Capítulo 1

-Señorita Dwyer! - gritó su jefe y la voz resonó por todo el piso veinticinco.

Un escalofrío nació en la nuca de Renesmee, el cual le bajó por la columna para alojarse en su corazón y se le hizo un nudo en el estomago. Una reacción a la cual aun no se había acostumbrado luego de tres meses trabajando con... La Bestia.

Con las piernas temblorosas se levantó de la silla frente al escritorio, el cual estaba inundado de informes y archivos de los cuales tenia que hacer un resumen y presentarlos a su jefe al final del día.

Eran las cuatro de la tarde, no había comido en todo el día y solo había podido ir al baño cuando su jefe estaba en una tele conferencia.

Antes de tocar y abrir la puerta de cerezo con la placa de Gerente de Ventas miró a su alrededor, las demás secretarias y asistentes del piso la agencia de publicidad K.B & Asociados, la miraron con compasión. Tal vez seria la ultima vez que la vieran con vida.

-Si, señor Black? - murmuró asomando la cabeza y una cascada de rizos de una tonalidad cobriza, resbaló por su hombro izquierdo.

Evitó mirarlo directamente a los ojos. Fijó la mirada en la ventana de piso a techo que estaba tras Jacob Black, su jefe, la cual le daba una buena vista de Manhattan.

-Donde esta el informe que le pedí de la campaña de Brandon Couture de la década pasada? - preguntó con voz autoritaria, dominante, grave, ronca y tosca.

-Es-estoy en eso, señor Black - tartamudeó Renesmee, evitando a toda costa mirarlo a la cara.

Sabia que si sus ojos color chocolate se cruzaban con aquella gélida mirada que provenía de unos ojos tan negros como la noche, se echaría a llorar.

-Esta en eso?! Los pedí para hoy, señorita Dwyer. No para mañana.

-Pero, la jornada aun no termina y yo...

-Necesito esos informes para hace una hora! - Jacob Black, vestido con un caro y elegante traje Armani color azul marino, viéndose civilizado, hizo un acto poco civilizado: le dio un puñetazo a su escritorio de cedro, haciendo que la madera se astillara un poco.

-Señor, si señor - murmuró asustada cerrando la puerta y corrió de nuevo a su escritorio y comenzó a teclear frenéticamente sobre los diseños de Alice Brandon y sus campanas de publicidad.

Renesmee en realidad no tenia ni idea de por que su jefe le pidió dicho trabajo, quienes le deberían de hacer el resumen de tan importante cuenta era el equipo encargado. Ellos sabían que buscar y que incluir en el resumen, por lo que Bree Tanner la jefa del equipo Brandon se acercó a Renesmee.

-Has comido ya? - escuchó la suave voz de la chica de cabello corto y negro.

Renesmee levantó la mirada y negó con la cabeza.

-Si te comes esta ensalada te doy este resumen - Bree sonrió, ofreciéndole un contenedor de plástico trasparente con la etiqueta de la cafetería del edificio con una mano. En la otra cargaba una gruesa carpeta blanca.

-No puedo aceptarlo, si el señor Black me ve comiendo... -Renesmee negó con la cabeza y comiéndose con los ojos la ensalada de lechuga, manzana, nueces y queso.

-Come - Bree, elegantemente vestida con ropa de la marca Brandon, le extendió de nuevo el pequeño contenedor cuadrado.

-Dame primero el resumen y después como - Renesmee alargó el brazo hacia la carpeta blanca, con una débil sonrisa.

Bree puso los ojos en blanco y le dejo ambas cosas en el escritorio.

-Mas te vale que no te encuentre casi desmayada en el baño como la semana pasada, y la anterior a esa... y la anterior a esa, todo por no haber comido, niña.

-No es que no quiera comer... no me dejan -replicó hojeando el resumen de Brandon Couture y se dio cuenta de que el de ella estaba muy, pero muy inferior al que le llevaron-. No puedo comer si el no me dice que vaya a comer. No me puedo levantar, no me puedo ir a casa hasta que el no se haya ido, tampoco.

