Hola a todos. Bueno este es el segundo capítulo.
Tres portales...el mundo tenía un portal más para permitir que la energía espiritual atravesara al mundo material. Un-Siv resurgiria gracias al Avatar y a una humana.
Raava era su enemiga, no había necesidad de agradecer. La mujer en cambio, Un-Siv debía presentarse a ella. Se mostró en los sueños de ella como una masa uniforme de energía, indispuesto a revelar su débil forma actual o futura.
Antes de despedirse de la humana sintió fuerzas buscandolo, para controlarlo. ¡Un-Siv no sería usado!
En su situación actual mantener lucidez era imposible y controlar su energía era doloroso. Necesitaba ayuda para protegerlos a ambos. Visiones del futuro comenzaron a formarse a su alrededor mostrando una imágen desesperanzada.
En su último momento de conciencia la recordó a Ella, él confiaba en esa mujer ¿Quizás...ella...los ayudaría?
CAPITULO 2. La busqueda
La estación de policias se veía tan pulcra como siempre, funcionando dentro de la destrozada ciudad como el viejo reloj lo hacía en el cuarto de Asami, ruidosamente.
Había pasado ya un mes desde el ataque a Ciudad Republica y cuatro dias desde el regreso de Korra del mundo espiritual. Los preparativos para el juicio de Kuvira se acercaban y tenía que revisar la logística con la jefa de policias Lin Beifong. Era un problema tras otro y que la sala de espera se sintiera como una caotica jaula gris ponia a Korra los cabellos de punta.
Tras un rato de espera una mujer, con cabello castaño recogido en peinado alto, se presentó ante Korra. Los ojos de la becaria tenían una dureza a la que el Avatar se estaba acostumbrando, aun así Korra siguió a la mujer hasta la oficina de la jefa y le pidió al Avatar que esperara tras ofrecer una taza de te que Korra rechazó.
La maestra de los cuatro elementos realizó una rápida inspección al lugar. Un escritorio con una silla delante y otra atras, piso gris y paredes verde pistache. Desde la ventana de cedro de la oficina de Beifong Korra podia observar el portal amarillo hacia el mundo espiritual.
El Avatar se acercó al vidrio para apreciar la vista mejor y se sentó en la marquesina interior de la ventana, dejando que sus pensamientos la llevaran hacia lo que ella y Asami habían hecho en el otro lado, cuando habían uhido de toda preocupación como si no hubiera un mañana.
Al volver todo se había vuelto un caos, Korra cerró sus ojos fuertemente intentando olvidar sin exito el repudio de la mayoría de las personas, incluso Mako se había negado a recibirlas de vuelta. Esa misma mañana había intentado comunicarse con él desde el apartamento de Opal y Bolin. Aun podía recordar la voz molesta por el recibidor gritando que no quería saber de ellas ni de su romance. Jamás.
Korra fruncio el seño. Mako podía ser un rey del drama cuando menos se necesitaba, junto con toda la ciudad que le reclamaba por haberse ido, ella ocupaba de su ayuda para lidiar con todo el peso de la situación y en la distancia un bebé lloraba.
Korra abrió los ojos en un corredor de paderes grises, sin pensarlo comenzó a caminar lentamente hacia el llanto. Su subconsiente diciendole que tenía que ir a calmar al infante, subió las escaleras de piedra hasta llegar a una puerta de metal. Entró con un golpe a la habitación, la cual a pesar del techo derrumbado, las paredes ruidas y agua saliendo por un tubo en la pared, seguía siendo un sala de operaciones.
El bebé recien nacido, bañado de sangre, lloraba desde la mesa. En las patas del mueble había charcos rojos en los que unas inexistentes manos con piel desgarrada se movian, dirigiendose al reflejo del infante para tomarlo con sus huesudos dedos. Llevarselo para convertirlo en un monstruo.
Korra tenía que salvarlo.
Corrió hacia el pequeño, pero antes de poder llegar al niño un charco rojo se alzó del suelo y comenzó a sumergirla, ahogando la luz y solo dejando los llantos del recién nacido acompañado del sabor a metal.
-¡UN-SIV!
Korra se despertó de golpe, buscando el aire robado, sus ojos saltando de un lugar a otro sin enfocar. La tranquilidad volvió en cuanto se dio cuentas que había alguien más en la habitación, aunque para su desesperación no era un bebé.
Beifong estaba a medio metro de ella, mano derecha sobre una nariz que sangraba y Korra miro a sus manos un poco sorprendida.
