Notas iniciales:

El capítulo tendrá varios saltos y cambios de perspectiva, así que no se me asusten pequeños saltamontes.

Capítulo 2

Decidí ingresar en la biblioteca, iba detrás del grupo a una distancia prudente. Sabía que podía notar mi mirada en su cuello por la forma en que se lo rascaba, en ocasiones volteaba y me observaba. Me hacía la indiferente, solo era una más en ese edificio. Algo en esa chica me indicaba que jugaba para mi equipo, que le gustaban las mujeres en algún modo.

Aunque para mí, todos son bisexuales en potencia.

Al ingresar, saludé a un par de personas en el recinto. El lugar no se encontraba lleno, solo había un par de chicas ocupando unas mesas con sus portátiles, y un chico preguntaba algo a la bibliotecaria sobre un libro de cálculo. None of my bussiness*, les dije adiós a los números desde hacía mucho tiempo. Seguí con cautela y predije la ruta por la que las estaban guiando. Todo indicaba que subirían y posteriormente irían al sótano. Perfecto.

Fingí una molestia en la pierna y bajé por el ascensor de discapacitados. Me senté en las escaleras que conectaban con la sala de estudio del sótano. Pasarían obligadas por donde yo me encontraba, sonreí con malicia. Para hacer la espera más amena, saqué mi tableta de la mochila y comencé a jugar Talking Angela*. Pero después de un par de minutos de estar puteando a la gata Angela, me harté de esperar. Me levanté, giré sobre mis talones dispuesta a marcharme, empero unas voces me llamaron la atención.

Sonreí de lado y me peine con los dedos. Le di un vistazo a los mensajes de mi móvil y sonreí. En una fila ordenada, las estudiantes pasaron a mi lado siguiendo las flechas en las escaleras que indicaban por donde tenían que bajar. Con paciencia, esperé hasta que desfilaran todas, cuando me topé con sus ojos me levanté y la retuve con delicadeza del brazo.

-Disculpa, te hice la encuesta y aún no sé tu nombre- le dije sin titubear, mirándola fijamente.

Sorprendida me escaneó con la mirada, cuando reparó en mi rostro sus facciones se tornaron un poco frías. Me soltó con educación del brazo, parecía como si mis manos ardieran en su piel. Pero todo, su expresión junto con la forma en que hablaba me indicó que sabía a qué estaba jugando.

-Nunca me dijiste nada de nombres, solo me abordaste con tus preguntas acerca de ya tu sabes.

-No sé qué se supone que debería saber, ¿me explicas?-dije jugando un poco con ella.

-Mejor búscate a alguien a quién en verdad le intereses- me dijo comenzando a enfadarse, pero en el fondo sabía que estaba nerviosa.

-¿Alguien ha hablado de intereses? Solo te estoy pidiendo el nombre-me hice la inocente y me encogí de hombros.

...

Maldición, tenía razón. Nunca me habló de nombres, pero sabía a qué estaba jugando y me aterrorizaba creer que una parte de mi pudiera seguirle el juego, así que me torné a la defensiva. Interpuse entre ella y yo una barrera gélida de indiferencia que me protegía de sus ataques. Y con sus ataques, me refería a indirectas. Después de aquella relación tan desastrosa, me había prometido a mí misma ser la persona que todos esperaban que fuera. Realizaría mi pregrado en Química y continuaría con la industria familiar de dulces. Así que en mi mente no había lugar para aquella chica de ojos negros.

-Ehhh, te fuiste- chascó los dedos sonriendo. Elevé un poco mis cejas cuando me di cuenta que seguía de pie en la escalera. Negué con la cabeza y comencé a andar hacía mi grupo.

-Espera-alzó la voz y varias personas la quedaron mirando. La ignoré, no me digné a voltear, di un par de zancadas hasta alcanzar a una amiga que iba unos metros adelante.

-Bonnie, ¿conoces a Marcy?-me preguntó. Desconcertada fruncí el ceño y encogiéndome de hombros le dije que no.

-Entonces, ¿qué hacías hablando con ella?- me tomó por sorpresa el hecho que una de mis amigas la conociera. Suspiré muy levemente.

-Me dijo que estudiaba Psicología y que quería hacerme una encuesta-resumí, no ahondaría en detalles.

-Que yo sepa, Marcy no estudiaba Psicología sino Diseño gráfico-colocó una mano en su barbilla pensativa. Magnifique, me mintió.Así mi corazón tenía una razón para empezar a odiarla e ignorar los latidos que me agobiaron hace unos segundos. Pero, sin quererlo, debía admitir que dentro de mí un pequeño malestar comenzó a nacer.

-Quizá se haya cambiado de carrera-siguió hablando-no, Marcy ama mucho el diseño. Espera.

