Disclaimer: Ningún personajes que aparecen a continuación es mio (que mas quisiera yo), son únicamente creación de Sir Artur Conan Doyle, y me baso en la adaptación de la BBC hecha por Mark Gatiss y Steve Moffat (aquello que gustan de alimentarse de las lagrimas). Yo solo adoro jugar con estos personajes.


Este Fanfic participa en el reto de fin de año del foro I am Sherlocked


Ya habían pasado dos semanas del incidente del árbol caído, Sherlock no se aparecía por la casa mientras John estaba ahí, pero sabía que llegaba un par de horas a dormir y luego se volvía a ir. Greg le decía que tomaba casos que eran ridículos pero no se quedaba quieto ni un minuto, John había pedido un par de días en el hospital para pasar con el tiempo con su hijo.

Se sentó en una banca fuera del hospital, después de todo el día atendiendo enfermos, admiró aquel árbol de navidad. Estaba realmente molesto, con Sherlock pero también estaba molesto con él mismo. Desde un principio sabía que detective consultor no era una persona tan amigable, que apenas si celebraba estas fechas, que odiaba las multitudes que no le eran útiles, obviamente ese caso era muy importante.

Cerró los ojos un momento recordando todas las navidades de su vida. Podía perfectamente recordar las cenas con sus padres, cuando cuidaba todo el año portarse bien para recibir regalos, la manera en como ayudaba desde temprano a su madre, limpiando la casa, poniendo la mesa, hasta en ocasiones ayudándola a cocinar.

Las risas de sus familiares, los chistes que en ese momento no entendía, todo formaba parte de sus memorias, algunas no eran tan buenas, como cuando su hermana recibía muchos regalos y él apenas si recibía uno. Cuando su padre estaba en casa y eran una familia unida aunque solo fuera por un momento lo hacían el niño más feliz del mundo.

Luego cuando decidió estudiar medicina, aprendió valiosas cosas de la vida, como esta misma alegría aun en estas fechas de celebraciones podían acabarse.

Su primera navidad con una familia fue lo mejor. Cuando Hamish nació fue la mejor navidad de su vida, aquella criatura entre sus brazos lo hacían sentir único junto con Mary, eran una familia feliz. ¡Él quería que su hijo tuviera esos mismos recuerdos! Pero con la muerte de Mary las cosas se habían puesto complicadas, era cierto que su hijo no recordaba mucho a su madre, y siempre tenía una sonrisa en el rostro. Que era feliz viviendo con él y con Sherlock. El recuerdo de su hijo convenciendo a Sherlock de hacer miles de cosas ridículas cruzo por su mente.

Ademas estaban esos sentimientos que comenzaba a notar por Sherlock, llegando a reconsiderar su orientación sexual. Debía hablar con él, realmente no creía que hubiera otro lugar donde tanto su hijo como él que pudieran llamar hogar.

- ¡John! - le gritó Sarah desde el interior del hospital.- Hay enfermos que atender.

- Voy, voy - se levantó rápidamente volviendo al hospital decidido a arreglar las cosas con Sherlock.


Sherlock estaba realmente preocupado por lo sucedido con el árbol, tanto que no podía concentrarse en otra cosa que no fueran las lágrimas del niño, sentía un vació, aquel que se instalaba cada vez que se peleaban, aunque esta vez realmente creía que había arruinado las cosas.

No le era tan fácil para él. No estaba acostumbrado a tener a un niño correteando por la casa, o celebrar la navidad pero cuando John llegó todo destrozado con Hamish no pudo negarse. Haría todo por John. Y el niño era adorable realmente no podía negarlo, lo escuchaba hablar desde abejas hasta crímenes (esto último sin que su fiel acompañante y el padre del niño lo supiese) hasta quedarse dormido realmente lo enternecía.

Llegó al apartamento, para encontrarse con la Sra. Hudson jugando cluedo con el pequeño Watson en la sala. El niño fue el primero en notar su llegada pero rápidamente bajo la cabeza, deduciendo en primer lugar que John había sido llamado del hospital por alguna emergencia. Y que el niño estaba realmente triste aún.

- Hamish... ¿puedo jugar? - le preguntó lentamente mientras se acercaba. La Sra. Hudson le sonrió mientras se iba. Debo ir a hacer galletas, murmuró para salir de la sala. Aunque se quedó detrás de la puerta.

- ¿Ya no estas molesto conmigo? - la pregunta del niño era tan sincera que Sherlock no pudo evitarse sentir aún peor.

- No Hamish, yo sólo... - No sabía ya ni que decir. - Soy una mala persona.

- No tío Sherlock, solo eres un Grinch necesitas mas espíritu navideño - Sherlock no sabía que era un Grinch pero el niño parecía muy convencido por lo que ni preguntó, además el niño se había prendado a su cuello en un extraño abrazo.

- Bueno Hamish, creo que esta vez debo pedirte ayuda- El niño le miró extrañado.- ¿Cómo es lo del espíritu de navidad?

- ¿Por qué?

- ¿Qué? - Realmente se perdía con las platicas del niño.

- ¿Por qué quieres el espíritu de la navidad?

Sherlock se quedó pensativo. ¿Cuál era su verdadera razón para arreglar las cosas? John le recordó su inconsciente. Y era verdad no podía vivir sin su blogger a su lado.

