¿Recuerdan que serían dos partes? Bueno, algo pasó y ahora son tres jaja. No preguntes, sólo goza.
Todos los derechos de los personajes a J.K. Rowling, que nos dio este maravilloso mundo.
"No"
Por Daymin.
Parte 2.
Harry se sorprendió a sí mismo con un mejorado aspecto frente al espejo esa mañana, pero no entendió por qué. Su cabello seguía tan impeinable como siempre, sus ojos tras el cristal -no tan limpio- de sus anteojos seguían siendo verdes, su estatura o musculatura no habían cambiado, pero aun así parecía alguien atractivo.
Y no sólo él parecía notarlo, ya que en todo el trayecto a su oficina había sido saludado con más entusiasmo de lo normal –sí, más saludos de los que puede recibir el salvador del mundo mágico- y, sorpresivamente, él correspondía sonriéndoles de regreso.
—Entonces… —Harry fue llamado de regreso a su escritorio, olvidando todo el asunto de su mejorado aspecto.
Al parecer se había corrido el rumor de que Harry Potter estaba de buen humor, cosa rara en verdad, tan rara que fue motivo suficiente para que Ronald Weasley estuviera sentado frente a él mirándole suspicaz.
—Ya te dije que no ha pasado nada, Ron. —Su amigo entrecerró los ojos, frunciendo los labios en la misma mueca de incredulidad que usaba desde años atrás. —Simplemente es un buen día.
—Ese es el asunto, Harry, tú no tienes buenos días. Sólo días, los demás son malos.
— ¡Ey! gracias por tu sinceridad, mejor amigo.
Después de usar esas palabras que pretendían sonar molestas, parecía un simple comentario infantil sin repercusiones, acentuado por la sonrisa sincera en sus labios.
Ron intentó mostrarse afectado, pero sólo consiguió un resoplido y dejó caer su espalda contra el respaldo de la silla.
—Sabes bien a lo que me refiero.
Harry simplemente elevó los hombros de manera despreocupada. Por supuesto que lo sabía, nadie mejor que él sabía el humor del demonio que parecía tener todos los días, pero tampoco mentía al decir que nada extraordinario había pasado, dejando de lado a Malfoy y su completa capacidad para moverle el mundo.
Por primera vez en el día, se preguntó si realmente Malfoy tenía algo que ver con su tan inesperado mejoramiento de personalidad, desechando la idea de inmediato. ¿Por qué la repentina llegada de un viejo conocido le afectaría tanto?
No se estaba quejando realmente, él no era la clase de persona que es arreglado por cosas que mejoraban a los demás. Él necesitó terminar con un señor oscuro, perder muchos seres queridos y ser llamado "héroe" para estar vivo actualmente, algunos sólo necesitan respirar y comer. La vida era extraña.
—Ron…—El pelirrojo debió notar que algo loco se acercaba debido a la expresión de su rostro. — ¿Sabes algo de Malfoy?
— ¡Agh, no! Tú también.
— ¿Yo también?
—No sé qué pasa últimamente con el mundo, pero por todos lados he oído sobre el hurón, incluso Mione, ahora está con esa idea de crear nuevos lazos, es escalofriante…
Harry no pudo seguir el paso de las palabras de su amigo, mientras intentaba imaginar a qué clase de lazos hablaba Hermione.
— ¿Están libres esta noche? —Cortó el parloteo del otro, tomándole por sorpresa.
—Mmh…Sí, ¿quieres venir a cenar?
—Sería estupendo, llevaré algún postre.
Ron entonces le miró extrañado, casi asustado.
—De acuerdo, amigo, debes decirme que fue lo que te pasó.
Harry sólo rio, Si Ronald nunca se enteraba de nada era debido a su falta de atención.
...
Cerca de las ocho salió de la chimenea de los Weasley, cargando un pastel de melaza. Había tomado un baño media hora antes por lo que se sentía fresco y renovado.
El sonido de su llegada debió advertir a sus amigos, ya que pronto escuchó a Hermione llamarle.
—Estamos en el comedor.
En seguida se encaminó a la estancia con total seguridad, conocía esa casa a la perfección, había vivido algunos meses con el matrimonio Weasley mientras restauraba Grimauld place. Recordar esos meses incomodos aún le causaban escalofríos.
