Hola chicas C: Hoy les traigo el segundo capítulo de este guapo fic.

Realmente les agradezco mucho los favs, follows y reviews, me han hecho muy feliz y sobre todo porque así me hacen saber que les ha interesado la historia :D

Me agrada que aún sin tener cuenta aquí, se tomen el tiempo de dejar un review, por más corto que sea n.n De nevuo gracias.

Y lo siento por no contestar los reviews XD Ahorita mismo lo hago C: Y para las que no les puedo contestar, solo quiero decirles que muchas gracias por haber leído ese primer cap y también gracias por decir que escribo bien, eso me anima o superarme -insterte carita feliz aquí-

Sin más, las dejo leer y espero que este capítulo les agrade tanto como a mí.


Las decisiones rápidas son decisiones inseguras.
—Sófocles.

Decisión.

—Sasuke Uchiha. —dijo una mujer rubia de unos cuarenta y tantos años sosteniendo un papel entre las manos—. Me parece conocido ese nombre. —pensó mirando el techo y haciendo un esfuerzo por recordar.

—Sí, son tantos Uchiha que seguramente se repiten sus nombres. —bromeó la pelirosa ignorando por completo el nombre que su madre había mencionado.

—Puede ser. —rió como si aquello hubiera sido de verdad gracioso.

En aquella pequeña habitación solo se encontraban dos mujeres, madre e hija, ambas sentadas en los zabuton que estaban sobre el tatami. La más joven, de larga melena rosada, piel nívea y orbes verdes, rebuscó en un armario hasta dar con una yukata púrpura, en seguida la sacó del cajón del mueble y —asegurándose de que su madre no la viera— se desnudó para así vestirse con la prenda, la cerró con delicadeza al igual que el obi y comenzó a desenredar su cabello con un cepillo que —hacía poco— la madre de Naruto, Kushina, le había obsequiado.

Mebuki, la rubia madre de Sakura, aún tenía aquella carta entre las manos y esta vez la leía con más atención: más que una carta, era una invitación. Una invitación dirigida más específicamente hacia su hija Sakura, pues era la única mujer joven que vivía en ese hogar, claro que en el clan había una que otra muchacha, pero la mayoría eran ya mujeres casadas o —por el contrario— pequeñas niñas.
¡Era una invitación para una ceremonia! Una ceremonia de elección. La tarde anterior había escuchado ciertos rumores que decían que uno de los Uchiha contraería matrimonio, pero ahora estaba todo confirmado, y Sakura estaba siendo invitada a la ceremonia para quizás ser elegida por el Uchiha y por fin casarse.

¡Claro que sí! Sakura recién había cumplido los veintidós, la edad en que debía casarse. Y esta era una oportunidad que no volvería a presentárseles, ella tenía que casarse lo más pronto posible.

—Es para ti. —dijo la mujer mayor entregándole la carta a la pelirosa.

— ¿Una carta para mí? —preguntó confundida y soltó una risita.

Dejó de un lado su cepillo y tomó la hoja amarillenta con una mano, levantó ambas cejas al comenzar a leerla y en seguida se tapó la boca con la mano que tenía libre.
¿Casarse? ¡Ella no quería casarse! No, no y no. Bueno... En realidad sí que quería, pero no con cualquiera, porque ella estaba realmente enamorada de un hombre de su clan; que en realidad no llevaba el apellido Haruno y, pensándolo bien, no era de su clan, sino que trabajaba allí como guardia de su casa.
Pero eso nadie lo sabía, porque seguro que lo matarían si se enteraban, y a ella le otorgarían un castigo mortal. Así que era un amor a escondidas, uno complicado pero a la vez hermoso. Un amor lleno de riesgos, pero también habían pasado momentos inolvidables, y ambos se amaban demasiado, porque no es que llevaran un par de días saliendo, tenían casi año y medio siendo algo así como novios, y nadie, absolutamente nadie lo sabía.

No iba a casarse con nadie que no fuera él, menos con un Uchiha ¡y mucho menos con Sasuke Uchiha!
Es decir, seguramente él ni siquiera la elegiría y además ella era mucha mujer para él, no la merecía. Y todos sabían que Sasuke no era como cualquier Uchiha, él era el peor de todos, el más serio, frío y sin corazón que se podría conocer, ella lo sabía. No conocía mucho sobre él, pero sí lo suficiente, y definitivamente Sasuke no era una opción para casarse.

—Esto es ridículo. —murmuró dejando la hoja en el suelo y tomando de nuevo el cepillo para continuar con su cabello.

— ¡Claro que no! —chilló su madre llena de emoción—. Es nuestra oportunidad, Sakura...

