Me encontraba en la arena, el día del Tercer Vasallaje, gran parte de los tributos ya habían muerto, menos Katniss y Peeta. Había ido para encontrarlos y sacarlos a ambos de ahí tal como Plutarch lo había ordenado. Estaba en el bosque dando vueltas como loco cuando de pronto sonaban dos cañonazos, y en el cielo aparecía el rostro de ambos... Sentía que lo había perdido todo, mi familia, amigos y ahora mi nueva familia donde estaban ambos chicos, hasta que me di cuenta que ese no era el fin de la pesadilla, aparecieron charlajos alrededor de mis parados en la copa de los árboles, pensaba que no harían nada, pero comenzaron a gritar espantosamente. Tarde un poco en ubicar las voces, sin embargo preferiría en no haberlas identificado: eran los gritos de mi madre, mi hermano, mi novia de ese momento y Maysilee; todos pidiendo por mi ayuda, horrorizados. Me tape los odios mientras caía de rodillas al suelo, venciendo el nudo en mi garganta comencé a gritar para intentar sofocar sus voces, pero entre más lo hacía, su volumen subía y subía.

-Haymitch…- escuché no en voz de los charlajos, que comenzaron a repetir el grito.

Era Anastasia, la chica que acababa de conocer. Supuse que por primera vez en tantos años, habría tenido un sueño que no terminaría en ver morir a alguien, ya que yo corría hacia ella para intentar protegerla de los mutos del bosque, y ella comenzó a caminar rápidamente hacia mí con miedo que algo le ocurriera.

Estaba a tres metros de ella, hasta que vi que se quedó inmóvil y el resplandor de sus ojos se apagaba, entonces cuando estaba frente a ella, caía de frente justo en mis brazos y fue cuando veía un hacha, el hacha de la chica del distrito 1 clavada en su espalda, aquella que estuvo a punto de asesinarme en mis juegos.

Desperté de golpe, sudando y con el ritmo cardíaco más rápido que había sentido. Intenté regresar a la realidad mirando hacia la ventana, ya había oscurecido, sin embargo eso no me tranquilizaba, al parecer había una nueva protagonista que moriría en mis pesadillas.

-Haymitch...- dijo la chica que acababa de ver morir con mis ojos en el marco de mi puerta mirándome con preocupación, en el mismo tono que gritó en mi pesadilla.

-Pasa, preciosa- respondí con un tono de voz agitado mientras terminaba de un trago el whiskey de la licorera.

Ella entró y entonces vio cómo me encontraba, se sentó rápidamente junto a mí. No sé qué rayos hacía, tomaba mi muñeca y veía un reloj, veía mis ojos intentando revisar algo, colocaba sus manos en mis mejillas y luego la cambiaba a mi frente, era algo estresante ser revisado por alguien, aunque era la primer persona que se preocupaba por sí me encontraba bien o no.

-¡Estoy Bien!- grité para que me soltara.

-No, no lo estas- dijo mientras se levantaba y se ponía frente a mí- Resaca... Y creo tuviste una pesadilla.

-¿Cómo lo sabes?- pregunté confundido mientras me acercaba más a ella. No era nada común que alguien que ni conocía bien supiera en cuanto a mis pesadillas.

-Mi madre despertaba de la misma forma, y mencionaba algo de haber tenido pesadillas sobre la arena.

Se me olvidaba ese detalle, gracias por decirlo, preciosa

Asentí con la cabeza para darle la razón y fue cuando detecté un olor que nunca en mi casa había sido capaz de percibir.

-¿Cocinaste algo?

-Claro, fui a un lugar llamado, el Quemador- Respondió entrelazando una de sus manos con la mía y jalándome rumbo al comedor- De hecho ya está preparado y servido todo, solo falta que bajemos.

Al parecer mi siesta duro más tiempo de lo que imaginaba: el suelo estaba impecable, la pequeña mesa del comedor que era para 2 personas por primera vez se veía preparada para tal, la cocina ni hablar, toda la vajilla en su lugar, hasta había acomodado mis botellas, y creo que pude ver un par más de ellas. Si no me hubiera despertado en el chiquero de mi habitación, podría jurar que Anastasia me había cambiado de casa.

-Excelente trabajo... Lamento el no haberte ayudado- dije un poco apenado, sentándome en una silla que rodeaba la mesa.

-No te preocupes, ya luego se me ocurrirá como hacerte pagar- Respondió con un tono amenazador, pero gestos inofensivos y hasta cierto punto adorables, algo que me encantó que hiciera.

Cuando Anastasia salió de la cocina llevaba una charola con un gran pavo cocido y sazonado sobre ella. Pronto noté que tenía una botella de vino en su bolsa, así que la saque y nos comencé a servir.

Hablamos de demasiadas cosas durante la cena, así nos conocíamos mejor. Debo de admitir que era la primera persona con la que tenía contacto tanto tiempo y no me irritaba, definitivamente tenía algo diferente a las demás...

Al acabar nuestras raciones guardamos el pavo (fácil alcanzaba para nosotros toda una semana) y lavamos los platos, vasos y cubiertos.

-Haymitch, ya muero de sueño- dijo tallando sus ojos con sus manos- ¿Te molesta si me voy a dormir, cariño?

-No, preciosa- negué- al contrario, ve, necesitas descansar.

Ella sonrió, me dio un beso en la mejilla y subió. Aquel beso me robo una sonrisa, que no había hecho últimamente.

Pasaro horas y yo estaba tirado en el sofá, tomando grandes tragos desde las botellas de licor para intentar olvidar la pesadilla que había tenido y si es que llego a dormir otra vez, neutralizar mis pensamientos.

