Capítulo 8.

A pesar de que el aire era gélido, Hermione sudaba. El sol, en vez de proporcionar calor, quemaba y bajos sus rayos, mezclado con los bochornos de su embarazo y la recolección del algodón, no hacían sino agotarla cada vez más. De momento sentía sus ojos cerrarse y sus extremidades hormiguear, no solo por la pesadez de su cuerpo y la posición, sino también por la falta de comida.

La última vez que probó bocado fue la mañana del día anterior: una barra de pan con lo que le quedaba de miel y un plátano bastante maduro. Tenía miedo de desmayarse ahí mismo, pero se resistía a sucumbir. Si el chisme de que ya no aguantaba el paso llegaba a oídos del capataz, éste le diría que se regresara y no volviera. Hermione no podía permitirlo. Necesitaba trabajar, de lo contrario su paga se suspendería y ya de por sí su situación era precaria.

-¿Estás bien?- le preguntó una señora junto a ella, quien la vio parpadear furiosamente mientras otro de los recolectores hacía sus rondas con un barril con agua para dar a los otros trabajadores.

-Sí... solo estoy un poco cansada.- Hermione respondió débilmente. Estaba pálida pero sus mejillas estaban enrojecidas; su rostro brillaba por el sudor.

El muchacho del barril se le acercó cuando la mujer le tomó una muñeca para revisar su pulso. Con un vaso de madera sirvió agua y se la dio a Hermione. Ella bebió gustosa el agua dulce.

-Deberías irte a descansar. Al menos tu puedes.

-No. No hace falta.

-Hazle caso.- dijo la mujer –en tu estado no es conveniente. Vete. Nosotros te cubrimos.

-Pero...

-Hazlo, muchacha. Estás muy cansada para seguir. Ve a casa y vuelves mañana. Toma- la mujer sacó una manzana de un bolsillo y se la ofreció a Hermione. Ella la tomó titubeante y ya iba a negar el ofrecimiento, pero la mujer le puso la manzana firmemente en la mano e hizo que cerrara el puño –Lo necesitas. Vete.

Resignada, Hermione suspiró y accedió. Tuvo que admitir que ya no podía continuar. El que la mujer le asegurara que la cubrirían le hizo sentirse más tranquila para poder irse.

Cuando la mujer y el muchacho del barril vieron que intentaba pararse pero le costaba trabajo, ambos la tomaron de los brazos y le ayudaron a ponerse en pié. Hermione les dio las gracias y, con una ligera sonrisa, empezó a caminar de regreso a la choza.

Hermione caminaba en silencio y despacio admirando el panorama, pero ni una sola vez miró atrás. Estaba encerrada en su pequeño mundo mientras admiraba su camino de diario, el cual le hacía entrar en una tranquilidad relajante.

-Reproducir: Evanesence 'My Inmortal'-

Hermione se había sentado en algo que parecía ser una cama. La base era de fierro viejo que crujió con el peso de la chica. El colchón ni siquiera era eso, más parecía una enorme bolsa alargada con una gran canasta encima. A parte de eso, no había más que una mesa de madera carcomida y un par de cajas grandes hechas de tablón que hacían la función de sillas. El techo era de láminas de color marrón y, colgando de un clavo en las paredes de troncos casi tan maltratados como la mesa, una bolsa negra de tela remendada y una lámpara de alcohol.

En silencio, Hermione empezó a comer la manzana que la mujer le había obsequiado. Cerró los ojos cuando la fruta crujió entre sus dientes y saboreó con gusto su única comida. Dejó salir un gemido de satisfacción mientras el jugo de la manzana le endulzaba su amarga boca.

-Estoy cansada.- dijo Hermione acariciando su vientre –Tenía tanta hambre... creí que me desmayaría. Seguramente tú también tenías hambre, pequeño. Lo siento.