— ¿Nuestra? —preguntó un poco molesta pero siguió cepillando su cabello.

—Bueno, tu oportunidad. —corrigió la rubia—. Sabes que debes casarte y pronto. Sino te harás vieja y nadie va a querer casarse contigo.

Sakura bufó por lo bajo y dejó su cepillo a un lado de la hoja, agachó la cabeza y cerró los ojos con molestia, debajo de las mangas de la yukata apretó los puños quizás como señal de impotencia. No podía decirle que tenía un novio, que lo amaba y que solo con él quería casarse, eso era algo imposible y ella lo sabía.

Pero no quería casarse con alguien más, ¡primero muerta! No quería pasar el resto de sus días viviendo con un amargado como Sasuke, no quería casarse con alguien a quien ni siquiera conocía y que —por su puesto— no amaba
¿Pero qué podía hacer? Estaba segura de que sus padres —si no es que todo el clan— se lo exigirían, la obligarían a asistir a aquella ceremonia con las mejores ropas, con el mejor maquillaje y el más lindo peinado para atraer al Uchiha; la forzarían a decir lo mucho que quería casarse y que quería hacerlo feliz, que tenía cualidades culinarias y sabía hacer de todo. Con tal de que la aceptasen, seguro tendría que decir que hasta sabía volar.
¿Y para qué? Para que al final terminaran divorciándose luego de una semana, porque una pareja que no se ama simplemente no funciona y estaba segura de que él ni siquiera tenía la más mínima idea sobre el amor y el tratar a una mujer.

—Sakura, ¿en qué estás pensando? —preguntó su madre al verla tan callada.

—En que no voy a casarme. —dijo con determinación y levantando su rostro.

—Deja de comportarte como una niña. —le regañó mientras tomaba la carta y se ponía de pie—. Voy a hablar seriamente con tu padre.

—Mamá... —habló ella de inmediato—. Nadie me querrá con esta cosa. —dijo haciéndose la víctima mientras se señalaba la frente.

—Sakura, eso lo hemos cubierto por años. —soltó en un suspiro con molestia—. Nadie va a notarlo.

— ¡Pero mamá...! —replicó.

—Es hora de que formes una familia. —afirmó la rubia—. Y quieras o no, será con ese Uchiha. —dijo de último antes de salir de la habitación.

La pelirosa frunció el ceño y se pasó el brazo por los ojos al sentir que lágrimas comenzaban a formarse en ellos. No iba a llorar como una niñita, no iba a dejar que decidieran por ella y que no tomaran en cuenta su opinión.
Pero algo en su interior le gritaba que no podía delatarse, no podía decirles sobre su relación con el guardia del templo del clan Haruno. Rodarían cabezas si eso pasaba.

De pronto sintió un extraño vacio en el pecho, como cuando te rompen el corazón pero un poco diferente. Necesitaba que estuviera con ella, lo necesitaba ahí.
No bastaban los besos a escondidas, las caricias discretas, las miradas cómplices. Ya no era suficiente. Y no se estaba dando por vencida, no, ella lo amaba y él le correspondía, no podía pedir más estando en esa situación.
Pero con lo que estaba aconteciendo ahora... era más probable que terminaran su relación. Si se casaba con alguien más, Sakura no soportaría no verlo más y lo mismo pasaría con él, tendrían más riesgos y siendo parte del clan Uchiha sería vigilada como si de un ladrón se tratase.

Perdería su libertad.
Pero, ¿por qué Sasuke querría casarse? No parecía ser ese tipo de personas que guste de compartir su vida con alguien más, y no se veía como alguien buscando matrimonio. Algo raro estaba ocurriendo.

Sacudió la cabeza alejando todo pensamiento relacionado con bodas y se puso de pie caminando hacia el gran espejo que había en su habitación. Ahí se miró solo para acomodar su flequillo cubriendo la mitad de su frente, el resto del cabello lo peinó en un chongo alto utilizando un par de palillos —del mismo color que la yukata— como adorno.
Salió del cuarto y caminó por el estrecho y largo pasillo hasta llegar al i-má en el que encontró a sus padres charlando. Ambos tenían una expresión seria, seguro que estaban hablando sobre la invitación a la ceremonia.

—Iré a buscar a Ino. —dijo la joven con una sonrisa forzada.

—No tardes mucho, tenemos que hablar. —murmuró su padre y ella asintió.

