Traducción de la fic de nombre homónimo Falsos Heróis escrita por la autora brasilera Scila. Es una trilogía y esta es la primera parte.

Es una fic viejita (2005) y el spoiler es del 5 libro.

Espero que les guste…

Falsos Héroes

Capitulo 2- Ratas, pelirrojas y varitas.

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Mansión Malfoy

Julio – 1997

El sonido de los cubiertos de plata cortando suavemente la carne en el plato de la vajilla francesa y la respiración casi inaudible y constante quebraban el silencio en el comedor Malfoy.

Los dos únicos miembros de la familia comían calmamente y nada parecería fuera de su sitio sino hubiera un pequeño detalle.

Había un lugar vacío, una silla sin dueño.

Al frente estaba la comida servida, vino en la copa y los cubiertos esperando para ser usados. Pero no lo sería.

Era ridículo, su madre estaba actuando como si nada pasara. Eso lo enfurecía, porque muchas cosas estaban sucediendo.

Un elfo apareció en la puerta del comedor, sus pies inmundos pisando levemente el tapete persa y aproximándose a la silla vacía.

Colocándose en la punta de los pies alcanzo el plato intacto, haciendo un movimiento para recogerlo y colocarlo en una bandeja.

-Déjelo donde esta.- la voz de su madre le advirtió.- Sal.

Como si lo hubiera atingido un rayo el criado se retiro rápidamente, por poco tropezando en sus propios pies. Repugnante.

Cuando estaban solos de nuevo, Draco no pudo aguantarse más.

¡Su madre estaba volviéndose loca! Ignorando totalmente la ausencia de su padre. El lo veía al contrario, sentía un odio intenso listo para explotar.

-¡Esto es ridículo! ¡El no esta aquí! ¡No finjas que nada sucede!

-Baja tu voz. Estamos cenando.

Draco se levanto, golpeando con un puño la mesa de madera noble.

-¡Al infierno! ¡No voy a bajar mi voz! ¿Nadie lo va a sacar de allá? El Lord de las Tinieblas.- su voz era sarcástica- ¡¿No va ayudar a su fiel siervo?!

-No oses faltarle al respeto a Lord Voldemort- el tono de su madre era peligroso.- Siéntate, ¿Dónde crees que estas. Aun no es el momento. ¡Siéntate y haz silencio! No voy a tolerar un comportamiento tan infantil.

-¡No! ¡No me voy a sentar! ¡No me voy a quedar callado! ¿Sabes lo que tuve que aguantar en Hogwarts? ¡Potter todo feliz! ¡Celebrando su victoria! ¡Y no pueder hacer nada porque esa porquería de lugar es un antro de fans de Dumbledore! Creí que estábamos del lado ganador, mamá.

- Si lo dudas, no mereces servir al Lord.

Fue como una bofetada.

¿Ella estaba dudando de su lealtad? El nunca traicionaría al Lord Voldemort. Mucho menos a su padre.

- Por última vez, Draco, siéntate. Si quieres oír una explicación, hazlo.

El obedeció.

-Tu padre fallo.

-¡No! El…

-No me interrumpas.- su voz empezaba a perder la frialdad, dándole lugar a la impaciencia.- No le servio al Lord como debía. La profecía se perdió. El arma esta en manos del enemigo, de nuevo. Y por eso, se quedará en Azkaban hasta que el Lord decida lo contrario. Un nuevo plan será ejecutado y no fallará. Tu iniciación continuará como lo hemos planeado y seguirás en Hogwarts. Ahora para de hacer preguntas inconvenientes, este no es lugar seguro para eso. Las paredes tienen oídos.

Draco se quedo callado.

Después de unos segundos en silencio los dos volvieron a cenar en una falsa calma.

Sus ojos fríos de vez en cuando iban hacia la silla vacía de su padre.

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Draco miro el plato que tenía en frente, el asco creciendo a cada minuto. Un huevo con la yema verdosa, un pedazo de pan viejo y una cerveza de la semana pasada.

Ese era su desayuno. Y lo peor es que no estaba enojado por eso, la comida asquerosa se había vuelto una rutina.