Subí las escaleras para dirigirme a mi habitación, más alcoholizado e incoherente, me vino una idea a la cabeza, así que sin pensarlo, decidí ir a ver a Anastasia.

Se veía tan pacífica y relajada, casi no se movía ni emitía ningún sonido. Era agradable verla dormir, era una forma de recordar mi tranquilidad antes de los juegos. No tardó mucho tiempo y yo también comenzaba a cerrar involuntariamente mis ojos, así que justo en el momento que decidí ir a mi habitación, escuché que Anna dijo algo dormida, y me sorprendió aún más que no era cualquier cosa, si no que suspiraba y en voz baja decía mi nombre, como si me intentara encontrar entre sus sueños.

Ese fue el último recuerdo que tuve de esa noche, a Anna diciendo "Haymitch... Haymitch", de pronto sentí como mis rodillas se doblaban y caía al suelo, mis ojos se cerraron y no supe que más paso.

Comencé a recuperar los sentidos, primero el olfato (había un olor dulce cerca de mí, como un perfume, combinado con un poco de alcohol… Era vino blanco) luego el gusto (sentía aún el ligero rastro de licor en mis labios), después el tacto (Detecté algo blando debajo de mí, muy diferente al suelo donde había colapsado y algo frío en mi frente, no sé qué era, pero era refrescante). No tarde en escuchar lo que ocurría alrededor de mí (Pequeños y delicados pasos que iban de un lado a otro, entraban al cuarto, salían, volvían a entrar...). Algo de tiempo después pude abrir los ojos, ella se encontraba a un lado de la cama viéndome, bebiendo una copa de vino blanco y sentada en una silla que se encontraba en el mismo lugar de donde la observaba la noche anterior.

-... ¿Qué paso, Anna?- logré susurrar mientras sus ojos y los míos se encontraban nuevamente.

-No estoy segura... Desperté y te encontrabas desmayado al lado de mi cama- Dejó la copa en la mesa de noche y me tomó de la mano y se levantó para sentarse en la cama junto a mí- Logré levantarte y te recosté mientras te ponía una compresa fría para bajar la fiebre.

Quite el pañuelo de mi frente, su mano derecha sostenía la mía que se encontraba sobre mi pecho, y con la izquierda sintió mi mejilla.

-Creo que ya estas mejor- sonrió mientras sus pequeños dedos dejaban de hacer tanta presión.

Por alguna increíble razón, cada vez que Anna y yo nos conectábamos mediante la mirada o el tacto, sentía tranquilidad, era una rara variedad de morfina que me gustaba, ahora logré entender a los adictos del distrito 6, Johanna o Katniss. Dejar de sentir el dolor por un segundo y encontrar algo que causa un extraño tipo de alegría, y esto era muy extraño.

-Espero no molestarte... No deberías estar lidiando de esta manera con un borracho como yo- dije presionando su mano con la mía a mi mejilla.

Ella sonrió y se recostó al lado de mí, me volteó a ver inofensivamente. Fue la primera vez que quería quedarme ahí y no levantarme por mi botella de licor.

-¿Enserio crees que me molestas?- preguntó- Yo siempre quise conocerte, te he admirado desde que tengo memoria... Eres un borracho porque la gente simplemente no sabe apreciar a la maravillosa persona que tengo frente a mí y tú no sabes reconocer que eres asombroso.

Me había quedado sin palabras... Ella enserio pensaba que era asombroso, y le gustaba estar a mi lado.

-¿Asombroso? No tengo nada de presumir, preciosa- respondí- ¿Por qué admiras a un hombre acabado, alcohólico y exiliado?

-Por ser la persona más astuta y fuerte que he visto, por sobrevivir pesé a que le quitaron todo lo que amaba, por adaptarse a las críticas y las malas opiniones de las personas- me comenzó a acariciar la mejilla de nuevo y yo sostuve su mano ahí- Aparte de tener un muy bien gusto en bebidas- concluyó entre ligeras risas.

Nunca había pensado en mí de esa manera, es muy extraño encontrar a alguien que me encuentre admirable. Anna era la única que me aceptaba con todos mis defectos y que me hacía dudar de que en realidad yo fuera un asqueroso ser.

-Eres muy dulce y diferente, preciosa ¿sabes eso?

-¿Diferente?- Preguntó desviando su mirada de la mía- Espero que eso sea algo bueno.

-Lo es- Respondí mientras sostenía su barbilla y la hacía girar sin tanta fuerza para poder verla- Me vez de una manera que nadie me ve, y es agradable esa sensación. Aparte que tienes un carácter que me gusta… Ya me agradas, preciosa.

De pronto una onda de impulsos que nunca antes había sentido recorrieron mi cuerpo, y aprovechando que mi mano estaba en su berbilla, le plante un beso en los labios. Al inicio estaba tensa, pero no tardo en relajarse y dejarse llevar por el momento. No tengo idea porque lo hice, tal vez porque sabría que sentiría el sabor del vino en sus labios o simplemente tuve la necesidad y el deseo de hacerlo, el lado positivo es que creo que hasta ella lo disfrutó.

-Lo lamento- dije en lo que me despegaba de ella... ¡Vaya! Nunca me había disculpado de nada con nadie, enserio que esta chica no me hacía bien en mi papel de la oveja negra del 12.

Ella estaba paralizada con la mirada perdida en mí; al reaccionar levanto la mano con la que acariciaba mi mejilla y se la llevo a sus labios.

Anna... Contesta...

Terminó levantándose de la cama y saliendo de la habitación.