[[ Escrito por Alessa Masllentyle
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Capítulo 1
Forks Washington
Cuatro años antes...
Su mirada escudriñó cada árbol y cada pequeña planta que adornaba el parque. Frunció el ceño cuando el ahora conocido sentimiento de deja vú la tomó desprevenida.
Siempre había sabido que era diferente.
Los niños corrían por todo el parque inundando el ambiente con sonoras carcajadas, o con sus determinaciones por conseguir algo mientras pataleaban haciendo un berrinche y provocando que sus madres se pusieran rojas del enojo. Ella era igual a ellos en ese aspecto, pero su diferencia iba más allá que los simples comportamientos superficiales.
Con el paso del tiempo, se comenzaba a acostumbrar a soñar las cosas antes de vivirlas. Ella sabía que eso no era normal y a sus cortos ocho años de edad, comprendía que ella era diferente de un modo imposible. Varias veces se había preguntado qué estaba mal con ella.
Desvió su mirada hacia su gemela que dibujaba un osito con colores brillantes en su hoja blanca de papel, su ceño fruncido en absoluta concentración.
—Bells —le llamó.
Inmediatamente su hermana le dedicó su absoluta atención. Alice arqueó las cejas, ahora insegura de compartir su secreto con su hermana.
Soltó un profundo suspiro. Era su gemela, debía confiar en ella.
—Yo… —vaciló—, he vivido esto antes...
Bella enarcó las cejas con incredulidad ante las palabras de su hermana.
—Tal vez solo estas confundiendo el lugar Allie, nunca habíamos venido a este parque, es imposible haberlo vivido antes —replicó Bella.
Alice negó con la cabeza efusivamente.
—No —dijo con terquedad, algo que ambas habían heredado de su madre Renée—, he vivido esto antes… en un sueño
Bella frunció los labios y la miró fijamente unos minutos.
—Allie…
—Es verdad, Bells —aseguró mirándola a sus expresivos ojos chocolate, iguales a los suyos—. Si todo sigue igual que en mi sueño: Rose se va a caer, Emmett y Jasper van a consolarla y mamá le pondrá una de nuestras curitas de Bob Esponja a su rodilla raspada…
El llanto agudo de Rosalie detuvo las palabras de Alice, Bella se volvió a mirar la escena inmediatamente.
Rosalie pasaba su pequeña mano sobre su rodilla, con las lágrimas bajando por sus mejillas mientras Emmett y Jasper la ayudaban a ponerse de pie acariciando su cabello en un silencioso consuelo.
Renée había acudido a ellos al escuchar el llanto de la pequeña rubia, la tomó entre sus brazos y lavó la herida minuciosamente para después colocar un curita de Bob Esponja en su herida. Había comprado esas curitas, ya que Alice y Bella se caían con demasiada frecuencia y siempre las cargaba en su bolso.
Bella apartó la mirada y miró a su hermana con la boca abierta, Alice le devolvió la mirada tímidamente, a la espera de su reacción.
Las hermanas Swan siempre habían mantenido una relación muy estrecha, no había secretos existentes entre ellas, siempre se habían protegido mutuamente y encubierto las travesuras de la otra. Mientras que Bella cubría la adicción de Alice por las compras, Alice la ayudaba en su obsesión a la adrenalina. Siempre había sido así. Y Renée, al igual que Charlie, se sentían orgullosos de la estrecha relación que mantenían sus princesas y la fuerza que demostraban cuando se ayudaban la una a la otra.
Bella expulsó todo el aire que contenían sus pulmones, empezando a hacerse a la idea de lo que su hermana menor -tan solo por un par de minutos- sentía en ese momento.
Alice agarró su pequeña manita entre la suya, y le dio un ligero apretón.
—Está bien, Bells, yo tampoco lo creería de no ser porque a mí me está pasando —le dijo con una pequeña sonrisa.
— ¿Cómo te sientes? —le preguntó Bella ignorando sus palabras.