Casi afuera se colocó las geta y de inmediato salió de la casa, miró a su alrededor y se encontró con menos gente de la normal, pero el día era nublado así que quizás se resguardaban de una próxima lluvia.
Caminó con lentitud por las calles del clan hasta llegar a una de las entradas de Konoha. La aldea le parecía hermosa, con toda esa gente alegre, negocios de comida y dulces, niños corriendo y siendo felices; tenía que admitir que a veces los envidiaba un poco, pero de esa envidia bueno. Vamos, que le gustaría tener de nuevo ocho o diez años y no preocuparse por absolutamente nada, no casarse, no amor, no problemas en casa...

De pronto —y lentamente— las nubes en el cielo comenzaron a despejarse abriéndole espacio al enorme y brillante sol. De inmediato sintió mucho calor en su espalda y se maldijo por no haber llevado la sombrilla que yacía en la entrada de su casa.
Soltó un suspiro cansada, no le gustaba el sol, la hacía sudar y a veces el rostro se le coloreaba de un rojo intenso por el calor, así que hubiese preferido la lluvia, pero no. Por suerte vestía la yukata más fresca que tenía, un poco corta y de tela no tan gruesa, por lo que —por el momento— el calor no era un problema tan grande.

La gente aumento cuando el sol apareció, y pudo apreciar muchas más personas al llegar al centro de la aldea, donde estaba repleto de negocios. Ahí era donde se encontraba una de las tantas florerías que pertenecían a los Yamanaka, el clan de provenía su mejor amiga, la rubia y encantadora Ino. Su amiga de la infancia, la que jamás se había burlado de ella por ocultarse tras su gran fleco, la que la ayudó a salir adelante y a hacer amigos; gracias a ella es que había conocido a Naruto, Shikamaru, Hinata, Choji y... Otros chicos más.

Y ahora, más que nunca, la necesitaba. Necesitaba el apoyo de alguien, porque en casa y en el clan todos estarían de acuerdo en que participara en aquella ceremonia de los Uchiha, absolutamente todos querrían verla casada y —seguramente— con hijos. Ino estaría de su lado, estaba segura de eso, la apoyaría en cualquier decisión que tomara, porque eso hacen los amigos; apoyarse en las buenas y en las malas, aunque no estaba muy segura de qué tipo de circunstancia era esta.

Sacudió su cabeza como intentando alejar esa clase de pensamientos y siguió caminando hasta que pronto divisó la florería de los Yamanaka, donde afuera se encontraban muchísimos tipo de flores, blancas, rosas, moradas, azules... Desde las más pequeñas hasta las más grandes y llamativas, desde un precio bastante económico hasta algo muy costoso.
Cada que iba a la florería se sentía en armonía, llena de paz, el aroma de todas esas flores la llenaba por completo; por eso es que no había citado a Ino en algún otro lugar, porque estaba seguro de que estando ahí, a pesar de hablar sobre el matrimonio, se le olvidarían todos esos molestos problemas. Aunque fuese solo por un momento.

La campanilla de la puerta anunció la llegada de alguien, Ino volteó de inmediato para darle la bienvenida a la florería y se detuvo al ver a Sakura de pie en la entrada. Sonrió llena de alegría y corrió —con cuidado de no tirar nada— hasta ella para abrazarla fuertemente. Sakura correspondió al abrazo y luego de un rato ambas se separaron para mirarse, porque a pesar de verse bastante seguido, siempre aseguraban que cada día se ponían más lindas.

— ¿Cuántas veces debo decirte que quites el cabello de tu frente? —preguntó Ino con un toque de molestia.

—Las que quieras, igual no voy a quitármelo. —le aseguró la pelirosa con una sonrisa divertida.

—Ven, ven. —dijo Ino jalándola hacia el escritorio donde se la pasaba todo el día cobrando flores o armando arreglos.

Ino salió a lo que parecía ser un jardín detrás del negocio y regresó con un pequeño banco para sentarse y le ofreció el otro a Sakura. La rubia comenzó a quejarse sobre todas las cosas que sus padres le ordenaban hacer, como atender la florería mientras papá estaba en otra y mamá regaba y plantaba más flores. También le confesó que su relación con Shikamaru iba progresando.

—Ya no es tan aburrido. —declaró riendo.

Sakura rió pero en ese momento recordó la razón por la que había decidido ir a visitarla: necesitaba un consejo, uno de alguien como Ino, que ve las cosas de una manera extraña pero que siempre acierta cuando da un consejo y con su típica frase 'Lo mejor será que...' lo arregla todo. Porque al seguir y tomar en cuenta los consejos de su amiga, su vida se arreglaba casi sola, quizás no siempre eran los mejores pero terminaban dando buenos resultados. Si es que Ino no era tonta, solo que ahora se le había pegado un poco de la inteligencia y razonamiento del genio de Shikamaru, aunque también se le había pegado algo de parte de —su mejor amigo— Choji, y eso era comer de más; pero como siempre, Ino era de esas que se cuidaba en demasía, por lo que luego de comer mucho, se dedicaba un poco a mejorar su estética.

