Disclaimer: El Potterverso es de Rowling y la magia Hispanii es totalmente idea de Sorg-esp
Y ahora le toca el turno al segundo del grupo: Gonzalo o Chalo, para los amigos. Un chiquillo común y corriente que puede hacer cosas sorprendentes.
Noticias impactantes
Santiago de Chile, Vitacura, casa de los Campos-Fernández. Agosto de 1998
El invierno es una porquería, en la muy decidida opinión de Gonzalo Campos, de seis añitos cumplidos. Además, si uno estaba enfermo era hasta peor. No porque no puede ir al jardín (1), si no porque no puede hacer nada de nada. Sí, es rico quedarse unos días en casita y regaloneado por la Tere. El problema de Gonzalo es que está aburrido cual ostra. Rober está en el colegio, sus papá en el trabajo y la Tere lo ha mandado a jugar a la salita porque está planchando y viendo una teleserie venezolana.
Gonzalo tiene que aburrirse solo, para colmo de males.
Si su mamá lo viera, le diría que los únicos que se aburren son los burros y que busque algo para divertirse, que para algo que han comprado un montón de juguetes. La cosa es que él no quiere jugar solo. Ojalá Rober estuviera ahí. Podrían estar jugando fútbol o algo así. Total, él ya se siente bien.
El niño se sienta en la alfombra peluda que se encuentra al centro de la salita. ¿A qué puede jugar solo? Sacar el pueblito de los cowboys puede ser una buena idea. Siempre le ha gustado ese juguete, con sus trampas escondidas y esas cosas. Pero a eso es más divertido jugar con alguien más. Así se pueden dividir los monitos y hacer pandillas rivales. Pedro, su amigo del jardín, es estupendo para eso. A él le gusta ser de los malos y tiene una voz de villano genial. Pero ahora no está ahí.
Gonzalo arruga la nariz y mira a su alrededor.
No le apetece jugar con las cosas de artes que su mamá insiste en comprarles para que él y Rober desarrollen la "creatividad", sea lo que sea eso. A ninguno de los dos le gusta mucho pintar o dibujar. Quizás podría jugar con los rompecabezas. Él es el mejor de toda la familia armando rompecabezas. Su prima Sofi siempre se enoja porque las piezas no calzan.
Pero tampoco tiene muchas ganas de jugar con ellos.
De repente, uno de sus héroes de rescate (2) vuela hacia él y aterriza sobre su regazo. ¡Claro! ¡Puede jugar con ellos! No se sorprende en lo absoluto por la forma en que su juguete llegó a él, le ha pasado muchas veces. De hecho, ni siquiera puede recordar la primera vez que le pasó. Simplemente son cosas que le pasan a veces. Gonzalo no sabe que sus padres han notado algunas de las cosas extrañas que suceden alrededor de su hijo menor y que están preocupados.
Para él, esas cosas pasan todo el tiempo.
-o-
Desde el pasillo se escuchan unos pasos resonando. Gonzalo reconoce perfectamente los tacones que usa su mamá para ir al trabajo. Cuando Marcela cruza el umbral, el niño ya está colgado de sus rodillas.
—¡Mamá! ¡Te eché de menos!
—Hola, Chalo —lo saluda ella con un beso apretado en la mejilla antes de ponerle la mano en la frente para revisar su temperatura—. ¿Te sientes mejor?
—Sí —responde el chiquillo con los ojos muy abiertos—. ¿Puedo volver al jardín mañana? Ya me mejoré, te lo prometo.
—Mejor lo vemos mañana temprano. Si no tienes fiebre, lo pensaré —responde Marcela revolviéndole el pelo—. Ahora cuéntame qué hiciste hoy. ¿A qué jugaste?
La mirada del niño se hace más brillante, mientras le cuenta a su madre las aventuras de los muñecos. Al parecer, el profesor de la escuelita de juguete con todos sus alumnos habían sido apresados por un villano y los héroes habían salido en su rescate. Marcela se ríe y se sienta en la alfombra mientras Chalo le cuenta las historias de sus juguetes.
—… entonces, Steve decidió que no podía dejar al perro arriba del árbol y se subió en el camión de bomberos y…
—Señora, hay una señorita que la busca. La hice pasar al living y la está esperando. Dice que es importante —la voz de la Tere interrumpe la explicación de Gonzalo. Marcela arruga el ceño, de la misma forma que lo hace su hijo. ¿Quién podía estar buscándola a la hora de almuerzo?
—Ya. Dile que voy enseguida, Tere —contesta mientras se acomoda la blusa y la falda del traje sastre. Aún preguntándose quién era su inesperada visitante, se dirige al living, seguida por Gonzalo, que es curioso a más no poder.
En el living la espera una chiquilla joven, vestida de jeans claros y un sweater a rayas en colores pastel. Cuando los ve cruzar el umbral, les sonríe amablemente. El pelo largo y liso le cuelga a la espalda, haciéndola parecer aún más joven de lo que es. No debe tener más de veintisiete años, piensa Marcela, aún curiosa.
—Buenas tardes, siento molestarlos ahora —los saluda la chica—. ¿Marcerla Fernández, verdad?
—Sí —confirma Marcela entrecerrando los ojos—. Disculpe, pero ¿quién es usted?
—Oh, disculpe. Soy un poco torpe con estas cosas —dice la visitante con una sonrisa—. Soy Emilia Domínguez. Tengo que hablar con usted sobre algo muy importante.
—¿Sí?
—Sí. Es sobre su hijo Gonzalo. Es él, ¿o no? —pregunta Emilia mirando al chiquillo que se asoma entre las piernas de su madre—. Hola.
—Sí, es él —replica Marcela apretando los labios—. ¿Qué pasa con él? ¿De dónde viene usted? No es una de las tías (3) del jardín —añade, sin poder evitar el tono acusador en su voz—. Chalo, ¿por qué no vas a jugar a la salita? Yo voy altiro (4) para que me termines de contar esa historia.
Gonzalo asiente y da media vuelta para salir de la habitación.
—No, por favor —dice Emilia—. Creo que él tiene que quedarse aquí; a él le concierne más que a nadie lo que le voy a contar, Marcela —agrega ante la mirada escéptica de la mujer—. Y creo que es mejor que se sienten. Es una noticia… un tanto impactante.
(1) Jardín infantil, por cierto. Aunque tampoco debería ir al jardín de su casa, si nos ponemos en esas.
(2) Juguetes muy populares en los noventa, mi hermano tenía montones. Se trataba básicamente de fisiculturistas gigantescos con profesiones del tipo policía, bombero, etc.
(3) Así se suele llamar a las parvularias.
(4) Inmediatamente
¿Pueden apostar qué noticia recibió el chiquillo? Yo creo que es bastante evidente, ¿no? En Chile, como en España, los magos comienzan su educación mágica a la par que la muggle, que tiene más sentido que hacerlos esperar hasta los once. Siguen el modelo español de educación, con clases los sábados y algunos días por la tarde. ¿Por qué? Porque acá los internados son rarísimos, por no decir que no existen y sería muy difícil para las familias explicar por qué los chicos desaparecen por nueve meses todos los años, ¿no creen? Además, un niñito de siete años es muy pequeño para separarse de su madre.
¡Hasta la próxima!
Muselina
