Capítulo 2 – Resultados
Luego de que Naruto dejara la habitación ella tuvo que marcharse no sin antes haberse disculpado tantas veces como le fue posible con Kushina, se sentía avergonzada, culpable y las palabras de aquel hombre no la ayudaban en nada. Suspiro resignada, no conocía alguna otra forma de disculparse y diseminar aquellas acusaciones que la habían puesto en la mira y aunque la esposa de Minato confiaba en ella, Sakura no podía evitar sentirse responsable por los sentimientos de aquella mujer que la despidió con una delicada sonrisa fingida.
Para cuando estuvo fuera de la casa se maldijo internamente, había recordado que su auto lo había dejado en el estacionamiento del cementerio y ahora tenía que caminar a pie una larga distancia sola y dolida.
Al menos el caminar le ayudaría a despejar su mente.
–Si quieres puedo llevarte-. Menma quien salía en esos instantes de la casa junto con su hermano irrumpió sus pensamientos. Ella volteo a mirarlo con una leve sonrisa en su rostro pero esta se desvaneció cuando sus ojos se posaron en Naruto, no le dirigió la palabra e intento ignorarlo mientras aceptaba la invitación. – ¿Nos acompañas, Naruto?-.
–No gracias yo tengo que ir a otro lado-. Bufo volteando la mirada.
–De acuerdo. Vamos Sakura-. Menma le ofreció su brazo cordialmente a lo que ella enlazo su mano porque era un gesto propio pero olvido que Naruto mal interpretaría las cosas como era su costumbre.
–Sakura, ten mucho cuidado, te estoy vigilando-. Amenazo Naruto con voz firme. Tanto Sakura como Menma fruncieron su ceño al no comprender esas palabras. –Espero y ahora no pretendas ser la amante de mi hermano-. Sakura acentuó más sus facciones.
– ¡Naruto!-. Lo reprimió su hermano.
–No, déjalo Menma. Que piense lo que quiera-. Respondió sintiéndose dolida mirando a Naruto con ira.
–Claro-. Contestó Naruto con sorna a lo que ella no hizo más que menear la cabeza al mismo tiempo en el que halaba a Menma para alejarse lo más rápido posible de tan despiadado hombre.
Menma ayudo a Sakura a subir en un gesto amable después entro en el auto y se marcharon de ahí dejando a Naruto parado bajo la puerta observando detenidamente como estos dos se iban.
–Lo siento, sé que Naruto suele ser un poco…-. Dejo inconclusa su frase, no encontraba la palabra correcta para referirse a él.
–Lo sé, no te preocupes-. Menma asintió con una sonrisa.
–Bien ¿Y a dónde te llevo?-.
–Puedes llevarme al cementerio-.
– ¿De nuevo?-. La observo confundido, ella lo miro soltando una risa baja por el gesto que había hecho Menma en su rostro, era difícil que él expresara algún otro tipo de sentimiento que no fuera seriedad.
–Sí, es que con lo de tu madre olvide mi auto en el estacionamiento-. Se encogió de hombros volviendo la vista al frente.
–Me lo imagino, mamá está muy perturbada con esto. Para ella fue un golpe muy duro-. Fueron sus palabras luego de ello solo condujo hasta llegar a su destino, durante todo el camino fue un largo silencio hasta que Sakura lo rompió cuando llegaron.
– Tú también piensas que fui yo ¿cierto?-.
– ¿Tú?-. La miró de reojo. – ¿De qué hablas?-. Se estaciono junto al auto de ella.
–De que si tú también piensas que fui yo quien asesino a tu padre-. Bajo su mirada. Menma soltó una pequeña risa.
–No Sakura, yo no pienso eso. Al contrario, pienso que tú serías incapaz de hacer algo como eso, sé que no lo harías, tú eres tan dulce-.
–Yo lo quería mucho. Jamás lo hubiera lastimado-. Sus ojos se cristalizaron.
–Lo sé-. Acarició su rostro con el dorso de su mano luego suspiro alejándose tomando el volante entre ambas manos mirando al frente. –Sakura, no sé lo que Naruto esté pensando pero él está sumamente molesto contigo-.
– ¿Y tú?-. Lo miró.
–No quiero hablar de eso. Cuídate ¿sí?-. Esas palabras habían sido una clara señal para el terminó de esa pequeña conversación.
–Gracias por traerme-. Le sonrió abriendo la puerta.
–No hay problema-. Se despidieron como de costumbre y Menma se marchó.
Una vez dentro de su auto y con las manos apoyadas sobre el volante no pudo más y saco todo lo que llevaba dentro desde esta mañana, lloró por mucho rato hasta que ya no tuvo más lágrimas que derramar.
Había llorado por todo lo acontecido en este día aunque lo que más le había dolido habían sido esas terribles acusaciones. No podía creer que el hombre del que ha estado enamorada casi toda una vida fuera quien desconfiara más de ella dudando de su inocencia y de su persona; y a decir verdad eso era lo que más le dolía de toda esta terrible situación, que Naruto no la viera como antes.
Era horrible la sensación de sentirse severamente acusada de esa manera, además si él finalmente decidía acusarla por algo ella tenía todas las de perder, él era un exitoso y uno de los pocos buenos abogados mientras que ella era una simple secretaria que no tenía ningún tipo de prueba necesaria para demostrar su inocencia ya que según las palabras de Naruto él podía encontrar todo lo que estuviera a su favor para culparla oficialmente de un acto que ella no había cometido, ella no era más que culpable de haber sido involucrada en sospechas que no tenían nada que ver con su persona.