En fin, que Ino y sus consejos eran lo mejor que podía existir en la vida, eso significaba cero problemas para Sakura y para cualquiera que se los pidiese, pero sobre todo para la pelirosa, que casi diario solía pedirle ayuda por cualquier cosita y a Ino parecía no importarle tener que lidiar con los problemas de los demás.

— ¿Me estás escuchando? —preguntó la rubia algo molesta.

—Perdón. —se disculpó con una sonrisa tímida—. Estaba pensando en otra cosa.

—De eso ya me di cuenta. —suspiró.

Ambas se quedaron en silencio y Sakura miró el suelo pensando en lo que estaba ocurriendo. Ino la miró con algo de lástima, últimamente Sakura no era la misma y estaba segura de que era por su infantil relación con el guardia del clan, porque no era lo mismo poder salir con alguien tomados de la mano y demostrándose afecto en público, que hacerlo todo a escondidas, cuidando siempre de que nadie los viera, aguantándose días para poder verse a gusto. No era una relación sana, pero sabía que su linda amiga no opinaba lo mismo, y también sabía que lo amaba por sobre todas las cosas, por eso se esforzaba tanto porque su relación siguiera con vida.

— ¿Está todo bien con... tu novio? —preguntó preocupada. 'Tu novio', lo creía ridículo pero Sakura se aferraba a no decirle el nombre del afortunado.

—Sí. —dijo levantando la mirada—. Creo que todo está bien.

— ¿Crees? —arqueó una ceja.

—Bueno... Todo está bien con él. —corrigió—. Es solo que...

La campanilla de la entrada las interrumpió y ambas dirigieron la mirada hacia la entrada, Sakura sintió unas extrañas ganas de salir corriendo del lugar o de esconderse detrás del mostrador; pero luego se sintió estúpida al pensar en hacer eso, después de todo no estaba huyendo de algo en particular... ¿o sí?

La rubia se levantó casi de un salto y se acercó a la mujer de tez
blanca y cabellera larga oscura, ella sonrió con amabilidad al igual que Ino. Sakura —de nuevo— quiso transformarse en una tortuga para esconderse en su caparazón y no ser vista.
No le importaba mucho si Mikoto la veía, le importaba que Sasuke estuviera ahí con ella, con la vista al frente mirando quién sabe qué cosa y pensando seguramente en nada.

—Mikoto-san. —saludó Ino llena de alegría—. Hacía tanto tiempo que no la veía por acá.

—Lo siento Ino-chan. —sonrió para disculparse—. He estado muy ocupada en casa.

—Ya lo creo. —rió tomándola de las manos—. Hace rato que nos llegaron sus favoritas. —le informó y a la Uchiha se le formó una hermosa sonrisa en el rostro—. Están en el jardín trasero, se las enseñaré.

—Gracias. —dijo comenzando a caminar—. No tardaré Sasuke-kun.

Mikoto siguió a Ino pero se detuvo de golpe al ver a tal pelirosa en el mostrador, sentada en aquel banquillo y viendo el suelo fingiendo buscar algo. Soltó la mano de la rubia pidiéndole disculpas y se acercó a Sakura observándola de pies a cabeza, como analizándola; la pelirosa sintió una mirada y volteó esperando que no fuera Sasuke, sintió un poco de alivio al ver a su madre ahí frente a ella.

—Sakura-chan, ¿cierto? —dijo ella esperanzada.

—Sí. —sonrió poniéndose de pie.

—Mírate, cuánto es crecido. —la señaló haciéndole saber lo hermosa que estaba—. Pero si estás tan bella.

—Gracias Mikoto-san. —agradeció enternecida sin dejar de sonreír.

— ¿La invitación te ha llegado? —volvió a preguntar y se acercó para decirle al oído—: Yo personalmente la escribí para ti.

Sakura abrió los ojos llenos de sorpresa y sintió que su corazón se detenía, miró de reojo a Sasuke quien tenía la mirada puesta en ellas intentando descifrar qué le estaba diciendo su madre. Regresó la mirada al frente donde vio a Mikoto sonreír como aliviada y soltó una risita.
Volvió a correr la mirada pero esta vez vio a Ino, quien yacía de pie mirándose las uñas, ni siquiera le estaba prestando atención a lo que pasaba frente a su narices. Mentalmente bufó y se mentalizó para no contestar de una manera grosera, seguro que Mikoto no estaba detrás de todo ese asunto sobre su hijo y casarse, si hasta había puesto esa mirada suplicante al preguntarle sobre la invitación.

