Capítulo 1 — Libros
Estados Unidos era de aquellas personas que podían despertar solas, sin necesidad de alarmas u el llamado por parte de otros. Solo necesitaba programarse antes de una reunión y si no terminaba levantándose cuando sus ojos estuvieran completamente abiertos. Pero, siendo sinceros, ni por eso lograba llegar temprano a cualquier evento.
Estando en casa de Inglaterra era peor.
Éste entró a su habitación ruidosamente y abrió las cortinas, dejando que la poca luz del día penetrara la anterior oscura habitación. Alfred jadeó y se cubrió los ojos.
—Despierta América —exclamó sin sutileza, caminando hacia la salida —Tenemos muchas cosas que hacer hoy.
—Solo unos cinco minutos más —murmuró.
—No. Dijiste que me ibas a ayudar y eso harás. Levántate, báñate y vístete apropiadamente. Te espero abajo.
Y fue entonces cuando Alfred notó que Inglaterra yacía con unos pantalones de vestir, una camisa blanca bajo un suéter café oscuro y una corbata perfectamente hecha. Ese traje de alguna forma le era familiar.
Arthur desapareció por el umbral de la puerta, asegurándose de dejarla abierta para evitar que América volviera a dormirse, sabiendo que le gustaba dormir con la puerta cerrada. Algo relacionado a algunos miedos que tuvo de niño y marcaron su vida. No sabía si era su culpa de cuando lo espantaba en Halloween pero tampoco podía preocuparse por eso.
Bajó hacia la cocina para preparar lo que él llamaría full English breakfast. Algo simple como huevos al gusto, jugo de naranja recién exprimido, algunas tostadas, scones, y, por supuesto, té. Nada mejor como eso.
En cuanto reventó el primer huevo una sonrisa apareció en su rostro. Hacía mucho que no le preparaba el desayuno a Estados Unidos y eso lo ponía inexplicablemente de buen humor. Quería que se regocijara con sus alimentos y le agradeciera por eso.
No pasó mucho cuando el susodicho hizo su aparición, aún con el rostro cansado y el cabello ligeramente mojado.
—¿No dormiste bien?
—Sí, solo no estoy acostumbrado a levantarme tan temprano —tomó asiento, extrañado de ver el desayuno de Inglaterra tan apetecible.
—Son casi las nueve.
—Ajá, pareces un anciano levantándote temprano —empezó a carcajearse, recibiendo una mirada fulminante del mayor —¿Y qué haremos hoy?
La pregunta desconcertó a Inglaterra. Ni él lo había pensado pero lo primero que surgió en su mente fue la librería.
—Quiero ir a comprar un libro.
—¿Para qué?
—Para leerlo, idiota, ¿para qué otra cosa lo querría? —rodó la mirada, tomando asiento y probando sus huevos. A su juzgar sabía delicioso y notó contento que América pensaba lo mismo —Deberías intentar lo mismo, por lo menos una vez.
—No lo sé amigo —guardaron silencio durante su consumo —Entonces primera parada la librería, ¿y luego?
—No lo sé. Tal vez volver aquí y poner en orden la casa.
—¿Cuándo dijiste que es la reunión?
—Pasado mañana… será mejor que ya nos vayamos.
—¿En serio? ¿Tan rápido?
—Tenemos muchas cosas qué hacer —le sonrió, divertido —Vamos, termina tu desayuno.
Estados Unidos se cruzó de brazos.
—No me trates como a un niño.
—Sí, sí —lo ignoró, recogiendo sus trastes y llevándolos al lavabo —Asegúrate de taparte correctamente, afuera hace mucho frío.
—Sí, ya lo sé. No tienes que decírmelo —respondió de mal humor, tomando los suyos y haciendo lo mismo.
Quizá sería más difícil de lo que pensaba.
Salieron de la casa más tarde de lo que Inglaterra había planeado, pero al menos no se había enojado tanto y había logrado de la caminata algo terapéutico. Caminaron hasta la esquina y desde ahí vislumbraron un parque.
A Estados Unidos le resultó demasiado familiar y entonces, algunos recuerdos de siendo él pequeño, rogándole a Inglaterra que lo deje salir al parque, éste aceptando entre dientes pero haciéndole prometer que no tardaría en regresar y menos cuando estuviera oscureciendo, invadieron su mente. América se sentía tan libre cuando salía a pasear por Londres, aunque fuera solo por un momento antes de que Arthur tuviera que ir a buscarlo por no haber cumplido su promesa.
El parque no había cambiado mucho en todos esos siglos. Pero los recuerdos que albergaba seguían intactos.
Estados Unidos sintió su tonta sonrisa al verlo, por lo que terminó deteniéndose para apreciarlo a más detalle. Inglaterra hizo lo mismo, con una mirada melancólica.