-¿Qué fue eso?- Beifong inquirio sin perder un instante, directo a lo importante, aunque su nariz aun goteaba.
El Avatar dio un respiro. No había necesidad de alarmarse o mucho menos de referir al golpe que Korra había dado medio dormida a la jefa de policías.
-Tenemos que encontrar a un bebé -Korra respondió con el mismo tono cortante, indispuesta a revelar el miedo que había sentido en sus pesadillas.
-¿Qué?
-Hay un bebe en Ciudad Republica. Los espíritus lo quieren lastimar y yo lo tengo que encontrar -Korra informó, después puso su mejor cara de perrito triste y prosiguió- Necesitare su ayuda jefa Beifong.
Lin Beifong limpio su nariz con la parte trasera de la mano izquierda y miró fijamente a Korra, como midiendo su calaña, giro sus ojos verde hacia arriba y accedio con la cabeza, aunque sus labios seguían estando fruncidos. Al final se digno a hablar.
-¿Buscas un bebé?- una de sus grises cejas se alzó pero aun así continuó en un tono aleccionador-. Entonces deberias busca en los hoapitales por los registros, te daré autorización y luego me reportaras los avances.
Korra sintió como los ojos verdes de Beifong no dejaban de mirarla mientras le daba las indicaciones, llenos de desconfianza que no estaba ahí hace un mes.
-Dejando tus problemas de un lado, Avatar, hablemos ahora de los preparativos para el juicio de Kuvira. Será necesario que hables con el presidente Raiko de ese plan de llevartela en una cruzada por el Reino Tierra.
"Sus problemas", Korra tubo que ahogar su frustración porque si quería que las cosas ocurrieran de acuerdo a lo planeado debía ser cuidadosa con este tema. Después de todo pedir a una ex-dictadura para ayudar no era lo que se esperaba del Avatar.
La morena trago saliva antes de sonreír a la terca mujer frente a ella, iba a ser dificil pero Korra lograria soportar la mirada reprobante y los pequeños insultos si eso significaba más ayuda.
El resto de la semana transcurrió con Korra visitando los hospitales y clínicas en busqueda de los registros más actuales. Todos los nacidos desde la destrucción de la ciudad. El director del Hospital Central se había visto increiblemente difícil con facilitar los registros incluso cuando Korra paso cuatro mañanas consecutivas curando a personas heridas, pero con un poco de intimidación había cedido. Eso sí, escupiendo mientras decía que Korra era la culpable de la muerte de cientos de niños al permitir la destrucción de la Clinica Especializada en Quemaduras.
El mundo la odiaba por haber peleado en la ciudad, por haberse ido e incluso porque aun estaba viva. "Espero que el próximo Avatar no se vaya de vacaciones cuando se le rompa una uña" eso era justo lo que había escuchado por uno de los pasillos del Hospital de Ciudad República (HCR) al salir de la oficina del canoso director.
Korra comenzó a caminar en la dirección contraria de los habladores, sintiendo como si hubiera una espada de hielo clavada en ella. Intentó tranquilizarse mientras paseaba por el área maternal del HCR, aunque aun podía sentir miradas sucias siguiendola y más de una madre abrazó a su niño más fuerte cuando Korra se acercaba, el simple hecho de esar más cerca de encontrar al bebé la motivaba a continuar.
Aun asi, esta desconfianza acompañada de desprecio se sentía peor que ser apaleada por Kuvira; Korra ni siquiera podía intentar defenderse, eran imposibles de eliminar y volvian sus pesadillas peores. Las noches se volvian sueños donde las personas aplaudian cuando Vaatu o Zaheer la encadenaban, agradeciendo a los monstruos por la oportunidad de un nuevo Avatar.
Asami intentó ayudar a Korra, pero cada una de sus alabanzas se sentía hueca al lado de la verdad de que Korra había huido.
Te fuiste 3 años y te perdone cariño. Ellos también lo harán por simples dos semanas.
La piel de Korra se erizaba al recordar las palabras de Asami, no era lo mismo irse porque estaba enferma a la vacación que tomo con Asami, ignorando el sufrimiento de todos menos el de ellas dos.
Tampoco le gustaba la culpa que le daba cuando Asami mencionaba la tristeza que sufrió esos tres años. Sí, Korra sabía que era egoista y sus acciones lastimaban, pero recordar esos tres años cuando sus pies seguían fallandole para levantarse en la mañana era doloroso, Asami los reclamaba todo el tiempo y Korra no sentía derecho a defenderse, porque después de todo ella debió de haberse recuperado más rápido.