-Renesmee deberías renunciar. Tienes que renunciar. Black te trata como la mierda. Y no solo a ti, sino a todas su asistentes anteriores. Desde que estoy aquí, tu eres la que ha durado mas con el. Todas se van en cuanto reciben su primer cheque...

-Yo no puedo renunciar, tengo deudas estudiantiles. Necesito el trabajo Bree. Si renuncio no tendré para pagar la renta, si no pago la renta me quedo sin casa. No tengo a ningún lugar a donde ir, no tengo familia - la chica se encogió de hombros y trató de deshacer el nudo de su garganta, al recordar de pronto que era diez de septiembre.

Era su cumpleaños. Veintidós años atrás había nacido en algún hospital de Nueva York y a las horas de nacida fue entregada al Departamento de Servicios Sociales, con un nombre extraño que estaba segura que lo hicieron como broma.

-Busca otro trabajo y luego renuncias - sugirió la chica de cabello negro, sacándola de sus tristes pensamientos.

-Como? Todo el día estoy aquí. No tengo idea de como conseguí este trabajo. En Recursos Humanos dijeron que de todos los currículos que el señor Black leyó, eligió el mio.

-Ha de haber visto tu inocente carita y dijo: aquí esta otra... no te ofendas... otra idiota a la cual le puedo joder la vida.

Renesmee sonrió sin alegría, cerrando la carpeta blanca.

-Ademas, si duro al menos seis meses trabajando con Jacob Black, se vera increíble en mi currículo. Todos en esto de la publicidad saben como es el, consigue las cuentas por que las consigue y tiene estas magnificas ideas y... -suspiró encogiéndose de hombros-. Tendré un mejor trabajo si saben que trabajé para el y duré tanto tiempo. Seis meses con el, sera como seis años de experiencia en mi expediente.

-Tienes razón - Bree sonrió y en verdad deseó que Renesmee durara tanto tiempo con La Bestia, pero al mismo tiempo quiso sacar a la chica de ese lugar en un segundo.

No soportaba ver como La Bestia la maltrataba.

-Le daré esto al señor Black -Renesmee se levantó de su asiento-. Muchas gracias. No sabes lo que esto significa para mi, Bree.

-No es nada, somos amigas - la chica movió su mano, restandole importancia.

Amigas - Renesmee repitió la palabra en su fuero interno y le gustó como sonó. Nunca antes había tenido una amiga. Nunca. Siempre había sido la rara vestida con harapos que entraba y salia de diferentes escuelas al menos cada seis meses.

-De todas maneras, gracias - sonrió ampliamente abrazando la carpeta blanca y se sintió sumamente extraña. Los músculos de sus mejillas no estaban acostumbrados a estirarse tanto.

-Suerte - Bree se alejó, cuando la vio tocar la puerta de Jacob Black con sus nudillos.

-Señor Black, aquí esta el resumen de Brandon Couture - le dejó la carpeta sobre el escritorio con una sonrisita que apenas le curvaba la comisura de sus labios rojos y carnosos.

-Y que quiere que haga con eso? - preguntó Jacob sin despegar los ojos de la computadora, mientras tecleaba un correo electrónico al Gerente de Marketing.

-Ah... yo... Us-usted me pidió un... un resumen de las ca-campañas de la ul-ultima...

-Es tartamuda, señorita Dwyer?

-No - la chica se sonrojó.

-Ah, mire que bien -replicó con sarcasmo-. Una pregunta mas... Que rayos esta haciendo aquí en mi oficina, cuando le debió de haber llevado ese resumen a Bree Tanner, la encargada de la cuenta Brandon? Ella lo necesita con urgencia.

Renesmee entrecerró los ojos y respiro profundo.

Bree?! Maldito imbécil, Bree, no necesita esto! Lo que voy a hacer es meterle este resumen en donde nunca le ha dado la luz del sol! Maldito infeliz, mal nacido. Váyase al infierno!

-Lo llevare enseguida señor - murmuró con voz suave y dio media vuelta.

Estaba furiosa, nunca había estado mas furiosa en su vida.

