¡Qué tal! Vengo un poco tarde con la segunda parte, pero supongo que nadie la esperaba con prisa... En fin, debo decirles que no será un fic demasiado largo así que no creo que agregue más de dos o tres capítulos. Espero que les guste y no se olviden de darme reviews en caso de que llegasen a leer esto... por alguna extraña razón de la vida~
Makoto apareció el viernes en el instituto. Caminó con miedo por la calle, hambriento, cansado. No había logrado dormir ni un solo minuto, y no había podido meterse nada a la boca sin vomitarlo todo fuera. – ¿Un ghoul? ¿Canibalismo? ¿Virus T? – se le pasó por la cabeza después de haber hecho una búsqueda en los periódicos a nivel nacional… De verdad en Iwatobi parecía nunca pasar nada, pero quizás lo estaban subestimando. ¿Qué tan improbable era que eso sucediera?
Makoto subió a su salón y se sentó en el último lugar de la fila. Vio a Haruka entrar adormilado, no había pasado por él como todas las mañanas. Escondió su cara. Makoto, ¿es que acaso no te atreves a enfrentar a Haru? Recordó aquel aroma que le había causado tantos problemas la noche del lunes anterior y sintió su estómago rugir de hambre.
‹‹ Yo no quería hablarle, pero él no dejaba de mirarme con esa cara preocupada… Supuse que solo querría saber si estaba bien. ››
El pelinegro se acercó al menor, con el paso indeciso. Había pasado toda la noche sin dormir al igual que Makoto, preguntándose las mismas cosas. ¿Qué pasaba con él? El brazo le dolía aún. Ya no sangraba, pero la mordida seguía abierta y le ardía el simple hecho de mover el brazo a pesar de que se había puesto un gran parche. – ¿Vendrás a casa hoy? –le preguntó, tratando de pretender, haciendo como si no hubiese pasado nada.
Makoto negó con la cabeza, pero el otro le insistió. No se habían visto en toda la semana y era hora de buscar una solución al problema. No le gustaba pasar el tiempo alejado de su mejor amigo, se sentía extraño… era como haber perdido una parte de él.
Ambos subieron juntos a la hora de almorzar, y como Haru esperaba, Makoto no llevaba nada para comer consigo. Haru tomó el segundo bento que tenía en sus cosas y estiró su brazo –el no mordido– hasta Makoto.
–Puedes comer esto– le dijo Haru, rompiendo el silencio.
–No creo que en realidad pueda comer algo, Haru… yo…– Makoto intentó negarlo, pero Haru de todos modos dejó el pequeño contenedor de plástico sobre sus piernas y comenzó a comer el suyo en silencio.
–Por favor, cómelo. Lo he conseguido para ti– dijo Haru después, con una intención determinada. Todos tenemos claro lo que era, ¿verdad? ¿No tenemos a nadie lento en la corte? Bien. Makoto dirigió su mirada al bento y probó un bocado seguido de sorprenderse. Makoto se alegró tanto, ¡finalmente podía comer algo, después de semanas! Haru lo observó comer con desesperación, sonrió suavemente y posó la mano en la espalda de su amigo, le provocaba alivio el verlo comenzar a recobrar la vida que había siempre en sus ojos.
Haru había investigado lo suficiente, entonces después de eso no cabía ninguna duda: De alguna forma, Makoto se había convertido en un ghoul.
–Supuse que tendrías hambre–le dijo Haruka, en lo que el menor apoyaba su cabeza en su hombro, con alivio. Haru acarició su cabello suavemente. – ¿Estás bien ahora? –le preguntó.
Makoto asintió con la cabeza, se sentía feliz de que Haru ya no estuviese asustado de él. Pero de pronto se dio cuenta de aquella cosa que le molestaba hace días: Si Makoto ya no podía comer nada, ¿qué era entonces lo que Haru le había dado? –Haru…–le llamó el menor – ¿Qué… qué es esto? –curioseó preocupado tras haberse terminado el bento.
–Solo es comida, Makoto–dijo cortante el pelinegro– Tenemos algo de qué hablar, ¿recuerdas?
–Sí, Haru… yo…
–He estado buscando por mi cuenta, así que nadie se ha enterado… Pero, ¿qué crees tú que haya sido eso? –preguntó el muchacho de tez blanca.
