Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.

Sanando corazones

"Las palabras y la energía que va en ellas, pueden ser el arma más destructiva o la medicina más poderosa… Hay palabras y momentos que nunca en tu vida los vas a poder olvidar… "

Capítulo 1 Shiryu, el poder de las palabras…

Caminaba despacio y silencioso para que nadie pudiera notar su presencia, aunque su corazón latía acelerado con temor a ser descubierto. Su hermano lo había dejado solo en la habitación que compartían junto a otros niños, mientras terminaba con los mandados que le correspondían por ser de los niños mayores del lugar. Ahora, como nunca, estaba desobedeciendo a Ikki, porque tenía un deseo que quería cumplir a como diera lugar, aún si eso significaba que su hermano se enojara con él.

Fue así como pudo llegar a la biblioteca que estaba dispuesta para ellos dentro del recinto. Se escabulló ágilmente por en medio de las mesas y sillas del lugar, queriendo pasar desapercibido. Sabía que si otro niño lo veía, comenzaría inmediatamente a burlarse de él y tendría que volver rápido al cuarto, antes de que Ikki se diera cuenta y, primero lo defendiera quizás hasta golpeando al ofensor, para luego enojarse con él por haber salido sin su permiso.

Desde que habían llegado al lugar, les habían comunicado a todos los niños que estaban ahí para cumplir con una misión que había sido determinada por sus estrellas guardianas y que su destino no podía ser cambiado. Para eso, los entrenaban día tras día, casi sin descanso, a excepción de los domingos, que era el día que tenían libre para hacer lo que quisieran. Y hoy era domingo, por lo que no quería pasar encerrado en el cuarto, escondiéndose de los demás.

De todos los niños, Shun e Ikki eran los únicos que habían llegado juntos a la Fundación, llamando la atención de todos los demás niños, quienes al igual que ellos eran huérfanos, pero ningún otro tenía hermanos en el lugar. Debido a esto, sumado además a la excesiva protección de su hermano mayor, es que Shun se convirtió rápidamente en el blanco de las burlas de los demás niños. Por eso, evitaba cruzarse en el camino de otros y siempre estaba solo, compartiendo con su hermano el tiempo que estaban libres.

Pero, ahora necesitaba con urgencia cumplir su deseo. La noche anterior, le había preguntado a Ikki sobre su mamá y, aunque para su hermano su recuerdo era difuso, le contó que lo que más recordaba de ella era su amor por las estrellas. Le dijo que siempre la veía sosteniéndolo en sus brazos, mientras le indicaba el cielo, enseñándole las constelaciones del universo. Recordaba que una noche le había contado que las estrellas que vemos en el cielo habían muerto miles de años atrás, pero que aún podíamos ver su luz que viajaba a través del universo hasta nuestro cielo. Nunca había olvidado sus palabras, pues pocos días después fue que repentinamente murió, dejándolos solos. Ikki, en ese momento, le dijo que aunque pasaran los años y no pudieran tenerla a su lado, su brillo nunca moriría, igual que las estrellas. Y ese era su deseo ahora, conocer ese universo que tanto apasionaba a su madre, para de esa forma conocerla un poco más.

Comenzó a mirar los libros, olvidando por completo que no quería ser descubierto. Se emocionó al ver aquellos gruesos textos estampados, la mayoría con títulos relacionados con las estrellas y el universo. Con seis años, aún estaba aprendiendo a leer, pues en el orfanato no le habían dado mucha importancia a su desarrollo, por lo que, en cuanto llegaron a la Fundación, ésta se había encargado de nivelar a todos los niños y aunque él había avanzado rápidamente en cuanto a su lectura, aún había palabras que se le complicaban. Estaba muy entretenido buscando el libro que entendiera más fácilmente, cuando sintió la presencia de alguien más en la biblioteca. Pensaba que no habría más niños interesados en ese lugar, pues la mayoría eran atléticos y siempre se la pasaban corriendo y jugando en el patio. Comenzó a sentir temor de encontrarse con alguno de esos niños y que eso le impidiera leer el libro que al fin había encontrado. Volteó con miedo, cuando pudo ver a un niño sentado en una de las mesas con un gran texto. Era el niño intelectual, siempre que lo veía andaba con algún libro en sus manos, leyendo. Se relacionaba con pocos niños y su rostro siempre se mostraba sereno. Entonces, soltó un suspiro de alivio, ya que ese niño no era de los que lo molestaban. Con timidez se sentó en la misma mesa y comenzó a hojear el libro, abriendo sus ojos de par en par cada vez que veía una ilustración del universo. Consideró que las imágenes eran hermosas, llenas de colores, pero se le complicaba mucho entender lo que decía el libro. El niño que estaba sentado un poco más allá, comenzó a notar la confusión en su rostro y suponiendo que estaba recién aprendiendo a leer se atrevió a hablarle.

– ¿Te cuesta entender el libro? – le preguntó con suavidad.

– ¿Ah? – Shun levantó su rostro y lo miró confundido.

– ¿Quieres que te ayude a leerlo? – se ofreció amablemente.

– ¿Podrías ayudarme? – preguntó con temor.

– Claro, ¿qué es lo que buscas en ese libro?

– Me llamo Shun, ¿y tú? – sus hermosos ojos verdes brillaban curiosos.

– Oh, perdona mi falta de cortesía. Mi nombre es Shiryu.

Y eso fue suficiente para Shun. Como una llave de agua que la abren al máximo, comenzó a hablarle sin parar.