Se volteó y en un par de zancadas jaló a la sujeta que respondía al nombre de Marcy y la trajo a mi lado. Solo quería que la tierra me tragase y que Jenny tuviera una muerte lenta y dolorosa.

-Marcy, ¿te cambiaste de carrera?-preguntó curiosa.

-Eh, no- desvió la mirada al verse atrapada. ¡Ja! A ver con qué excusa saldría.

-¿Y entonces por qué le dijiste a mi amiga Bonnie que estudiabas eso?-siguió con el interrogatorio. Qué inocente de Jenny, ya yo sabía de qué iba todo esto, pero me hice la tonta esperando ver su reacción.

-Mucho gusto Bonnie, Marceline-ignoró totalmente la pregunta, me tendió la mano y sonrió seductoramente.

Me descolocó.

-Bueno, en realidad no se llama Bonnie, se llama Bonnibel Bubbglegum-dijo Jenny rogando por atención.

Un aplauso para Jenny, ahora no solo sabía mi apodo sino mi nombre completo. Tenía que prepararme para la stalkeada*.

-Bubblegum, me suena mucho ese apellido- me sometió a escrutinio.

-Pues obvio, la familia Bubblegum es la dueña de Candy Kindom, la empresa que hace unas golosinas muy ricas- respondió por mí de nuevo. Codeó amistosamente a Marceline, pero esta solo forzó una sonrisa.

-Seguro que son ricas-me miró con galantería. Desvié la mirada.

-Demasiado-cerró Jenny.

-Bueno, ya casi es hora de almuerzo. Las invitó-sugirió. La negativa por mi parte era inminente, abrí la boca para responder pero se me adelantó.

-Por aquí, hacen un pollo con champiñones que está de muerte- sonrió y me dieron ganas de acompañarla de verdad, pero no. No quería ilusionarme.

-Tenemos que seguir al grupo-indiqué, era una excusa bastante lógica.

-Si estudiarán en esta universidad, ya tendrán tiempo para conocer todos los lugares. Además yo les puedo servir de guía-y dale. Ella seguía con el jueguito.

-Eso es verdad- continúo mi amiga con una sonrisita-vamos Bonnie.

...

Fuck Jenny. Siempre me había caído mal, era la típica vecina fastidiosa con problemas de autoestima que se empeñaba en ser mi amiga. Desde que la había defendido de unos hijos de puta que le hacían bullying, me tenía en un pedestal. A veces, llegaba a pensar que tenía un cuarto con una foto mía rodeada con velas. Creppy. Era demasiado rara, pero debía de admitir que en estos momentos me caía como anillo al dedo.

-Yo invito. Eso sí, tengan consideración con mi bolsillo-bromeé intentado romper un poco el hielo con ella.

Jenny rio exageradamente elevando innecesariamente los decibelios de su voz. Me dio un codazo "amistoso" que por poco me avienta al suelo.

Sonreí forzosamente y observé como ella rodaba los ojos ante la actitud de su amiga.

-¿Y bien?-seguí.

-No tengo hambre-concluyó, rogándole con la mirada a su amiga que se fueran.

Me encantaba ponerla nerviosa o incómoda.

Pero sin pedirlo, el destino jugó a mi favor en aquel momento. Su estómago rugió de tal manera, que no solo nosotras lo escuchamos sino demás gente que se encontraba por ahí.

Reprimí una sonrisa y ella apartó la mirada.

-¿Qué me dices ahora?- levanté una ceja y ella suspiró derrotada.

Salimos de la universidad hacía un restaurante que yo conocía. Era uno de mis lugares favoritos en el mundo, era como mi válvula de escape de la realidad. Al estar en una especie de pendiente, el paisaje era precioso. Tanto verde me hacía sentir viva, me hacía sentir parte de la naturaleza. Y además, la comida le daba un plus extra a aquel local.

Una vez llegamos, les abrí la puerta a ambas cediéndoles el paso. Bonnie lo observaba todo con curiosidad; las ventanas eran enormes, podías ver los automóviles circulando en ambas direcciones. En las mesas, se encontraban talladas figuras representativas de los nativos de aquella región. Y a pesar de que era un lugar pequeño, era acogedor.

Le indiqué a uno de los meseros que iríamos a la terraza. Él asintió con la cabeza y se marchó a buscarnos la carta.

Una vez que nos hallamos sentadas, rompí el silencio.

-¿Qué les parece?-pregunté perdiéndome en el horizonte.

-Es precioso-respondió la pelirroja como autómata. Al instante parecía haberse retractado internamente.

-Sí, es muy precioso- concordó su amiga-Debes de traer a muchas de tus conquistas aquí ¿no?

Gracias, no de verdad gracias. Esta mujer no hacía más que echar tierra en mi imagen.

El camarero entró en escena, lo cual fue como un alivio para mí.

-Les dejo la carta.