–Yo… También he leído algunas cosas-admitió el trigueño– Pero no he querido sacar conclusiones apresuradas, porque a fin de cuentas puede que solo sea psicológico, ¿verdad?
Haruka puso una expresión compasiva. No sabía cómo empezar a abordar el tema.
–No lo es, Makoto–
– ¿Eh? ¿Y cómo lo sabes? –preguntó Makoto, asustado.
–Acabas de comer…
–¡Haru! – exclamó Makoto cubriéndose la boca con asco.
–No fue asqueroso, ¿verdad? –preguntó el pelinegro.
–No puedo creer que me hayas hecho comer eso–sollozó el menor, acercándose a su amigo y hundiendo la cara en su pecho– Yo… yo iba a visitar un doctor, le preguntaría a alguien primero… – agregó después– Haru…
–Makoto, no podemos ocultarnos esto. Está ocurriendo, y era mejor traerte algo antes de que atacaras a alguien más–reflexionó el mayor en voz alta. Le tomó la mano.
–En ese caso… Pienso que no debería estar cerca de ti, ni de los chicos… – se lamentó Makoto.
Haruka meneó la cabeza en ademán negativo y bajó la mirada –Ya me acostumbraré, será mejor que por ahora no les digas–finalizó el mayor.
‹‹ Después de clases, caminamos juntos a casa como de costumbre. Nagisa y Rei no se percataron de ningún cambio así que pude estar tranquilo durante el trayecto, pero cuando llegamos a la casa de Haru… se volvió un poco incómodo para mí. Sentía que si me acercaba demasiado a él podía hacerle daño, y de verdad no quería hacerlo… Así que traté de mantener distancia. El problema fue que él no quiso cooperar y justo esa tarde decidió experimentar con lo que estaba pasando. No dejaba de hacer preguntas… ¡Cualquiera podría haber perdido la cabeza!... …. Lo siento, de verdad… Aún estoy un poco… como sea.
– ¿Has comido algo desde el viernes? –me preguntó Haru. Negué con la cabeza, no sacaba nada con mentirle, él se habría dado cuenta de todos modos.
–Lo he intentado–dije.
–La noche que no llegaste…–Haru se acercó a mí, ignorando mi condición. Pensé que se le había olvidado, o que ya no me temía– Quería decirte algo…
–Ya veo–dije yo.
–Estábamos avanzando muy rápido y pensaba que… quizás– Haru se escondía detrás de su mirada esquiva, avergonzado, ahora sin miedo. Se veía adorable. – que tú y yo tenemos algo…
Mis ojos se llenaron de emoción al escuchar a Haru decir eso. Sonreí, abracé a Haru por el frente y él me devolvió el gesto. Pero ahí estaba de nuevo, su olor… Ahora el hambre era un instinto tanto y más fuerte que el instinto sexual, o el sueño. Me deleité olfateando su cuello de nuevo, él se percató de esto y a propósito me llevó a la cama.
Haru me besó despacio, en ese entonces era mi primer beso con él y con nadie, y fue asombroso. Fue tan pudoroso… tan adorable… tan suave. Su piel era tan dulce y su saliva tan deliciosa, no pude resistirme a pensar una vez más en lo delicioso que era Haru. En ese momento lo acepté. Acepté lo que soy ahora: un ghoul.››
– ¿Tienes hambre ahora? –le preguntó Haruka al menor, besándolo delicadamente. Haru sabía a lo que se estaba arriesgando, pero no le importaba. Se sentía atraído por aquella posibilidad.
–No la tengo, Haru-chan–respondió Makoto. Haru no pudo diferenciar si era su amigo, o el ghoul que había aparecido en su casa hace unos días. No podía ver sus ojos.
–Entonces…–dijo Haru, pareciendo pensativo, pero no continuó hablando y en su lugar comenzó a besar al menor con lujuria. Esta vez, Haru estaba tomando el control de la situación e incentivó a Makoto determinadamente. Comenzó a sacarse la ropa despacio y a encaminar las manos del trigueño hacia su propio cuerpo.
Makoto se puso nervioso, no podía controlarse cuando tenía hambre –eso era lo que había concluido para ese entonces– y le daba miedo la sola idea de poder atacar a Haru. Makoto estaba haciendo lo humanamente posible para contenerse, casi aguantando la respiración, casi haciendo caso omiso a la agitación de su respiración y aquella incomodidad que volvía rígidos sus pantalones.