'Algo raro está pasando aquí', se repitió y estaba segura de que no era normal que Sasuke Uchiha fuera a contraer matrimonio solo porque sí.

—Sí. —dijo rápidamente luego de estar en silencio quizás unos minutos—. La recibí esta mañana.

— ¡Qué bien! —soltó casi en un grito. Realmente se le notaba lo feliz que estaba de saber eso—. Espero que no te lo pienses mucho.

Otra vez un silencio aterrador. ¿Por qué tenía que haber ido a la florería? ¿Por qué justo ese día también tenían que haber ido Sasuke y su madre? ¿Y por qué Sasuke la miraba como si estuviese molesto con ella? ¡No entendía completamente nada!
Y no quería dejarle en claro a Mikoto que no tenía intenciones de casarse y mucho menos con su hijo, no era tan grosera y descarada como para decírselo tan fríamente; justo en ese momento necesitaba el consejo de Ino, o que ella interviniera, pero claro, aún no le había contado sobre el gran problema que tenía.

—He... estado hablando con mis padres sobre eso. —mintió con una sonrisa y Sasuke sonrió de lado al notar la falsedad de sus palabras.

—Eso me agrada. —dijo la Uchiha tomándola de los hombros—. Me gustaría platicar tanto contigo, pero no tengo tiempo.

'¡Gracias Kami!', gritó mentalmente la pelirosa. Y soltó un discreto suspiro lleno de alivio. Pero espera, ¿por qué quería hablar con ella? Quizás estaba del lado de sus padres haciendo un acuerdo para que ambos se casaran... Pero Mikoto no era esa clase de persona, ella lo sabía, toda la aldea entera lo sabía, porque Mikoto era la mujer más amable y menos falsa que todos conocían, o al menos eso aparentaba.

—Quizás sea otro día. —dijo Sakura para evitar seguir hablando.

—Claro, otro día será. —repitió alegre y la soltó para seguir a Ino hacia el patio trasero.

Sakura se quedó en shock un momento. ¿Todo era una conspiración? No, no tenía sentido, de ser así no estarían organizando tal ceremonia para buscar una mujer, de ser así simplemente los hubieran obligado a ambos a casarse. Y ahora ella estaba en su total libertad —al igual que él— de decidir, y por supuesto que iba a decidir no casarse, no lo haría, ni siquiera porque le pagasen...

Pero claro, los Haruno y en especial sus padres estaban sufriendo una pérdida económica, las cosas en los negocios no iban bien, las ventas comenzaban a bajar o las cosas que quería comprar eran demasiado caras. Obviamente contaban con lo suficiente para vivir bien todos los días, pero quizás por eso mamá quería obligarla a casarse en específico con el Uchiha, porque ellos eran dueños de muchas bienes y negocios, eran de los clanes con más dinero en la aldea y quizás de las demás aldeas también. Entonces, pudiera ser que eso los ayudara a salir adelante, pero ¿por qué tenía que arriesgarse ella? Era casi un sacrificio, era hacerlo por el clan, por sus padres.

No quería sonar egoísta, era obvio que amaba a sus padres y a todo el clan entero, pero ¿por qué tenía que ser justamente ella? Si se casaba perdería su libertad y tendría que terminar esa relación de meses, y eso no sería fácil.
Ni siquiera iba a tener esa libertad de decidir sobre casarse, seguramente cuando llegara a casa escucharía a sus padres decir que ellos ya habían tomado esa decisión y que tendría que ir a la ceremonia con las mejores ropas, la mejor actitud y la mejor sonrisa para conquistar a Sasuke Uchiha y ser elegida como su esposa. Si ya se los estaba imaginando, mamá gritando de alegría y papá sonriendo con orgullo de que su única hija no se casaría con cualquier hombre de algún clan Insignificante, no, su pequeña sería la esposa de un Uchiha.

— ¡¿Por qué estoy pensando en estas cosas?! —se preguntó a sí misma—. ¡Le estoy prestando demasiada atención!

Apretó los puños con fuerza y cuando estaba a punto de maldecir todo en la vida, se acordó de dos cosas: uno, que Ino y Mikoto estaban en el jardín trasero y que cabía la posibilidad de que pudiesen escucharla; y dos, que Sasuke estaba casi frente a ella mirándola como un bicho raro.
De pronto sintió las mejillas ardiendo y pudo deducir que estaba completamente roja de vergüenza, estaba hablando sola y haciendo el ridículo frente al idiota Uchiha... Y él se estaba mofando de ella, sonriendo de lado con burla y mirándola fijamente.

— ¿Qué tanto miras? —preguntó molesta pero aún avergonzada.