-¿Sabes? Mañana se cumple un año... - suspiró Hermione con tristeza –un año, el primer aniversario de la muerte de tus abuelitos... me sorprende ver cómo sin ellos, mi vida se fue a los suelos... - siguió comiendo la manzana y mientras masticaba, continuó -eso demuestra una vez más que no tengo nada que hacer aquí... Tenía la esperanza de ofrecerte algo... incluso pensé que, después de unos años, cuando me preguntaras por tu papá, tendría que ingeniármelas. Te diría una dulce mentira: que tu papá me amaba pero que murió antes de que supiera que venías en camino... que ambos éramos huérfanos y pobres, pero que él siempre estuvo a mi lado. No quiero... no quiero que sepas la verdad. No quiero. Crecerías sintiendo culpa de algo que, para empezar, eres inocente...

-¿Cómo decirte que era una bruja?- continuó -... como decirte que mientras todos disfrutaban de sus vidas con un ser amado, yo fui... esos tipos eran crueles, malos. Siempre me despreciaron pero nunca creí que me... cómo decirte que fuiste concebido por una violación... que me lastimaron... ni siquiera sé quién es tu padre...

-¿Quién se iba a dar cuenta? Nunca me ponían atención... y luego lo del tren. No me atrevería a decirte lo que soy... y-yo no soy una asesina... yo no me explico por qué lo intenté. Después de eso ya no supe qué hacer... Harry estaba furioso conmigo, no era para menos, y yo lo entiendo. En su lugar yo me hubiera puesto igual. Si alguien lo hubiera intentado matar... y tantas veces fue así y yo traté de evitarlo... pero nunca me escuchaba. A estas horas ya debe estar casado. Lo extraño. A él y a Ron. Hacían de mi vida algo alegre... fueron mis primeros amigos... o al menos eso quería creer. Pensé que tendría su apoyo... obviamente les hubiera tenido que mentir sobre tu origen, no quería que sintieran lástima por mí... hubiera sido tan humillante decirles la verdad. Pero ahora estoy lejos...

-En este momento ya ni se han de acordar de mí. Espero que Luna no les haya dicho nada. Me quería ir sabiendo que todos, en especial Harry, estaban bien. Pero luego... lo que pasó esa noche... - Hermione serró los ojos con fuerza- si no me hubiera detenido en 'El Caldero Chorreante'... si me hubiera ido a otro lado... ellos no me hubieran seguido... y ahora tengo miedo por ti bebé. Supieron que estaba embarazada y aún así me torturaron... me hirieron... las pocas cosas que tenía las quemaron, incluida mi varita. Pero ya no la necesitaba. De cualquier manera mi magia ya no funcionaba... desde la primera vez que me atacaron.

Hermione siguió devorando hasta el último trozo de manzana mientras más lágrimas corrían por sus mejillas.

-Yo solo quería huir. Irme lejos donde nadie supiera de nosotros... cuando llegamos aquí, tú y yo, pensé que sería nuestro fin... tenía esa ilusión... perdí tanta sangre que creí que solo eso bastaría... debería haberme lanzado a un abismo. Y yo solo pensaba que Harry estaba bien... era lo único que me daba paz.

-Si esos exploradores no me hubieran encontrado, entonces lo hubiéramos logrado. No tengo ni idea de cómo lo hicieron. Esa reserva ecológica siempre está desierta... al menos eso decía el libro que vi.- Una mueca se dibujo en el rostro de la chica -... y luego Layha nos ayudó. Cuidó de ti y de mí... me comprendió... fue buena conmigo. Nadie, excepto mis padres, me había tratado con tanto cariño... ella me dijo que nos ayudaría, y nos ayudó. Layha me dijo que no volvería a estar sola porque la tendría a ella, pero eso no lo pudo cumplir... ella también me abandonó. Me llenó de ilusiones para una nueva vida... me dijo que ser madre sería maravilloso, que tendría mi propia familia, pero ya vez... la muerte una vez más me arrebató una fantasía... eso era, una fantasía, y nada más. A veces hacía solo eso: fantasear... me imaginaba trayéndote al mundo... oír tu dulce llanto... alimentarte de mi pecho... arrullarte por las noches... oír tu primera palabra... ver tus primeros pasos... la emoción de escuchar que me llamaras 'mamá'... darte todo el amor que tengo y que nadie quiso...

Hermione se secó las lágrimas con una mano y con la otra jugaba con las sobras de la manzana. Le quitó las semillas, las tiró al suelo y se comió el amargo centro de la fruta. Cogió del asa la canasta grande que estaba a su lado y la observó con anhelo.

