Disclaimer: Los personajes pertenecen a S. Meyer, yo solo los tomo prestado en esta loca historia


CAPITULO 1

"Los perros son buena compañía, los hombres no"


En una feliz tarde de noviembre Isabella Swan se encontraba recordando con mucho ahínco como es que había heredado el amor por los animales mientras cepillaba a Mía, una Golden de un año y medio de edad; y al mismo tiempo observaba su veterinaria, que con tanto esfuerzo había logrado poner en medio de una gran ciudad como lo es Seattle; la llevó a conocer a Mía una tarde enero.

Ella se encontraba en la parte de atrás de la veterinaria, tratando de calmar a un adolorido labrador porque tenía una oclusión intestinal producto de haberse comido un juguete de hule; no pasó por alto el bullicio que originó aquel cachorro, acercándose lentamente a la parte delantera del establecimiento, se percató del movimiento que había y hacían sus técnicos y enfermeros; con paso firme adelantó unos pasos más y se enfrentó a su destino.

Una Golden de aproximadamente tres meses encerrada en una pequeña caja de cartón, completamente dañada, con heridas en la piel y una pata fracturada, Isabella frunció su ceño, enfurecida por los dueños y por haberla dejado abandonada.

- no solo tiene fracturas en su pata delantera sino también en la trasera izquierda – añadió Garrett, un técnico y voluntario

- llévenlo al patio trasero por favor y con un paño húmedo y tibio fíjense que heridas tiene y donde - tanto Garrett como otra técnica obedecieron; Isabella no pudo sacarse de la mente la imagen del pobre cachorro, mientras atendía al labrador de turno

Cuando pudo terminar, se dirigió por completo al patio, dejando a un pequeño gato a cargo del veterinario practicante; presurosa y casi desesperada, corrió por los pequeños pasillos que le ofrecía aquel mini hospital para animales, a lo lejos podía oír los aullidos y gemidos de dolor y miedo de los animales ocasionados por su gente, ella tuvo que correr y cuando vio al cachorro, se agachó para recibirlo ya que iba directamente hacia ella.

Con cuidado la revisó con ayuda de una enfermera a cargo, Garrett regresó hacia el establecimiento porque se necesitaba manos para bañar a un gran San Bernardo que estaba lleno de lodo. La pequeña cachorrita gemía cuando se le tocaba la pata delantera izquierda, y más aún cuando por algún movimiento la pata trasera izquierda quedaba en una posición rara; Isabella la dejó con la enfermera, pidiéndole que la bañara para poder curarla por completo, la enfermera obedeció; mientras que ella fue a recepción y preguntó por si había algún paciente después de las cinco, la recepcionista le contestó que no y la dueña dijo que cerrara de una vez y que después de mucho tiempo todos tendrían el resto de la tarde libre; la mayoría de los técnicos soltaron gritos de júbilo, al ser sábado, todos querían salir a divertirse.

Ella se dirigió rápidamente donde se encontraba su practicante y verificó que estaba haciendo su trabajo bien; luego se fue a otra sala porque ya la estaba esperando su enfermera de confianza y la cachorrita tendida en la camilla.

Sobra decir que Isabella hizo todo lo que tenía al alcance para operarla, sus fracturas ya tenían días, ya había sangre coagulada y un poco de infección. A los días de recuperación y con notables entablillados en sus patas, ella ya empezaba a dar señales de vida, ya comía, porque no lo hacía, y ya empezaba a mover la cola a todas las personas que trabajaban en la veterinaria.

Al mes y medio quedó completamente curada, tanto de aquellas llagas en su piel y sus fracturas; Garrett, tuvo que cortarle el pelo al ras para que pueda crecer esta vez sin algún tipo de bichos o plagas; quisieron darla en adopción después de haberla curado; Isabella lloró cuando vio que querían llevársela y ahí decidió que ella lo haría. Tanto ella como Mía no estuvieron felices nunca en su vida como ese día.