Estuvo sumamente tentada a cerrar la puerta de su jefe con un sonoro portazo y gritarle que se fuera a la mierda. En su lugar cerró muy cuidadosamente y dio largas y fuertes zancadas en sus zapatos Moschino de segunda mano, hasta la oficina de Bree al otro lado del piso veinticinco. Tocó a la puerta y entró cuando Bree le dio el pase.

-Señorita Tanner, el señor Black me pidió de manera muy amable, que le trajera el resumen de la publicidad de Brandon Couture. Se que usted lo necesita con urgencia - Renesmee dejó caer la carpeta blanca en el escritorio, ocasionando un secoplop y Bree la vio con los ojos muy abiertos.

-Que?!

-Lo que oíste. La Bestia de Black me dijo que tu lo necesitas - soltó la chica sin poderse contener. Jamas en esos tres meses había llamado a su jefe con el apodo que le tenían en la empresa.

Siempre se había dirigido o hablado de el con respeto, pero esa tarde estaba que echaba chispas.

-Ese maldito mal nacido! Yo para que diablos lo quiero?! En serio, Renesmee, renuncia! Te esta jodiendo a propósito.

-Lo bueno es que es viernes, los viernes se va temprano - la chica sonrió de lado y se marchó de la oficina de su amiga. Si no estaba en su escritorio La Bestia se podía enojar.

Después de Renesmee terminó de comerse la ensalada que Bree le llevo, comenzó a hacer planes para esa noche. Nunca celebraba su cumpleaños, no tenia con quien celebrarlo. Así que estaba pensando entrar a ese local de repostería fina que estaba a una calle de la estación del metro, se compraría una rebanada de pastel de chocolate y se la llevaría a casa. Se comería su pequeño pedazo de pastel antes de dormirse. El sábado tenia que ir a la lavandería y el domingo al super. Seria un buen fin de semana. Tenia ganas de darse un baño en una gran tina, pero su ratonera apenas si tenia ducha, mucho menos una tina de baño. Tal vez si sacaba un pequeño pellizquito de sus ahorros podía comprarse una botella de vino tinto barato y beberla hasta quedarse dormida... Si eso haría esa noche: se compraría su rebanada de pastel de chocolate y una botella de vino de la licorería que estaba en la esquina de su edificio.

Si, seria un buen fin de semana.

-Señorita Dwyer! - aquel familiar estremecimiento de nuevo la tomó desprevenida.

Como era su costumbre, saltó de su asiento y corrió a la puerta del señor Black.

-Si, señor Black? - asomó la cabeza.

-Me quedare hasta tarde redactando el nuevo contrato de la destilería McCarty - ese me quedare sonaba a se tendrá que quedar usted también.

-Se quedara? Pero... ayer redacté ese nuevo contrato... Yo...

-Obviamente no lo hizo bien -replicó Jacob con burla-. Es un asco, ese contrato. No lo hizo bien - repitió.

Claro que lo hice bien! Transcribí todo lo que me dicto durante dos horas! Mi mano se acalambró y tuve que continuar con el dolor! - le gritó con todas sus fuerzas... en su fuero interno.

La Bestia se dignó a mirarla.

-Tráigame café.

Renesmee asintió, convirtiendo sus manos pequeñas y blancas en puños furibundos.

Bree tenia razón, debía renunciar. El que en toda su niñez la hubieran tratado como si fuera un ser humano de segunda, el que sus padres no la hubieran querido y abandonado, no significaba que ella no se quisiera. Tenia que darse a respetar, tenia que cuidarse. En ese empleo su salud corría peligro, no comía, hacia corajes, se develaba, se levantaba temprano. Tal y como Bree lo había dicho mas temprano: había estado a punto de desmayarse en varias ocasiones por falta de sueño y comida. Cada vez se le veía mas pálida y había adelgazado un par de tallas desde que trabajaba para Jacob Black.

Se sentía como Anne Hathaway en The Devil Wears Prada y La Bestia era Meryl Streep. Incluso Black llegaba, le aventaba su maletín y su saco en el escritorio como Miranda Priestly a Andrea Sachs!