-... pero tengo miedo. Con o sin fantasías e ilusiones, tengo miedo. No tengo dinero para pagar un medico, mucho menos un hospital... ¿Cómo voy a dar a luz¿En que condiciones vas a venir al mundo? Sé que estás vivo porque me pateas mucho... pero ¿Cómo vas a nacer? Tengo miedo porque no sé qué efecto haya tenido la maldición cruciatus en ti... ¿Y si naces deforme¿Qué tal si tienes una enfermedad? Los tratamientos deben ser muy costosos y este lugar es muy pobre... no tengo comida para ti, por no mencionar la ropa. Nunca me había sentido tan perdida, ni siquiera cuando mis papás murieron... Las personas aquí han sido muy buenas conmigo... con una perfecta extraña... qué ironía. Pero ni con las sobras de comida podría mantenerte si acaso necesitas medicinas. Incluso tenía la idea de que, después de que nacieras, ir al pueblo y... venderme. Aún no me imagino a mí misma... durante el día ir a la recolección y por las noches ofrecerme al mejor postor... sin documentos no puedo hacer mucho. Si se enteran de mi existencia, me deportarían... y yo ya no puedo aparecerme... mi último intento nos trajo aquí. ¿Qué más me da prostituirme si con eso te procuraría algo de comer?... pero ni con todo eso podría mantenerte si acaso naces mal... Malfoy tenía razón: No hay sociedad que pueda aceptar un ser que seguramente va a nacer anormal... pero si naces así será solo por culpa de él, no porque vengas de mí.

-Tu no tienes la culpa, pequeño.- continuó Hermione. –No tienes porqué vivir en semejante desgracia. No lo mereces.- la voz de Hermione tenía tomo de frustración mezclado con impotencia –Eres un ser pequeño y bonito, estoy segura, pero no tengo nada para ti. Tengo las manos vacías... - y se vio las manos que sostenían la canasta y la recargaba en su regazo. –Había pensado que ésta canasta fuera tu camita.- dijo Hermione inspeccionándola con las manos –Es grande y resistente, lo suficiente para que duermas ahí durante tus primeros meses. Yo misma la hice. Layha me enseño. Me costó mucho trabajo hacerla. Solo necesita algo mullido y una cobija para ti. Me astillé las manos muchas veces pero valió la pena.

Pasó unos momentos en silencio mientras siguió inspeccionando la canasta, sumida en sus propios pensamientos que divagaban en busca de una solución a sus problemas.

- Reproducir 'Fixyou' de Coldplay

El rostro de Hermione se iluminó, como siempre que una gran idea le brotaba de su mente.

-Creo que ya sé que hacer, bebé. Irnos al plan original.- se puso un dedo en la barbilla, como intentando resolver una ecuación, y de nuevo su mirada se perdió en la pared frente a ella –No debí haberlo prolongado, no debí haberlo detenido... aún es temprano. Si me apresuro, llegaremos al pueblo a tiempo... el mercado no se quita hasta que oscurece. Vamos a llevar la canasta y vamos a venderla. Quizás nos paguen lo suficiente para una buena comida... - cerró los ojos mientras su mente intentaba imaginar y recrear la felicidad de probar nuevamente alimento -... una rica sopa caliente... un buen trozo de carne con verduras... pan suave y fresco... agua de melón ¡Tengo tanta hambre!- suspiró con tristeza y abrió los ojos, mirando al mismo punto que antes. Quitó la canasta de su regazo y cogió el chal negro que tenía doblado sobre la cama haciendo la función de almohada, y se la puso sobre los hombros y espalda. Su mirada tenía la misma decisión firme y fuerte que poseía antes de la muerte de sus padres. –no muy lejos de ahí hay una hortaliza hongosque son sumamente venenosos. Están rodeados de rejas pero las brincaremos si es necesario... parece que, después de todo, haber llevado herbología y pociones si me van a dar una satisfacción. Yo sabía que era importante estudiar. Los hongos serán nuestro postre . Esta vez sí lo vamos a lograr. Nos llevamos los hongos. Nos iremos lejos, lo más lejos que se pueda... y nos los comemos.