- ¿qué haces? - preguntó de pronto su hermana, tocando la puerta antes de entrar, Bella levantó la vista y sonrió

- acicalando a Mía - siguió cepillándola con suavidad mientras le daba pequeños masajes, la perra de color hueso estaba más que feliz al recibir atención de su dueña, movió la cola cuando se percató que Alice se acercaba a ella

- jamás te cansas de hacerlo - sacudió la cabeza con una sonrisa y se sentó en la silla más cercana - ¿porque la veterinaria está cerrada? - preguntó su hermana - no la has abierto - añadió cruzándose de piernas acomodando su falda, terminó de cepillar a Mía y palmeó su espalda, ella al instante se paró, saltó de la camilla en dirección a Alice, lamió sus manos y se fue trotando hacia el patio, Alice sonrió viendo cómo se alejaba y regresó su atención a su hermana, observó cómo es que ésta metía algunos instrumentos dentro de un maletín blanco casi transparente con pestillos rosados

- está cerrado porque hoy iremos a la fundación - Alice se levantó eufórica de su sitio y saltó - pensé que habías leído el papel pegado en la puerta - Alice negó con la cabeza - ¿porque nadie lee los avisos? - susurró Isabella molesta girándose en su sitio para seguir con sus cosas

- ¿podré ir yo también? - preguntó su hermana

- solo si prometes que esta vez te encargaras de la limpieza, hoy seremos pocos y necesitamos manos - Alice dudó un poco y aceptó a regañadientes

- preferiría que me pusieras a alimentar a los gatos - susurró cogiendo su bolso - pero lo haré - añadió viendo la mirada de advertencia de su hermana - lo haré, no te preocupes -

- no me preocupo - respondió Isabella - es solo que la fundación últimamente está escasa de voluntarios y no me queda más que decir a la gente que tengo a cargo que vayan a alimentar a esos pobres animales - añadió mientras cogía la correa de Mía y la llamaba con la mano

Mía se acercó a ella y se quedó quieta cuando colocó su correa, Alice con Isabella y Mía detrás de ellas salieron de la veterinaria, cerrando todo con llave; Alice le dijo a su hermana que se verían allá porque había venido en su auto, mientras que Isabella se apresuró a subir a la perra a la camioneta en la parte de atrás y en un lugar aparte dejó las dos cajas de herramientas que llevaba para examinar a los animales que pueda. Arrancó el auto y Mía gimió, acomodándose en él.

- no deberías tenerle miedo al ruido del motor - anunció de pronto Isabella, girando el volante en dirección a la fundación - ¡iremos a visitar a todos tus amigos del albergue! - añadió con una sonrisa eufórica mirando por el espejo retrovisor, al parecer la golden entendió porque meneó su cola e Isabella sonrió moviendo la cabeza al son de la música

La fundación Patitas había nacido poco después de rescatar a Mía, Isabella tuvo que moverse por toda la ciudad, reunir a voluntarios afines a su causa, sin contar la gente que trabajaba para ella; promocionó por internet e hizo pancartas para recaudar fondos; su hermana y sus amigos ayudaron a que salga adelante el refugio de animales, gracias a Alice, ella pudo conseguir lo que necesitaba para el terreno y el novio de su hermana donó e hizo toda la infraestructura que necesitaban si querían albergar a cientos de animales ahí; el albergue se encontraba casi a una hora de la veterinaria, debido a que eran muchos animales y previniendo el ruido que harían para no incomodar a las personas, se decidió ponerlo en un área verde, muy lejos de la ciudad.

Recordó a su madre de pronto; ella tenía cinco años cuando vio a su madre sacar dos pocillos llenos de comida y huesos, ella se abstuvo de preguntar y se fue al segundo piso; a la habitación de sus padres para espiar; vio como colocaba aquellos platos de comida cerca de un poste donde se encontraban dos perros, uno amarillo y otro negro con la lengua afuera y algunas cortadas en el cuerpo; recordó como los perros hambrientos se acercaron, ávidos de comida, a devorarse todo el plato.