.

Para las seis de la tarde, la oficina ya estaba vacía. Era viernes y todos sin excepción salían puntualmente a las cinco y se iban a la hora feliz. Renesmee siempre era invitada y solo dos escasas ocasiones había ido, solo por que su jefe no había estado en la ciudad.

Triste, miró a su alrededor y continuó revisando el correó de su jefe, esperando a que a el se le diera la gana y la llamara para redactar el nuevo contrato de la destilería McCarty.

Sigilosamente se alejó de su escritorio y fue al baño. Al salir del cubículo se lavó las manos mirándose detenidamente en el espejo y vio que no aparentaba veintidós años. Se veía... rara. Se veía mucho mayor y al mismo tiempo se veía muy joven. Su piel blanca era suave, sin imperfecciones, sin arrugas ni cicatrices; pero bajo sus ojos yacían unas ojeras color malva que su insignificante y barato maquillaje de farmacia no cubrían. Las ojeras la hacían lucir vieja.

-Feliz cumpleaños, Renesmee - se dijo a si misma, tal y como se lo decía desde que cumplió cinco años.

Las lagrimas salieron de sus ojos y no pudo evitar que de sus labios saliera un sollozo, que hizo eco en las paredes de frío azulejo blanco.

Inútilmente trató de contener sus lagrimas, pero ese en definitiva era el peor cumpleaños de su corta y triste vida y todo por culpa de La Bestia. Sofocó los sollozos con sus pequeñas manos blancas, preguntándose como otras miles de veces por que sus padres no la quisieron.

-Señorita Dwayer! - escuchó la voz de La Bestia.

Estaba buscándola. Había abandonado su lugar de trabajo sin su consentimiento.

Tomó un puñado de papel higiénico y secó las lagrimas de su rostro. Corriendo hacia su escritorio trató de alizar su cabello, al pasar por su mesa tomó la tableta electrónica de la compañia y entró sin anunciarse a la oficina de su jefe.

-Lo siento, señor Black - se apresuró a pararse detrás de una de las sillas frente al escritorio de su jefe y se preparó para recibir instrucciones absurdas, como cada vez que se ha quedado hasta tarde.

-Donde estaba, señorita Dwyer? -Jacob preguntó con su masculina y enfadada voz sin despegar los ojos del contrato McCarty, que según el era un asco.

-En-en el baño - contestó ella, con voz ronca por el nuevo y creciente nudo en la garganta.

Jacob alejó sus ojos de la computadora y miró su caro y elegante Omega y vio que eran las siete menos cuarto. Alzó la vista hacia el rostro de su asistente y notó sus ojos hinchados y enrojecidos.

Cuando Renesmee se dio cuenta de que Jacob la miraba, supo que vería que había estado llorando. No sabia que reacción tendría su jefe, tal vez se burlaría de ella, le diría débil, inútil... Se imaginó cualquier escenario humillante que su cabeza pudo pensar. Pero lo que nunca imaginó fue la verdadera reacción de La Bestia.

-Has llorado. Estas bien? -con el rostro alarmado, Jacob se levantó de inmediato, rodeó el escritorio hasta quedar frente a ella y tomó su rostro entre sus enormes y cálidas manos-. Por que lloraste? Yo te hice llorar, verdad? Mierda!

Renesmee lo vio con los ojos redondos como platos e intentó alejarse de el.

Quien es ese y que ha hecho con La Bestia?! - se preguntó aterrada y de nuevo trató de alejarse de el, sin conseguirlo.

-No era mi intención, solo quiero... No llores, por favor -murmuró su jefe con voz suave quitandole la tablet de las manos y la coloco en el escritorio-. Gritame, insúltame, incluso golpeame, pero no llores.

-No lloré... po-por usted - mintió.

-Entonces? - Jacob trató de buscar en sus ojos de chocolate el por que había llorado su asistente, pero solo encontró miedo-. Me tienes miedo, Renesmee?

La chica se estremeció al escucharlo decir su nombre con una extraña cadencia, que jamas había escuchado antes.

