—¡¿Qué demonios haces aquí?! — Exclamó el azabache, señalandolo como si de un asesino se tratara.

—¡Pe-perdón, yo solo vi-vine p-por un corte de cabello! — Balbuceó el menor, mientras temblaba como chihuahua —, p-pero ya no lo molestaré más, ¡perdón! — Añadió antes de dar media vuelta y caminar apresurado hacia la salida.

—¡Espera! — Gritó el mayor mientras lo agarraba del brazo, haciendo que el castaño se sobresaltara. Una vez el menor se había tranquilizado un poco, Hyuuga soltó un suspiro mientras lo observaba fijamente —. Justo él tenía que ser mi primer cliente — Pensó el de lentes —. No puedo darme el lujo de perder clientes, así que pasa. — Dijo mientras le hacía una seña con la mano. Sakurai, algo indeciso, lo siguió a una distancia considerable.

—¿No puede perder clientes?, ¿Acaso él...?— Sus pensamientos se vieron interrumpidos por una hostil voz.

—¿A qué se debe esa cara? — Cuestionó con una mirada tétrica, bastante parecida a la de su padre, al notar la expresión confundida del "hongo disculpón".

—Hyuuga-san... ¿usted trabaja aquí? — Preguntó incrédulo.

—No trabajo aquí — Aclaró, a la vez que le indicaba que se sentara —, solo ayudo los fines de semana por orden de mi padre. Hoy es mi primer día, de hecho. Y tú mi primer cliente.

—¡¿E-en serio?!— Exclamó alarmado —. ¡I-intentaré estar a la altura de sus expectativas!— Agregó mientras hacía varias reverencias.

—Solo quédate quieto. —Refunfuñó Hyuuga, intentando ajustar la capa alrededor del cuello contrario. En cuanto logró hacerlo -ajustandola un poco más de lo debido-, se dirigió de nuevo al castaño.

—Bien, ¿qué corte quieres? — Preguntó, intentando sonar lo más educado posible.

—Bueno, la verdad es que... quisiera cambiar un poco mi estilo. — Musitó indeciso.

—Sé más específico, hongo.

—¡S-sí, perdón! — Se disculpó —. Bueno, ¿u-usted conoce a Mu... Murasakibara-san?

—¿Mh?, claro que lo conozco, ¿qué tiene que ver eso?

—Bueno... me gustaría que mi pelo sea similar al suyo. La verdad es que me parece bastante genial. — Contestó algo avergonzado.

—Entiendo... entonces tendré que retocarlo un poco; tu estilo actual de hongo no permitirá que crezca de ese modo.

—Hyuuga-san, ¿podría dejar de decirme así, por favor? — Pidió mientras jugaba con sus manos.

—No. — Contestó directamente el de lentes.

Tras esta corta charla, el azabache se dispuso a comenzar con el corte del castaño, el cual desde que vio a Hyuuga tomar las tijeras de la mesa se tensó un poco, acto que no pasó desapercibido para el mayor.

—¿A qué le temes, hongo? — Preguntó.

—¿Eh?, bueno... a los payasos, a las alturas, a Imayoshi-san, a... a usted... — Respondió mientras jugaba con sus dedos debajo de la capa.

—¡No me refería a eso, ¿y por qué estoy yo entre tus miedos?!

—¡P-perdón!

—Como sea — Dijo Junpei, con una vena en la sien —, ¿por qué estás tan nervioso en este momento? — Agregó mientras tomaba un mechón castaño entre sus dedos.

—Es que... me da vergüenza decirlo... — Murmuró, a la vez que su rostro de sonrojaba levemente.

—Bien, si no quieres decirlo...

—Hyuuga-san — Interrumpió el menor —, ¿podría... podría darme un consejo?

—¿Ah?, ¿un consejo?, no soy un psicólogo, hongo.

—P-pero usted me preguntó...

—No le respondas a tus mayores, insolente. ¿Acaso quieres que te corte algo más que tu pelo? — Le amenazó mientras acercaba las tijeras a su oreja.

