Holas a todos otra vez. Mil gracias por los reviews: aiko1504
, 3-CiNdY-3, slamina, Viridiana, Hib chan y Sakuno Ryusaki. Sus
opiniones son muy importantes para mí y son la inspiración que me hace
falta para continuar la historia. XD XD
Bueno les cuento un poco de mí y de esta historia. Soy mas bien dibujante que escritora tengo una galería en DeviantArt, y les cuento esto por que este fic era originalmente el guión de un fancomic que quería hacer. Hice solo dos páginas y como soy bastante inexperta en el tema de los comics me llevaron mucho tiempo y no quedaron como quería. Pero pueden verlas en mí galería, si quieren, linkeandose desde mi profile page. Hay también otra ilustración que no tiene que ver con el comic pero que tiene un nombre parecido: Sakuno's Revenge, esta hecha con tinta y me pareció divertida.
Se que este capitulo es cortito, pero les prometo uno largo para la próxima
¿Quién eres?
- ¡Príncipe Ryoma! - gritó Tomoka aferrada a la alambrada.
Ryoma Echizen giró lentamente. Buscando la fuente de aquel alboroto. Sus ojos destellando un resplandor dorado se posaron con desaprobación sobre una muchacha de cabello castaño claro, que en ese momento ahogaba una serie de hipidos histéricos. De no ser por su comportamiento le habría costado reconocerla. Estaba muy arreglada y ya no llevaba las dos coletas que solían sujetar su cabello. Este colgaba, ahora, lacio sobre sus hombros dándole una apariencia interesante.
- ¿Osakada? - musitó el muchacho, buscando inconcientemente con la mirada a alguien mas, que no la acompañaba.
Este no era el tipo de detalles que a Tomoka se le escapaban y sonriendo maliciosamente con una ceja levantada le dijo.
- ¿Buscas a la capitana?
El muchacho la observó sin comprender, hasta que Horio deseoso de que alguien le prestara atención añadió en tono de chanza.
- Si quieres enterarte que ha sido de Ryuzaki últimamente solo tienes que preguntarle a su ex novio - añadió señalando hacia atrás con el pulgar.
Podría haberse ahorrado las señas, pues Momoshiro se delató fácilmente. Con solo oír la palabra ex novio escupió el agua que estaba bebiendo pulverizando con ella la cara de Kaidoh Kaoru, a su lado. La réplica no se hizo esperar, pues Kaoru estaba ansioso por repartir puñetazos desde que su novia se colgó de la alambrada para babear por ese estúpido Echizen.
La escaramuza solo terminó cuando el nuevo ayudante de la entrenadora, Ryuzaki hizo su imponente aparición en la cancha.
- ¡No toleraré esta indisciplina! - exclamó con sus ojos brillando peligrosamente detrás de unas gafas - ¡Todos a correr¡Cuarenta vueltas al campo! - agregó en tono cortante Tezuka Kunimitsu.
Los titulares obedecieron de inmediato aunque gruñéndose insultos entre sí en voz baja. Incluso Tomoka se alejó un poco de la cancha bajo la centelleante mirada del apuesto ex capitán.
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Sakuno acomodó la visera de su gorra y consultó su reloj.
- ¡Todas a las duchas¡El entrenamiento acabó! - dijo alzando la voz y sonando su silbato.
Las titulares del Seigaku desfilaron ante sus ojos rumbo a los vestidores. Todas la saludaron respetuosamente antes de marcharse, mientras Sakuno se apresuraba a guardar algunas cosas en su mochila. Se quitó la gorra y la guardó también. Un ligero sudor perlaba su frente y se lo quitó con el dorso de la mano. Algunos mechones rebeldes cayeron entonces sobre sus ojos, y los apartó sujetándolos con hebillas. Sin otro preámbulo se dirigió a la salida.
Unos penetrantes ojos color ámbar seguían sus vaivenes a la distancia. Era tal la intensidad de aquella mirada, que el objeto de su atención no tardó en percatarse de ella.
Sakuno se detuvo involuntariamente paralizada por uno instantes. Dominada por una serie de emociones que se contraponían unas a otras. "No", murmuró para sí y paso tras paso comenzó a caminar de nuevo. Sosteniendo firmemente su mirada en la de él. A regañadientes tuvo que admitir que, el joven genio del tennis, se veía más guapo que nunca. Se había dejado el pelo más largo de lo usual y había ganado en altura sobrepasando con ventaja a Horio y Kachirou que lo acompañaban.
"Siempre necesitarás de un séquito de segundones para sentirte la gran cosa. No has cambiado... Idiota", pensó Sakuno esbozando una diabólica media sonrisa. En tanto continuaba avanzando hacia ellos.
- ¡Ey! Ryuzaki. Mira quien viene con nosotros - chilló Horio, contento de tener una excusa para dirigirle la palabra a la hermosa muchacha.
- ¿Quién? - se limitó a decir ella, despectivamente. Y en lugar de detenerse redobló su marcha cruzando una helada mirada con Ryoma, que luego de un segundo de perplejidad, se la devolvió.
- ¿Qué le pasa? - farfulló Horio con el ceño fruncido, mientras la observaba alejarse hacia los vestuarios.
- Vamos, se hace tarde - dijo Ryoma con acritud. Y los otros dos lo siguieron.
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Las palabras de Momoshiro venían a su mente una y otra vez. Sin importar los esfuerzos que hiciera para ignorarlas. "Ella es tan dulce. Debiste tenerla cuando pudiste.", le había dicho entre suspiros. Bien podría haberse callado esos detalles, él no se lo había preguntado. Sin embargo no podía negar que enterarse de aquello le había caído como un balde de agua fría. Fingiendo desinterés hábilmente, consiguió enterarse de todo lo sucedido en su ausencia. Fue preparándose mentalmente para encontrarse con una Sakuno enteramente diferente a la que había dejado atrás. Pero nada habría podido prepararlo para el humillante encuentro de hace unas horas.
Apretó los puños con rudeza pateando toda piedra que se atravesara en su camino. La entrenadora Ryuzaki lo había mandado a llamar. ¿Que querría ahora, se preguntó con fastidio, mientras caminaba lentamente hacia su despacho.
Por mucho que le pesara debió aceptar que Sakuno se veía realmente bien y que su corazón palpitó con fuerza cuando la vió. Aquel hermoso cabello, antes tan largo, enmarcaba ahora su rostro, formando bellas ondulaciones castañas que resaltaban su piel blanca y unos vivaces ojos cafés. ¿Que sentía él por ella¿No había vuelto por eso? Ya no estaba seguro de nada, la rabia que sentía, no lo dejaba analizar sus sentimientos adecuadamente.
Llamó a la puerta del despacho de su entrenadora y una voz grave contestó "adelante", desde adentro.
- ¡Ah, Ryoma! - exclamó Sumire Ryuzaki - Ya estamos todos. - añadió señalando a otras dos personas que estaban allí.
Una era Tezuka que inclinó la cabeza con absoluta seriedad, y la otra era Sakuno que no se molestó en mirarlo siquiera, sentada frente al escritorio de su abuela.
Afuera estaba atardeciendo y las voces atenuadas de los alumnos llegaban hasta ellos como un suave murmullo.