A partir de ese día supo que ella no podía ser indiferente.

Tomó las costumbres de su madre, dar de comer a cualquier perro que pasara, Isabella siempre dejaba algún plato de comida extra por si algún perro callejero aparecía; Alice, su hermana también no era indiferente, pero ella prefería pasar las horas junto a sus muñecas organizando eventos para éstas, y así fue como terminó de grande; creando los mejores eventos de la ciudad, una organizadora fenomenal, reconocida por diferentes revistas de novias y fiestas de eventos. De pronto tuvo que frenar en seco porque el conductor de adelante también lo hizo, y se estremeció al escuchar ese terrible chillido, signo de un animal atropellado. Notó como Mía levantó la cabeza y se puso alerta queriendo gruñir y ladrar, Isabella se aseguró de tener todas las ventanas cerradas, excepto la suya y bajó del carro con premura, corrió adelantando unos cuantos autos, y se horrorizó cuando vio a un perro muy parecido a Mía arrastrarse hacia la vereda con el pelaje de color negro mostrando la pata ensangrentadas; se quitó el suéter que llevaba puesto y lo levantó con mucho esfuerzo pero siempre teniendo cuidado, el perro aun así chilló con fuerza por el dolor.

- ¡cabrón! - gritó al conductor que se dio a la fuga, los otros carros detrás de él no avanzaron y se dedicaron a mirar con horror y asombro como es que una persona se atrevió a levantar a un indefenso animal atropellado - ¡si imbéciles, al menos una es consciente! - volvió a gritar, el resto de personas giraron su cabeza y empezaron a arrancar, subió a la camioneta con el perro y lo dejó en el asiento del copiloto, éste todavía lloraba de dolor, Mía quiso ladrar pero al darse cuenta del estado del perro solo gimoteó en su sitio y volvió a sentarse mirándolo con interés; cerró la puerta del auto con fuerza y salió a toda velocidad, ya faltaba media hora para llegar, marcó el número de su hermana y ella contestó.

- ¿qué paso? - levantó la voz debido a que se escuchaba de fondo un coro de animales ladrando y maullando - ¿dónde estás, porque no has llegado? -

- si ves a Ángela dile que aliste la sala improvisada de operaciones que tenemos, acabo de recoger a un perro atropellado - no dio tiempo a que contestara y colgó; cuando salió a la autopista, lo hizo a toda velocidad, esperando acortar el tiempo de llegada a la fundación; daba gracias mentalmente de haber conseguido una camioneta y no un auto pequeño.

El perro negro estaba acostado sobre el asiento, tratando de lamer su herida; aquel imbécil que lo atropelló parecía haberse asegurado de haberlo pisado bien, porque tenía sus dos patas traseras desviadas y una fractura abierta de la cual salía mucha sangre; aquellos ojos negros del pobre animal la miraron con temor, ella quiso llorar en ese momento y desvió su vista hacia la carretera, a lo lejos vio el auto de su hermana y frenó en seco estacionándose como sea.

- ¿qué pasó? - gritó Ángela, una de las voluntarias, abrió la puerta de par en par, Isabella tiró la llave del auto a su hermana quien corrió para sacar a Mía, Ángela se apresuró delante de ella y la ayudó para el procedimiento

- hay que limpiarle las heridas - dijo de pronto Isabella, poniéndose una bata gastada que había colgada en el perchero de la sala y una mascarilla que cubría su nariz y boca, Ángela pasó a su lado con agua tibia y una esponja para quitarle toda la sangre y poder cortar su pelo, y cuando lo hizo el perro aulló - ¡ya está, estarás bien en unos minutos! - acarició su cabeza con mucha ternura, él perro entendió y solo gimió adormeciéndose por completo cuando le puso la jeringa con anestesia