Se sentía cansada de solo pensar en su debilidad y el como había fracasado a todos sin importar lo que hiciera.
En la mañana de du primera semana de volver su única verdadera motivación para salir de la cama era encontrar al bebé, soportaria el odio con tal de conseguirlo.
Se levantó con la resolución de encontrar al infante antes del miércoles, día en que se vería con Raiko para dar una proposición al presidente de Ciudad República que la alejaria de Ciudad República por aproximadamente un año. Esta vez para ayudar al mundo y no para darse placer.
Asami ayudo en la búsqueda, pero al igual que Korra, no tenia idea de como luciaria el bebé, y solo se contaba con los poderes espirituales del Avatar para reconocerlo.
Tras el quinto dia de infructuosa búsqueda, Korra se sentía derrotada, al día siguiente hablaria con Raiko de sus planes de utilizar la ayuda de Kuvira para re-estabilizar el, de nuevo, caotico Reino Tierra. Después de eso saldria en un largo viaje, lejos de la Ciudad y ya que sentia en su estomago que el misterioso Un-Siv estaba en Ciudad República renunciaba a su búsqueda.
Llacia en la cama pensando en que hacer al respecto cuando Asami comenzó a acariciar la planta de sus pies con su mano derecha.
-¿Que te ocurre cariño?
-No hemos encontrado al bebé.
-¿Cual es la prisa?-Asami acercó sus labios a la pierna de Korra.
-Uhm-Korra se arqueo un poco, cerrando los ojos- Mañana le propondre a Raiko que nos permita a Kuvira y a mi ayudar al Reino Tierra.
La boca de Asami se detuvo y cuando Korra abrió sus ojos para encontrar los verdes de Asamii bajo un seño fruncido a escasos centimetros de su cara.
-Kuvira esta loca, Korra. Destruyo la ciudad y mato a mi padre. ¡No puedes confiar en ella!
Todo lo dijo sin alejarse de la cara de Korra, por lo que el Avatar sintió el deseo de hacerse para atrás y disculparse por su idea, la respiración caliente de la mujer Sato era demasiado incomoda y sus ojos llenos de odio le recordaban a los de los demás.
-Yo. Asami necesito a Kuvira para esto-Korra dijo desviando la mirada.
-¡No lo haces!- los ojos de Asami lucian al borde del llanto y Korra sintió un nudo formarase en su garganta.
Antes de poder disculparse la mano rosa y fina de Asami tomo la cara de Korra con seducción, acercando los labios de una a la otra. Después de eso ya no hubo más palabras, únicamente gemidos y gritos.
Afuera la luna, única testigo, brillaba.
Korra, aun medio dormida recorrio la espalda blanca que dormía a su lado con la yema de los dedos, sintiendo la suavidad y el comodo calor de la otra persona, comenzó a dirigir su mano hacia el estomago del dormilón, sintiendo un bulto en el abdomen.
Todos sus musculos se petrificaron, afuera se escuchaba el llanto de un bebe, por lo que Korra alzó su cabeza y le dio la espalda a la figura, fue entonces que una voz masculina, familiar y amable, susurró una sola vez a su oído un nombre "Un-Siv"
Korra despertó mojada de sudor, a su lado Asami dormía calmadamente, el sol que se colaba por la ventana iluminaba sus sensuales facciones, sin embargo Korra apenas y reparo en lo pasional de la escena frente a ella, eso no importaba.
La revelación de que su búsqueda por un bebé había sido inútil porque aun no nacia dejo a Korra un poco agotada, sus musculos pesaban en la piel y su corazón latina lentamente en su cansado pecho. Aún así tenia obligaciones.
El Avatar se puso de pie, en ocho pasos llegó al closet y comenzó a buscar ropa para pasar desapercibida una vez que caminara a pie y no sobre Naga. Se vistio con una camisa verde y un pantalón marrón, arriba su saco azul. Salió de la habitacion con prisa, se dirigio al patio donde Naga la esperaba con su cola meseandose de un lado a otro y hocico abierto.
La perro-oso olfateo a Korra y se dio la vuelta sin saludar al Avatar, por lo que Korra saco de una de sus bolsas un aperitivo en ofrenda de paz para intercambiarlo por un viaje sobre el lomo del perro oso polar. Esto se había vuelto una rutina diaria desde que volvió del mundo espiritual y ya había comenzado a desesperar a la maestra de todos los elementos, pero no había tiempo que perder.