Si bien, los tres siempre fueron grandes amigos, las cosas simplemente cambiaban cuando dos de ellos se besaban y contraían matrimonio, uno salía sobrando.
—Hola chicos, he traído pastel.
Hermione se acercó rápidamente, retirando el pastel de sus manos y dándole un rápido abrazo, no tan cercano debido a su gran vientre abultado.
—He pasado un largo tiempo sin verte, Harry, ¿cómo van las cosas?
Harry estuvo a punto de decirle a su amiga que había estado ahí dos veces más en ese mes, pero recordó la última vez que le llevó la contraria, todo había terminado desastrosamente, con el postre esparcido en el suelo y una Hermione bastante embarazada llorando.
Ron decía que el parto estaba cerca, así que todos eran demasiado cuidadosos a su alrededor, después de todo sólo se es madre primeriza una única vez.
Ambos jóvenes intentaron ayudar con la preparación de la mesa lo mejor posible, haciendo lo que Hermione les pedía, intentando no estropearlo. La madre primeriza se había esmerado mucho en esa cena que, aunque nadie le había dicho nada, sabía que era especial.
Cuando los tres estuvieron reunidos alrededor del comedor, la charla se hizo amena de forma natural. Esa era una de las principales razones por las cuales Harry consideraba a esos dos sus mejores amigos, por la forma tan natural que se le daba hablar con ellos o, incluso, no hacerlo.
Sus largos silencio de retrospección jamás fueron un impedimento para su amistad con el matrimonio Weasley. Ellos entendían, siempre entendían.
—Mione. —Se animó al comenzar a comer el pastel después de una larga cena de comida casera marca Weasley. —Ron me contó sobre los lazos que quieres formar con Malfoy.
Su amigo pelirrojo de inmediato pareció ahogarse con su bocado, volviendo su rostro una mueca desagradable, claramente nada feliz con el tema que había comenzado.
—Si has venido a decirme que hablar con Draco es un error, es mejor que te detengas, Harry.
El joven de anteojos quiso negar de inmediato, sin querer hacer enojar ni un poco a la hormonal mujer, pero el nombre pronunciado por ella le había hecho olvidar el resto.
— ¿Draco?
—Sí, Draco, ese es su nombre, Harry, en dado caso de que lo olvidaras.
Hermione aún no parecía realmente molesta, pero sí incómoda, partiendo su porción de pastel con un leve exceso de fuerza.
— ¿Puedes creerlo, Harry? Después de todo lo que ese sujeto nos hizo…después de las cosas desagradables que dijo, Mione insiste en olvidarlo todo.
Pronto la joven mujer miró intensamente a su marido, haciéndole detener su discurso.
—Ya entiendo, Ronald te fue con el chisme y decidiste venir a hacerme cambiar de opinión, ¿es así, Harry?
Potter rápidamente negó, sintiendo el ambiente llenarse con la esencia de la magia de Hermione, quien ya estaba notablemente molesta.
—No es nada de eso. —Aseguró. —Sólo me sorprendí al escucharte llamarle por su nombre de pila.
La chica presionó sus labios, como si aún decidiera si debía sospechar de sus intenciones.
—Desde que regresó a Londres he tenido varias oportunidades para charlar con él, no somos amigos pero somos amables y cordiales, conversamos si nos vemos y pasamos un buen rato. —Remarcó, luciendo tan orgullosa y propia, como cuando sabe la respuesta correcta a media clase. —Algunos decidimos madurar. —Soltó con receló, directo hacia su esposo.
Ron sólo se encogió en su asiento, comiendo más pastel.
—Yo también he conversado con él.
— ¿Qué? —La sorpresa era genuina en el rostro de su mejor amigo, casi acusadora.
Harry sólo se encogió los hombros.
—Me topé con él en el Emporio de la Lechuza hace unos días. Se podría decir que conversamos por un momento. —Dijo, no tan seguro de poder llamar al cruce de frases sarcásticas "conversación". —Debo admitir que me sorprendió verlo después de cinco años.
— ¿Qué hacías en el Emporio de la Lechuza? —Le acusó Ron.
Harry no tenía una respuesta para eso, y, aunque fueran mejores amigos, prefería guardarse para sí mismo sus actividades melancólicas. Afortunadamente no tuvo que pensar en una razón convincente, pues Hermione continuó hablando.
—También me sorprendí cuando le vi por primera vez en el ministerio, han pasado tan sólo unos meses desde que regresó, debe estarse adaptando a todo otra vez. —Harry sintió ser atrapado por el tono casi triste de su amiga.
— ¿Otra vez? —Pidió.
Hermione dio un largo trago a su taza de té, dejando su plato completamente vacío a un lado.
—Sé que no debería hablar sobre esto, pero de cualquier forma si él me contó, no parece querer ocultarlo. —Razonó la chica. —Después de que todo terminara…Draco se fue a Francia con su madre, ya saben, a comenzar una nueva vida y todo eso, incluso se comprometió con la menor de las Greengrass.
— ¿Está casado? —Pronunció Ron, en un tono ahogado y escandalizado. — ¿Cómo rayos alguien quiso casarse con él?
Harry asintió del mismo modo impactado, pero por una razón completamente distinta, sintiendo la decepción esparcirse por su cuerpo. Mione negó rápidamente, inclinándose un poco más sobre la mesa, como si intentara ser discreta.
—Draco rompió el compromiso unos meses antes de la boda y simplemente regresó.
Harry suspiró, dándose cuenta de todo el aire que había contenido, relajando sus músculos tensos sin razón.
—Mione, háblame de esos lazos amistosos por formar con Malfoy.
Hermione sonrió, ignorando el jadeo escandalizado de su pelirrojo esposo.
...
Lamentablemente el efecto Malfoy no duró más de tres días.
Harry arrastró sus pies hasta desplomarse tras su escritorio, sintiendo como si cada gota de energía hubiera sido drenada, al igual que cualquier rasgo de amabilidad y felicidad.
Nuevamente era Harry Potter, el héroe desdichado. Igual de solo, amargado y triste.
Había hablado con Hermione sobre cómo ayudar a que Malfoy –Draco- se reincorporara al mundo mágico de Londres. Ella había mencionado algo sobre que Draco era alquimista y pocionero, y había remarcado sobre favores marca héroe que él podría facilitarle.
Le agradaba la idea, sólo que no era como si tuviera a Draco Malfoy en su red flu o algo por el estilo. Ni siquiera sabía que diría para no estropearlo, en dado caso que lograra encontrarse con el rubio una vez más.
Por supuesto que Harry, tan ensimismado en su miseria, no se percató de la elegante figura esbelta frente a él, hasta que no escuchó un carraspeo.
—Malfoy. —Casi suspiró, completamente asombrado, meditando un instante sobre cuál era la probabilidad de poder invocar a alguien.
—Potter. —Saludó, completamente serio y profesional, sin ninguna clase de sarcasmo o molestia. — ¿Dónde está Granger?
— ¿Qué?
—Granger. —Rodó los ojos. — ¿Hermione Weasley? Ella dijo que viniera aquí hoy.
Harry notó la incomodidad en la voz del rubio, como si tratara de ocultar el desagrado, pero no pudo saber hacia que o quién.
—No está aquí.
Draco afiló sus ojos, y Harry pudo ver claramente su mandíbula tensarse.
—Por supuesto. —Comentó, con el tono de voz que usaría alguien que acaba de comprender una broma cruel.
Harry se mantuvo quieto, aún sin entender nada de lo que estaba pasando. Por alguna razón esa mañana Draco Malfoy había aparecido en su oficina buscando a su mejor amiga, parecía ser algo más que una simple coincidencia.
Entonces entendió.
— ¿Quieres sentarte? —Le invitó, señalando los cómodos sillones frente a él.
—No.
"Por supuesto que no".
Harry siempre se había preguntado cómo le hacían los Malfoy para lucir serenos y rectos en todo momento. Draco estaba de pie frente a él, perfectamente vestido y peinado, sin un sólo rastro de titubeo, sosteniéndole la mirada al rechazar su oferta a sentarse que cualquier otro habría agradecido sin dudar.
Entonces Draco bufó suave, casi de manera inexistente, sin perder la elegancia.
—No sé qué es lo que te dijo Granger, ni lo que busca reuniéndome contigo, pero no va a funcionar. Déjame en paz.
Y tras aquellas palabras se giró sobre sus talones, ondeando la fina túnica que vestía.
Cuando Harry cayó en cuenta ya estaba de pie tras el rubio.
—Malfoy, espera. —Pidió. El más alto detuvo su andar antes de llegar a la salida, girando apenas su rostro, señal que tomó Harry para continuar, con lo que sea que estaba por decir. — ¿Quieres salir a comer conmigo? Conozco un buen lugar cerca.
Todo el aire contenido salió precipitadamente por su boca, haciéndole jadear. No sabía de donde había salido aquella idea pero no le desagradaba.
Draco se giró completamente hacia él, elevando una ceja interrogante.
—Son las ocho de la mañana, Potter.
Por supuesto, Harry era un imbécil. Repentinamente recordó que acaba de comenzar su jornada laboral.
— ¿Un desayuno tal vez? —Intentó, sabiendo la respuesta.
—Tal vez no. —Pero saboreándola de cualquier formal.
Y así como apareció, Draco se marchó, dejando la misma sensación de adrenalina en el salvador del mundo, con más energía de la que su cuerpo podía almacenar.
Ese día Harry Potter trabajó muy duro.
...
"¿Qué quieres de mí, Potter?"
Era la simple línea que Draco se había dignado a escribirle tras sus insistentes cartas.
El paso de los años habían vuelto a Harry más sabio y maduro, lo suficiente para que esa tarde fría frente a su chimenea se atreviera a aceptar que estaba –un poco- obsesionado con Draco Malfoy.
Si lo pensaba detenidamente, no era nada nuevo, durante todo el colegio se la pasó sobre el rubio, intentando descubrir cualquier cosa para molestarle o culparle de sabotaje, pero todos esos años habían sido momentos desesperados en vísperas de una guerra. Buscar culpables era la única cosa cuerda.
Harry siempre había querido obtener algo del heredero Malfoy, había pensado que aquello que deseaba era simple entretenimiento, un juego infantil para distraerse de ser la única persona que pudiera salvar la vida de todos. Un peso demasiado grande para un sólo niño.
Ahora no había ningún señor oscuro, pero él seguía queriendo la distracción que traía Draco consigo. Sin importar las circunstancias, el rubio lograba captar su atención y pronto hacerle olvidar cualquier estado de ánimo que sintiera.
Harry era probablemente incapaz de sentirse verdaderamente feliz o extasiado por algo en los últimos años, por lo que el renovado juego de tira y afloja con Malfoy era emocionante.
Desde luego que el juego sería más divertido si Draco se dignara a participar en él, y dejara de ignorar sus cartas o evitarle en los pasillos del ministerio. Hermione le había dicho que fuera paciente, "una rivalidad de bandos de guerra no se olvida de la noche a la mañana, Harry".
Él lo sabía, pero lo que fueron en la escuela, los juegos mortales y lados que ni siquiera tuvieron opción de elegir habían quedado atrás. Sinceramente él no quería nada de aquellos recuerdos, ni el odio, ni la rivalidad, entonces, ¿qué quería exactamente de Malfoy?
El ulular del imponente búho de Malfoy le recordó a Harry que aún no había escrito una respuesta.
Miró de nuevo la limpia caligrafía cursiva del pergamino, totalmente distinta a su desviada e irregular letra, consiguiendo sentirse un poco apenado.
No había escrito una respuesta porque realmente no la tenía. Sentía que era precipitado hablarle al otro sobre amistad, lazos y nuevas experiencias. Se sentía como si antes de pasar a eso deberían tener una conversación, sobre algo, algo importante que Harry desconocía pero le carcomía durante la espera por las respuestas de Draco.
Se sentía estúpido al tener que aceptar que le ansiaba saber más sobre Malfoy, su obsesión era vergonzosa, pero era de ese modo. Harry quería conocer al verdadero Draco, no al heredero de algo demasiado oscuro como para soportarlo, no al príncipe de Slytherin, no su enemigo de infancia. Sólo a Draco.
Miró el fuego arder en su chimenea y suspiró, sabiendo que no era una buena idea responder la carta de Draco, no de ese modo, pero lo hizo de cualquier forma.
Escribió una rápida nota y la ató al búho, el cual salió volando de inmediato sin perder la oportunidad de picotearle el dedo por su demora.
La nota decía dos simples palabras, tan sinceras como Harry pudo.
"A ti" había escrito.
Claramente a Draco Malfoy no le gustaba la sinceridad, pues esa misma noche, antes de que Harry pudiera conciliar el sueño, el búho de Malfoy había arrojado una nota sobre su cara y había partido en vuelo nuevamente.
"Vete a la mierda, Potter."
Harry supo interpretar aquella frase como otro "no" por parte de Draco, y sonrió.
...
Potter había aprendido varias cosas en su trabajo como auror, una de ellas era lo precavido y planificado que debía ser, no llevar a cabo un buen plan podía significar la pérdida de vidas.
Si bien, no había ninguna emergencia ni caso por resolver, él estaba usando todos sus dotes de buen auror para vigilar de cerca a Draco Malfoy. Había notado que asistía al ministerio cerca de tres veces por semana, siempre en el mismo horario, cargaba el mismo maletín y el mismo bastón.
Era todo un profesional sin lugar a dudas, uno endemoniadamente puntual, por lo que cuando el reloj de muñeca que Harry se empeñaba en llevar marcó un cuarto para las cinco de la tarde, Malfoy salió por el ascensor, en dirección a la salida del ministerio, seguramente terminando su jornada de asuntos profesionales que llevaba a cabo tres veces a la semana.
Harry sabía que podía averiguar que hacia el rubio en el ministerio, pero prefería escucharlo del rubio, por lo que le intersectó cerca de la salida. Bloqueó el paso de Malfoy de forma tan repentina que éste no tuvo tiempo de huir, sólo de mostrarse claramente disgustado.
— ¿Ahora qué, Potter?
Cuando Harry abrió la boca y no supo que decir, se dio cuenta de que verdaderamente no estaba haciendo cosas de auror, sino comportándose como su yo antiguo e inmaduro, pero eso tampoco le molestó.
—Hola, Malfoy, también me alegra verte de nuevo. —Ironizó sin abandonar su posición entre el rubio y la salida. — ¿Terminaste?
Malfoy elevó una ceja interrogante.
— ¿Espiándome de nuevo? —Soltó, mostrando una postura más relajada que defensiva, como se supone debía ser. —Al parecer ser el héroe de todos tus lamebotas te ha atrofiado el cerebro, Potter, porque acosar a otra persona sigue siendo un delito, aún si se trata de ti.
Indirecto y mordaz. Harry casi pudo sentir un hormigueó en sus manos.
—Salvar el mundo mágico debe servir de algo, ¿no, Malfoy? —El rubio rodó los ojos ante su altanería.
— ¿Qué quieres, Potter?
—Te lo dije la otra noche, te quiero a ti.
Los ojos grises de Draco se agrandaron apenas un poco, esa fue la única muestra de sorpresa que se permitió dejar ver, manteniéndose recto e imponente.
— ¿Hay algo que pueda hacer este humilde mago por San Potter? —Hizo una fingida reverencia con tono meloso.
Harry rio, sin poder evitarlo.
— ¿Por qué huyes de mí? —La pregunta había sido sincera y sin ningún tipo de sátira.
— ¿Por qué me persigues?
Harry suspiró, aceptando que a base de preguntas directas jamás obtendría nada de Draco Malfoy, el rey de la evasión.
—Sólo quiero charlar, Malfoy, como dos personas civilizadas y maduras. —El rubio, un poco más alto que él, le miró completamente serio, esperando un argumento verdaderamente válido. —Estoy hablando en serio, Malfoy, ¿acaso tienes algo mejor que hacer justo ahora?
Malfoy miró hacia la salida distraídamente.
—Algunos debemos trabajar para ganarnos la vida, Potter.
—Mentiroso, tienes toda una fortuna detrás de ti.
—La cual no se mantiene sola, Potter. —Se movió un paso a la derecha, dispuesto a marcharse y dar la conversación por terminada.
Harry le detuvo, por supuesto.
—Sólo una vez, Draco, comamos juntos, charlemos y si no funciona, sólo lo dejamos y ya. —Intentó ignorar el hecho de que había llamado al otro por su nombre y que había elegido las palabras más extrañas.
Draco volvió a mirar la calle, y suspiró.
— ¿Y si te hechizo antes de llegar al postre?
Harry sonrió, lo tenía.
Pensó en el lugar indicado, ignorando por completo que Ron se acercaba a ellos con la clara expresión de pánico, sujetó el brazo de Malfoy y desaparecieron juntos.
Muchas gracias por todo el amor que le dan a esta pequeña historia, sus comentarios han sido muy lindos.
Ahora sí, la siguiente parte será la última si es que logro controlar mi capacidad para hacer más grande lo que no debería.
