¡Hola!

Ya os traigo la segunda parte del Jerza, aunque puede que esta vez se me haya escapado un poquito de Nalu y de Gruvia... ¡ha sido sin querer, lo prometo!

Como siempre, los personajes no me pertenecen, son de Hiro Mashima.

¡Espero que os guste!


Sorpresa

Lucy terminó de anudar la trenza escarlata y resopló, conforme con su trabajo, mientras Erza la miraba por el rabillo del ojo. Por más que la maga celestial intentara disimular, se le notaba lo nerviosa que estaba. Y la mejor prueba de ello era que aún faltaban horas para que el baile empezara y ella había ido a Fairy Hills para ayudar al resto a prepararse y, claro, para intentar no pensar en lo que pasaría aquella noche. La rubia había insistido en peinar a su compañera de equipo y esta había aceptado porque había pensado que se refería a Cáncer. Sin embargo, Lucy estaba tan abstraída que había comenzado a peinarla ella misma, y Erza, al comprender que lo único que necesitaba era distraerse, no había protestado.

-¡Ya está! –exclamó Lucy, dejándose caer en el sillón más cercano.

Erza la miró con cariño, mientras ella volvía a echar un vistazo al reloj, nerviosa.

-Todavía es pronto –le dijo.

Lucy sacudió la cabeza y apartó la mirada, avergonzada, sintiéndose como una niña a la que han descubierto comiendo galletas a escondidas. La Titania se levantó de la silla en la que había estado durante la última hora.

-Lo siento, Mira me está esperando –se disculpó la peliescarlata-. ¿Por qué no buscas a Levy a Wendy o a Jubia? Seguro que también necesitan ayuda.

Lucy suspiró y asintió, incorporándose. Sin embargo, su compañera la detuvo.

-Lucy, no te pongas tan nerviosa.

-Solo es un baile, lo sé. Es solo que…

-Es solo que nada –la interrumpió Erza, Lucy se mordió el labio-. Natsu es Natsu. Y todo va a salir bien.

La rubia asintió de nuevo, esforzándose por sonreír.

-Voy a ayudar a Wendy –dijo, finalmente-. Porque seguro que Levy y Jubia llevan horas preparadas.

Erza sonrió, sabiendo que tenía razón. Juntas salieron hasta la sala común, donde estaba Levy, ya vestida y peinada, leyendo un libro sobre dragones. Lucy y Erza cruzaron una mirada y sonrieron. La maga celestial se despidió y fue hasta Levy, mientras que la Titania salía en dirección al Gremio.

Habían pasado ya dos días desde que subió a la montaña a ver el amanecer. No pudo evitar preguntarse si Lucy tendría razón, si tan evidente era. Mientras le cepillaba el pelo, la rubia le había preguntado si se había encontrado con Jeral y, ella, sorprendida, le había preguntado que cómo lo sabía.

-Porque tienes la mirada perdida y no dejas de sonreír –le había respondido Lucy, haciendo que se sonrojase.

A pesar de ello, Erza no quería hacerse ilusiones al respecto. No era la primera vez que sucedía. Había habido más ocasiones como aquella, pero Jeral no había aparecido y, aunque cada vez que recordaba lo sucedido hacía dos días, su pulso se aceleraba, nada le aseguraba que aquella vez fuera diferente a las anteriores.

De pronto, sus pensamientos se vieron interrumpidos. Sacudió la cabeza, haciendo que la trenza que le había hecho Lucy se moviera rítmicamente. No podía creer lo que veía. Se llevó la mano a la frente, murmurando algo sobre la paciencia que debía tener.

-¡Gray! –le gritó, a pesar de que estaba en la otra punta de la calle.

Estaba claro que era él, ya que la otra única persona que iría desnuda por la calle tenía el pelo blanco. El mago de hielo se volvió y la saludó efusivamente con la mano, aunque al ver la cara de cabreo que tenía, bajó la mano, esperando que se acercara hasta él.

-¡¿Qué demonios estás haciendo?! –gritó, haciendo que la gente que pasaba alrededor se los quedara mirando.

Gray señaló la tienda que tenía a sus espaldas, tratando de excusarse.

-Estaba comprando flores.

Erza cerró los puños, luchando por contenerse.

-¿Y no podías ir a comprarlas si ibas vestido?

El mago se miró y pareció percatarse en aquel momento de que, efectivamente, no llevaba nada de ropa.

-Ah, pues…

-Disculpe, caballero –dijo el dueño de la floristería, tendiéndole el ramo de rosas azules-. Aquí tiene.

Gray miró al hombre y después a su compañera de equipo.

-Oye, ¿te importaría…?

Erza suspiró.

-Anda, ya te las pago yo, que no sé de dónde pensabas sacar el dinero. Ve a vestirte y a buscar a Jubia, que seguro que ya te está esperando.

El moreno sonrió y echó a correr, despidiéndose con la mano, aunque Erza sabía perfectamente que no tenía intenciones de pasar a vestirse antes de ir a ver a la maga de agua.

La maga le dio al florista lo que pedía por el ramo y después volvió a ponerse en marcha.

Apenas tardó unos minutos en llegar al Gremio. Al entrar le extrañó no ver a nadie pero, a fin de cuentas, era uno de esos días en los que el Maestro y Mirajane pedían a todos que les dejaran organizar el evento.

Desde el fondo del local se escuchó un ruido y Erza frunció el ceño, sin embargo, pronto empezó a sonar una música suave. Makarov entró a la sala en la que se encontraba ella moviéndose al ritmo de la música y llegó hasta la maga dando giros.

-¿Me concedes este baile? –le preguntó, alzando una ceja.

Erza no pudo evitar reír antes de tomarlo de la mano y comenzar a seguir sus movimientos. Hasta unos segundos antes de que la canción acabara, ambos permanecieron bailando al son que les marcaba la melodía. Sin embargo, el ruido de la puerta cerrándose los sobresaltó a ambos, que se giraron al unísono para ver a Mira echando el cerrojo y mirándolos con una sonrisa de oreja a oreja.

-¿Es que había alguien más? –preguntó Erza, algo extrañada ante el comportamiento de la camarera.

-No, qué va –negó ella, mientras se acercaba a ellos-. Venga, vamos, hay que prepararlo todo.

El Maestro se adelantó y lanzó una mirada de reojo a Mira, que asintió con la cabeza, antes de agarrar la peliescarlata de un brazo y llevarla hasta la cocina del Gremio, mientras el Maestro volvía a preparar el escenario.

-¿Qué estáis tramando? –preguntó Erza una vez se quedó a solas con Mira.

Ella negó con la cabeza, sonriente.

-¿Tramar? Nada. Es una sorpresa para el baile –acabó cediendo Mira, tras la insistente mirada de la Titania-. No quiero estropeártela.

Mirajane le restó importancia haciendo un gesto con la mano y se dio la vuelta, para evitar que Erza le viera la cara y al final acabara contándoselo todo. Mientras la peliescarlata, por su parte, continuó mirándola fijamente, tratando de adivinar a qué sorpresa podía referirse.


¡Hola de nuevo!

Si has llegado hasta aquí, muchísimas gracias por tu tiempo :)

Espero que te haya gustado, a pesar del poco jerza que hay, prometo que en la última parte está lo bueno ;)

¡Nos vemos en el capítulo 3!