Cuatro cuadras antes de llegar a la alcaldía escondió a Naga en un callejón, se quitó el saco azul dejando la prenda sobre la montura de Naga. Verifico que nadie estaba cerca y comenzó el resto de trayecto a pie, apenas siendo percebida por los demás peatones a pesar de que caminaba rápido porque faltaban unos minutos para su cita, más de una vez trastabillando con el suelo roto de las calles.
Korra llegó a tiempo a la reunión con el presidente Raiko y expuso cómo era necesaria la intervención de Kuvira para la democratización del Reino Tierra, ya que sus generales eran los gobernantes de facto.
Todo fue mejor de lo que Korra esperaba. Raiko se mostró dispuesto a ayudar a Korra con su plan, la anarquía del Reino Tierra se estaba volviendo a propagar y confiaba en que ella podria pacificar la situacion con la Gran Unificadora, solamente que él seria el encargado de llevar la noticia al público, para que todo marchara bien.
Ya era casi medio día cuando terminaron de platicar y Korra aun necesitaba visitar a Kuvira para llevarle las noticias de su futuro trabajo en equipo.
La celda de Kuvira era de madera, colgaba del techo de una caverna en una montaña opuesta a la que encarcelaba a Zaheer.
El guardia, un hombre de dos metros, la dejo pasar hasta llegar a un puente de tablas y que la acercaba un metro de la jaula suspendida. Se marchó tras una reverencia a Korra, cerrando la puerta de madera con fuerza.
Kuvira dio una pequeña reverencia a Korra, la formalidad que tenían le sabía amarga a Korra, pero aun así dio las noticias de su futura colaboración. Sintiendo un calor en el pecho mientras explicaba los planes para que ambas salvaran al ex-Reino Tierra sin caer en extremos.
-¿Como sabia que iba a decir que sí, Avatar Korra?
-Porque somos iguales. -Las palabras sonaron con la misma libertad y entendimiento que la primera vez que las había dicho. Con Kuvira siempre se sentía así.
-¡No la defraudare!- los ojos verdes de Kuvira cayeron sobre los de Korra y sus cejas se alzaron con preocupación -¿No ha dormido bien, Avatar Korra?
-¿Eh? -Korra pensó en sus pesadillas, no sabia si eran peores las de Zaheer o las del infante- Digamos que hay un bebé en camino que no me deja dormir.
Lo absurdo de sus palabras y como podrían malinterpretarse golpearon a Korra con tal rapidez que no pudo contener llevar su mano a la cara para ocultar su humillación. En cuanto se percato del gesto de su mano, la dejo caer a su costado, para aparentar que nada estaba mal.
Kuvira tenia los ojos abiertos y parecia un poco petrificada. Fue en ese momento que Korra pudo apreciar un morete, en forma de mano, en el antebrazo izquierdo de Kuvira y sintió fuego en el estomago. Uno de los guardias había lastimado a la maestra metal. Korra había puesto en juego su vida por ambas y alguien había herido a Kuvira.
-"¿Te dijo?""¡Quien te hizo ese morete!"
Las palabras de ambas se cruzaron y ni siquiera hicieron eco en las paredes, dejando un fino silencio donde se podía escuchar las respiraciones de ambas. Kuvira miro hacia su brazo y luego a Korra, mordiendo ligeramente su labio inferior mientras la contemplaba.
-Fue un accidente- la respuesta fue tan rápida que Korra detecto la mentira sin problemas.
Antes de poder reclamar una explicación la puerta fue tocada desde afuera y un guardia más bajo que Korra entró inmediatamente, como si fuera el dueño del lugar. Korra no esperó que Kuvira dijera nada más, lanzó una mirada reprobatoria tanto a Kuvira como al guardia y salió de la caverna con pasos marcados.
Korra no permitiría que nadie hiriera a la mujer con la que más se identificaba en el mundo, llegaría al fondo de esto.
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Kuvira miró al Avatar marcharse y después observó la mancha en su brazo. Un guardia tosco la había empujado el día anterior, pero eso no debía concernerle al Avatar porque el hombre iba a vigilar a Zaaher y si algo había aprendido en su encierro es que el anarquista adoraba dar aburridos sermones que volvian locos a todos sus celadores.
Kuvira se sentó en su cama y sacó un libro de cuantos de hadas, revisando la portada roja con detenimiento mientras su mente la llevaba a un lago que reflejaba un cielo despejado mientras llovia a cantaros.
