Bueno, estoy emocionadísima porque recibí review! Wiiiiiiiiii!

Y como no tengo muchas ganas de hacerlos esperar al pedo... (ne, aunque sean 3! n-ñ) Así que les traigo el cap. 2!

Repito brevemente:

Los personajes de FMA no me pertenecen, sino que son propiedad de su autora (ojalá fueran míos... Los destrozos que haría)

Este fic tiene contenido yaoi (relación chico-chico) así que homofóbicos, abstenerse!

Y ahora sí, disfruten! Y dejen Review que me hace llorar de la emoción! T-T


Capítulo 2: "Compañía"

Edward acompañó a Roy hasta su casa.

Una vez parados ambos frente a su puerta, Ed se detuvo.

"Hasta aquí llego yo", se dijo.

Roy entró y se volteó para mirarlo. No quería pronunciar las palabras, pero tenía tanto miedo. No quería dormirse otra vez, la sola idea de repetir ese sueño lo aterraba. Ya llevaba demasiadas noches sin dormir por él.

Edward le entregó el sobre y comenzó a voltearse cuando la voz de Roy lo detuvo.

-¿Ya te vas?

Ed titubeó.

- Al me espera.

Roy comenzó a asentir, pero luego se detuvo y ladeó la cabeza.

- No… No quiero quedarme sólo- las palabras brotaron solas de su boca, en un susurro apenas audible.

Ed lo miró fijo a los ojos. Esos ojos azabache que aun permanecían perturbados.

No supo por qué, pero se ofreció a quedarse. Todo aquello le resultaba muy extraño. ¿Mustang pidiéndole que le hiciera compañía¿Y él aceptando? Tenía que admitirlo, aquello era absurdo. Pero pese a eso, entró a la casa siguiendo a Roy.

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Ed permanecía en silencio, sentado en el sofá del living de la casa de Roy Mustang. Éste había ido a traer unas tazas de café.

Aun no entendía qué demonios hacía ahí, pero ya no importaba. Se sentía cómodo, sentado allí, casi como si fuera su hogar… No su casa, sino su hogar.

Los destellos de la chimenea inundaban la habitación y bañaban su rostro, cabello y ojos, con una luz rojizo-ambarina.

Roy apareció con una bandeja, dos tazas y una cafetera. Se sentó frente a Ed, y depositó las tazas en la mesa. Mientras servía el café, Edward lo miraba. Miraba como sus facciones se suavizaban con la cálida luz del fuego.

Roy terminó de servir y levantó la vista. Se encontró con la mirada de Ed, fija en sus ojos. Aquellos ojos le resultaban tan cálidos, los envidiaba. Noche azabache contra fuego líquido. Que ironía, el alquimista de fuego, con ojos oscuros y fríos como el metal y el alquimista de acero, ojos ardientes y brillantes como el fuego. Pero así era Ed, puro fuego.

Edward bajó la vista sin decir nada y tomó su taza.

Recién ahora Roy sentía que volvía a su fría calma. Se sentía sedado y adormecido, pero no quería dormirse, por eso le había pedido que se quedara. Algo en su plan no estaba funcionando, porque sus párpados parecían cada vez más pesados.

Ed levantó la vista al sentir el ruido sordo de la taza golpeando contra la alfombra. Mustang se había quedado dormido.

Se lo veía tan en paz, tan tranquilo.

Se puso de pié y se acercó a él. Recogió la taza y la apoyó con cuidado en la bandeja. Luego tomó delicadamente a Roy en sus brazos, cuidándose de no despertarlo.

Roy sólo se movió en sueños e intentó gesticular alguna palabra, pero no se despertó.

Ed se encaminó escaleras arriba, cargándolo cual si fuera un niño. Se sentía extraño, jugando al papel de "adulto" cuando tantas veces lo habían considerado sólo un crío.

Entró a la habitación que supuso, sería de Roy, y lo depositó suavemente en la cama. Le quitó el calzado y acercó una silla a la gigantesca cama. Se sentó, observando el pecho de Roy bajar y subir con regularidad, signo de que estaba profundamente dormido. Miró su rostro relajado, y siguiendo un impulso, retiró las negras hebras que cubrían sus ojos. Al darse cuenta de lo que estaba haciendo, retiró brusca y rápidamente su mano, como si el sólo roce con la piel de Roy lo quemase. Esa noche se había dejado llevar demasiado por sus impulsos.

No le gustaba como se estaba sintiendo, principalmente porque en realidad no se sentía mal para nada.

Permaneció un rato más allí, y luego, gradualmente fue quedándose dormido.

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Un grito espeluznante le caló hasta los huesos, despertándolo horrorizado. Tardó unos instantes en darse cuenta de dónde estaba.

Una vez consiente, miró hacia la cama y divisó borrosamente a Roy sentado, abrazando sus rodillas, sudando y con la vista completamente perdida, casi como si estuviera tratando de ver dentro de sí.