Al cabo de unos minutos, nos encontrábamos las tres comiendo en un cómodo silencio. Agradecía el hecho de que Jenny tuviera la boca llena, lo que la obligaba a mantenerse callada. Bonnie, comía su ensalada César con tranquilidad y elegancia, mientras que yo devoraba el pollo con champiñones. De tomar pedí simplemente agua, la pelirroja pidió, como era de esperarse, un té helado y mi vecina una gaseosa.

No obstante, un mensaje en mi celular llamó nuestra atención.

Lo miré, era de Fiona.

"¿Dónde estás Marcy?"

"Tú me terminaste. En teoría, tengo derecho a conocer a nuevas personas".

Le respondí en broma. Aún no me hacía gracia, el sexo con Fiona era increíble.

"Idiota, sabes que te amo, pero que nuestra relación no podía seguir así".

"Por mí sí que podría".

"Eres imposible".

"Pero me echarás de menos, lo sé ;)"

"Sí. Oye, Rafa me dijo que estabas detrás de mí alumna. Ten mucho cuidado Marceline".

"¿Cuidado por qué? ¿Acaso es alguna loca medicada?".

"No es eso. Es su familia".

"¿Y quién te dijo que yo quiero conocer a su familia?".

"Solo te lo advierto".

"Relájate. Deja lo celos para otra ocasión y déjame disfrutar".

"Es en serio Marceline".

"No me jodas".

Corté con los mensajes frunciendo un poco el ceño. Desactivé los datos y noté las miradas de ambas chicas sobre mí.

-¿Alguna pelea de pareja?-insistió Jenny con el temita de la pareja.

Negué con la cabeza, el mesero comenzaba a retirar los platos.

De repente, como si el azar jugara a mi favor de nuevo, el móvil de Jenny comenzó a vibrar en la mesa, lo que la obligó a macharse y contestar.

El silencio que antes había imperó aún con más fuerza, con tanta que hasta llegó a incomodarme. Noté como el viento se colaba por debajo del mantel y amenazaba con hacer volar los vasos de vidrio. La chica sentada delante de mí esquivaba mi mirada y fingía leer algunos mensajes.

-Así que Bonnibel, ¿tú nombre tiene algún significado?

-No que yo sepa- me miró desconcertada.

-¿Alguna historia detrás?-continué, pero parecía de todo menos dispuesta a tener una conversación conmigo.

-Ni idea-se encogió de hombros.

-Eres difícil eh-dije estirándome un poco-mi nombre lo eligió mi abuelo, lo sacó de alguna sitcom* que vio en la tele. Marceline era una actriz que lo tenía loco-sonreí recordando al viejo Simon, suspiré.

-Vaya-dijo mirando al suelo-¿le quieres mucho?-me preguntó. Me sorprendió el hecho que siguiera la conversación.

-Le quiero como no te imaginas. Él murió hace un año en un accidente-mi mirada se perdió en la lejanía por un momento. Su recuerdo aún seguía vivo en mí y me quemaba por dentro.

-Lo siento.

-No lo sientas-le dije-son cosas que pasan.

Suspiré. El silencio se apoderó de nuevo del ambiente.

Sin embargo, no duró mucho porque Jenny regresó.

-Disculpen, mi madre que habla mucho.

Yo observé a la pelirroja y noté que sus ojos estaban puestos en mí. Le guiñé un ojo indicándole que todo estaba en orden en lo que respecta ese tema. Ella, como siempre, me evadió.

-¿Pasó algo en mi ausencia?

-No-respondimos al unísono.

-Marcy, deberías venir a nuestra fiesta de graduación-sugirió poniendo una de sus manos en mi antebrazo.

La miré con cautela. De repente el móvil de Bonnie comenzó a silbar. La observé que leyó el mensaje con desconcierto, se levantó y nos dijo que se iba.

-¿Qué pasó?-le preguntó su amiga.

-Mi profesora de francés necesitaba verme, tengo que volver a la universidad-dijo recogiendo su bolso.

Estúpida Fionna, todo esto era obra suya.

Resoplé de mala gana.

Continuará.

Notas finales:

None of my bussiness: no es mi problema.

Talking Angela: aplicación que permite chatear con una gata llamada Angela. Según unos rumores, la aplicación tiene fama de pedófila.

Stalkeada: dícese del hecho de stlakear. Chismear.

Sitcom: comedia de situación.

Chicas y chicos, gracias por leer. Disculpen las groserías que a veces se me escapan y también el hecho que desaparezca de la faz de internet. Ya terminé el semestre y ahora en vacaciones espero dedicarme más a esta historia o al menos intentarlo.

Y nada más que decir, solo desearte que tengas un bonito día.

Y acuérdate que es un acto de irresponsabilidad no dedicar tiempo a ti misma/o.

Nos estamos leyendo.

Chloee.