—Lo roja que estás. —soltó acompañado de una pequeña risa.

Sakura frunció el ceño y sintió una fuerza descomunal en sus manos, como si con solo tocar algo se fuese a romper, y lo primero que pensó en romper fue el atractivo rostro de Sasuke que no dejaba de burlarse de ella. ¡Claro! Si le rompía el rostro no la escogería como esposa, y justo cuando pensaba en correr a hacerlo recordó de nuevo que allá atrás estaba su madre con Ino. ¿Por qué tenía tan mala suerte?

Relajó todos sus músculos, los hombros, manos y mandíbula, cerró los ojos intentando aliviarse y concentrarse en el maravilloso olor de las flores que la rodeaban. Pronto se sintió mejor, menos estresada y sin ganas de matar a cualquiera que se le pusiera en frente.

No entendía cómo es que Sasuke estaba tan relajado, estaba a poco de casarse, de cambiar su vida por completo y aún así se miraba tan calmado, como si nada estuviese ocurriendo. ¿Cuál era su maldito secreto? Ni siquiera se veía nervioso o ansioso, solo tenía esa mirada fría que toda la vida había tenido, esos ojos oscuros llenos de sentimientos ocultos, esos labios formando una línea recta...
Sonrió con nostalgia al recordar las pocas veces que lo había visto sonreír, una sonrisa sincera, pura, hasta amable; pero todo se había terminado de un día para otro. '¿Por qué estoy pensando en Sasuke?', se preguntó mentalmente. Y es que luego de haberlo visto en el parque el día anterior, no pudo sacarlo de su cabeza en un buen rato, no pudo dejar de pensar en él y en el pasado... Estaba segura de que lo conocía de antes, de que al menos se habían encontrado alguna vez en algún lugar de la aldea; pero él aseguraba que no la conocía y presumía de tener una excelente memoria. Entonces ¿quién era ese niño que de pequeños salía con ella?

Sakura volteó la mirada para ver a Sasuke, ya no sonreía como hacía un rato, ahora tenía los brazos cruzados sobre el pecho y la expresión seria de siempre, mirando todas las flores que había a su alrededor. Puso más atención en su rostro, sus facciones, sus ojos y nariz... Tenía que ser él, era inconfundible, quizás los Uchiha eran parecidos pero Sasuke se veía diferente a los demás.

— ¿Qué tanto miras? —preguntó el pelinegro repitiendo las palabras de Sakura.

—Nada. —pensó—. Es que eres idéntico al niño que alguna vez conocí.

—Ya te dije que estás confundida. —rodó los ojos con molestia.

—Pero... estoy segura de que eras tú. —dijo con firmeza.

—Te recordaría. —sentenció—. A ti y a tu estúpido cabello.

— ¿Qué acabas de decir? —chilló molesta.

—No voy a decirlo dos veces.

Ahora sí que estaba molesta con él, ¿qué razones tenía para hablarle así? Pareciera que la odiara, que no soportara su presencia, ella no lo había insultado —solo mentalmente— y de repente ahí estaba él llamándole estúpido a su cabello, como si su rosada y larga cabellera tuviera la culpa de todo lo que pasaba a su alrededor.
Quería romperle la cara, acercársele y golpearlo con todas sus fuerzas, gritarle a él y todo su maldito clan que por ninguna razón se casaría con un Uchiha... Pero lo único que pudo hacer fue gritar como si de una niña pequeña se tratase, como si no pudiera defenderse.

— ¡Ojalá tu esposa sea la más fea e insoportable mujer que pueda existir! —gritó sin pensar.

Sasuke quiso soltar una carcajada, de verdad que ella era extraña, era bastante ruidosa y molesta, pero Sakura siempre había sido así, y en el fondo lo sabía.

—En ese caso tú tendrías que ser mi esposa, y no pienso vivir con alguien tan molesta como tú. —contestó irritado pero de nuevo mostró esa sonrisa burlona.

— ¡Eres un idiota Sasuke! —volvió a gritar la pelirosa y comenzó a caminar dispuesta a salir del lugar.

— ¿Por qué ayer fuiste tan amable conmigo? —preguntó de repente y Sakura se detuvo frente a él.

—Ayer no te comportaste como un imbécil. —sentenció con el ceño fruncido.

—Entonces, ¿cómo debo comportarme para que vuelvas a llamarme 'Sasuke-kun'? —preguntó de nuevo con un toque de burla.

—Fui educada contigo —dijo la pelirosa luego de un momento de silencio—, porque creí que eras tú el chico con el que jugaba de pequeña, ese que se la pasaba todo el día contándome sobre su hermano y que...