Alice apretó los labios en una fina línea, intentando contener las lágrimas que luchaban por desbordarse de sus ojos achocolatados.
—Soy anormal, ¿no es así Bells? Soy algo extraño y raro… Tal vez ni siquiera está bien seguir con ustedes —balbuceó entre sollozos.
Bella abrazó a su pequeña hermana con fuerza negando con la cabeza.
—Claro que no eres rara ni anormal Allie, eres especial, solo imagina cuantas personas sueñan con poder ver el futuro… Eso solo demuestra lo especial que eres, tienes un poder —dijo sonriendo mientras acariciaba sus cabellos azabache.
Alice levantó la mirada hacia su hermana que le sonreía con sinceridad, inevitablemente le devolvió la sonrisa.
— ¿Eso crees? —musitó en voz bajita.
—Claro que sí —, aseguró Bella asintiendo-
Alice enarcó las cejas y después de unos minutos sonrió ampliamente.
—Soy como una de Las Chicas Superpoderosas, ¿verdad, Bells? —preguntó Alice con entusiasmo y una sonrisa imborrable en su rostro.
Renée muchas veces se había preguntado si hacía algo mal como madre al no poder ayudar a su pequeña hija. Bella siempre había sido la única con el poder de consolar a Alice, o hacerla cambiar de idea respecto a algo, la conocía lo suficientemente bien para saber lo que pensaba y también para persuadirla. Para Alice, Bella era su salvación.
—Claro, vas a ser una espectacular chica Superpodersa —contestó Bella con una sonrisa.
Alice recostó su cabeza en las piernas de su hermana, y Bella se dedicó a pasar sus manos continuamente por su oscuro cabello.
Le encantaba la idea de ser una Chica Superpodersa, Bella tenía razón, aun no podía entender cómo es que no lo había visto antes, ella era especial y no extraña o anormal, una vez más agradeció silenciosamente a su hermana.
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Edward miró a la distancia a Bella que estaba sentada sobre el mantel de cuadros rojos con Alice recostada en sus piernas profundamente dormida.
Había presenciado la plática de las hermanas Swan, no sabía por qué estaba llorando Alice, pero finalmente se había recostado en las piernas de Bella hasta quedarse dormida. Sonrió al recordar cuantas veces Emmett, al igual que Bella, lo había consolado y alegrado.
Levantó la mirada cuando escuchó unos silenciosos pasos acercándose.
— ¿Qué pasa Ed? —preguntó Emmett sentándose en el columpio a su lado.
Edward se encogió de hombros.
Emmett frunció el ceño, siempre se había preocupado demasiado por su hermano, para él su deber era cuidar de Edward, sin importar que solo fuera cinco minutos más grande que él. Le preocupaba demasiado que pasara tanto tiempo solo, no le gustaba que se alejara, con los únicos que hablaba era con los mellizos Hale y las gemelas Swan, en el colegio evitaba hablar con sus compañeros de clase. Era toda una suerte que todos estuvieran en el mismo grado.
—Deja de preocuparte Emmett, yo soy de pocos amigos —le dijo Edward con una sonrisa ladeada.
Emmett lo miró perplejo por unos minutos.
— ¿Adivinando lo que pienso Ed? Deja de meterte en mi mente —dijo golpeando su brazo juguetonamente.
Emmett soltó una carcajada negando con la cabeza mientras Edward reía.
Emmett todavía no lograba acostumbrarse al secreto que Edward le había revelado hacía un par de meses atrás. Que su hermano tuviera la capacidad de "adivinar" lo que las personas pensaban con tanta precisión era casi imposible, pero cierto. Y lo había creído cuando por más que intentaba ocultar sus pensamientos su hermano los adivinaba, al igual que los de cualquiera a su alrededor.
Elizabeth y Edward amaban mucho a sus campeones y eran su más grande orgullo, así que después de un tiempo ambos habían acordado no decírselo a sus padres, no sabían que reacción tendrían ante eso.