- voy a sacarle un par de radiografías - dijo Ángela terminando de conectarle el suero a una de las patas delanteras, Isabella asintió y se dio cuenta que sus instrumentos estaban en el carro, gruñó y de reojo vio como la respiración del perro era acompasada; se quitó los guantes, la mascarilla y el gorro, salió de la sala y vio a su hermana con sus cajas de herramientas, suspiró aliviada pero se percató que un joven castaño se adelantó unos pasos para abordarla, no hizo caso y se fue con su hermana

- gracias Alice - susurró con una sonrisa tímida, ella asintió; se fue para buscar a Mía y empezar con su trabajo de limpieza - ¡Alice! - gritó Isabella haciendo que ésta vuelva por donde vino

- ¿qué pasa? - preguntó con curiosidad, Isabella, viendo de reojo por un momento al hombre que estaba detrás de ella preguntó - ¿quién es él? - susurró con el ceño fruncido, pero Alice se encogió de hombros y volvió a irse, giró con ambas cajas en su mano y el hombre esta vez la interceptó

- ¿qué quiere? - preguntó con voz amarga, aquel hombre frunció su ceño e hizo una mueca - estoy apurada ¿qué quiere? - aclarando, dio un par de pasos rodeándolo pero de nuevo fue interceptada - mire en serio estoy ocupada, si ha venido a ayudar, en el patio le dirán que hacer y si ha venido para adoptar tendrá que hablar con Garrett que también lo encontrará en el patio, ahora si me disculpa -

- usted trajo a mi perro - Isabella frunció su ceño confundida y miró a lo lejos a varios perros jugando a perseguir a Mía

- de que perro hablamos porque hay demasiados – respondió sarcásticamente, volviendo a su paso haciendo que él de nuevo se interpusiera en su caminó, Isabella gruñó

- me dijeron que habían atropellado a un perro y que una chica se lo llevó, la seguí, mi perro está aquí - ella suspiró molesta y volvió a su paso

- tengo que operarlo, está muy mal herido, espere una hora o dos si quiere volver a verlo caminando - y dicho esto entró de nuevo en la sala dejando de lado a un sujeto en total asombro y pálido por lo que dijo la doctora, Isabella al fin entró de lleno a la sala y se preparó para la operación viendo las radiografías de aquel animal

Con sumo cuidado esterilizó toda la instrumentación y los colocó en una bandeja con mantel limpio, dejó de lado todo y acomodó al perro; Ángela se había encargado de arreglar la camilla, y luego le entregó las radiografías, observando una gran fractura en la pata trasera izquierda

- ¿sacaste radiografías de su cadera? - preguntó, pasando las siguientes placas, Ángela asintió

- también del tórax, descartamos afección pulmonar, solo tiene la fractura en la pata izquierda - asintió, revisando al perro que ya estaba dormido, estiró la pata de manera que se viera toda la herida por completo y asintió

- pensé que tenía las dos patas rotas - Isabella sonrió - este negro tuvo suerte - Ángela asintió acariciando al perro y empezaron con el procedimiento

Tardaron aproximadamente una hora y media abriendo y reacomodando los huesos, poniendo pinzas y fijarlas en su sitio, volviendo a suturar y finalizando la operación con éxito sonrió emocionada; al ver que el perro ya estaba con la pata inmovilizada se sintió tranquila y se sentó en la silla más próxima que había, acarició la cabeza del perro y recordó de pronto como lo había encontrado, soltó un par de lágrimas y depositó un beso en la cabeza del perro. Ángela salió con los ojos empañados ante lo que vio, salió de inmediato de la sala y corrió a avisar al resto que su jefa había salvado a otro perro más.

Isabella salió de aquel lugar, desechando previamente todo lo que se había puesto, y poniendo en una bolsa la bata para lavarla; recordó de pronto que aquel tipo seguía esperándola en la habitación contigua, esperando noticias de su perro.