Sakura se detuvo al ver la expresión de Sasuke cambiar, ya no tenía esa sonrisa burlona en el rostro, esa curva había desaparecido y ahora sus labios formaban de nuevo una perfecta línea recta, sus ojos se habían abierto un poco más como si lo que ella acababa de decir le hubiese dado en algún lugar del corazón o traído algún recuerdo.
Ella sintió los ojos húmedos y se dio cuenta de que estaba a punto de llorar por algo que no valía la pena, de inmediato se talló los ojos para alejar las pocas lágrimas que se le habían acumulado.

—Creí que eras tú, solo eso. —dijo Sakura luego de reunir fuerzas para volver a hablar.

—Quizás lo era. —murmuró regresando a su expresión de antes y comenzó a caminar en busca de su madre.

La joven Haruno cerró los ojos con fuerza tratando de recordar esos viejos tiempos, cuando jugaba en el jardín de la aldea, cuando había conocido a ese pequeño azabache y las dos ocasiones que él la había defendido, recordó su tímida sonrisa y su manita intentando tomar la suya... pero luego todo se había terminado, luego él no regresó al lugar donde solían encontrarse y jamás volvió a verlo.

No era Sasuke, no podía ser él, ese niño tierno no podía haber cambiado tanto, al grado de no hablar con nadie, de no sonreír ni expresar sentimientos. No era Sasuke, estaba confundida, lo estaba asociando por todo lo que estaba ocurriendo en ese momento; sí, era eso.

—Sakura, ¿estás bien? —de pronto escuchó la voz de Ino y una mano caer sobre su hombro.

Se dio la vuelta alarmada y pudo ver a su amiga y a Mikoto con un semblante de preocupación, Sasuke ni siquiera la estaba mirando, le prestaba más atención a los flores que su madre le había pedido cargar. Sakura sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo, ¿por qué no podía sacarse a ese arrogante y presumido Uchiha de la cabeza?

—S-sí. —dijo ella regresando a la realidad.

—Te ves un poco extraña. —le hizo saber su amiga.

—Estoy bien. —afirmó aún cuando comenzaba a sentirse mareada.

—Te acompañaremos a casa. —ofreció Mikoto—. ¿Verdad, Sasuke-kun?

—Sí. —dijo en voz baja sin siquiera escuchar lo que su madre había dicho. Estaba concentrado en cierta flor que sostenía en las manos y, sin darse cuenta, esbozó una pequeña sonrisa.

Lo vio sonreír. Lo vio sonreír de esa manera y de pronto todo se vino abajo, sus labios formando esa mueca de extraña felicidad; y la manera en que sostenía aquel
lirio blanco, como si estuviese a punto de entregárselo a ella... Los recuerdos de su niñez no dejaban de invadirle la mente, ese niño de escasos siete años extendiéndole su mano que sujetaba una florecilla amarillenta y ella tomándola tímidamente con un sonrojo en las mejillas...

Ese no era Sasuke... ¿o sí?

—¡Sakura! —gritó Ino cuando vio a su pelirosa amiga caer al suelo y junto con Mikoto corrió hacia ella.

Para Sakura, todo se oscureció a su alrededor y antes de cerrar los ojos por completo, vio esos lirios caer al suelo.


Una terrible punzada en la que cabeza fue lo que la hizo despertar. Se llevó una mano al lado derecho de la cabeza, donde había sentido ese dolor y lentamente se incorporó en el suave futon, se sentó mirando la habitación donde se encontraba, era la suya; por un momento se sintió aturdida y desconcertada, pero luego se recordó en el piso de la florería y llegó a la conclusión de que seguramente había sufrido un desmayo.

El ruido del shoji corriéndose la hizo voltear en esa dirección y vio a sus padres entrar con ella, su madre cerró de nuevo el shoji y ambos se sentaron frente a ella con un semblante preocupado. Lo primero que su madre hizo, fue acercarse a abrazarla con fuerza, luego regresó al lado de Kizashi y le preguntaron si se sentía mejor, Sakura solo asintió con la mirada perdida y mencionó que solo le dolía un poco la cabeza.

—Debe ser por el golpe. —dijo su padre para tranquilizarla.

Pero no era un dolor físico, se sentía como cuando has pensando demasiado y de pronto tu cerebro se cansa de tanto pensar en lo mismo. 'De pensar en él', le susurró su subconsciente u ella sonrió con amargura.