–Haru… d-detente–rogó Makoto, cubriéndose la cara para dejar de ver al mayor y su escena provocativa. –¿Qué estás haciendo? –preguntó.
–Makoto–le llamó el ojiazul –come–le ordenó después.
Makoto desesperó. No sentía como que pudiese aguantar mucho más por su propia voluntad. Debía salir de allí de inmediato. Se mordió la lengua, oponiéndose a caer ante Haru.
–Vamos… cómeme–insistió el mayor, ahora recostándose sobre la colcha blanca de plumas y esperando a que el otro atacara sin la más mínima piedad…
‹‹Haru comenzó a decirme que comiera, que me lo comiera a él… No entendía qué le estaba pasando, comenzó a actuar extraño de la nada y de pronto esa sensación extraña volvió a mí; quería comérmelo, pero era Haru, y no quería hacerle daño a mi mejor amigo.››
–¿Y entonces no lo atacaste? –
‹‹Sí, sí lo hice.››
Makoto no se dio cuenta cuando su ser ya estaba completamente poseído por su propio –y a la vez ajeno– ghoul, ordenándole que cumpliera la voluntad de su mejor amigo y volviera a comer.
–Haru-chan– musitó Makoto, con su amigo desnudo frente a él, expectante. –Estoy tan feliz–dijo después, y luego sonrió.
Makoto tomó a Haru poniendo las manos en ambos muslos tras separarlos, acercándose a uno de éstos para morderle con apetito. El trigueño desgarró parte de la pierna del mayor y la sangre comenzó a escurrir lenta y abundante mientras la colcha blanca de pronto comenzaba a absorber aquel líquido caliente que brotaba de la herida. Extasiado, miró el rostro de su amigo. Haruka frunció la cara de dolor y a su vez soltó un ligero quejido.
–Hazlo otra vez– rogó Haru, con el muslo sangrando y evitando poner las manos sobre la carne desgarrada y abierta.
–Haru-chan–suspiró de nuevo el menor, con una sonrisa que demostraba placer y calma a la vez, con los ojos cerrados y el rostro sereno. Cuando abrió los ojos, su mirada desorbitada se encontró con el masoquismo del pelinegro, chocando eléctricamente en el aire. –Lo haría mil veces, si es por ti… Incluso si no me lo pides– sonrió Makoto. El ghoul enterró sus afilados dientes en el abdomen del humano, éste gimió y se estremeció de dolor una vez más. La sangre escurría por la boca de Makoto y corría desde el cuerpo blanco de Haru, ambos pulsos palpitaban excitados.
–M-Makoto–gimió Haruka, con un aire también extasiado y a la vez lleno de dolor–Me… duele–pero Haru no pudo terminar de hablar cuando Makoto le interrumpió, comenzando a olfatear su piel en ademán de sospecha.
–Ha…ru…chan–farfulló de nuevo el menor, ahora buscando aquel aroma invasor en el cuerpo de con quien al fin podía compartir la cama– ¿Quién ha estado contigo? –preguntó con la expresión más amable que le pudo dedicar en ese momento–creo que te has olvidado de un pequeño… muy pequeño detalle–dijo de pronto, cuando su voz comenzó a temblar, con el sonido de sus palabras volviéndose quisquilloso y desquiciado–tú eres… mi mejor amigo…–dijo escupiendo la sangre que le quedaba en la boca –No quiero tenerte si tengo que compartirte con alguien más, ¿ne? –agregó volteando a Haru con violencia y dejándolo apoyado en su vientre sangrante. Ahí, en ese momento, fue cuando Makoto descubrió en la espalda de su mejor amigo las marcas de su complicidad con otra persona; recientes mordidas que no le pertenecían. Haruka guardó silencio, escondiendo su rostro hundido en la cama– ¿Quién más está detrás de ti, Haru-chan? –preguntó el menor, apretando su puño en señal de desasosiego.
Pero Haruka no habló, mantuvo su boca cerrada como guardando un pacto que nadie podría descubrir jamás.
–Entiendo–concluyó Makoto, todavía sujetándolo con rabia. El de orbes esmeraldas dio una última mordida entre las otras y escupió la carne en su espalda– Ve y dásela al otro ghoul.