- Por John.

- Entonces... ¡Es muy fácil papá Sherlock! – el niño lo miró con ojos entusiasmado y una sonrisa en el rostro, mientras le empezaba a recitar todo lo necesario para tener el espíritu navideño en su alma, dejando confundido al detective por la manera en como le dijo.


Más luces. Más regalos. Más comida.

Eso sería realmente sencillo. Salió en la búsqueda que le prometía tener espíritu navideño. Después de un par de horas comprando en tienda tras tienda y teniendo altercados con las personas de los supermercados las nuevas luces que habían comprado brindaban la mayor iluminación que se podía -o eso decía la caja-. A un día para la noche buena empezó a preparar las cosas de la cena, Hamish le había dicho que era realmente molesto cocinar el día antes de la navidad, así que podía perfectamente cocinarlo y guardarlo para que solo se calentara. Seguro le daba mas sabor. Había comprado un pavo enorme 10 kilos, realmente le costó trabajo cargarlo, pero no era nada que el asombroso detective consultor no pudiese hacer.

Tomo todos los materiales que había comprado: las nueces, la carne que según el Internet debía ir dentro del pavo, el vino que parecía ser importante por que aparecía en todas las recetas, así que vació todo el vino en el pavo. La pasta debía ponerse hervir según las instrucciones del empaque. Generalmente evitaba cocinar y quizá hubiese sido mejor idea llamar a la Sra. Hudson, pero esta vez debía hacerlas cosas solo. Las nuevas luces en el árbol ya estaban listas solo debían presionar el interruptor y la casa se llenaría de luz como si esta fuera agua. Todo iba perfecto sólo había un problema:

El pavo no cabía en el horno. Aunque rápidamente encontraron una solución, no la mejor, pero una solución.

- No creo que funcione Hamish - el niño le había dado la idea de meter el pavo sin la charola para que si pudiera entrar.

- Claro que sí.- observando como el mas alto empujaba el pavo con todas sus fuerzas. Hasta que el pavo logró entrar luciendo realmente apresado por las paredes del horno. - ¿Ves? Fácil. ¡Veamos una película!

El olor a quemado solo fue el inicio de una serie de eventos realmente desafortunados. Dado a que ambos habían olvidado el pavo en el horno y la pasta, tanto el vino que recubría al primero (sin contar la obvia desventaja de que habían metido a la fuerza el pavo) como el agua se había evaporado provocando lo inevitable. Que la comida se incendiara.

Sherlock rápidamente comenzó a buscar el extintor que recordaba haber guardado en algún lado. Hamish al ver su desesperación encendió las luces del árbol para que pudiese ver mejor. Aunque no contaba con que las luces sobrecalentarán el seco pino. Dando nuevamente un resultado inevitable.

¡Un incendio!

Así admiraron desde fuera del 221b junto con los otros vecinos como el fuego que se había originado en menos de 5 minutos ya consumía las cortinas de las ventanas.

- Creo que fue demasiada luz.- exclamó el pequeño.


Escuchó las sirenas del los bomberos vio que doblaban justo donde él debía seguir caminando. Debe ser en otra parte... No creo que sea nada grave... Quizá algún niño llamó por accidente... No, no, ¡no! Trató de tranquilizarse John, pero sentía un mal presentimiento. Corrió hasta la casa para toparse con lo que mas temía. Una catástrofe.

- ¡¿QUE DEMONIOS?! - Los bomberos apagaban las llamas que salían por la ventana del departamento.- ¡HAMISH!

- ¡Papá! - su hijo le gritaba desde el otro lado de la acera. Sano y salvo. Aquel peso se desvaneció parcialmente, mientras corría hasta él.

- ¡John tranquilo! Fue un accidente - Vió a Sherlock, no lo había notado unos momentos atrás y de pronto sintió tanto enojo. Luchó contra las ganas de golpearlo, no era el lugar.

- Hamish ¿estas bien?- tomó a su hijo en brazos, sin dejarlo contestar. Sin escuchar a Sherlock, sin dejar ir esa preocupación. Vamonos

- John, yo solo trataba de...

No pensaba escuchar ninguna explicación ridícula. Si amaba a Sherlock, ya era claro con ello. Pero su hijo era mas importante y realmente comprendía que las cosas no iban a cambiar, debía ser fuerte por esta ocasión. Era lo mejor.

- Vendré por nuestras cosas mañana - sentenció para después dar media vuelta con su hijo en brazos quien estaba llorando por el miedo al fuego, por la navidad arruinada, por todo lo que había pasado.

Mientras Sherlock se quedaba solo admirando como se iban.


Mycroft estaba sentado en el mueble de su casa viendo una película navideña recostado en el mueble con su pareja recargada en su hombro, vaya que se sentía raro, pero adoraba aquella figura, su cabello canoso y esos labios, aquellos que podía alcanzar con solo acercarse unos segundos. Su celular sonó, que inoportuno querido hermano.

Necesito tú ayuda.- S.H

Su acompañante lo miró extrañado, Es Sherlock le murmuró antes de contestarle a su adorado hermano.

Debes estar muy desesperado para pedir mi ayuda. -M.H

Su pareja que ahora estaba sentada correctamente alzo una ceja.

Lo estoy.- S.H

- Creo que tendremos que hacer una visita a Baker Street, Gregory.