—Recuerdo que aquí venías a jugar y tenía que venir por ti porque anochecía y tú no llegabas —murmuró, notablemente triste.
Estados Unidos se giró a verlo, odiando la mirada que le dedicaba su ex mentor a los recuerdos de un pasado ya muy lejano, cuando siempre podrían crear memorias hermosas pero más recientes. Ese era su plan original, la razón por la que había venido antes y fingido no saber cuándo era la reunión. Pero Inglaterra estaba tan absorto en el niño que fue antes que no notaba en quién se había convertido. No notaba su presencia.
—Sí bueno, me sorprende que esté intacto después de tanto tiempo.
—Yo me encargué de eso —comentó orgulloso y siguió hablando sin pensar —No iba a dejar que destruyeran mis hermosos recuerdos.
—Sí, hermosos… ¿no querías ir a comprar algo?
—Ah sí.
Ambos se alejaron, cada uno sumido en sus pensamientos pero siendo unidos por las mismas memorias.
No tardaron en llegar a un pequeño y viejo local, donde podía leerse perfectamente la palabra 'Library'.
—¿Para qué vinimos? No me acuerdo —se quejó Estados Unidos, rascándose la mejilla mientras observaba disgustado el lugar.
—Vine a comprar un libro. Y creo que te haría bien hacer lo mismo.
—Amigo, los héroes no leen, viven en la acción —sonrió moviéndose torpemente cuando Inglaterra empezó a caminar.
—Por eso son ignorantes —comentó riendo, empezando su búsqueda e ignorando el puchero del menor —Vamos, será solo un momento. Si quieres te compro un libro, con tal de que leas algo.
La pequeña, desordenada pero muy acogedora librería comenzó a aburrir al americano, quién solo veía las expresiones de su ex tutor cuando cogía volumen tras otro. Lanzó un sonoro suspiro, esperando haber llamado su atención pero fracasando en el intento. Inglaterra estaba muy ensimismado en los miles de libros que lo rodeaban.
—Esto es muy aburrido —susurró, mirando a su alrededor y esperando encontrar algo que lo entretuviera. Decidió observar y leer la contraportada y títulos de algunos ejemplares. Luego miraba los que Inglaterra había visto con anterioridad para al menos entender algo de su compleja y vieja mente.
Finalmente emprendió su propia búsqueda. Caminó jorobado y con las manos en los bolsillos por todos los pasillos, deteniéndose a veces cuando alguna portada colorida llamaba su atención. Entonces se dio cuenta que era lo que él llamaría la sección de niños. Un tierno sonrojo apareció en su rostro mientras que, con la cabeza gacha, caminaba de vuelta a donde había visto por última vez al inglés.
Pronto notó la presencia de algunos niños, tomando todo tipo de libros y alzándolos al aire con una enorme sonrisa. Sintió un poco de envidia. Todos apreciaban y se embelesaban con un libro, incluso a Inglaterra le brillaban los ojos de la emoción por tener este objeto en sus manos, pero él era el único que no podía contagiarse por esto. Tal vez necesitaba dar el primer paso.
Se detuvo y escogió un libro al azar, leyó el título y la sinopsis, sin llamarle la atención. Claro, empezó con el pie izquierdo… 'Modern Indian History' ¿Por qué había escogido ese, en primer lugar? Suficiente tenía con su historia y los problemas políticos que le rodeaban y ahora tendría que leer algo extra aburrido como los hindúes. No es que los ofendiera, ni nada por el estilo, ni porque afirmaran que fueran aburridos, tal vez tenían una historia muy interesante pero, claro, él no lo conocía y tampoco estaba interesado.
Regresó el artículo en el estante y siguió recorriendo con la mirada los demás títulos. Ninguno le llamó la atención.
—Estúpidos libros.
Decir que se sentía frustrado era poco.
Regresó a la sección de infantes, importándole poco su dignidad, ya que ahí había portadas que al menos hicieron que volteara a verlas y, sinceramente, sospechaba que ahí estaría el libro que necesitaba para empezar ese buen pasatiempo. Tomó uno de color azul con la portada de un niño pequeño durmiendo y con la luz de la lámpara prendida. Lo hojeó un poco, descubriendo que en su contenido solo existían grandes dibujos que narraban la historia y pequeñas frases en la parte inferior.
—Mala elección —sonrió bobamente, devolviendo el libro en su lugar —Ah, nunca pensé que escoger libros sería tan agotador y difícil. Tal vez esto no es para mí.
Resignado volvió a andar, buscando ahora a Inglaterra y no un ejemplar que pudiera leer a gusto. Lo encontró justo donde lo había dejado y con una ceja alzada se acercó tranquilo.
—¿Encontraste algo? —preguntó con ciertos celos, observando los múltiples libros, de tamaños, colores y grosores diferentes, que sostenía el inglés.
—Demasiado —la felicidad se notaba en su voz, otra cosa que odió —¿Qué hay de ti?