Sintió ansías de vómito subirle por la garganta. Infelizmente no tenían nada que ver con la comida que se preparaba para ingerir.

Aquella odiosa mujer pasaba las manos grasientas y sucias por su cabello. Su lindo cabello rubio. Esta bien, últimamente no estaba tan lindo, estaba sucio y mojado… pero de cualquier manera, esa mano 'masajeando' su cuero cabelludo no le ayudaba en nada en la ardua tarea de aproximar el huevo verde a su boca.

Por mal o por bien, paro el movimiento. Alguien se acercaba a su mesa y dudaba que fuera para sacarlo de ese aprieto.

Era en esos momentos que Draco estaba seguro de que Merlín estaba en contra suya.

Últimamente el viejo mago no parecía interesarle darle una manita amiga al ex-hijo adinerado de Slytherin, nada salía bien en su vida.

-Draco Malfoy. Que coincidencia encontrarlo en este lugar lleno de ratas. Pensándolo mejor, no es ninguna coincidencia. Las ratas atraen a más ratas.

El no tenía la mínima idea de quien era aquella infeliz chica, pero supo de inmediato que no le iba a traer nada bueno. Al final nadie decente huele a sudor y shampoo barato.

Hasta ese momento Draco tenía la cabeza agachada, mirando su plato y sosteniendo el tenedor con el pedazo de huevo que pretendía comer. Ahora se v forzado a levantar los ojos y considerar cuales eran sus posibilidades de salir corriendo de allí sin que lo cogieran en el intento.

La chica frente a el era pálida (Lo que era malo, porque significaba que no era de allí), rostro básico y cuerpo sin gracia. Solo una característica era llamativa: cabellos rojizos. Y eso era suficiente para confirmarle que estaba cada vez más atorado en mierda de camello.

Para irritarlo aun más ella jugaba ridículamente con una varita, pasándola entre los dedos de su mano derecha como si fuera una pluma. Lo hacia demasiado rápido por lo que el no podía enfocar su mirada en la dirección en que apuntaba. Debía ser ilegal ese tipo de juegos. Era muy divertido hasta que alguien perdía un ojo. Y ese alguien sería el, claro.

La momia que estaba sentada en sus piernas miraba a la pelirroja como si estuviera loca (lo que Draco no dudaba fuera verdad), parecía ofendida con la insinuación de que habían ratas en su establecimiento.

Lo que sería muy gracioso si no fuera tan triste, ya que el comía allí hacia algunos minutos juraría que la había escuchado gritándole al cocinero que matará una rata "del tamaño de la nariz de la Esfinge".

-¿Quién piensas que eres, jovencita? Este es un bar respetable.

La pelirroja soltó una carcajada y Draco aprovecho ese momento para bajar su mano libre delicadamente colocándola dentro del bolsillo de la chaqueta buscando su varita.

Mientras eso la conversación entre las dos brujas continuaba.

-¿Ves ese letrero?- Quishabe le señalo con la mano libre, una placa que decía "No se permiten varitas" en ingles. –Esas cosas no pueden entrar aquí, querida.

Draco rodó los ojos. No solo el como también la pelirroja estaban seguros de que todos los brujos con malas caras y feos que estaban allí tenían sus varitas listas para ser utilizadas.

Ni siquiera el gordo con cara de papaya que estaba sentado solo en una mesa cerca de la puerta, fingiendo que dormía, sería lo suficiente estúpido como para no tener una varita en un bar lleno de brujos de reputación dudosa y que no se bañaban hacia algunas semanas. Solo el olor era suficiente para ponerle los nervios de punta a cualquiera.

-Escúcheme, señora… tengo autoriza- la pelirroja fue interrumpida por un grito.

-¡¿Señora?! ¿Me llamo de señora? ¿Esta diciendo que soy vieja? ¡Idiota!

"Imagínese… tan jovencita… una momia de 200 mil años envidiaría sus arrugas, vieja."- pensó Draco, pero esa vez contuvo su lengua, era más interesante que siguieran discutiendo. Le daba tiempo para coger su varita y salir de…

Draco busco en el bolsillo, no encontró nada.