-No me temas -soltó el delicado rostro de la chica para tomar sus manos y besarlas-. Yo no te haré daño, lo prometo.

Se acercó aun mas a ella y besó su frente. Ella trató de alejarse, pero el cuerpo no le respondió. No estaba acostumbrada a las muestras de cariño por que no tenia a nadie y el cielo sabia que jamas imaginó que las recibiría de La Bestia.

-No me tengas miedo. No te haré daño - susurró Jacob Black, besando las húmedas mejillas de Renesmee.

El corazón de Renesmee dio un brinco y en su cabeza sonaron alarmas.

La chica dio un paso hacia atrás, temerosa de las acciones de su jefe. El estaba demasiado cerca, podía sentir el calor que irradiaba de su gran cuerpo masculino, podía olerlo y no le gustó aquel extraño instinto de acercarse mas a el. Era contacto directo con otro humano, tenia años sin estar así de cerca de otro ser humano. Podía alargar su mano y tocarlo, realmente tocarlo. Quería hacerlo, iba a hacerlo.

No! Es La Bestia! Que estas loca?! - se dijo retrocediendo otro paso alejándose de aquel atractivo calor que emanaba del cuerpo de Jacob Black.

-Por favor, déjeme ir - susurró soltando las manos de La Bestia.

-No te vayas - Jacob posó sus labios en los de Renesmee cerrando los ojos.

En cambió ella no los cerró, se quedó mirándolo aterrada, tratando de alejarse de el, pero el la envolvió con sus fuertes brazos apretándola estrechamente a su pecho.

Renesmee continuó luchando por alejarse de el hasta que poco a poco fue cediendo y abrió sus labios para profundizar el beso. El ser tocada, abrazada y besada por otro ser humano, era adictivo y demasiado bueno como para dejarlo ir.

Jacob reclamó su boca explorando con su lengua hasta el ultimo rincón, saboreandola, disfrutando el tenerla por fin entre sus brazos. Sonrió para sus adentros cuando ella le respondió el beso dejándose llevar al rodear su cuello con los brazos atrayendolo aun mas hacia ella, entregándose a el sin dudarlo. Pensó que le resultaría mas difícil comenzar a cortejar a su pequeña asistente, después de como la había tratado o mas bien maltratado durante tres meses. La había contratado solamente por que le había parecido atractiva, no tenia experiencia dentro de la publicidad pero había obtenido media beca en la NYU y se graduó con un excelente promedio, eso hablaba bien de ella. Pensaba que Renesmee renunciaría a las dos semanas, la recomendaría en alguna otra compañía y se olvidaría de ella. Pero la chica no renunció y al pasar de los días aquella atracción que sentía por ella se fue convirtiendo en algo mas fuerte, la quería para el; sin embargo comenzó a tratarla como si fuera escoria. Incluso la trataba peor que a sus anteriores asistentes, solo para no lanzarse sobre ella como lo estaba haciendo en ese instante.

-Aun te quieres ir? - preguntó La Bestia con la voz agitada, abandonando los labios de Renesmee solo para trasladarse a su garganta.

-Si - musitó la chica inclinando la cabeza hacia atrás para darle un mejor acceso a su cuello.

En el instante en que respondió, Jacob la soltó y fue como si la hubieran despertado abruptamente de un increíble sueño. Renesmee trastabilló hacia atrás casi perdiendo el equilibrio, La Bestia la había tenido sobre las puntas de sus pies.

-Lo siento, señorita Dwyer... Yo... -Jacob se aclaró la garganta-. Puede irse.

La Bestia se alejó de ella después de señalar la puerta cerrada de su oficina y se sentó de nuevo tras su escritorio.

Con las mejillas rojas por el calor del momento y la vergüenza de haber besado a su jefe, asintió y caminó lentamente hasta la puerta.

-Feliz cumpleaños, Renesmee - murmuró Jacob antes de que su asistente cerrara la puerta.

Inesperadas lagrimas inundaron de nuevo los ojos de la chica; era la primera vez que escuchaba esas palabras provenientes de otra persona que no fuera ella.