Suspiró. De ese modo sería imposible darle un regalo sorpresa a Edward algún día.
—Prometo que si tú me dices me mantendré alejado de tu mente hermano —dijo Edward con una sonrisa burlona.
Emmett sonrió.
—Claro que lo harás —contestó —, ahora vamos a jugar, el balón que nos regaló mamá está escondido en la cajuela del auto —dijo Emmett con una sonrisa traviesa.
Edward esbozó una gran sonrisa en respuesta. Sabía que su hermano había escondido el balón nuevo que les había regalado su mamá, había pensado toda la noche en las posibles formas de hacerlo sin que lo descubrieran.
Siguió a su hermano hacia el auto sin protestar, Emmett podía ser el mejor hermano que podía existir, pero era más infantil que cualquiera, eso podía asegurarlo.
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—Con cuidado Rose, puedes caerte —le reprendió Jasper a su melliza al verla correr a los columpios.
Rosalie volvió el rostro con una gran sonrisa en sus labios rojizos. Adoraba ver lo mucho que su hermano se preocupaba por ella.
—No me voy a caer, Jazz —prometió.
Jasper siguió a su hermana en silencio, sabía que pelear con ella era imposible, tal vez no era tan terca como Bella y Alice, pero también tenía lo suyo. Se dedicó a columpiarla perdido en sus pensamientos.
El que Rosalie supiera que él era diferente no le agradaba mucho, de haber podido, se habría encargado de que jamás supiera, pero había sido una batalla perdida desde el principio, porque después de todo, ella lo había adivinado sin que él dijera una sola palabra cuando apenas tenían seis años, después de eso, no le había quedado más que aceptarlo y pedirle que no se lo dijera a sus padres, Esme y Carlisle, que vivían solo para sus mellizos, que eran todo para ellos.
—Jazz —susurró Rosalie deteniendo el movimiento del columpio.
—Dime.
—Qué se siente… tú sabes, ¿el poder saber lo que siente la gente? —preguntó con sus ojos grises brillando al sol.
Jasper apretó los labios en una fina línea para finalmente suspirar.
—Bueno Rose… no lo sé, cada persona es diferente, mamá y papá sienten mucho amor cuando están juntos o cuando nos ven.
— ¿En verdad? —preguntó Rosalie con una sonrisa.
—Sí, ellos en verdad nos quieren mucho.
— ¿Y qué es lo que sienten otras personas, Jazz? —preguntó Rosalie con los labios fruncidos, a la espera de su respuesta.
Jasper vaciló antes de hablar.
Era una suerte que su hermana pequeña no compartiera su don, no quería que ella sufriera lo que él había sufrido la primera vez que sintió lo que era el deseo o la excitación a sus escasos cinco años de edad, por experiencia él podía asegurar que esos sentimientos no siempre eran puros, y saberlo, le había costado un trauma a ello. Se había prometido evitar a las personas todo lo que podía, con tal de evitar la sensación que le provocó pesadillas por meses.
Miró a su hermana, el solo pensar que ella pasara por lo mismo… se estremeció y alejó esos pensamientos de su mente.
Esbozó la sonrisa más sincera que pudo.
—Solo sienten de diferente manera, Rose, no es de mucha importancia —le aseguró.
Ella lo miró unos minutos y finalmente asintió.
Jasper se dedicó a seguir columpiando a Rosalie, agradeciendo internamente que su hermana no estuviera sufriendo algo parecido a lo que él sufría.
Si algo podían tener en común Alice, Edward y Jasper era que, además de ser amigos, compartían los pensamientos de querer ser normales, cualquier persona común podría haber dado su vida por tener los dones que ellos poseían, ellos habrían dado su vida por ser normales.
Tener un don, no siempre era tan bueno como parecía.
¡Primer capítulo beteado y publicado! En unos momentos publico el resto. Muchísimas gracias por los reviews mis niñas.
Pueden seguirme en Twitter: (Arroba) Al_ Masllentyle
Las ama...
Alessa*~
