Dedicada a mi Brigada OTAKU SUD!!! Y a todos Ustedes!!!
Tres años antes.

-Siéntese- habló una mujer de mediana edad, sentada en el otro extremo de una mesa.

Se encontraban en un cuarto aislado, en una de las principales prisiones de los Estados Unidos, en las afueras de la ciudad de Nueva York.

-Muy bien, pueden retirarse- dijo, dirigiéndose a los guardias que acompañaban al recluso.

Van Argiano: -¿Por qué tardaron tanto?- Y se acomodó en la silla. Llevaba las manos esposadas.

Mujer: -No tiene porque quejarse, señor Argiano, se hizo todo lo que se pudo hacer, sepa entender que la gente no olvida tan fácilmente y trató de darse todos los privilegios que se le podían dar en su momento.

Van Argiano: -¿Dónde está mi abogado? No discutiré nada sin él.

Mujer: -¿Un abogado?- Se ríe entre dientes –no lo necesitará, para la propuesta que vengo a ofrecerle.

Van Argiano: -Vaya al grano señora…

Mujer: -Balzano, Agente oficial Morgan Balzano, y quiero que usted nos ayude a terminar el proyecto que usted había empezado, el proyecto D67.

Van Argiano: -¡Jajaja! Pues, pierde el tiempo. La portadora que suministraba esa sustancia ya no existe.

Sra. Balzano: -Lo sabemos. Pero aún queda una criatura con las mismas características de la portadora original.

Van Argiano: -¡La samurai!

Sra. Balzano: -¡Así es!...Saya.

Van Argiano: -Pero… hasta que vuelva a despertarse…

Sra. Balzano: -Tenemos una fuente confiable, que nos informó que no pasará mucho tiempo hasta que despierte… y para cuando eso suceda estaremos preparados.

Van Argiano: -Siguen con su idea de la inmortalidad humana… pero… ¿Qué tengo que ver yo en todo esto?

Sra. Balzano: -Eso por ahora no puedo decírselo. Esta es mi propuesta: ayúdenos y dé por sentado que saldrá de aquí como si nada hubiese ocurrido, niéguese y pasará lo que queda de su vida en este agujero.

Van Argiano: -De acuerdo, de acuerdo, si me lo plantea así… ¿Qué debo hacer?

Sra. Balzano: -Pues, mañana a primera hora estará saliendo de aquí y tendrá que estar pendiente de una llamada… que podrá recibir mañana mismo o dentro de cinco años… sólo estece preparado y espere. Buenos días.- Y se retira.


La hermosa luna resplandeciente acompañaba el fervor de aquellas dos personas de juventud eterna. La dicha que ambos sentían era tal, que el caballero olvidó casi por completo el por qué del repentino despertar de su dama.

Haji: -Perdóname.- Y comienza a abrazarla –Perdóname, Kai me lo dijo. Yo no tenía idea… Y para cuando regresé, ya habías sucumbido a tu sueño…

Saya: -¡No! Perdóname tú Haji. Por hacerte prometer que me matarías, ya que si no fuera por ello yo… ¡te lo habría dicho antes! Nunca pude corresponderte, pero ahora sí. Esta noche, aquí y ahora y luego de treinta años tarde…

Haji: -¿Treinta años?- La interrumpe y la mira a los ojos –Saya, solo han pasado quince¡quince años!

Saya: -¿¿Qué?? Pero… ¿Cómo?- Se perturba.

Haji le niega con un gesto y ambas miradas se enfocan en la crisálida abierta en el cual ella invernaba.

Saya: -Es que… no lo entiendo. La última vez que desperté antes de tiempo fue en Vietnam y…

Haji: -Al igual que tú, también estoy sorprendido, pero por otro lado… me siento feliz.

Saya: -Haji…-Y vuelven a besarse con la misma intensidad, solo que ésta vez, ella se percata que no llevaba nada puesto y lo único que la cubría era su propia melena. Esto provoca que se sonroje y que él, la arrope con su chaqueta.

Se levanta y la toma entre sus brazos.

Haji: -Va a ser mejor que te lleve con Kai.

Saya: -¿Con Kai?

En casa de los Miyagusuku.

Kai: -Sí, así es y luego de la nada desapareció.– Musitó, mientras hablaba por teléfono.

David: -Pero es que aun falta…

Kai: -Lo sé, lo sé. Estoy preocupado David… pero ¿Qué debía haber hecho?

David: -¡Pues seguirlo! Y verificar si Saya realmente…

Pero a pesar que él logra terminar su frase, Kai no puede oírlo. El tubo del teléfono se le cae de las manos. Haji y Saya habían entrado en la habitación.

