Título: Reflejo distorsionado
Claim: Ushiromiya Lion, Yasu
Notas: Spoilers hasta el EP7. Doble narración.
Rating: T
Género: Angst
Tabla de retos: Histeria fandom
Tema: 03. Brisa


El mundo se desdibuja rápidamente, con una velocidad que hace parecer a los objetos difusos e ilusorios, casi imperceptibles. Ese hecho nunca cambia, porque el tiempo no se detiene, porque aunque vive en un orfanato, el mismo orfanato gris y lleno de llantos de niños, Yasu va cambiando. Lo sabe, lo nota como la suave transformación de las orugas a mariposas: cómo su cuerpo se hace más grande, más delgado, pero aún pequeño, aún débil —como le repiten todos—, tan frágil que con una brisa podría llevársela el viento.

Lo sabe también por las personas que frecuenta, por las cosas que hace y que nunca cambian, pero le dan un pequeño toque de felicidad. Ya no hay más enfermeras amables ni educadoras que le den un biberón lleno de leche caliente a la hora del crepúsculo, ni mucho menos cuentos a diario, que la hagan soñar con universos distantes; ya es grande, le repiten. Y esto se traduce en ir al colegio —lleno de cosas interesantes por aprender, lleno de niños—, en tener tareas, responsabilidades.

Yasu está creciendo. Tiene seis años y demasiados sueños, pero pocas posibilidades, poca atención. Sí, en el orfanato todos son amables, todos están a su disposición. Sin embargo, está sola. Lejos de las dos enfermeras sonrientes que de vez en cuando le dan un dulce y la alientan a seguir con sus lecciones, por mera obligación y de unos cuantos niños a quienes saluda tímidamente por las mañanas, nadie hace caso de ella. No más allá de revisar que haya comido sus tres raciones diarias, haya hecho su tarea, tomado un baño y acostado, todo mecánicamente. Nadie la felicita cuando lo hace bien, nadie se interesa por lo que hizo en el día, si dibujó una mariposa o tuvo un problema en la clase. Hay demasiados niños, escucha murmurar a los médicos y a las ayudantas, cuando se van a dormir agotados por la faena diaria y es cierto, hay demasiados, una gran familia en la que ella no destaca, en la que ella se siente sola.

¿Cómo sería tener una familia normal? Se pregunta a veces, en el camino de regreso a casa, donde ve a sus compañeros salir tomados de las manos de sus madres, en una felicidad difícil de explicar, pero que brilla en sus ojos como gemas. ¿Cómo será tener una madre y un padre, tener la atención de su mirada y la suavidad de su compañía? A veces, anhelando demasiado, se dice que es perfecto, el mundo al cual aspira y al que debe llegar portándose bien, pues muchas personas adoptan niños sobresalientes. Otras, cuando escucha las anécdotas de sus compañeros entre lágrimas —mi padre me pegó ayer, mi madre me regañó—, piensa que es mejor así. No quiere regaños, ni golpes, sólo un poco de amor. Y si bien no son ni un padre ni una madre, ni la quieren como tal —después de todo, ¿qué es esa clase de amor?—, sabe que las enfermeras le sonreirán siempre que ella les muestre sus exámenes con excelentes calificaciones, cosa que por el momento, es todo lo que necesita.

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Lion sonríe con cierta timidez que luego se convierte en confianza, conforme el rostro de su madre muestra su agrado ante lo que ve. Desde pequeño Lion no recuerda otra cosa que no haga más feliz a su madre que verlo cumpliendo satisfactoriamente alguna tarea asignada por ella, desde apilar montones de bloques de colores, hasta acudir a su primera lección de inglés, con resultados siempre agradables. Desde pequeño, Lion no ha hecho otra cosa que complacerla y conforme pasan los años, él va ganando conocimientos sobre cómo hacerlo bien y qué cosas la harán feliz, tanto a ella como a su abuelo, siempre pendiente de su educación.

Ese día, el primero en su tercer año de colegio, la profesora ha mandado una nota felicitándolo por sus excelentes grados en inglés y en matemáticas, cursos a los cuales asistió cuando era pequeño y al verla, Natsuhi se ha puesto muy feliz. Orgullosa, más bien.

—Muy bien, Lion, felicidades —aquél pequeño llorón a quien no quería en un principio, quien era la causa de todos sus sufrimientos tantos años atrás, ahora se ha convertido en uno de sus más grandes tesoros, junto con Jessica. Aquél pequeño llorón es un poco frágil y también ligero, como la brisa que deja al correr por los pasillos Jessica, tan distinta a él, pero a la vez tan suave cuando lo abraza, en esas raras ocasiones en las que se deja llevar por sus sentimientos, tan extraños aún—. Cuando Padre vea esto se sentirá muy orgulloso.

Natsuhi suelta a su hijo, a quien sostenía en un breve abrazo, para regalarle una sonrisa orgullosa, misma que aumenta la confianza del pequeño en sus propias habilidades, pulidas no sin esfuerzo durante sus primeros años de vida.

—Cariño, ven a ver esto —cuando Krauss se asoma para ver si no ha olvidado su libro de cabecera en el salón principal, Natsuhi lo llama aún sin borrar su sonrisa orgullosa, misma que después él comparte, al mirar a Lion y respectivamente a la nota de elogio de su profesora.

—Felicidades, hijo —las miradas de sus padres se unen encima suyo, con una calidez y orgullo difíciles de explicar, pero que logran que su corazón se remueva, mientras Lion les devuelve la mirada, pensando que no está del todo mal esforzarse para hacer a sus padres y al abuelo felices y sobretodo, para en un futuro, poder ser el líder perfecto que la familia necesita.