—¡No, por favor perdóneme! — Suplicó el de Tōō, con un miedo que podía reflejarse en sus ojos.

—Solo habla. — Ordenó.

—Bueno... la verdad es que... ¡estoy haciendo esto por una chica! — Soltó de repente, para luego agachar la cabeza avergonzado.

—¿Una chica?... — Repitió incrédulo el de Seirin —. No pensé que fueras de los que tratan de impresionar colegialas. Deberías avergonzarte de ti mismo.

—¡Hyuuga-san, no lo diga de ese modo, por favor!

—¿Acaso es mentira?

—N-no del todo... ¡el punto es que no sé qué hacer!, ¡por favor ayúdeme!

Hyuuga, que no tenía entre sus planes andar de "consejero" de otros, estaba dispuesto a rechazar la petición del más joven. Pero al ver la expresión de tristeza que tenía Sakurai, un rápido y doloroso recuerdo llegó a su mente...

—Bah. Veamos... ¿qué tanto te gusta la chica? — Preguntó resignado, dejando las tijeras a un lado.

—Pues... mu-mucho, supongo.

—¿Y crees que vale la pena cambiar tu peinado de hongo solo por esa chica?

—Pu-pues... ¡no lo sé!, ¡siento que hacer esto por una chica es estúpido, pero en verdad quiero gustarle!

—¿Y qué te hace pensar que a las chicas le gustan los hombres de cabello largo?

—Bueno, Murasakibara-san es muy popular... — Musitó.

—Porque es un miembro de la generación milagrosa, genio — Señaló con obviedad el de lentes —. Además, el cabello largo no te asegurará el interés de una chica, yo... lo sé por experiencia propia. — El rostro del mayor se encendió instantáneamente al decir estas palabras, por lo que desvío la mirada.

—¿Eh?, ¡¿Hyuuga-san tenía el cabello largo?!

—¡Cállate!, ¡solo fue una etapa!

—¡Perdón!

—El punto es que... yo también lo hice por una chica... y no funcionó — El tono del azabache sonaba bastante melancólico —. Incluso llegué a tinturarme.

—¡¿Eh?! — Al oír aquello, el menor no pudo evitar imaginarse al capitán de Seirin con el cabello tinturado de diversos y extravagantes colores.

—Ya deja de gritar, hongo.

—Perdón — Se disculpó por milésima vez aquel día —. Pero... dice que aún así no funcionó...

—Así es. Por eso debes pensarlo bien. ¿En serio vale la pena cambiar tu aspecto por alguien más?, a estas alturas deberías saber que la persona indicada es aquella que te aprecia tal y como eres. Conocerás muchas chicas en tu vida, pero nunca sabes cuándo llegará la indicada, depende de ti reconocerla.

—Creo... creo que tiene razón. Me gusta mi peinado, por más que parezca un hongo — Ambos soltaron una pequeña risa por ese comentario —. ¡Gracias Hyuuga-san!, ¡me ha abierto los ojos!

—Para eso estamos los senpais, tonto. — Susurró con un tono algo fraternal, para luego acariciar levemente los mechones del contrario, que sonrió ante este gesto.

—¡Gracias por todo, Hyuuga-san! — Agradeció mientras se levantaba y salía del lugar con una sonrisa.

Junpei, mientras veía al chico alejarse, solo pudo pensar dos cosas.

La primera, que era un gran senpai.

La segunda, que acababa de perder a su primer cliente.

—¡Argh!, genial, mi primer cliente y ni siquiera le corté un mechón. — Se lamentó al recordar que no obtuvo ninguna ganancia con su primer intento.

—¿Disculpe, está disponible? — Preguntó una voz desde la sala de espera del lugar. Hyuuga, que sintió aquella vez un poco conocida, se dirigió al lugar, en el que se hallaba un chico sentado junto a la puerta.

—Tiene que ser una broma... — Murmuró el de lentes al reconocer a aquella persona.