-Será nuestra última comida... nuestro último postre. Desde que salimos de Hogwarts no he comido así... incluso desde antes porque casi no comía. Tenía tanto asco... - Hermione hizo un gesto, una mueca de disgusto, pero igual sonrió. Ella misma se sorprendió al sentirse sonreír con tanta honestidad –Si nos apuramos llegaremos a tiempo. Tal vez comamos hoy mismo... y hoy mismo nos vamos. Mañana será navidad... y tendremos nuestro regalo, como cada año. Jamás he recibido un obsequio tan hermoso... tan significativo y conveniente... el último pero el mejor. Va a ser benéfico. Ya no ocuparemos esta cabaña para que alguien que la necesite más, la use. El aire que respiro lo respirará alguien que lo necesite más... tú y yo, pequeño, haremos un largo viaje y no regresaremos. Dejaremos estos cuerpos maltratados e iremos con mis papás y Crookshanks... estoy segura de que, sea donde sea que estén, nos esperan con los brazos abiertos. Ya no van a volver a golpearnos ni a torturarnos... ya no vamos a sentir hambre, ni frío, ni dolor, ni tristeza. Vamos a ir a un bonito lugar donde eso no existe... vamos a estar al lado de nuestra familia, al lado de quienes nos aman. Yo solo era la pieza sobrante del rompecabezas que ya está completo. Puedo irme tranquila porque tras de mí no dejo nada. Harry está bien y para mí eso es suficiente. Me niego a estar sola... creo que ya fui suficientemente castigada... he pagado mi deuda y voy a reclamar mi derecho de hacer de mi vida y mi cuerpo lo que yo crea conveniente... y tú vendrás conmigo. No te voy a dejar aquí solo Dios sabe en qué condiciones, no lo voy a averiguar. No hay nada que me ate, nada. Vamos a llamar a la muerte... vamos a darle la mano en son de paz. No hay nada que temer... es solo un ciclo, un ciclo que se cierra... es parte de la vida. Me iré feliz... me iré tranquila... no le guardo rencor a nadie. Quiero que mi alma esté limpia para irnos con dignidad. Éste es el acto más bello que pudiera hacer en toda mi vida. Es el regalo más hermoso que podría recibir.

Lentamente, Hermione se puso en pié, suspiró profundamente con sentimiento y cogió la canasta. Estaba agotada, pero con su nuevo propósito, pudo tomar la energía que le quedaba. Ese nuevo propósito el llenó de una esperanza que creía se había apagado.

-Es hora de irnos, bebé. Tengo fe... tengo la esperanza... de que todo nos saldrá bien.- Y Hermione encaró hacia la puerta. Una sola lágrima cayó de sus brillantes ojos... una ligera sonrisa adornò su rostro.

Harry comenzò a llamar a la puerta mientras Ron bostezaba abiertamente e instantes depuès, la puerta se abriò.

-Son puntuales- gruño Chandre Yamun y los dejò pasar. -Sientense en los sillones, la pociòn estarà lista en unos minutos.- el viejo los llevò de nuevo a la sala y los tres se sentaron. -Y bien ¿Què les pareciò el paisaje?

Ron esbozò una mueca que, obviamente, no le agradò al viejo. Por su parte, Harry solo se encojiò de hombros pero respondiò:

-Agradable.

-¿Nada màs?- preguntò el viejo un tanto extrañado y HArry asintiò... y fue cuando Chandre terminò encogiendo los hombros igual que ellos -Supongo que, siendo ingleses, les da igual.- gruño el hombre y sacudiò la cabeza en incredulidad y Ron tomò esto como una ofensa.

-No tiene nada de malo serlo.

-No creo que sea bueno o malo- replicò el viejo algo irritado - me parece que como a ustedes ya nada les sorprende, un lugar como èste no representa mucho.- Chnadre hizo una pausa y suspirò. -Talvez les caerìa bien platicar con la gente de aquì... la muchacaha que les comentè, por ejemplo, no la vieron?- Harry y Ron negaron con la cabeza. -Es extraño. Ella trabaja en la recolecciòn... talvez no la vieron, con tanta gente ahì...- paseo una mano por su larga barba mientras sus ojos salìan de enfoque, como en un trance -... me parece dificil de creer que no la vieron... destaca de entre todas porque es mu distinta a las mujeres de aquì... ¿De verdad no la vieron?

