-Vamos Sirius, muévete, o llegaremos tarde. -dijo Remus mientras empujaba levemente el cuerpo de su amigo, el cual le contestó con un leve gemido mientras se daba media vuelta para seguir durmiendo. Lupin frunció el entrecejo y suspiró. Como no se dieran prisa, no llegarían a tiempo a Grimmauld Place para la primera reunión de la Orden del Fénix después de más de 10 años.

-¡Sirius! ¡Muévete! -gritó Remus, desesperado porque Canuto se moviera de una vez. No obtuvo respuesta, excepto los ronquidos de su amigo. Volvió a suspirar. "Como sean así todos los días, lo echo de mi casa" pensó Lupin, aunque en el fondo sabía que no era capaz de echarle.

-¡HIJO DE...!- espetó Sirius, saltando de la cama en la que hacía unos instantes estaba durmiendo cuando sintió que un líquido completamente helado recorrió su cabeza pasando a su espalda.

-Así aprenderás. -respondió Remus sonriendo con satisfacción, mientras dejaba el vaso que había utilizado para mojar a Sirius en la encimera de la cocina.

-Está te la guardo Moony -dijo Sirius con el entrecejo fruncido mientras se quitaba su camisa, que ahora estaba un tanto mojada. -¿Me puedes prestar una? -preguntó mientras miraba a Lupin con el pecho descubierto. Remus, que se encontraba en la cocina en esos instantes, preparando algo de comer para Canuto, desvió su mirada hacia su amigo y se sorprendió al ver que Sirius tenía su punto sexy de aquella manera. Se sonrojó al instante. ¿Cómo había pensado aquello?

-Sí claro, coje alguna de mi armario, supongo que te quedarán bien. -respondió Remus, sin mirar a su amigo, solo por precaución. Una vez escuchó los pasos de Sirius que se alejaban hacía su habitación, sacudió su cabeza. "Remus John Lupin, Sirius es un amigo, y nada más" pensó para sí el hombre lobo, pero la imagen de su amigo con el torso descubierto volvió a hacer acto de presencia en su mente y Lupin no pudo contener un leve suspiro. Sacudió su cabeza de nuevo y decidió no volver a pensar en aquello nunca más.

Una vez hubieron desayunado y demás, Sirius volvió a su forma animal, para salir de casa hacia el 12 de Grimmauld Place, la antigua casa de sus padres, pues no podía arriesgarse a que lo descubrieran.

El jaleo que había en el 12 de Grimmauld Place era algo que Sirius no había visto nunca en aquella casa; gente de un lado para otro, dándose empujones, a los cuales seguían unos leves "Perdone" o "Disculpe". Él y Remus se dirijieron a la cocina, donde se encontraban los demás integrantes de la Orden del Fénix, sorteando a unos cuantos magos que iban y venían.

-¡Remus! ¡Sirius! -gritó una voz femenina en cuanto aparecieron por la puerta de la cocina. Lupin abrazó a la muchacha con una gran sonrisa. Sirius, en cambio, tornó los ojos, no sabía por qué, pero no le había echo mucha gracia ver ese abrazo.

-¡Tonks! Cuánto tiempo...¿qué tal todo? -preguntó Remus a Nymphadora, mientras se alejaba con ella para poder hablar más tranquilamente. Sirius, por otra parte, decidió sentarse en una de las tantas sillas que rodeaban la mesa de la cocina. Suspiró con el cejo fruncido. No sabía por qué, pero no le gustaba la relación entre Lupin y Tonks. Y mientras pensaba en sus cosas, la cosa no fue a mejor. "Hombre, el que faltaba" pensó Canuto mientras vió a Snape entrar en la cocina. Éste le dedicó una sonrisa llena de desprecio.

-Al parecer se ha escapado un chucho pulgoso de Azkaban...Será mejor que informe a los dementores del asunto.- escupió despectivamente Severus mientras miraba al pelinegro con odio. Sirius se levantó de la silla lleno de rabia, fulminándole con la mirada. Black iba a replicar cuando sintió una mano sobre su hombro, apaciguándole.