Saya: -Hola… hermano.

Kai se inmoviliza completamente, ante aquella mujer extrañamente familiar.

Kai: -Saya…- he inmediatamente vuelve en si -¡Oh, Dios¡Saya!- La rodea entre sus brazos y comienza a sollozar.

Saya: -Kai…

Kai: -Discúlpame…- la mira y se seca las lágrimas.

Saya: -No has cambiado en nada…Kai.- Le dice dulcemente.

Kai: -¿Qué dices¡Por Dios, Saya! Pero… ¿Cómo?

Ella baja la mirada –No lo sabemos…

Él aparta de su cara, su larga cabellera –Sea cómo sea, estoy completamente feliz que estés de regreso- Se miran a los ojos. –Creo que necesitas de un buen corte y algo de ropa. Pueden quedarse aquí si lo desean. ¿Estas de acuerdo… Haji?

Haji: -Sólo si es lo que Saya desea.

Saya: -Gracias, Kai.

Kai: -Y te presentare a mi familia.

Saya: -¿Tu… familia?

Kai: -Sí, y a tus sobrinas. Espérame aquí. Te traeré algo que ponerte. –Y sale del cuarto velozmente.

Saya: -Es increíble- dirigiéndose a Haji. –A pesar de los años, no ha cambiado en nada…- En eso, empieza a perder el equilibrio. Haji la sostiene rápidamente.

Haji: -Saya, aún no te has alimentado.

Saya: -Es cierto… pero no quiero utilizarte. No quiero herirte. Además… tú también te ves débil.

Aquellas palabras le provocaron una sensación de ternura. La coloca de pie y la toma de las manos.

Haji: -Saya… recuerda que yo vivo para ti. Y si tu bienestar implica que bebas mi sangre, entonces será un honor para mí ofrecértela.

Saya: -Pero… es que yo…- Sin embargo, con un movimiento rápido, algo tosco, Haji la abraza de tal forma que la boca de ella pueda encontrar un lugar cómodo en su cuello. Instintivamente, sus ojos cambiaron a sus característicos rojos intensos, e inmediatamente comienza a alimentarse de aquella sangre purificadora y vital.

Saya sentía como en cada succión, él presionaba más contra ella y cómo también, su respiración se agitaba.

Saya: -¡No!...- Se aparta de él, tomándolo por los hombros, y su mirada regresa a la normalidad. –Haji, no quiero, no así,... no de este modo. No puedo evitar sentir tu aflicción.

Haji: -Saya, ya te he dicho que no debes preocuparte por mí.

Kai: -Saya tiene razón, Haji.- Regresa a la habitación y ambos se tornan a verlo. -¿O acaso te olvidas que hace un par de horas que te desmayaste?

Saya: -¿Te desmayaste, Haji?

Haji: -Lo que me suceda a mí es irrelevante.

Kai: -¡Claro que no lo es¿O cómo es que puedes cumplir tu deber de caballero si te encuentras débil¿Cómo es que podrás proteger a Saya en ese estado?

Saya: -Más allá de eso... Haji, me preocupas. A pesar que digas lo contrario y a pesar que no lo quieras...

Haji: -Ya les he dicho que no deben preocuparse por mí- Toma su chelo del suelo, el cual se le había caído. –Estoy bien.- Y se voltea.

Era la persona más amable y valerosa que Saya hubiera conocido, pero aquella obstinación que tenia, le provocaba tristeza. Jamás dejaría que los demás se preocupen por él. Y mucho menos ella.

Kai resignado ante aquella escena, hace entrega de la muda de ropa a Saya.

Kai: -Ten, espero que te quede.

Saya: -Gracias.

Kai: -No hay de que agradecer. Pero hazlo rápido. Todos están ansiosos por conocerte.- Y sale de la pieza.

En su alcoba, las muchachas, apenas habían recibido la impactante noticia. Sentadas sobre una de sus camas, se apoyaban mutuamente.

Irene: -¿Piensas Preguntarle?

Mei: -¡Claro que sí!- Y se toman de las manos. –En estos momentos debemos estar unidas, hermana, y ser fuertes.

Irene: -¡Tanto tiempo que hemos esperado! No te preocupes, siempre estaré contigo. No importa lo que nos digan o qué resultemos ser.

Mei: -Y yo digo lo mismo.- Presionan sus manos aún más.

Irene: -Vamos. Es hora.

Residencia Argiano. Aún se encontraba en su despacho, terminando algún que otro papeleo, cuando el teléfono empieza a sonar.

Van Argiano: -¿Diga?

-Ha despertado.

Continuará...


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