Trato de buscar los pros y contras de su caso pero por más vueltas que le daba al asunto no había nada que pudiera ayudarla en lo más mínimo, no contaba con el dinero suficiente para contratar un excelente abogado y contratar uno para el que le alcanzara era como tener desde un inició el caso perdido frente a Naruto quien era el mejor de todos.
Simplemente no podría hacer nada y la amenaza furtiva de Naruto la mantenía perturbada.
Horas después llegó a su casa y se acostó, tenía cuatro días para descansar antes de volver a la oficina y ver a Naruto de nuevo. Y aunque pensó que los días pasarían lentamente fue todo lo contrario, el lunes llego en un abrir y cerrar de ojos.
No quería levantarse, no quería ir a la oficina, no quería ver a Naruto.
Cada mañana desde aquel día en que formo parte de la familia Namikaze le emocionaba saber que lo vería pero ahora era todo diferente, no sentía esa misma emoción por verlo y ahora que tenía que trabajar con él y sabiendo lo que él pensaba de ella no quería verlo y mucho menos acercársele pero por si por alguna razón él quisiera besarla como antes ella lo dejaría, no pondría resistencia porque con él no tenía fuerza de voluntad.
Con muy poco entusiasmo y nulas ganas llegó a la oficina a las nueve en punto siendo tan puntual como siempre, Naruto estaba sentado en el gran escritorio de su padre revisando unos documentos, esté la miró brevemente al percatarse de su presencia luego siguió con lo que estaba haciendo.
– ¿Y bien? ¿Con qué empiezo?-. Preguntó desviando la mirada.
–Solo siéntate. Te quiero aquí, donde mis ojos te vean-. Sus miradas se enlazaron por unos momentos. Ella obedeció y se sentó frente a él sin hacer nada, tan solo lo observaba desde su asiento.
Naruto estaba revisando algunos documentos cuando de repente intento abrir un cajón secreto el cual se encontraba bajo llave, inmediatamente Sakura se alteró pues sabía perfectamente lo que había dentro.
– ¿Qué? ¿Por qué de repente te pusiste nerviosa?-. La cuestiono interrogativamente mirándola con el cejo fruncido.
–No estoy nerviosa-. Trataba de hablar con firmeza cosa que no le funciono, aclaró su garganta. Por la manera en la que actuaba, Naruto dedujo que ella era sospechosa de algo pero no sabía de qué así que intento tener respuestas.
– ¿Qué ocultaba mi padre aquí?-.
–Nada. Él no tenía nada que ocultar-. Para ese entonces Sakura ya había podido controlar un poco sus emociones.
–Entonces ¿Por qué está bajo llave?-. Ella negó con la cabeza jugando con sus dedos. – ¿Dónde está la llave?-. Después de unos segundos Sakura lanzó un gran suspiro resignado, sabía que de cualquier forma Naruto abriría ese cajón así que era mejor darle la llave antes de que sucediera alguna otra cosa.
–Tengo una de repuesto, ahora te la traigo-. Se levantó sintiendo miles de sensaciones ajenas a su voluntad, entro en su oficina y salió entregándole la llave.
Dentro del cajón Naruto encontró una caja rectangular lo que le hizo fruncir nuevamente el ceño. La saco y abrió riendo instantáneamente.
–Recuerdos de mi padre-. Musito con ironía sacando varias tarjetas las cuales colocó sobre el escritorio sin dejar de mirar a Sakura de reojo. – ¿Y por esto estabas tan nerviosa?-.
Las esparció observándolas detalladamente, no podía reconocerlas todas de hecho solo reconoció dos de ellas de la cual una pertenecía a su hermano mientras que la otra era de él, un recuerdo de navidad que le había dado a su padre cuando era niño. Observo el resto, las demás eran de parte de Sakura deseándole un feliz cumpleaños, una hermosa navidad, un excelente día del padre, eran tarjetas que detallaban pequeños motivos por los cuales felicitar a alguien especial en un día especial.
– ¿Por qué no me sorprende que solo haya guardado las tuyas?-. Recrimino dejándolas caer sobre el escritorio.
–Te recuerdo que también hay de ustedes-.
– ¿Una, dos? Son tarjetas de hace años, en cambio las tuyas…-.
–Es porque las de ustedes son más especiales, sus tarjetas las guarda su mamá y es obvio que las mías no las iba a guardar ella-. Dijo juntando las tarjetas para llevárselas ya que eran algo muy personal y especial.
– ¡Devuélvemelas!-. Exigió duramente a lo que ella las tuvo que regresar apenada, sabía que eran de ella pero esas tarjetas ya no le pertenecían.
Se sentía incómoda, esta situación no le agradaba en lo absoluto, necesitaba tomar aire sino iba a ponerse a llorar, apretó sus labios con fuerza conteniendo su llanto el cual estaba a punto de estallar pero en ese instante una llamada entro a la oficina lo que la hizo estabilizarse, inmediatamente contesto quedando estática ante la llamada.
– ¿Qué sucede?-.
–Llegaron los resultados forenses de tu padre-.
...