Se le habían revelado muchas cosas en ese sueño hace más de dos semanas sobre algo que la misma Kuvira había ayudado a realizar por jugar con fuerzas mayores a cualquier ser humano.
Respiró profundamente antes de sentarse en la cama a contemplar las rocas que estaban demasiado lejos de su alcance, imposibles de ser sentidas siquiera por su habilidad. Eso siempre la mortificaba, pero ahora que Korra le había recordado al bebé eran olvidadas para dar espacio a recordar sueños que eran visiones y la culpa que Kuvira tenía de ello.
Apretó sus manos con resolución, ella los protegeria incluso al costo de su propia vida.
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-¿Desea recibir la llamada?- la operadora preguntó con voz arrastrada.
Mako apretó el auricular. Justo cuando se acostaba recibía una llamada de Korra y de Asami, quizas para buscar su aprobacion o reírse de él, y Mako estaba harto de eso.
Esa misma tarde un ladrón le había llamado "manco" y el maestro fuego lo había hecho pedir perdón desde el suelo, su suela sobre la espalda del sujeto y una peligrosa llama en su mano derecha. Ojos dorados inyectados de oscuridad en palabras de su compañero Ulaq.
Has estado distinto desde la última guardia ¿a pasado algo?
"Algo" no comenzaba por describir toda la sarta de basura que había ocurrido. Desde ser niñero del principe Wu al momento que Jinora le adelanto la estúpida noticia de que sus dos ex estaban saliendo juntas. Una humillación tras otra, como siempre.
Mako sintió nausea ante los recuerdos y sacó un bote debajo de la cama. La mujer en la línea le preguntó si se encontraba bien agudizando un dolor de cabeza que no estaba ahí hace unos segundos, pero no podía tomar pastillas.
El detective terminó de basear su cena y bebio un vaso de agua justo para la ocasión, estaba también harto de acostumbrarse a sentirse así y solamente quería enviar todo al caño.
-¡Digales que se largen y me dejen en paz!- contestó casi tartamudeando por la ira y con garganta seca, tragando una sarta de groserias que la operadora no merecia esuchar. Después colgo el teléfono con fuerza y se volvió a recostar en la cama, aun así conciliar el sueño se volvió imposible con cada recuerdo del pasado, cada uno más perturbador que el anterior.
Como ese espíritu que lo había intentando comer dos años atras junto a un pequeño escuadrón, el capitán había perdido un brazo y se habia retirado.
El terror de ver la carne ser cercenada del cuerpo, dejando la piel rasgada como tela, habia sido avasallador porque no habia escapatoria. La sangre brotó hasta que Mako cauterizo la herida mientras los otros oficiales sujetaban al adolorido hombre. Todos habían terminado manchados de sangre. Sin embargo esa no era la más terrible parte de la experiencia.
El espíritu había sujetado a Mako el día siguiente, jugando con su pierna derecha con un tentáculo capaz de quitar extremidades mientras sujetaba a todos los demás policías de cabeza y lejos de Mako. Ninguno podía usar su elemento debido a las habilidades de la criatura y el maestro fuego contuvó el deseo de gritar cuando otro tentaculo asqueroso comenzó a ceñir su cuello y otro a jalar su brazo. Ni siquiera Amon lo habia hecho sentir tan indefenso o temer por su vida de esa manera.
Unos segundo despues el monstruo le dio la espalda a Mako y soltó a todos mientras se retiraba a una cloaca.
El joven se oculto debajo de las sabanas intentando ocultarse de un monstruo ya destruido, (habían solicitado ayuda al norte para ello). Mako había creido que la experiencia no lo había dañado, pero recordar el sonido de los dientes mientras rompian los huesos de la mano jamás había sido tan fácil.
Él no había podido hacer nada, pero Korra había destruido al espíritu más poderoso sola, sonriendo amablemente tras la victoria, con una belleza que solamente ella poseía.
Era infantil pero el maestro fuego se deseo al lado de Korra, su cabeza al lado de la de él, ambos a salvo bajo un árbol en un día otoñal hace más de cuatro años. Ese día realmente creyo que se había formado un lazo especial entre ellos dos, una promesa de un amor eterno y la idea de una vida juntos.
"Incluso una familia" Mako pensó con el corazón pesado mientras descansaba sobre su espalda, mano derecha bajo la almohada e izquierda sobre el estomago, mirada fija en el techo que se ilumininaba con los rayos del sol, finalmente cerró sus ojos "...una familia... Qué tonto fui"
Gracias por leer.
