Capítulo 2

La puerta se abrió a las ocho de la tarde. Beth entró, y ya no tenía la misma vitalidad de esa mañana.

-Buenas.- saludó con un hilo de voz.

-¿Qué tal? Se te ve cansad...

Sin responderle ni mirarle se dirigió a su cuarto. Loki quería entrar y enseñarle modales, pero logró contenerse. En cambio, volvió a dirigir su atención al periódico que había comprado, y con el que estaba intentando ponerse al día de la situación del mundo y del pais en particular.

Beth se sentó a su lado, no la había oído llegar.

-Mal. Me he cortado toda la mano con las puñeteras flores.

Tenia una fea venda mal liada en la mano derecha y un par de cortes más en la izquierda. Sintió una punzada de satisfacción al ver que alguien además de él lo estaba pasando mal.

Se quitaba las vendas con torpeza, parecía dolerle, y Loki lo sabía bien. Cuando practicaba con los cuchillos, cualquier corte en los dedos o en la mano dolía como un infierno. Sin poder contenerse, dejó el periódico a un lado y le cogió con seguridad la mano para quitarle la venda y limpiarle los cortes.

-Gracias Lucas.

-Deben de ser carnívoras esas plantas. O tu ser muy torpe.- lamentó al segundo haber dicho aquello. Pero después de un momento de tensión, Beth se echó a reír.

-Muy bueno capullo. Termina por favor, tengo solo diez minutos antes de ir al siguiente trabajo.

-Normal que haya tantos parados, tienes todo el trabajo de la ciudad.

-Ja ja, escucha al genio del humor. Lo que me recuerda, que tienes que pagarme el mes de alquiler por adelantado, y la mitad de la fianza, lo que acordamos.

-Am.

-450 € en total, 300 del mes y 150 de la fianza.- se levantó y le dio un golpecito en el sombrero hasta taparle los ojos.- Ya no bromeas tanto, genio.

Se arrepintió al instante de la amabilidad que le había mostrado, tan impropia de él y tan forzada. Y se planteó que debía buscar la manera de recibir una fuente constante de dinero para costearse su nuevo vida.

Cuando Beth salió de su cuarto, aseada y preparada para trabajar, había un sobre en la barra de la cocina. Era el dinero, pero él ya no estaba en el salón, y se fue a trabajar.

Se pasó la mitad de la noche en vela. Todo se le estaba agolpando en la cabeza como un huracán. Aunque tuvo que reconocer que su situación no era tan mala. Su lista mental de prioridades ahora era mucho más escueta, pero no le dejaba conciliar el sueño. Oyó la puerta del piso abrirse, miró la hora del reloj, eran las 3:30 de la noche. Y pensó que aun había gente que lo tenía peor que él.

Despertó con un dolor intenso, punzante, en la boca del estómago. Su prioridad pasó a ser la nutrición, una nueva necesidad que no había tenido en cuenta. El salón estaba desierto, tal cómo lo había dejado él la noche anterior, pero sin el sobre en la barra. Abrió los muebles de la cocina uno por uno, pero no encontró más que utensilios, latas de comidas indescriptibles, pan mohoso, y en la nevera algunas bebidas, un trozo de queso y poco más. Nada con lo que el supiera que se podía hacer un desayuno.

Estaba a punto de tirarse al suelo cuando la puerta del otro cuarto se abrió.

-Buenos días.

-...días.

Abrió la nevera y un mueble, sacó una caja y comprobó que lo que hubiera que tener dentro, no estaba, y lo soltó con desazón.

-Uhm, parece que no queda nada de comer.

-Tengo hambre

Cerró la nevera y lo miró

-Pues habrá que ir a comprar. Vístete y nos vamos, se un sitio que está abierto los domingos y es barato.

Llegaron al supermercado, Loki no sabía de dónde salía tanta gente. Había pasillos y pasillos llenos de comida, productos de higiene y cosas que necesitaba. Salieron con un carro lleno y los ánimos por las nubes. Comieron en casa, y ya con el estómago lleno se permitieron relajarse un momento. Se quedaron un rato viendo la tele, hasta que Beth miró el reloj de la cocina. Echó la cabeza hacia atrás con un suspiro y se levantó del sofá.

-¿Vas a trabajar?

-Si, el bar abre hoy por la tarde.

-¿Por qué no te basta solo con un trabajo?.- intentó alzar la voz para que lo oyera desde la habitación.