-¡Mustang¿Qué ocurre?- preguntó acercándose y apoyando su mano en el hombro de Roy.

Roy se sobresaltó con el contacto, pero tardó varios segundos en dirigir su vista a la persona que le hablaba. Al sentir la mirada ida de Roy posarse sobre sus ojos, Ed tuvo un escalofrío. Realmente era perturbadora.

- Mu… ¿Mustang?- preguntó nuevamente.

Roy parpadeó varias veces y enfocó su vista en Ed.

- Lo… Lo siento, no quise… - comenzó a decir trabajosamente.

-¿Estás bien? Realmente me asustaste. ¿Qué ocurrió?

Roy miró hacia el frente y apretó más sus brazos.

-¿Cómo llegué aquí?- preguntó de repente.

Edward tragó.

- Yo te traje, te quedaste dormido en el sofá.

Roy asintió.

- Mustang… ¿Qué fue todo eso?- preguntó otra vez.

Roy permaneció en silencio unos instantes.

- Yo… Fue una pesadilla.

Por algún motivo, Ed recordó todas las pesadillas que había tenido con su madre, aquel día que intentaron la transmutación. También recordó las caras detrás de la puerta, cómo Al desaparecía frente a sus ojos. Volvió a erizársele la piel.

- He tenido esta pesadilla desde que… Hughes… Fue asesinado- completó Roy.

Edward acercó la silla y volvió a sentarse.

-¿Quieres contarme de qué se trata?- Ed no se reconocía a sí mismo. ¿Desde cuando se preocupaba por el Coronel? Al verlo así en ese estado, sentía que estaba tratando con un niño.

- No… Yo… No quiero hablar de eso ahora… Pero cada vez que me voy a dormir sueño lo mismo- respondió -. En parte, ese es el motivo por el cual no quería resolver la misión que te fue asignada…

-¿Temes no poder superarlo?- preguntó Ed.

Roy lo miró. ¿Cómo podía ser que estuviera contándole esto a alguien? Y de todas las personas¿por qué a él¿Qué podía saber ese niño? En realidad, sabía que Ed podía ser de gran ayuda, pero no le gustaba ser tan abierto. Él no solía hablar de esas cosas con nadie.

Sin embargo asintió.

De pronto una idea se cruzó por la cabeza de Ed. Intercambio equivalente. Si Roy estaba intentado contarle todo esto, que evidentemente lo afectaba mucho, era lo justo que él hiciese lo mismo. Tal vez así podría ayudarlo.

- El día que viniste a Rizembul, estaba seguro de que me daría por vencido¿sabes? Pero por algún motivo, tus palabras y tu promesa me dieron esperanza. Me di cuenta de que aun me quedaba mucho por vivir y por hacer. Y mi principal objetivo se convirtió en devolverle su cuerpo a Al- hizo una pausa. Roy lo miraba, pero Ed miraba al suelo -. Lo que hicimos ese día… Lo que intentamos hacer… Fue mi culpa. Yo fui quién convenció a Al, por lo tanto soy el responsable de lo que ocurrió después. Y no sólo lo involucré a él…

Roy lo miraba fascinado, no podía creer, o ya había olvidado, lo valiente que ese niño podía ser. Esa palabra no lo calificaba. Podía ser corto de estatura, pero era todo un adulto.

- Por eso decidí convertirme en Alquimista Estatal. Sabía que era la única forma de tener acceso a las herramientas necesarias para hacerlo. Pero también perjudiqué a otros, en mi búsqueda por la bendita piedra- Roy tuvo la sensación de que la voz de Ed se quebraba un poco al decir esto, y sin entender del todo por qué, un nudo se formó en su garganta.

- Pero también tuve la oportunidad de ayudar a otros… Y considero que sólo por eso, mi decisión fue válida y acertada.

Hizo otra pausa y levantó su vista para fijarla en los ojos de Roy.

- Creo que debes ver eso en ti también. Tú tienes los medios y el coraje, y también la compasión, para ayudar a otros. Tu posición te lo permite y te lo demanda. Y no me refiero a nosotros- aclaró -. Pero creo que puedes hacerlo por Hughes. Él siempre supo ver en ti, todo aquello de lo que siempre te creíste incapaz. Y se lo debes y te lo debes a ti mismo, y también a la esposa de Hughes, y a su hija.

Roy no cabía en sí mismo de asombro. ¿Cómo podía ser que Edward lo conociera tan bien¿Cómo podía ser que comprendiera todo¿Es que acaso eran tan parecidos¿Era tanta su soledad que podían comprenderse con tanta facilidad?

Edward comenzó a sentirse incómodo. No podía creer que le hubiese dicho todo eso como si fuesen amigos y él estuviera consolándolo. ¿Acaso eran amigos¿Por qué esa idea le desagradaba?

