La detective Beckett cumplía con su ritual de los martes. Desde hacía nueve años cada martes ella desayunaba en una pequeña cafetería. El local, era el favorito de sus padres. Ellos siempre le contaron que allí fue dónde se conocieron. El padre, Jim, era un joven pasante de uno de los muchos despachos de abogados de la zona. La madre, Johanna, trabajaba de camarera para pagar sus estudios de derecho. Con cada café que Johanna le servía al joven abogado crecieron las sonrisas, las miradas. Con cada trozo de tarta, llegaron los roces de manos. Hasta que unos años después, Jim se armó de valor y le pidió una cita a Johanna.
Kate sonreía, al recordar aquella historia, mientras removía su café. El ir a aquel lugar a desayunar era su tributo para con sus padres. Desgraciadamente, no podía hacerlo con ellos ya que nueve años atrás ambos habían fallecido en un accidente de tráfico.
El sonido de su móvil la trajo al tiempo presente, alejando de su mente los años en los que sus padres se habían conocido. La sonrisa que estaba dibujada en su rostro desapareció cuando la persona que la llamaba le comunicaba el hallazgo de unos cadáveres.
-Dame la dirección y nos vemos allí – Mientras decía esto Kate salía del local. Se recogió la melena en una coleta y se montó en su coche, poniendo rumbo al escenario del crimen.
No había problemas a la hora de reconocer en qué edifico se había llevado a cabo el hallazgo. Los coches de policía, ambulancias y el furgón de la morgue, señalaban sin equivocación el edificio exacto.
Kate detuvo su vehículo en la entrada del edifico, bajó del mismo y caminó por la acera. En el portal le esperaban sus dos compañeros.
-¿Qué tenemos? – Los tres caminaban hacia los ascensores. Mientras llegaban al último piso, el detective Ryan le ponía al tanto del caso.
-Dos cuerpos, señor y señora Miller. La empleada del hogar los encontró esta mañana a primera hora cuando llegó a trabajar – Ryan miraba sus apuntes para no olvidar ningún detalle- El señor Miller era asesor financiero y la señora Miller era la asistente personal del alcalde – Kate miró cara de sorpresa a su compañero al escuchar aquello- Así que imagina la de llamadas que ha recibido Gates desde la oficina del alcalde.
-Me importa poco, trataremos este caso como todos los demás – Las puertas del ascensor se abrieron y los detectives salieron. Kate se iba poniendo ya los guantes. Nada más entrar en la vivienda, la recorrió con la vista- ¿Dónde está la niña? – Preguntó, girándose, a Ryan.
-Te dije que lo descubriría tan pronto entrase – Espo sonreía al decirle eso a su compañero, ganándose por ello una mirada de reprobación por parte de Kate- Según la empleada de hogar, la niña pasó la noche en casa de una amiga. Los padres de la amiga están esperando la llegada de un psicólogo para asesorarles en qué deben hacer.
-Lanie, dime algo – La forense levantó la vista del cuerpo de la mujer.
-Ambos tienen un tiro en el pecho. El del hombre parece hecho a quemarropa – Kate observaba los residuos que existían en los bordes de la herida- Cuando sepa algo más te lo diré.
-¿Hora? – Lanie miró a su amiga y mientras se ponía en pie le contestó que basándose en la rigidez y el enfriamiento de los cuerpos se atrevería a decir que llevaban muertos más de cinco horas- Eso nos marca la madrugada como franja horaria. ¿Algún vecino escuchó algo? – Ryan negó- En el silencio de la noche, sólo el uso de un silenciador haría que nadie escuchase nada. La puerta no parece forzada, por lo que o bien las victimas conocían a su agresor o bien éste tenía llave.
Dejaron a la científica en el lugar y los detectives regresaron a la comisaría. Lanie les aseguró que en cuanto tuviese los estudios preliminares les avisaría.
-Esperemos encontrar pronto al culpable, sino será un infierno el acoso de la alcaldía – Kate chascó la lengua. Por mucho que no quisiese dar un trato preferente a ese caso, la verdad es que si no lo cerraban rápido el alcalde montaría en cólera.
Tan pronto llegaron a la 12th su capitán, Victoria Gates, les llamó a su despacho. Las órdenes fueron claras, prioridad absoluta para ese caso.
Ryan se acercó a la mesa de Beckett – Tengo algo – Aquella frase hizo que tanto Kate como Espo dejasen lo que estaban haciendo y le prestasen toda la atención- La señora Miller, estuvo casada con anterioridad. Al parecer el divorcio que sufrió fue de todos menos amistoso. Aún estaba envuelta en pleitos, por la custodia de la hija.
-Bien, hablemos con el ex marido. Ryan, ¿qué no has contado? – Le conocía muy bien y por el gesto que el irlandés tenía sabía de sobra que algo no les había contado.
-La señora Miller, con anterioridad fue la señora Castle – Espo soltó un no me jodas en voz alta.
-¿Pero señora Castle del Castle que nosotros conocemos? – Ryan asintió.
-Meredith Castle, divorciada de Richard Castle. Con el que tenía una guerra por la custodia de la hija que tuvieron en común – Sorpresa era lo que los rostros de los detectives reflejaban. Todos intentaban procesar la información que habían obtenido.
-Espo acompaña a Ryan al Old Haunt a ver si el señor Castle está allí y traedlo a la comisaria. Va a tener que responder a algunas preguntas. Mientras yo iré a preguntar a Lanie como va – Espo y Ryan asintieron y salieron en busca de Castle.
Mientras Kate conducía hasta la morgue iba recordando las veces que la forense le había contado la lucha que Castle tenía con su ex mujer por la custodia de la hija que ambos tenían. Recordaba también una noche en la que Castle llegó al local con la ropa manchada de sangre, los nudillos heridos y una ceja partida. Lanie le había curado, y él le había relatado que todo había sido provocado por un altercado con el marido de su ex.
Abrió las puertas de la sala de trabajo de Lanie y entró aún con todos esos recuerdos dando vueltas por su mente.
-No me lo digas, me lo ha contado Ryan – Lanie ni siquiera levantó la cabeza, pero sabía que su amiga terminaba de entrar en la sala- No puede ser, conozco a Rick desde hace años y sé que no mataría a una mosca.
-¿Ni siquiera por su hija? – Lanie esta vez sí levantó la mirada y la clavó en la detective.
-Ni siquiera por su hija – Le dijo con total seriedad.
-Pues espero que tenga coartada para la hora de las muertes, porque de momento las cosas no pintan bien para él – Lanie se giraba y apuntaba algunos datos nuevos en su informe.
-Murieron en torno a las tres de la madrugada. Cómo dije antes, él de un tiro a quemarropa. Ella tenía un residuo alrededor de la boca, lo estoy analizando, pero parece algún tipo de pegamento – Kate la escuchaba con suma atención.
-¿Cómo si hubiera tenido la boca tapada con algún tipo de cinta? – Lanie asintió y le mostró una pequeña muestra de algo que podría ser cinta de embalar.
-Lo tenía pegado en una de las mangas de la chaqueta. Esto esperando el resultado de las pruebas que he realizado. Por cierto, toma – Le tendió las balas que había extraído de ambos cuerpos.
-Las llevaré a balística y veremos qué nos cuentan. Cuando sepas algo más avísame – Kate tenía ya el pomo de la puerta en su mano cuando Lanie volvió a hablar.
-En serio Kate, Castle no puede haber hecho esto.