-Aquí los buenos trabajos se los dan a los holandeses. Para los demás nos queda lo que nadie quiere hacer y está mal pagado.

-Pensaba que eras holandesa.

-No. Ah, por cierto.- se oyeron los pasos hacia el salón.- Mañana te acompañaré a la universidad para hacerte la matrícula, aunque va a tener que ser temprano, porque tengo clases por la mañana.

Y aquello se presentó como un problema.

-No te molestes, solo dime dónde se hace y yo lo hago.

-Es mi obligación en el programa de acogida de alumnos de movilidad, si no lo hago no me dan los créditos de libre configuración.

-... ehm, bueno, yo puedo decir que lo hemos hecho juntos, no te preocupes. No quiero que pierdas tu clase por mi.

Ella se plantó delante de él, y lo miraba extrañada.

-De verdad, hoy por ti, mañana por mí, ¿no?.- el asgardiano improvisó la cara más inocente que conocía, pero no pareció convencerla, porque seguía con el ceño fruncido.

-No te creo. Pero bueno, si insistes.

-¿No llegas tarde?

-Si...- y se fue a su cuarto, aun con cara de pocos amigos.

Loki se quedó un rato con la incertidumbre. A lo mejor había sido muy insistente, pero no podía permitirse que ella dudara de su rol. Buscó en el periódico o en alguna revista información sobre esa "matrícula" en la universidad...

Se pasó toda la tarde en su búsqueda frenética. No se dio cuenta de la hora, cuando miró el reloj eran las 1:45. La puerta no daba signos de abrirse. Se preguntó cuántas horas dormía Beth para poder sobrevivir. Y se fue directamente a la cama.

El despertador sonó a las 7:00 sin piedad. Cuando salía para el cuarto de baño Beth ya estaba en la cocina, un olor lo inundaba todo y salía de una jarra de café.

-Ha sobrado una taza grande.

No le gustaba nada tomar cosas que le nublara la mente de alguna forma y antes ni se lo hubiera planteado. Pero ya no había magia, era un simple humano que tenía que levantarse temprano para salir a buscarse la vida. Un café no lo iba a matar. Ella notó su duda y lo preparó ella misma..

-Si no estás muy acostumbrado rebájalo con agua o leche, así no será tan fuerte el subidón.

-¿El qué?

-Vamos, bébetelo que no llegamos.

El camino hasta la universidad no era largo, pero una vez más, había demasiada gente. El sol despuntaba entre algunas nubes por el horizonte de ladrillo, piedra y metal. La gran mole de ciudad parecía querer ocultarlo a toda costa entre sus edificios, y el astro se escurría para iluminar un nuevo día en la ciudad de los canales. La gente parecía apática, era la vuelta de las vacaciones de verano, y casi nadie le animaba volver a la rutina diaria.

Al final llegaron al campus. Era una calle con varios edificios de oficinas y facultades donde los estudiantes se agolpaban para entrar y salir.

-Te dejaré en la oficina de estudios internacionales. Allí te atenderán, en la de Erasmus, ¿vale?

Llegaron y ya había una cola importante de personas. Loki la miró implorante.

-Es comienzo de curso, es normal.

-¿A qué hora se levanta esta gente?

-A las 5:30 o 6:00. Espera hasta que pase el de delante, y entra tú. ¿Seguro que lo quieres hacer solo?

-Claro, no te preocupes. Gracias por todo.

-Te veo luego.- y le dio un golpecito en el hombro con el puño.

-Nos vemos pues.- Beth se paró en seco, le miró y se echó a reír antes de irse.

Todos se dieron la vuelta para mirarlos y él volvió a ruborizarse, por su torpeza. Aunque ahora debía concentrarse en la historia que iba a contarle a la persona de allí dentro. En el mejor de los casos, le ayudaría a "recuperar" sus documentos de identidad, y le darían ayudas para empezar sus estudios. A lo peor, lo metían en la cárcel, había leído que allí no había pena de muerte. Todo dependía de una nimiedad, pero al tocarle su turno, entrar a la oficina y ver la mesa que quedaba libre, salió el sol para él. Definitivamente iba a tener suerte.

Salió de allí en una hora más o menos, con una denuncia tramitada para recuperar sus documentos de identidad robados en el tren, un carnet de estudiante provisional, la matrícula firmada y aprobada en la carrera de Tecnología de la Comunicación, y el amor incondicional de una adorable mujer mayor de la oficina de movilidad. También habían conseguido que le aceptaran la beca de 700€ para poder estudiar en el extranjero, y habían puesto en marcha otra ayuda económica para jóvenes investigadores. No podía haber ido mejor.