"¿Merlín, me odias tanto?"

El sudor bajo por su frente grasosa. Maldito calor.

Tenía que calmarse… todo saldría bien. Probablemente no había buscado en el sitio correcto... en poco tiempo tendría su varita, hechizaría a la pelirroja y saldría por la puerta como si…

Busco de nuevo, más desesperado. ¡Vacío!

¿Cómo? ¡El estaba seguro de que la tenía!

El pánico ahora se notaba en su rostro.

Otra búsqueda resulto en una conclusión terrible: El maldito bolsillo tenía un roto. Su esquelética mano paso por el hueco en el paño viejo y dio directo con el aire.

¡Un hueco del tamaño de las nalgas de Pansy!

Era eso lo que obtenías por usar ropa de pobre.

- Lo que estaba diciendo es que tengo autorización. Auror ingles, ¿entiende? ¿Ahora será que se puede callar y dejarme recoger la basura?

-¡Su…!

-Cállate, Quishabe.- la interrumpió Draco.

La cara chupada de la mujer se giro hacia el rubio, con una sonrisa sórdida abriéndose en los labios verrugosos.

-¡Dilo de nuevo, miquito! ¡Me encanta cuando me hablas suave!

De nuevo su mano estripo las mejillas de Draco, obligándolo hacer un puchero.

El pudo ver a la pelirroja divirtiéndose con su desgracia. Ella contenía una carcajada.

-¿Le parece gracioso?- le pregunto, en el tono más amenazador que lograba sin su varita en las manos y con la boca exprimida por los dedos de la momia.

- Si. Lo llamo justicia poética, en realidad.- ella sonrió.

Draco perdió la paciencia. La verdad, nunca había tenido. Pero ahora ni un café de reyes valdría la pena por aquella humillación.

Que su estomago se jodiera. Dudaba que lograra comer, de todas formas. Por lo que parecía tendría suerte si escapa ileso de allí. Y de preferencia sin un viaje solo de ida a Azkaban. El hambre era el último de sus problemas.

Empujo a Quishabe al piso, quitándose el peso, infelizmente, vivo de sus piernas. La vieja se cayo en el trasero arrugado y lleno de estrías (Draco tuvo escalofríos cuando noto que de alguna manera sabia eso) haciendo un ruido considerable.

Ignorando las exclamaciones de "¡Miquito ingles feo! ¡Sabes que mi bumbum es delicado!" miro a la pelirroja, con la expresión más intimidante que pudo.

Necesitaba fingir muy bien si quería convencer a la auror de que tenía una varita.

-¿Qué quieres conmigo?

-Yo nada. Inglaterra si. Draco Malfoy usted queda arrestado. – le dijo calmamente, aun jugando con la varita entre sus dedos.- Tiene derecho a callarse, así me ahorra tener que escuchar todas sus mentiras y cualquier porquería que diga, definitivamente, será usada en su contra. Varias y dolorosas veces.

-¿Cuál acusación?

El sabia muy bien cual era, pero necesitaba ganar tiempo para poder pensar en algo. Cualquier cosa que lo salvara de los años que pasaría en Azkaban.

-La lista va desde 'rico esnob' hasta 'asesinato'. No voy a gastar mi tiempo en eso. Levante las manos donde pueda verlas.

-No creo que eso le guste.- otra mentira.

Estaba desesperado. ¿Todos esos meses para nada? ¿Todos esos escondites asquerosos y sucios para que lo atraparan ahí, ahora? ¿Después de tanto esfuerzo y sacrifico para terminar sus días infernales en Azkaban?

-¿Por qué? ¿Acaso tienes una varita escondida debajo de la manga?- la pelirroja levanto una ceja sonriendo.

-¿Quién sabe?

-Yo se.- paro de jugar con la varita.- Esta desarmado.

- ¿Esta dispuesta a apostar su vida?

- Claro. Porque, a no ser, que haya creado una con magia, yo tengo su varita.