-Sí, un ex -mortífago junto a un gran grupo de dementores sería algo digno de presenciar.-el mordaz comentario de Remus sorprendió a Sirius, quien pocas veces había oído tales palabras en boca de su normalmente pacífico compañero.

Severus gruñó, alejándose de ellos, abriéndose paso entre los aurores hasta llegar al lado de Dumbledore quien conversaba con Alastor Moody.

-Colega, quién diría que eras capaz de contestar de esa manera...-rió el animago. El licántropo solo se encogió de hombros.

-Te has perdido muchas cosas desde que te encerraron en Azkaban Sirius. - y con este comentario se sentó en la silla al lado del pelinegro, mirando a Dumbledore, el cual comenzaba a hablar del motivo de aquella reunión.

Sirius miró la hora en aquel antiguo reloj de la cocina de Grimmauld Place. Sabía que llevaba allí horas, pero no tantas como se suponía. La mayoría de los miembros de la Orden ya se habían marchado, los señores Weasley a "La Madriguera", Dumbledore a Hogwarts, o eso pensaba el pelinegro, Severus Quejicus Snape a donde fuera que vivía...bueno, ese como si desaparecía de la faz de la tierra, que a Sirius Black no le importaba lo más mínimo. Los últimos en marchar fueron Ojoloco Moody y Tonks, la cual dió un cálido abrazo a su amigo lo que hizó que Black gruñera por lo bajo. Finalmente allí solo quedaban él y Remus Lupin.

-Oye Moony, -comenzó a hablar Sirius. Lupin levantó la vista de lo que estaba haciendo para mirarle. -Quería darte las gracias por lo de antes. -concluyó. Remus se sorprendió con el comentario.

-Vaya, vaya ¿desde cuando los Black dan las gracias? -bromeó el licántropo, haciendo reír al pelinegro.

-Supongo que Azkaban me ha cambiado. -sonrió Sirius, sonando algo apenado, pues había estado encerrado en aquella prisión doce años por un delito que no cometió. Sacudió su cabeza. Lupin lo miraba mordiéndose su labio inferior, sabiendo que quizá había metido la pata hasta el fondo. Suspiró antes de hablar.

-Bueno Sirius, un placer verte de nuevo. -dijo Remus mientras sonreía. Black, por su parte lo miró con una media sonrisa. Lupin dedujo que aquella sonrisa no podía tramar algo bueno.

-Oye, Lunático, ¿por qué no pasas la noche aquí? Es tarde, y además te devuelvo el favor de haberme aguantado ayer. -comentó Sirius mirando a su amigo, el cual lo miraba sorprendido.

-Bueno…yo...-comenzó a decir Lupin mientras consideraba la oferta que le acaban de ofrecer. "A ver, ya he pasado alguna noche con Sirius" pensó Remus, maldiciéndose por cómo había quedado la frase, "y no me he muerto" concluyó. Miro al pelinegro, el cual lo miraba esperanzado.

-Está bien Sirius, me quedo, pero nada de bromas ni nada por el estilo. –advirtió el licántropo, pues ya conocía de sobra al animago. Este, por su parte, alzó sus brazos, dando a entender que aceptaba lo que su amigo decía.

-No sabía que me tenías miedo, Moony. –bromeó el pelinegro, con una sonrisa burlona en sus labios.

-¿A ti? No digas tonterías por favor Sirius. –rio Lupin mirando a su amigo, lo que hizo que Canuto riera con él. "A ti te tengo de todo menos miedo" pensó Remus casi sin darse cuenta aunque mientras su cuerpo estaba con Sirius su mente repetía una y otra vez ese pensamiento. El hombre lobo acabó por admitir, que lo que le daba miedo no era su amigo, si no el hecho de tener que separarse de nuevo de él. Habían sido doce largos años en los que se vio solo, dado que James estaba muerto, Peter, supuestamente también y Sirius estaba encerrado en Azkaban por un delito que no cometió, por lo que volver a estar junto a uno de Los merodeadores, uno de los mejores amigos que tuvo en Hogwarts era algo que no quería dejar de sentir por nada del mundo.