– Qué gusto conocerte, Shiryu. Estoy buscando información de las estrellas. Es que mi hermano me contó que a mi mamá le gustaban mucho y ahora quiero aprender de ellas para conocerla un poco. ¿En serio puedes ayudarme a entender este libro? Por favor, por favor… - el niño estaba emocionado de que su huida no sería en vano.

Shiryu lo miraba con sus ojos abiertos de par en par. No había escuchado hablar a ese niño y jamás pensó que fuera tan amistoso. Sonrió por lo bajo, a él también le hacía falta comunicarse con otros.

– Así que quieres aprender de las estrellas para recordar a tu... mamá… - al decir esa palabra su voz se quebró un poco, lo que no pasó desapercibido para Shun.

– Sí, es que ella murió cuando yo solo era un bebé y no la pude conocer. Mi hermano recuerda muy poco de ella, solo sabe que le gustaban muuuuucho las estrellas – abrió sus brazos para resaltar sus palabras.

Al niño le pareció muy tierno de su parte compartir esa información con él, a quien recién venía conociendo, por lo que deseó ayudarlo.

– ¿Estás aprendiendo a leer aún?

– Ah, sí – Shun se avergonzó ante esa pregunta.

– Que no te de pena. Yo tuve que aprender solo a leer, nadie quiso enseñarme en el orfanato del que vengo.

– ¿También vienes de un orfanato?

– Sí, siempre viví ahí. Yo tampoco conocí a mi madre… - los ojos del niño se llenaron de lágrimas que contuvo para no llorar delante del pequeño.

– Si tienes pena deberías llorar, eso siempre alivia – Shun le sonrió con sinceridad, lo que quebró la coraza de fortaleza del pequeño Shiryu, el que ya no pudo aguantar el llanto que había guardado desde que tenía conciencia de haber nacido huérfano. Mientras lloraba, Shun se acercó y se sentó a su lado, extendiéndole un pañuelo que siempre llevaba consigo. Este lo aceptó, secándose las lágrimas con él.

– Nunca hablo de mi madre, porque nunca la tuve a mi lado. Desde que nací, siempre viví en el orfanato… - Shiryu intentaba explicar su llanto.

–Aunque nunca la hayas visto, ella siempre ha estado contigo – al verlo tan frágil el pequeño quería consolarlo.

– ¿Cómo es eso? – sus palabras le causaron intriga.

– Mi hermano siempre me dice que fue mi mamá la que me dio la vida y por eso siempre una parte de ella estará dentro de mi ser… lo mismo pasa con tu mamá, Shiryu – Shun puso su manito sobre el pecho del niño – Ella vive aquí, dentro de ti.

– ¿Dentro de mí? – nunca había pensado en eso.

– Sí. Por ejemplo, mi hermano dice que mis ojos son iguales que los de mi mamá, por lo que puedo imaginar su mirada. Tú debes tener muchas cosas que dejó tu mamá en ti, tus ojos o tu pelo, pero más importante aún, tu vida.

Shiryu abría cada vez más sus ojitos. No podía creer que un niño menor a él pudiera consolarlo de esa manera y que sus palabras sonaran tan sabias.

– Gracias, Shun. Tus palabras en verdad han sido un consuelo para mí.

– De nada. Solo te he dicho las cosas que mi nii-san me dice a mí. Él es muy sabio – Shun estaba orgulloso de su hermano y se sentía satisfecho de poder haber ayudado a alguien.

– ¿Todavía quieres aprender de las estrellas? – Shiryu retomó el tema por el que habían comenzado a hablar.

– Síííí – la felicidad volvía a inundar a Shun ante la posibilidad de aprender lo que a su mamá tanto le gustaba.

– Mira, yo tengo un libro que puede ser más fácil para ti entender. Lo tengo en mi cuarto. ¿Te gustaría que lo fuéramos a buscar?

– Bueno, vamos.

….

Shiryu recordaba ese hermoso momento, mientras su fiesta de matrimonio estaba en pleno apogeo. No pudo evitar que una lágrima corriera por su mejilla, al mismo tiempo que una dulce sonrisa iluminaba su rostro. Se acercó a su novia y le dijo algo al oído, a lo que ella asintió feliz. Luego, subió las escaleras hasta su cuarto, buscando algo que tenía guardado desde aquellos años. Cuando al fin pudo encontrarlo, bajó rápidamente, y comenzó a buscar a alguien entre la multitud. Pudo ver a Shun conversando con sus otros hermanos con esa alegría que era tan propia de él. Caminó entre la multitud y cuando llegó hasta él, lo abrazó para sorpresa de todo el mundo. Shun no supo que hacer por un instante, pero luego lo abrazó de vuelta.

– Gracias, hermano.

– De nada, Shiryu. ¿Pasó algo? – preguntó un tanto confundido.

– Nada malo. Solo recordé un momento muy importante para mí – lo soltó y le mostró el pañuelo que había usado para secar sus lágrimas aquel día en la biblioteca.

– Mi pañuelo… - Shun no podía creer que todavía lo tuviera.

– Ese día, no solo encontré a mi hermano, sino que también me consolaste con este pañuelo…– Shiryu estaba muy agradecido.

– Qué bueno que pueda haberte ayudado en algo, siempre pensé que era una carga para ustedes – Shun no sabía qué decir ante esa muestra de sinceros sentimientos de su hermano.

– Nunca has sido una carga para nosotros. Al contrario, Shun, tú siempre has tenido un poder especial, en mi caso personal tuviste el poder de sanar mi corazón con tus palabras…

Continuará…

Notas de la autora: Aquí les dejo el primer capítulo que espero hayan disfrutado, porque lo hice con mucho cariño :D

Espero sus comentarios. Saludos, Selitte

PD : Próximo capítulo "Seiya, el poder de la sonrisa"