Draco abrió desmesuradamente los ojos y los fijo en la varita que ella usaba como juguete hacia pocos segundos. Reconociendo inmediatamente el cabo.

La única cosa que le restaba de su antigua vida. Cuando la compro a los once años en Olivaras, estaba decepcionado porque era demasiado normal y convenció a su padre de dejarla única. Ahora en el cabo marrón estaba el nombre 'Draco Malfoy' grabado en plata.

"Maldita pelirroja"

-La encontré allí- apunto un punto cualquiera del suelo del bar – Debió cuidarla mejor.

Ella hizo un movimiento rápido con la otra mano y saco su varita del bolsillo del pantalón muggle que usaba. Apuntándole las dos al rubio.

Draco considero la posibilidad de cambiar de estrategia. Acabar con la hostilidad y buscar otros caminos. Caminos que talvez no fueran tan familiares para el, pero nuevamente: sobrevivir hoy, lamentar mañana.

Levanto las manos, mostrando que aceptaba la derrota, temporalmente al menos.

-Se volvió un poquito inteligente, Malfoy. Felicidades. Ahora levántese y venga hasta acá, despacio.

El obedeció, la rabia siendo contenida por el hecho de que la varita estaba cerca de su alcance. Algunos centímetros más y podría recuperarla.

Los seres asquerosos que estaban en el bar observaban el evento con el máximo interés que se podía esperar de una manada de borrachos. Algunos estaban apenas despertando de una noche de perdición alcohólica, otros apenas comenzaban.

El plan era simple: acercarse, saltar encima de la chica, recuperar la varita y salir corriendo para bien lejos de ahí. Fácil.

Pensó que lo sería. La ejecución fue más complicada de lo previsto.

La cuestión era que ella mantenía la varita apuntándole todo el tiempo y mientras más se aproximaba más aquella punta de madera lo hacia sudar.

Era en esos momentos que trolls analfabetos como Crabbe y Goyle servían. Eran buenos escudos para hechizos molestos.

Draco Malfoy no era un cobarde. Solo no apreciaba el dolor, por lo menos no cuando era el quien sufría. Entonces no estaba exactamente ansioso en poner su plan en acción.

Considero la posibilidad de usar su viejo encanto Malfoy con la pelirroja. Pero ese era el problema, ella era pelirroja.

Y el tenía la leve impresión de que, si su memoria no le fallaba, el lacayo de Potter tenía una hermana. Lo que dejaba claro que aunque estuviera pintado en oro ella no caería ante sus encantos.

Le restaban solamente las opciones menos dignas… del tipo "estoy señalando hacia allá porque hay una cosa muy fea y grande detrás suyo, entonces voltéese para que yo pueda huir", "ops, necesito amarrarme el cordón de mi zapato y después te empujo" o entonces "soy tan torpe como Longbottom, voy a tropezarme y caer encima suyo mientras tomo mi varita, no se fije, por favor"

No uso ninguna. No tuvo tiempo.

De repente escucho la horrible voz de Jasmine gritando. La pelirroja y el se giraron para ver que pasaba. Quishabe estaba en el suelo cuando una rata gigante apareció y se le subió a la barriga. Ella estaba desesperada y grito, levantándose rápidamente y corriendo como loca hacia el sitio donde estaba la pelirroja.

El choque fue digno de una foto.

La pelirroja sorpresa con el grito, se quedo parada hasta que fue demasiado tarde. Cayó al piso con la vieja momia encima y la rata en el cabello.

Draco soltó una carcajada y recogió su varita que se le había soltado a la chica.

Iba a coger la varita de la pelirroja, cuando esta golpeo a Quishabe lejos de si con un insulto. Draco desistió del movimiento corriendo hacia la salida.

Estaba riéndose de felicidad cuando se acerco a la puerta.

Talvez por eso no noto cuando el hombre pelirrojo (malditos pelirrojos) y alto se paro frente a el, impidiéndole que saliera.

-Hola, usted debe ser Malfoy, ¿no? Yo soy Gui y este es mi puño, salúdelo.

Esa fue la última cosa que escucho antes de caer inconsciente al suelo.