Su facultad estaba localizada en el edificio de Ingeniería y Telecomunicaciones, uno de los más grandes y con la tecnología más puntera de Europa. La información era poderosa, si se sabía usar, eso Loki lo sabía, ¿y por qué iba a renunciar a sus sueños de grandeza solo porque había dejado de ser un dios? En la tierra había numerosas deidades, y muchas no eran ni analógicas. El nuevo orden estaba marcado por internet y las nuevas comunicaciones. Quién las dominase, dominaría gran parte del mundo.

Su primera clase fue demoledora y muy desilusionante, pero se vio más animado con el trabajo de laboratorio. Aquello no era su tipo de magia, pero era magia al fin y al cabo, con una explicación científica comprensible para los humanos, pero la misma base. Tanto poder, repartido en tantas manos idiotas, eso fue lo último que pensó al salir de los laboratorios.

Cuando Beth volvió por la tarde, lo encontró en la mesa del comedor, tras una montaña de libros y con un portátil prestado de la biblioteca de ciencias entre las manos.

-Buenas tardes, pues.- dejó la maleta en la puerta y caminó hacia él con una sonrisa de suficiencia. La mueca de Loki no la disuadió.- ¿cómo te fue?

-Bien, hice la matrícula y conseguí una beca.

-¿la básica?

-Unos 700€ por cuatrimestre. ¿por qué?

-Eso no te va a dar para vivir bien aquí, solo el alquiler son 300€ al mes. Más comida, fotocopias...

-¿y cómo consigo más?

-Es una universidad pública, no andan sobrados de pasta que digamos. Puedes pedir que te den un trabajo de mantenimiento o informático en tu facultad.- Loki dejó claro que no iba a ser el caso.- O dar clases de lo que sepas, inglés, francés, español, matemáticas...- tampoco iba a ser eso.- Los trabajos de investigación son 200€, pero son esclavistas.

La cara de Loki era pura desolación. No solo iba a tener que ir a clases todos los días, estudiar en casa y hacer los trabajos, también debía trabajar para mantenerse.

-Bueno por ahora iremos tirando esta semana, y ya tienes el alquiler pagado un mes, tampoco te estreses demasiado hoy. ¿cuánto te queda de lo que trajiste?

-Creo que... 150€

-Bueno yo te puedo ir prestando algo, pero se devolverá con intereses. Hasta que encontremos algo.

-Era fantástica, bondadosa e inteligente.

-Relájate, genio. Ve calentando el horno, me voy a duchar y luego celebraremos que hemos empezado las clases. Vienen unos amigos míos ahora.

Ella se dirigió al cuarto, y él aprendió cómo se encendía un horno. Se sentó en el sofá con las piernas estiradas y el libro entre las manos, pero algo no lo dejaba concentrarse. El agua de la ducha sonaba en su cabeza, se sorprendió mirando la puerta entreabierta del cuarto de la chica. Parecía que a veces olvidada que ya no vivía sola. Esperaba poder verla salir del cuarto de baño.

Fue solo unos segundos, pero pudo verla. El corazón le dio un vuelco, y comenzó a latir con violencia. La temperatura corporal se disparó, respiraba con dificultad. Se levantó del sofá como un resorte y se llevó las manos a la cara. Qué estaba haciendo. Asustado, confuso y sin parar de andar por todo el salón, intentó recordar un momento en el que se sintiera así de enfermo. Y cayó en la cuenta. El timbre del horno sonó asustándole.

-Si eso ha sido el horno, mete las lasañas en el frigorífico y ponle diez minutos.- la voz de Beth hizo que volviera a acelerarse.

De pronto le asustó la idea de que lo viera en ese estado, y se fue directo a su cuarto, y de ahí a la ducha. Solo que esta tomó más tiempo del esperado.

-Idiota, casi se queman por tu culpa.- las lasañas tenían un color raro, pero no olían a quemadas.- Haberme avisado joder.

Sabía que si decía algo su voz lo delataría, así que se limitó a volver a su habitación. Se planteó el no salir de allí, pero el dolor de barriga volvió con fuerza. Y por otro lado, no iba a ser él quien se asustara de esa forma, era humana, igual que él, ¿por qué iba a esconderse?