Cuando su padre dijo que necesitaban hablar, se dio cuenta de la situación en la que se encontraba: era el momento de hablar con sus padres respecto a
asistir a la ceremonia para presentarse junto con otras mujeres de la aldea y de las afueras.
La pelirosa movió la cabeza de forma negativa haciéndoles saber que no quería hablar ahora y les dijo que se sentía un poco cansada, sus padres se miraron cual cómplices y Kizashi también negó con la cabeza diciendo que era ahora cuando tenían que hablar y tomar la decisión que les conviniera, como familia y como clan.

—No quiero hacerlo. —bisbiseó cabizbaja y apretando la cobija que le cubría las piernas.

Los dos la miraron con un poco de lástima y su padre tuvo que aclararse la garganta antes de poder hablar.

—Hija, no podemos obligarte a hacer algo que no quieres. —dijo él y Sakura volteó a verlos con una enorme sonrisa en el rostro.

Sería libre. Sería completamente libre de hacer lo que se le antojase, de casarse con el hombre que realmente amaba, de tener o no hijos y de salir cuando ella lo quisiera sin tener que pedir algún permiso, sin que le pusieran condiciones o la vigilaran las veinticuatro horas del día. Viviría lejos de los Uchiha, lejos de todos esos recuerdos que ese simple apellido le traían...

Pero, ¿por qué mamá y papá seguían tan serios? Ya habían dicho que no podían obligarla a nada ¿no? Respetarían la decisión que ella tomara, ¿cierto?

—¿Qué pasa? —preguntó cuando el silencio realmente comenzaba a incomodar.

—Sakura. —su madre habló esta vez—. Tienes que casarte, pronto...

—Lo haré. —la interrumpió—. Ya lo verás, y será un hombre maravilloso.

—Lo que quiero decir es que... Tienes que casarte con ese Uchiha, ¿entiendes? —explicó la rubia mujer.

—No, no entiendo. —rió como si todo ese asunto fuera muy divertido—. ¿Por qué tengo que casarme con él?

—Bueno, no estamos diciendo que debas casarte con él. —corrigió su padre—. Queremos que vayas a esa ceremonia.

Ahí la cosa cambiaba. Ella podía ir a la mentada ceremonia, con el kimono más feo que encontrara, portándose como la peor mujer del mundo, haciéndole saber a cualquiera que estuviera presente en esa ceremonia que no tenía razón alguna para vivir bajo el mismo techo que Sasuke Uchiha.
Claro que asistiría a esa ceremonia, yendo ahí no estaba prometiendo que daría lo mejor de sí; no iba a pasarle nada malo si iba ¿no?

—Iré. —sentenció Sakura con una extraña mueca en el rostro.

Sus padres sonrieron satisfechos con la respuesta de la joven pelirosa y se acercaron a ella para abrazarla con fuerza, ambos le agradecieron y Sakura sintió un tremendo golpe en el corazón cuando su madre dijo:

—Esto es por ti Sakura, pero también ayudará al clan.

Entonces sí era por eso. Sabía que la economía dentro del clan estaba mal, pero nunca creyó que tanto como para tener que hacer tratos con otros clanes y compartir bienes, negocios, tierras, dinero...
Porque eso es lo que iban a hacer, si ella resultaba elegida y se casaba, ambos clanes harían acuerdos para que salieran beneficiados, y siendo ella la esposa, tendría —junto con su familia— buena parte de lo perteneciente a los Uchiha.
Pero eso no iba a pasar, ella no sería elegida y estaba segura de eso. Ya habría otra forma de ayudar al clan.

—Por cierto. —volvió a decir su madre cuando terminaron con el abrazo—. Él me dio esto para ti. —dijo entregándole una pequeña hoja de papel doblada—. No lo he visto, pero estoy segura de que está interesado en ti. —sonrió traviesa y junto con su marido se levantó del tatami.

—Buenas noches Sakura. —dijo su padre cerrando el shoji una vez que habían salido.

La pelirosa se quedó un momento estática y sacudió la cabeza intentando no sacar conclusiones anticipadas. Las manos le temblaban y poco a poco fue desdoblando aquel papel, sus ojos se abrieron cual platos al leer la nota:

'Ni siquiera se te ocurra presentarte en la ceremonia'

¿Qué diablos significaba eso?

Son necesarios cuarenta músculos para arrugar una frente, pero sólo quince para sonreír.
—Swami Sivananda


Como siempre, espero que no me haya trolleado y todo esté en orden, igual le daré otra revisada. ¿Y por qué será qué será que Sasuke no quiere que ella vaya? Bueno, ya lo sabrán después XD

De nuevo gracias por darle una oportunidad y yo regreso la próxima semana con el siguiente capítulo para ustedes bellas lectoras e.e Y ojalá me puedan apoyar con un review, ya saben, es mi paga XD

Cuídense mucho, les deseo linda semana C: