Como ya sabéis los personajes son de Stephenie Meyer y la trama es mía.

Muchas gracias por todos los reviews, following y favoritos, de verdad me llena de alegría saber que la historia os está gustando.

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-Supongo que es el señorito Cullen- dije con retintín- confío en que en esa maleta haya trajes mucho más bonitos que mi chaqueta pero desde luego mucho más acordes a las necesidades que exige esta empresa y que claramente con esas pintas no alcanza- dije mirándole de arriba abajo- En cuanto al reloj, me lo ahorraré siempre y cuando cumpla con los horarios preestablecidos, aquí todos nos tomamos muy en serio nuestro trabajo. Bienvenido a la sociedad señorito, si tiene alguna duda sobre su… integración hágamelo saber- dije caminando hacia la salida y pasando a su lado.

Antes de salir por la puerta una mano me agarró del antebrazo y me giró. Al mirar hacia mi brazo vi una mano grande y bronceada sobre mi impoluta chaqueta de traje rosa palo.

-Tengo una. ¿Dónde está mi despacho?- dijo mirándome con esos ojos verdes tan expresivos.

Me costó responderle ante esa mirada, lo asumo.

-No tiene despacho- dije riendo.

-¿Dónde se ha visto que un jefe no tenga despacho?- espetó soltándome.

-La jefa soy yo. Tú ahora mismo eres el que menos peso tiene en esta empresa hermanito- dijo Alice entrando al despacho de Jessica donde estábamos todos- para que me entiendas mejor, eres el último mono- dijo riendo y no pude evitar reírme con ella.

-Oh hermanita, cuanto te he echado de menos- dijo en tono desdeñoso Edward.

-Estoy segura de que sí. Isa, acompaña a Edward a dar una vuelta por la empresa, ayúdale a adaptarse a su nuevo… hábitat- sonreí levemente ante la pulla de mi amiga hacia su hermano, pero la mirada envenenada que él le daba a Alice me contuvo de reír más fuerte.

Caminé fuera de la habitación con Edward pisándome los talones. Llegamos hasta el ascensor y una vez dentro, él se colocó delante de mí.

-Estoy segura de que odias tanto a mi hermana como yo, Isa- dijo intentando crear conversación- es una amargada, siempre lo ha sido. Ha llevado una vida más aburrida que una monja de clausura- dijo intentando ser gracioso.

-Oh que gracia me haces señorito Cullen- dije poniéndome a su lado para mirarle a los ojos- pero su hermana es mi mejor amiga desde la universidad y te aseguro que no es amargada. Tú simplemente no la conoces.

-Y tú no te conoces ni a ti misma- dijo sonriente.

-¿Qué dices niñato?- le contesté enfadada.

-Veo una fiera en tu interior, pero está al fondo de ti, tapada tras esas gafas horrorosamente grandes, tu chaqueta de traje fea y la amistad insulsa con mi hermana y la pava del despacho- dijo refiriéndose a Jessica.

-Empieza fatal su trabajo en esta empresa señor Cullen- dije dejando de mirarle- y por favor psicoanalícese a sí mismo, a usted sí que le hace falta.

-Claro- dijo riendo cuando el ascensor llegó a la primera planta.

Salí andando rápidamente hacia la sala de informática, sin esperarle.

-¡Eh Isa más despacio por favor! Que tengo jet lag- dijo corriendo hasta llegar a mi altura.

-Isabella, me llamo Isabella y señorita Swan para ti- dije parándome a enfrentarlo.

Genial, el tío no lleva aquí más de 20 minutos y ya me he enfrentado tres veces con él. Menos mal que era viernes.

-Bella- dijo sonriente cruzándose de brazos.

-¿Qué?

-Bella, yo te llamaré Bella.

-Ni hablar, no me llames por ese puto sobrenombre cursi. ¡Señorita Swan y se acabó!- me giré para continuar andando.

-Señorita eh- dijo detrás de mí- así que no está casada- dijo pasando un dedo por detrás de mi cuello.

Nunca admitiré que un cosquilleó me atravesó y que mi piel junto a mis pezones se enchinó. Pero así fue.

-¡Pare! Y mantenga las distancias- dije abriendo la puerta de la sala de informática.

Le enseñé la sala y uno de los chicos le dio unas nociones básicas sobre cómo manejar el ordenador.

-Sé manejar un ordenador, ahórrate el tutorial chaval- dijo de buen humor palmeando el hombro al compañero.

-¿Chaval? Señor Bennet- dijo el informático ofendido.

-Oh sí, es verdad os encanta el trato cortés a los estirados ingleses.

-¡Vamos!- dije sacándole se la sala- ¿podrías ahorrarte todas estas estupideces? Intenta ser más cordial. Ya no vives con monos, las personas nos ofendemos con esos comentarios, además ahora vives en Inglaterra y por si tus conocimientos sobre geografía y población te fallan, en Inglaterra HAY ingleses. Así que acostúmbrate- le regañé.

-Peeeerdooona Bella- dijo poniéndome la mano en el hombro- no quería ofenderte. Sé que tú eres inglesa, tienes pecas.

Respiré hondo varias veces para tranquilizarme. De verdad que el niñato tenía menos cerebro de lo que pensaba.

-¡Soy estadounidense imbécil! De Arizona concretamente. Y tengo pecas porque mi piel es terriblemente pálida. No intentes llegar a grandes conclusiones sobre mí sin conocerme.

-¡Vaya Arizona! Estuve en Phoenix hace unas semanas. Y no tienes acento americano- dijo intentando justificar sus conclusiones de que yo era inglesa.

-Déjalo, sigamos.

Hasta la hora del almuerzo estuve enseñando a Edward la empresa. Fueron dos horas insufribles entre sus meteduras de pata con los compañeros y sus bromitas hacia mí. Además se paraba a hablar con todo el mundo, incluso sin conocerlos. A cada momento que pasaba lo soportaba menos.

El tour acabó en la cafetería donde le indiqué donde estaba la comida y la bebida y lo dejé solo para sentarme junto a Jessica y a Ángela.

-¿Qué tal con el espécimen silvestre?- me preguntó Jess.

-Horrible. Os tengo aprecio y por eso os recomiendo que vayáis buscando trabajo, porque esta empresa se va a ir a pique. No le doy ni 3 meses al mando. Es insufrible.

-Pobrecillo, aquí no tiene a nadie- se compadeció Ángela.

-Si pudo relacionarse con monos en la selva, podrá sobrevivir en Londres- dije riéndome.

-¡Mirar, mirar ha cogido una hamburguesa y una coca-cola!- dijo Jessica.

Me giré en mi asiento para mirarlo porque le daba la espalda desde donde estaba sentada.

-Está a punto de tener una experiencia orgásmica comiendo, va a probar comida que no son hojas- bromeé.

Edward pese a estar a muchos metros de distancia pareció oírme y levantó su mirada de la hamburguesa para clavarla en mí. En ese momento me atravesó un escalofrío y quité la sonrisa de mi cara. No sé por qué pero me sentí mal por él en ese momento.

El resto de la tarde no volví a ver a Edward, hasta que cogí el ascensor para bajar a la calle. Él se montó conmigo y junto a otras tres personas más que ya estaban dentro.

-Hola Bella- dijo sonriéndome-

-Hola- contesté sin mirarle.

-Es viernes…

-Sí, lo sé- respondí cortante.

-Me han dicho que en Inglaterra es común salir los viernes a tomar algo después del trabajo. ¿Quieres salir a tomar algo?- me preguntó girándose hacia mí para mirarme pero yo continúe de frente a las puertas del ascensor, dejándole ver mi perfil.

-No te conozco como para ir contigo de bares- dije a la vez que salía del ascensor sin mirarle.

Ese fin de semana me lo pasé metida en casa. Había comenzado a leer un libro y hasta que no lo acabara no podría salir de casa. Hasta me costaba dejar de leer para comer.

El lunes Alice me informó de que iban a acondicionar una de las salas que estaba frente a mi despacho para que su hermano instalase ahí el suyo. Había decidido darle una oportunidad al niñato, aun tenía 23 años y era inmaduro. Además estaba en un país nuevo donde la única persona que conocía era su hermana y esta le evitaba lo máximo posible. No iba a volverme su amiga pero le ayudaría a adaptarse a la empresa y le moldearía para que se pareciese lo máximo posible a Alice.

Sobre las 11 de la mañana mientras estaba en la sala de juntas con Alice y con representantes de una empresa literaria, la puerta se abrió y Edward entró por ella. Hoy no venía tan mal vestido, traía unas deportivas pero al menos iba en vaqueros oscuros y un polo de color rojo. Era demasiado informal para la oficina pero mejor que la ropa que llevaba el viernes sin duda.

Dejó los documentos sobre la mesa y cuando pasó por mi lado me colocó las manos en los hombros de forma cariñosa.

-Buenos días Bella- dijo sonriente.

-Buenos días, Edward- contesté seria pero manteniendo la educación.

Cuando me soltó y abandonó la sala Alice me miraba con el ceño fruncido. No entendía el gesto de su hermano y me pedía una explicación. Yo me encogí de hombros porque tampoco entendía porque se tomaba tantas confianzas conmigo.

Antes de las 3 de la tarde decidí entrar en el despacho de Edward para enseñarle unos análisis que habíamos hecho con la empresa con la que estaba reunida esta mañana. Pero no estaba preparada para lo que me encontré al entrar.

Edward estaba tumbado en la silla del escritorio, con los pies encima de la mesa, sin camisa y fumando. Y encima fumaba maría.

-¿Pero qué coño haces?- le grité cerrando rápidamente la puerta para evitar que el olor pasase al pasillo.

-Estoy en mi momento de descanso- dijo sin inmutarse.

-A ver varias cosas: para tener tu momento de descanso primero has tenido que trabajar, ¿qué has hecho hoy para merecerte el descanso?, segundo vístete y quita esos pies de encima de la mesa y tercero deja de fumar hierba ilegal en el despacho. Además hay sensores de humo, ¿quieres que salten o qué?

-Tranquila Bella. He quitado el sensor- dijo orgulloso señalándome el sensor encima de la mesa- es fácil quitarlos, solo hay que desenroscarlos.

-¡Es igual! No fumes aquí y menos maría- dije arrebatándole el porro y apagándole en la botella de agua que Edward tenía abierta.

-Tú mandas- dijo sonriendo y poniéndose de pie. De esta manera me dejaba ver su escultural torso.

Me quedé embobada mirándolo como era de esperar.

-¿No tienes nada que hacer?- le pregunté.

Él negó con la cabeza.

-Ven conmigo- dije abriéndole la puerta- ¡pero vístete antes por dios!

Salimos del despacho y fuimos hacia la sala de conferencias. Donde comencé a explicarle el análisis que habíamos hecho en la reunión.

En un momento dado me senté a su lado y comencé a hacerle anotaciones, pero él agarró una de mis manos y no pude seguir escribiendo.

-Bella, Bella…

-No me llames así, te lo he dicho por favor- le pido mientras intento retirar mis manos.

-Pero es que va contigo, eres muy guapa, por eso te llamo Bella.

Me ruboricé pero evité que eso me afectara de más.

-¿Me sueltas por favor?- dije mirando nuestras manos.

-Bella tienes una voz hipnótica, pero me gustaría que la emplearás para decirme cosas interesantes.

-¿Y qué te resulta interesante a ti? ¿Quieres que te hable sobre los animales que vi en el zoo hace unas semanas? ¿Eso te resultará familiar no?- dije desdeñosa.

Contrario a lo que pensaba Edward se rió y agarró mis dos manos con las suyas.

-Me hacen gracia tus insultos hacia mí. Quiero ser tu amigo, pero para eso tendrás que dejar de estar de parte de la sosa de mi hermana.

-Pues Alice te lleva ventaja de unos cuantos años, fíjate.

-Lo sé, pero quiero que sepas que no estoy tan aislado de la sociedad como crees. He estado viviendo en Brasil pero no en la selva, si no en un pequeño pueblo en el que he trabajado para poder ayudar a una familia. Allí vivía en una casa con luz, agua corriente, veía la tele, leía el periódico y hasta usaba el ordenador- dijo mirándome con la intención de recordarme el por qué paró el ''tutorial'' del informático el otro día- ah y se me olvidaba, usaba reloj y ropa- dijo riéndose.

-Suena normal- acepté.

-Es normal- dijo apretándome las manos- Alice es la que lo saca todo de contexto, lo que me cabrea porque a ella nunca la ha interesado mi vida. Tenía 9 años cuando yo nací, no fui el típico hermano con el que compartía juegos si no el hermano pequeño que la molestaba con mis llantos de bebé para estudiar. Cuando cumplí los 18 años me fui de casa, estudié a distancia, quise conocer mundo y sobretodo conocerme a mí mismo. Me odia desde que nací, lo acepté hace mucho.

-No te odia- defendí a mi amiga.

-Lo hace.

-¡No! Pero es que sois muy… diferentes. Tú eres my joven y vives la vida como si no hubiera un mañana, pero nosotras ya somos mayores y tenemos que tener más vistas de futuro en la vida.

-Tú no eres mayor Bella- dijo pasando uno de sus dedos por mi mejilla.

-Tengo la misma edad que tu hermana. Te saco casi una década, así que no solo soy mayor que tú si no que he vivido cosas que tú nunca vas a vivir.

Edward frunció el ceño.

-No estoy de acuerdo- rebatió.

-A ver… ¿tú has visto la serie de Friends o de los Vigilantes de la Playa?

-Mmm no, pero sé de qué va.

-¿Has escuchado los Back Street Boys?

-Claro.

-Vale espera, ¿has visto que los Back Street Boys saquen disco?

-No, ¿qué idiota compra discos hoy en día?

-Ves, a eso me refiero. Tú serie contemporánea será juego de tronos, no sabrás lo que es comprar un CD porque toda la música está digitalizada. Todas esas cosas que te he dicho, yo las he vivido y tú no vas a hacerlo porque perteneces a una época distinta.

Edward rió y yo por fin pude soltar mis manos de entre las suyas.

-Solo para que lo sepas Bella, hay numerosas páginas web donde puedo ver los capítulos de Friends y de los Vigilantes de la Playa. Ya casi nadie ve las series en la tele.

-Yo sí- dije ofendida.

-Eso no te hace mayor, solo te hace distinta a mi- dijo serio mirándome fijamente.

-Lo sé, tú y yo somos muy distintos. Si fuese tu hermana chocaríamos aun más de lo que lo haces con Alice.

-Imposible- dijo volviendo a reír.

Salí de la sala de conferencias justo para pasarme por mi despacho, recoger las cosas e irme a mi casa.

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Bueno, parece que Edward va a saco a por Bella, pero esta es muy seria jajaja.

Si os ha gustado o si no, podéis dejarme un review con vuestras primeras impresiones de esta historia.

A cambio de vuestro review os regalaré un adelanto del siguiente capítulo.

Nos leemos.