- ¿cómo está? - preguntó el castaño, Isabella sonrió

- afortunadamente solo tenía una fractura de fémur, está estable, pero necesito monitorearlo - aquel hombre suspiró con alivio y se sentó en la silla más próxima - ¿porque lo descuidó? - preguntó Isabella cambiando de pronto su actitud, una voz seca y tajante salió a flote cuando recordó de nuevo como lo había encontrado

- el perro es de mi hermano - respondió frotándose el cabello - me va a matar - susurró, Isabella no aguantó más y gruñó pasando por su lado

- es por eso que gente incompetente no debería cuidar de animales indefensos - susurró de pronto creyendo que nadie iba detrás de ella cuando se dirigía al patio para empezar a examinar a los demás animales, pero cierto castaño la escuchó y se adelantó un par de pasos para interceptarla, con el ceño fruncido hizo que ella parara abruptamente

- salí a comprar y me descuidé por completo de él, no lo hice a propósito - eso pareció enfurecerla más, metió sus manos a los bolsillos de su campera para evitar darle un buen golpe

- ¿va a quedarse para ayudar o ya se va? - preguntó Isabella al verlo de arriba a abajo, ella se dio cuenta también del escrutinio que aquel hombre le hacía, cuando vio su sonrisa socarrona rodó los ojos internamente ¡tenía que pensar con la parte de abajo como siempre! pensó

- ¿tendría que agradecerle por el servicio? - Isabella quiso reírse a carcajadas, pero solo suspiró y sacudió su cabeza ¡más idiota no podía ser!

- preferiría que el servicio lo pagara con alguna donación o pagando la intervención quirúrgica del perro - aquel hombre tragó en seco y se mostró nervioso

- ¿puedo llevármelo? - preguntó volviendo a desordenar su cabello

- he dicho que necesito monitorearlo -

- ¿cuantos días? - preguntó más nervioso

- cuarenta y ocho horas - respondió Isabella acariciando a un perro que se le acercó para pedirle comida - no la tendré aquí, la llevaré a la veterinaria del centro - añadió mirando al sujeto

- ¿dos días? - susurró prestando poca atención a lo que decía Isabella - ¿dónde queda la veterinaria? - ella le indicó la dirección con una sonrisa divertida

- si dice que su hermano lo va a matar, es mejor que vaya y lo prepare para que reciba la noticia - aquel sujeto asintió y empezó a caminar rumbo a la puerta de salida, ¡otro estúpido del que podía pasar de largo! Sugirió su consciencia, Isabella asintió imperceptiblemente; uno que otro perro empezó a ladrar con fuerza mientras éste salía corriendo del local; Isabella botó todo el aire que había retenido durante bastante tiempo y giró en su sitio para empezar a repartir mimos a los canes que iban apareciendo

- ¿qué le hiciste? - apareció de pronto su hermana con guantes puestos y escoba en mano - tu siempre andas asustando a cualquier hombre que se te acerca - añadió burlándose de ella, Isabella se mostró molesta

- no es culpa mía que animales, y con el perdón de ellos, se me acerquen - respondió, esta vez cogiéndose el cabello para sujetarlo en una cola de caballo - además es el dueño del perro herido que traje - Alice silbó por lo bajo y rio

- deberías aprovechar que verás al tipo seguido, seguro irá a la veterinaria a recogerlo - negó con la cabeza agachándose para acariciar a tres perros que le movían la cola

- los únicos animales que aceptaré en mi vida son éstos, y eso es suficiente Alice - respondió Isabella tajante

- no todos los hombres son iguales Bells - añadió su hermana

- lo dices por Jasper, él es la excepción porque se casó contigo - sonrió maliciosamente - solo porque lo amenazaste y se cansó te pidió matrimonio - Isabella rio a carcajadas haciendo que Mía a su lado ladrara, Alice la empujó por el hombro

- te morderás la lengua algún día Bella, lo harás - dicho esto, Alice se fue con la escoba a seguir barriendo, mientras que Isabella se dedicó a ayudar en la cocina a preparar la comida del día, esta vez donada por una gran carnicería de la ciudad

Entró en la cocina agradeciendo la asistencia de varios voluntarios, abrazó a cada una de las personas que estaba ahí, y se dedicó a cortar las zanahorias para ponerlas a hervir junto al caldo que se preparaba, todos le preguntaron por el estado del perro que había traído y ella muy orgullosa repetía que se recuperaría rápidamente, no más de un mes y ya estaría corriendo.