Sin saber qué más hacer, se puso de pie, pero la mano de Roy sobre su brazo lo detuvo.

Fijó su mirada en el Coronel, como esperando una pregunta silenciosa.

-¿Te quedarías hasta que me duerma?- preguntó con el tono más casual que pudo, afectado como estaba por todo lo que Ed había dicho.

Edward titubeó.

- De acuerdo- respondió volviendo a sentarse.

Ninguno de los dos tardó mucho en volver a dormirse.

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Edward abrió los ojos y se incorporó. Se frotó el rostro y miró a la habitación en donde estaba dormido. No la reconocía. Tardó varios minutos en recordar la noche anterior.

No podía creerlo, se había quedado en la casa de Mustang. Había dormido toda la noche apoyado sobre la misma cama que él. Miró en dirección a la cama y vio las sábanas revueltas, pero ningún signo de Roy.

Se puso de pie y se dirigió a la puerta. Bajó las escaleras con sigilo. Si podía, quería evitar toparse con Mustang. No sabía cómo reaccionar frente a él.

Al llegar a la planta baja, una figura apareció por una puerta. Ed se sobresaltó.

- Vaya, hasta que despertaste- dijo Roy. Ya estaba vestido con el uniforme.

Edward lo miró con una mueca de enfado. Al parecer volvía a ser el mismo de siempre. Parecía que el Coronel con problemas emocionales no surgiría. No sabía si alegrarse por eso.

- Ya me voy- respondió Ed.

- Bien- fue todo lo que dijo Roy, y lo observó dirigirse a la puerta y salir por ella.

La noche anterior había sido de lo más extraña. Nunca había hecho nada parecido a eso. Nunca había pasado la noche entera con alguien, y menos, sin hacer nada. Siempre que se había acostado con mujeres, se había ido al terminar el sexo, o ellas se habían ido. Pero nunca había dormido toda una noche con otra persona.

Además, todo lo que recordaba parecía un sueño, era tan irreal.

Recordaba haberse despertado una vez más, luego de la pesadilla, porque algo había rozado contra su pierna. Algo frío y duro. El automail de Edward.

Por alguna extraña razón, ese roce le había provocado escalofríos. Edward dormía profundamente, sentado en la silla y apoyando la parte superior del cuerpo sobre la cama. Su rostro apuntaba hacia donde dormía Roy.

Su cara se veía tan angelical y serena mientras dormía. Entonces sí parecía un niño, no estaba por ningún lado esa mirada madura y pesarosa que solía tener. Sólo los músculos de su bello rostro en relajación total.

Roy se había dado cuenta de que lo miraba hasta media hora después. Entonces se dio media vuelta frustrado y se volvió a dormir, pero no pudo borrar de su mente la imagen de esos labios entreabiertos, respirando con regularidad.

Ahora, el sólo recordar las imágenes de la noche anterior, lo ponía incómodo. No estaba muy seguro de por qué. Después de todo, nada había ocurrido. Ni nada podía ocurrir¿o sí?

Ya no sabía en qué estaba pensando.

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Ed entró a la habitación del hotel. Al se puso de pie inmediatamente.

-¡Nii-san¿Dónde estabas?- preguntó preocupado.

- Lo siento, Al- respondió Ed. No sabía que decirle.

- Pero¿dónde estabas¿Qué ocurrió?

Ed vaciló.

- Me quedé dormido- respondió al fin -, en casa de Mustang. Lo acompañé hasta allí luego de hablar con él, y me quedé dormido en su sofá- mintió. Una cosa era decir que se había quedado dormido allí, y otra muy distinta, que se había quedado para hacerle compañía y se había dormido apoyado en su cama.

Alphonse no dijo nada. Algo de toda esa explicación le sonaba extraño. Pero si Ed no quería decirle, era mejor no presionar.

-¿Hablaste con él sobre lo de Hughes?

- No tuve mucha oportunidad- dijo sentándose sobre su cama -, pero de todas formas, no me entregó la misión porque quisiera, sino por órdenes superiores. No me extraña, después de todo, no tiene sentido que se lo asignaran a él, habiendo tenido tanta relación con Hughes.

Al asintió. Era lo que sospechaba, pero no iba a decírselo a Ed. No después de la noche anterior. Le había llamado mucho la atención la forma en la cual su hermano había reaccionado al enterarse de qué era el informe. Nunca lo había visto así, casi se preguntó si no había algo más detrás de todo aquello. Pero¿qué podía ser? No es que su hermano sintiera algo por Mustang… ¿O sí?


sStar Bright: Gracias por tu review! Estoy totalmente de acuerdo, pero creo que más luego, Roy tandrá que ser igual apoyo a Ed... Ya verás por que! n-ñ

Espero que este segundo cap les guste igual que el primero!

...:Ede:...