-No, señor.- respondiò Harry y volteò a ver a Ron pero èste negò con la cabeza. Chandre suspirò otra vez.

-Es una pena... a veces creo que ella no es de aquì... me refiero a que es muy bonita... bueno las mujeres de aquì tambièn lo son, pero... podrìa jurar que es una bruja... tiene algo que la hace peculiar.

-¿peculiar?- preuntò Ron -¿En què sentido?

-Mmmhh... no sabrìa decirlo. Lo màs cerca que he estado de ella es como a cien metros... pero puedo sentir, a pesar de la distancia, ciertas variaciones en el ambiente.

-¿Còmo es ella?- preguntò Harry. El chico no estaba muy entusiasmado de saber, pero realemnte tenìa que congraciarse con el viejo si querìan las pociones.

-Ya les dije que la he visto solo de lejos... tiene la piel blanca... bonita nariz... cabello castaño... No tiene mucho tiempo aquì, pero lo poco que sè de ella me lo contò una mujer que, desgraciadamente, muriò la semana pasada... En el pueblo habìa un enfermera, la lleguè a visitar un par de veces porque necesitaba unas plantas medicinales... la primera vez fue en agosto y me dijo que era para una chica que estaba mal herida pero no me dijo nada màs... la segunda fue en noviembre y me platicò la triste historia de la chica que atendìa... la golpearon terriblemente... la enfermera temìa que muriera... estaba embarazada pero aùn asì la golpearon gravemente. mis plantas preparadas ayudaron a la recuperaciòn de lachica y su bebè.- los ojos de Harry y Ron se abrieron con horror pero Chandre los aplacò -No se preocupen, ambos se aslvaron... pero la chica no tenìa a nadie quien viera por ella, asì que la enfermera le consiguiò trabajo en los plantìos. la mujer era una muggle... una de las pocas que realmente valìa la pena conocer.

-¿Valìa?

-Asì es... es la mujer que falleciò.

-Lo sentimos mucho, señor.- dijo Harry lamentando haber preguntado.

-Bueno, un dìa iba a pasar, no tienen que sentirse mal.

-¿Y nunca, ni una sola vez, ha hablado con la muchacha?- preuntò Ron.

-No.

-¿Por què?

-No me atrevo... y menos ahora.

-¿Tiene miedo que la muchacha le haga algo?- la preunta de Ron fue una completa estupidez que lamentò al instante porque Harry le soltò un fuerte codazo en las costillas. Sin embargo, a pesar de que Chandre Yamun parecìa ofendido, respondiò.

-A decir verdad, sì.- Harry y Ron lo miraron como si de repente le hubiera salido una segunda cabeza. -Fue al entierro de la enfermera... la chica lloraba en silencio... ahì fue lo màs cerca que la tuve... el ambiente tenìa algo fuera de lo normal... como de muerte.

-Pues si fue en un funeral me parece lògico.- a esto ya no recibiò un codazo. Harry simplemente sacò su varita e hizo lo que hacìa horas llevaba ganas de hacer: le aplicò el hechizo silenciador. Ron le lanzò una mirada fulminante a su ojiverde amigo y èste solo levantò una ceja.

-Me parece, joven Weasley, que ademàs de imprudente no puede apreciar los matices y la esencia de cada aspecto en èsta vida.- reprendiò el viejo con voz grave y en tono de querer dar un sermòn. -Contrario a lo que muchos piensan, la muerte no se concentra en un cementerio. Es un aspecto que se da en cualquier parte, no importa dònde. Un cementerio, sin embargo, es el lugar donde el cuerpo sin vida reposa despuès de la muerte, no es lo mismo. No es respirar la muerte entre los muertos, osea, los que han dejado de respirar... lo que salìa de esa chica era una energìa depresiva de tal intensidad que podrìa jurar que la muerte ha rondado cerca de ella por mucho tiempo...

Harry se resistìa a seguir preguntando porque le parecìa que el relato era cada vez màs macabro, pero su curiosidad pudo màs.

-¿Por què lo dice?