- ¿paso algo? - preguntó a su lado Laurent, un colaborador acérrimo que siempre aparecía cuando Isabella llamaba voluntarios para el albergue - te noto un poco rara –

- estoy pensando en las palabras de Alice - susurró cortando mal la zanahoria, dejándola de lado y mirando a su amigo - me dijo que debería aprovechar y salir con aquel chico - hizo una mueca y volvió su vista hacia lo que hacía para evitar perder un dedo

- querida, ese sujeto no está mal, pero hay mejores - Isabella levantó la vista con una sonrisa divertida - no tiene buen trasero, no se viste bien por lo que veo y le falta un poco de clase, aunque tenga bastantes músculos, uhm - Isabella vio asombrada a su amigo, que sabía que era gay por más que él no lo haya anunciado, Laurent a su lado seguía pensando seguro en aquel sujeto mientras soltaba unos graciosos gemidos

- Laurent, si tuviera buen trasero y se vistiera bien, seria de tu clan - él frunció el ceño y volvió la vista a su tabla de picar

- ¡eres mala! - añadió formando un puchero, Isabella soltó una risita y suspiró

- ya tuve cinco perros antes, con el perdón de mis cuadrúpedos, y no funcionó - soltó el cuchillo y levantando los brazos sacudió a Laurent - ¡dime cómo quieres que confíe si ellos te traicionan! -

- Bellita esos eran lobos salvajes - añadió Alice entrando a la cocina, todos rieron por la respuesta - ya te dije que no esperes mucho de un hombre, pueden decepcionarte si, pero son muy buenas compañías -

- si quisiera compañía tendría un perro - respondió mirando mal a Alice - además ¡ya tengo un perro! - añadió girando en su sitio y caminó a la salida, Alice iba detrás de ella - quien quiere tener un hombre a su lado cuando ya tengo un perro que es obediente, me quiere a pesar de mis defectos, me es fiel y cuando digo que salga de la cama lo hace, un hombre no lo haría y mucho menos ser fiel hasta con el pensamiento - la mayoría de voluntarios se quedaron mirándola, Isabella se ruborizó y corrió al compartimento donde se encontraban los gatos - no necesito otorgar mi poder a nadie más, y tampoco quiero compartirlo - añadió acariciando a los gatos que aparecían por ahí – todo el mundo sabe que los perros son buena compañía, los hombres no - finalizó

- te repito que tendrás que morderte la lengua - añadió detrás de la malla que separaba el compartimento, Alice levantó sus brazos y descansó sobre la malla mirándola con desdén - no lo digo por ese chico Bella, sino por cualquiera que se atreva a conquistarte - guiñó un ojo y se fue, Isabella sacudió la cabeza frenéticamente, rodó los ojos y suspirando con molestia habló con los gatos

- ¿ustedes lo entienden verdad? - preguntó acariciando a un gato moteado - realmente prefiero su compañía a estar acompañado de un animal de dos patas - y como si los animales estuvieran de acuerdo, maullaron al mismo tiempo, ella suspiró complacida.


Hola chicas,

Aquí viene el primer capitulo de esta loca historia.

Como ven, Bella es muy diferente y no cree en el amor *risas amortiguadas* estoy segura que esta historia es para reírse *espero hacerlo bien porque no he vuelto a escribir una historia de humor desde hace mucho*

Espero que también tenga aceptación, y si no es así, lo tendré que sacar del mundo FF y me quedaré con las anteriores historias :D *es broma* :D

Un beso a todas las que me tienen en alertas y favoritos, millones de gracias

Las quiere, Amyel

Editado: 27/01/2015