Inglaterra se giró a verlo con una sonrisa que pronto se desvaneció al vislumbrar las manos vacías del menor. Abrió la boca pero no dijo nada y terminó afligiendo las cejas. América tragó saliva y agitó su mano al aire, restándole importancia a lo que sea que el inglés estaba sospechando.
—Esto es tan aburrido, ¿no sé cómo puede gustarte?
—Es que nunca lo has intentado —dijo finalmente, suspirando —¿Seguro que no quieres nada? No importa el precio, si eso te preocupa.
—No Inglaterra, no lo entiendes. Los héroes no leen, los héroes viven —terminó en un murmullo, moviendo la punta de su pie en círculos.
—Más bien pienso que no encontraste nada —su sonrisa volvió, ahora más cálida —¿Qué te parece si te ayudo a buscar?
Por un momento los ojos de América brillaron pero pronto volvieron a su estado normal.
—No es que sea pesimista pero no creo que haya algo para mí en éste lugar.
—Lo estás siendo y ¿cómo puedes decirlo? Apuesto a que solo viste un par de libros y como ninguno te gustó ya piensas que no puedes hacerlo —América se sonrojó un poco y Arthur volvió a exhalar —Ven, vamos.
Inconsciente lo tomó de la mano, como cuando un niño, y lo arrastró hasta el siguiente pasillo. Estados Unidos tampoco notó el contacto hasta que escuchó algunos murmullos a su izquierda. Unos pequeños niños los observaban en silencio y con la boca ligeramente abierta. Entonces sí notó la mano cálida que rodeaba la suya y sintió sus mejillas calientes. Suavemente se deshizo del agarre, tan suave que ni Arthur lo notó.
Éste de pronto se giró a verlo.
—Empecemos con algo simple, ¿de acuerdo? Éste estante está lleno de novelas y cuentos clásicos. ¿Por qué no seleccionas uno?
A América, de pronto, se le drenó la energía tras ver los múltiples libros ordenados perfectamente por editorial.
—Mejor escoge uno tú, ¿cuál me recomiendas?
Inglaterra frunció ligeramente la entreceja.
—De acuerdo, ¿qué género te gusta?
—Héroes.
—Eso no es un género, idiota… olvídalo —él, como siempre, tenía que hacerse cargo.
Lo primero que pensó fue en algo con muchas aventuras, títulos como 'Treasure island', 'Around the world in eighty days', 'The adventures of Tom Sawyer' y muchos más pasaron rápidamente en su mente y salieron suavemente por su boca pero la respuesta de Estados Unidos seguía siendo la misma… "Ya vi la película" Quizá necesitaba primero demostrarle por qué era mejor leer el libro antes o simplemente no ver la película. En la mayoría de los casos, el libro era mejor.
Se puso de pie, luego de que sus rodillas empezaran a dolerle y de que se diera cuenta que los clásicos no eran la mejor opción, sobre todo cuando Estados Unidos idiota ya había visto todas las películas. Necesitaba algo nuevo, pero no tan afamado y popular que prometiera ser perfecto para llevarse a la pantalla grande, ya que América entonces no leería. También pensó en 'Harry Potter' y 'The hunger game' pero los descartó al instante.
Miró en silencio al americano, como analizando sus gustos y rastreando algo en la librería que pudiera cubrir los estándares. Alfred también lo observó, expectativo y, al no recibir respuesta, giró la cabeza y observó la pared.
—Tal vez algo reciente funcione —concluyó en voz alta, con la mano en su mentón. Emprendió su caminata mientras más títulos y ahora autores pasaban por su mente mágicamente… 'The last merovivingian', 'John Katzenbach', 'Aghata Christie'… —O, ¿será demasiado para él?
—Iggy…
—El problema es que ya ha visto las películas y los títulos nuevos no creo que le llamen la atención…
—Iggy…
—Podría intentar con mi genio Shakespeare, pero estoy seguro que se aburrirá…
—¡Iggy! —bruscamente lo tomó del brazo y lo hizo girar. Inglaterra, con los ojos muy abiertos, se calló finalmente —… Ya no te presiones, no importa. Te dije que esto no era para mí.
—Es tu maldita culpa —reclamó angustiado —Todo porque ya has visto las películas y eres un perezoso. Creí que te había enseñado el hábito de leer cuando eras pequeño, pero veo que fallé en eso.
—No te lo tomes tan apecho, Iggy —sonrió tranquilizadoramente, un poco preocupado por la reacción violenta del inglés y por la mirada triste que le dedicaba —Gracias por lo que has hecho, pero será mejor que volvamos a casa.
—Es que no lo entiendes… ¡Y no me llames Iggy, idiota! —finalizó con los puños fuertemente apretados. Bajó la mirada, hacia los cinco libros que sujetaba débilmente y luego miró las manos solitarias del americano.
