nada después de unos instantes, Mikasa asomó la cabeza por encima de la mesa, hacia la puerta. Se levantó y se acercó a la salida, con cuidado de no ser escuchada. Posó su oído a la puerta para oir del otro lado.

Se arrepintió cuando escuchó más pasos, demasiado cerca como para sentirse segura. Se puso alerta de inmediato.

Los pasos habían llegado a la puerta del cuarto y ahora eran más lentos, como si dudaran. La habitación a la que había entrado no ofrecía ninguna forma de escapar: estaba atrapada. El sonido hueco y resonante de cada paso acercaba más y más al extraño a la habitación oscura en la que Mikasa estaba escondida. Dejó de respirar pensando que de alguna forma esto delataría su posición.

Mikasa volvió a fijarse en el suelo.

Su rastro de sangre.

Es por eso que estaban tan cerca de ella

La estaban siguiendo. Quien sea que fuese estos atacantes estaban tras ella. O quizá estaba paranoica, pero no se daría el gusto de dudar.

Decidió cambiar el escondite allí mismo en la habitación. Ya que vio que las pisadas que daban a su anterior lugar de refugio tras la mesa estaban mucho más marcadas. Con dolor dio pasos más grandes y rápidos detrás de un pequeño sofá, con la esperanza de que no se viesen las nuevas huellas. Y lo hizo justo a tiempo, porque justo en ese instante la puerta de la habitación se abrió y tras ella se asomó una sola persona.

Efectivamente estaban siguiéndola, porque fue directamente a donde había estado escondida un par de minutos antes. Analizó a la persona, era un hombre de pelo corto y rubio, quizá era unos centímetros más pequeño que ella. ¿Podría contra él en su condición? Lo dudó, más aún cuando recordó que él se había encargado de acabar con los soldados afuera.

"Maldición, Mikasa ¿dónde estás?" Le escuchó decir.

Fue justo en ese instante en que el mundo de la joven chica dio un vuelco.

- Esa voz... – pensó completamente sorprendida. Era una mezcla de ansiedad y terror absoluto.

"¡¿Quién eres?!" preguntó alterada a la figura desconocida que se acababa de cruzar en su camino. Salió de su nuevo escondite sin siquiera pensar en las consecuencias. Mientras que esta nueva persona levantaba los brazos en símbolo de rendición y se volteaba acatando la orden.

Mikasa abrió la boca, sin saber exactamente qué iba a salir de ella. Un grito, una pregunta sobre qué había ocurrido o expresar todo lo que sentía en un llanto que llevaba rato aguantando, quería llorar como una niña pequeña. No sabía qué decir, y cuando el chico se dio la vuelta y bajó las manos, se quedó pasmada de que no saliera absolutamente nada aún de su boca.

"¡Oh!" logró articular con excitación el chico al reconocer a la joven soldado "¡Mikasa! ¡Eres… eres tú, te he encontrado! Estábamos tan… "

Dejó de hablar cuando se dio cuenta de la condición de Mikasa, tenía heridas por todo el cuerpo, la sangre le corría por su piel descubierta, ya que tenía gran parte de su vestimenta hecha añicos, ver esto no se le hacía difícil de detectar, pero sí de ver. Era algo horrible. Lo que más le llamó la atención fue su vientre, que estaba cubierto por completo con sangre fresca. Tenía los ojos puestos sobre él, con los labios ligeramente separados, como si quisiera decirle algo, pero también vio como los juntó inmediatamente, pudo contemplar el amplio vacío en sus ojos grises, la tristeza reflejada en su máxima expresión. Ya había visto aquella clase de mirada muchas veces antes, en el rostro de otros cadetes, cadetes novatos que lograban por primera vez volver con vida de una expedición. El trauma por el que pasaban era horrible. No esperaba que lo recibiera con los brazos abiertos, ya que no era algo que la chica acostumbrase a hacer con nadie, así era ella, reservada y distante, pero definitivamente no esperaba tener un encuentro tan fuera de lugar con ella después de meses de no haberla visto. Pero con solo darle una vista superficial a la maltratada chica frente a él fue suficiente como para decir que entendía cuál era la razón de esa mirada perdida en la joven chica prodigio de la Legión de Reconocimiento.

"¿Mikasa?" Volvió a llamar "¿Mikasa? ¿Me oyes? "cuando la muchacha no respondió se acercó con la esperanza de sacarla de su estupor. Extendió el brazo y caminó hacia ella. Cada paso era deliberado y premeditado, y esta vez, confirmó sus sospechas, el trauma era real por el modo en que retrocedía, por la manera en que sus labios temblaban y su pecho respiraba entrecortadamente de una forma irregular.

"No eres real" la escuchó susurrar. "Si estás aquí es porque... no… no.…"

El chico en ese entonces miró con tristeza a su amiga e intentó hablarle con la voz más dulce que pudo. Esperando que Mikasa comprendiera e internalizara que todo lo que estaba pasando era efectivamente real, el dolor le hacía creer que estaba delirando; probando su suerte, intentó animar a la chica.

"La soldado que conozco es muy autosuficiente y fuerte" comenzó" que hayas sobrevivido hasta ahora significa aun mantienes esa fuerza. Y eso es bueno, ¿sabes? porque los dos vamos a tener que ser fuertes para poder salir de aquí" le dijo Armin Arlet mientras le dedicaba una leve sonrisa y estiraba su mano hacia la joven con la esperanza de que imitara su gesto. "Vamos Mikasa"

Pensó en traer a la conversación a cierta persona, pero recordó la última vez que ella lo vio y como terminó aquello, para Mikasa eso aún estaba fresco en su mente y por sobre todo en su corazón. Por lo que prefirió dejar a Eren Jeager fuera de la conversación. En cualquier otro tiempo hubiese bastado con mencionarlo para que la chica moviera hasta una montaña. En estos tiempos, lamentablemente, ya no era el caso.

"Estoy aquí, estamos aquí… "lo intentó de otra forma" hay gente que te está esperando en casa"

El chico rubio dejó caer su mano junto con su sonrisa, tras ver como Mikasa Ackerman, la segunda persona más fuerte de la humanidad se quebraba frente a él.


A Eren Jeager se le partió el corazón al ver a Mikasa así. Tuvo que reunir toda su fuerza de voluntad para no correr en la habitación junto a Armin y abrazarse a ellos, en el momento en que la vio llorar desconsolada, colgándose a Armin con dificultad y enterrarse en su pecho. Tenía tantas ganas de ser Armin en ese instante. Quería abrazarla y decirle que todo estaría bien de ahora en adelante. Que no dejaría que ningún otro bastardo se acercara a ella.

Pero no podía.

No después de lo que le había hecho.

No después de haberla dañado de esa manera.

Instintivamente había dado un paso hacia ellos y Armin aún con la chica sollozando en sus brazos lo oyó. Miró hacía el y negó con tristeza la cabeza. No debía acercarse. Ella no debía verlo. Así que Eren se quedó en la oscuridad del umbral. Mirando con dolor todo lo que él había causado.


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Espero que hayan disfrutado de la lectura y muchas gracias a quieres dejaron sus comentarios para el capítulo anterior. Sin ustedes no me habría animado a continuar con la historia.

¡Espero que tengan una excelente semana! Y ya saben, acepto cualquier tipo de críticas mientras no sean destructivas. :c.

¡Nos leemos a la próxima!