-Bueno, segùn la enfermera me dijo, la muchacha le platicò que sus padres murieron...- el viejo puso cara de concentraciòn y continuò -al parecer lo perdiò todo en un incendio la navidad pasada en el cual sus padres perecieron...

Eso bastò para que ambos chicos sintieran un nudo en la garganta que les impedìa respirar con normalidad... y el miedo que no habìan sentido en mucho tiempo les golpeò con grandes dudas y preguntas. La primera que saliò de la boca de Harry fue acompañada de temblorosas palabras.

-¿Co-como s-se llama l-la chica?

-Jane.

Despuès de una larga caminata en la que de vez en cuando se balanceaba de agotamiento, llegò al pueblo con paso lento. Hermione vio con satisfacciòn que el mercado seguìa ahì y aun faltaba un rato para que desmontaran. se dio a la tarea de buscar un espacio en el mercado lejos de los puestos que vendìan canastas y artìculos del mismo material.

Con rostro esperanzado, permaneciò de piè viendo pasar a la gente y una que otra vez algùn posible comprador se detenìa a ver la canasta... y negando con la cabeza, se iban. Procuraba no desmoralizarse y se acercaba a las personas que, Hermione veìa, no llevaban nada dònde depositar lo que compraban. Pero se aungustiò cuando, pasado un buen rato, los mercaderes ya estaban desmontando suss puestos, empezaba a oscurecer y escaseò la clientela. Pensò que talvez ese dìa ya no podrìan comprarle la canasta... una làgrima de angustia saliò de sus ojos mientras miraba el trabajo entre sus manos...imaginò en el interior a una pequeña criatura envuelta en una sàbana... llorando por falta de comida. Cerrò los ojos fuertemente parada ahì... y respingò del susto cuando una mano se posò en uno de sus hombros y abriò los ojos aterrada: una mujer alta en tùnicas rojas con dorado le veìa inquisitiva.

-¿Què haces aquì sola?- preguntò la mujer y mirò la canasta de Hermione -¿La estàs vendiendo?- la castaña asintiò y la señora, con un suave ademàn, le pidiò la canasta y la chica se la entregò timidamente. La mujer inspeccionò la confecciòn de la misma, le diò un par de golpes a la base y volviò a observarla mientras Hermione miraba a la mujer deseando en silencio que se la comprara. -Està bastante buena... resistente. ¿Cuànto estàs pidiendo por ella?

-Cu-cuatro rupios.- respondiò la castaña titubeante.

-¡Es muy poco!- exclamò la mujer y sacò una pequeña bolsita de la cual sacò unas monedas y se las ofreciò a Hermione quien le tendiò una mano... y viò que eran siete rupios. Sus ojos miel se abrieron en sorpresa y felicidad. -Esta canasta debe valer al menor diez, pero es todo lo que tengo.

-¡Muchas gracias!- exclamò Hermione -Es usted muy generosa, gracias, gracias!!

La mujer le sonriò mientras a la castaña se le derramaban màs làgrimas... y la mujer la observò con detenimiento, como preguntàdose...

-Espera... te he visto antes?

-N-no lo creo- respondiò Hermione extrañada y empezò a sentir un molesto dolor en el estòmago como una alerta de que algo estaba mal -Casi nunca vengo aquì.

La mujer se quedò pensativa... ella podrìa jurar que la habìa visto antes, pero no sabìa dònde.

-Bueno, me tengo que ir- le dijo la señora y la castaña le sonriò -te deseo suerte, muchacha, y si haces màs canastas y tinees tu propio puesto, te comprarè màs.- Hermione parpadeò un par de veces puesto que en sus planes inmediatos no estaba tal idea pero igual asintiò.

-Gracias de nuevo.- le dijo la castaña bendiciendo a la mujer en silencio y èsta se fue.

Hermione abriò el puño que contenìa las monedas y sonriò. Se humedeciò los labios pensando que por fin comerìa... ¡Cuanta ambre tenìa!

-- CONTINUARÁ --

A/N: No sè que màs decir, solo que los siguientes dos capitulos me partieron el alma. Les dejo a su criterio que sigan leyendo la historia. Dejen sus reviews por favor. Gracias.