Ni él sabía por qué su corazón palpitaba con tanta fuerza o esa extraña necesidad de comprarle un libro a su ex colonia… lo único que entendía es que se sentía miserable en ese momento.
Tomó sus libros y los miró fijamente para después entregárselos a Estados Unidos.
—Si hay alguno que te guste de éstos, por favor dímelo.
Alfred sonrió nuevamente pero negó con la cabeza.
—Esos son tuyos y, como te dije, mejor volvamos. Algún día tendré que encontrar algo, y vaya que tengo una vida para lograrlo, así que no te preocupes —intentó sonar empático y rechazarlo de la forma más educada y madura posible, aunque él mismo también estuviera decepcionado por la visita.
Arthur afirmó lentamente y se giró sobre sus talones, ahora caminando despacio hacia la caja. Alfred lo siguió de cerca.
Ahora que él era el más alto, podía ver completamente la espalda y cabeza de Arthur, no como cuando era pequeño y tenía que alzar dolorosamente su cabeza para poder mirarlo a los ojos. Tan solo bastaba bajar un poco la mirada para poder encontrarse y maravillarse con esas joyas verdes.
Cuando era pequeño, siempre vio a Arthur como un modelo a seguir, desde su elegante caminar y hablar hasta sus decisiones y su forma de ser. La verdad falló en el intento. Era increíble pensar que Inglaterra alguna vez lo crío. Eran muy diferentes.
Recordó vagamente cuando el inglés se sentaba erguido en el pequeño sofá, con una taza de té caliente en la mesa y un libro en su mano izquierda mientras él yacía en la alfombra jugando con un avión o los soldados de juguete que Inglaterra le regaló. Pero entonces suspendía la misión o el encargo y les decía a sus subordinados que fueran a entrenar mientras él resolvía un asunto importante. Alzaba el rostro y maravillado observaba a su guardián, quién leía calmadamente y en silencio al tiempo que bebía un poco de su té, sin dejar la lectura.
Sus ojos brillaban ante la admiración y terminaba poniéndose de pie y a un lado de Arthur. Éste entonces detendría la lectura y lo miraría tiernamente a los ojos para luego invitarlo a sentarse a su lado y leerle en voz alta. No entendía del todo lo que decía pero su suave pero profunda voz lo embriagaba y terminaba durmiendo a su lado, soñando con lo que fuera que Inglaterra estuviera narrando.
Y entonces días después, cuando Arthur tendría que marcharse momentáneamente, se juraba a sí mismo que crecería como el impresionante hombre que veía alejarse, que se convertiría en un caballero y, más importante, en alguien culto y admirable. Corría escaleras arribas y buscaba algún libro con lo que pudiera imitarlo. Se sentaba torpemente en el sofá y tomaba leche en esa taza de porcelana, cuidando de no romperla ni derramar su contenido.
Leía tranquilamente pero al final terminaba aburriéndose y mejor iba a jugar con sus juguetes. Pero entonces, cuando volvía Arthur, se sentaba a su lado y lo escuchaba leer; y cuando se iba, intentaba hacer lo mismo pero fracasaba.
Al final… nunca terminó ningún libro.
Una pequeña sonrisa nostálgica se mostró en su rostro. Habían pasado años y ellos también habían pasado por mucho antes de que estuvieran ahí, en la librería, comprando libros. Pero lo más importante… al menos en él, sus sentimientos habían cambiado y ya no veía a Inglaterra como su hermano mayor, sino como a alguien más.
Tal vez por eso siempre quiso ser como él. Tal vez solo buscaba aprobación… Tal vez por eso se independizó…
—Listo, vámonos Estados Unidos.
Tal vez ya era momento de volver a llamarse por sus nombres…
Siguió a Inglaterra hacia la salida pero se detuvieron cuando la lluvia torrencial llegó hasta sus oídos y vista. Ambos permanecieron estáticos, como un par de idiotas que no quieren mojarse. Entonces Inglaterra suspiró y le entregó la bolsa con sus productos al tiempo que se ajustaba la gabardina y tomaba el paraguas entre sus manos.
—No fue tan buena idea venir a pie —susurró. Estados Unidos rio un poco.
—Pero no negarás que fue un bonito paseo.
Inglaterra le devolvió la sonrisa, con un poco de rubor en sus mejillas.
Así de tontos se veían.
Arthur le pidió que tomara el paraguas, ya que él era el más alto. Le devolvió la bolsa y también removió la bufanda. Listísimos para salir.
N/A
Gracias por sus comentarios y por haber tenido el tiempo de leerlo xDD
Una persona — xDD Gracias por el review y también espero que te haya gustado el capítulo. Saludos!
Luu — América solo quiere besarlo ;.; Ojalá te haya gustado el capítulo! Gracias por el review y las confesiones vendrán después xD
