Capítulo 2: "Extraño despertar"

Kagome abrió sus ojos con dificultad y se los restregó para poder ver mejor. Miró su despertador, eran las 6 de la mañana, vaya, le quedaba bastante tiempo antes de tener que ir a la escuela. Bostezó con pereza y se levantó de la cama, caminó hasta el baño y después de estar unos minutos ahí, se cambió de ropa. Desayunó y salió camino a su rutina habitual. Observó el cielo y frunció el ceño, algo no andaba bien.

- Kagome ¡feliz cumpleaños!- Gritó su mamá abrazándola- mi hija, ya tienes 15 años... ¡qué grande estás!- Acotó con una sonrisa melancólica.

- ¡Sí, lo sé mamá!... – Contestó ella con algo de vergüenza. Es cierto, hoy era su cumpleaños número 15, se sentía tan grande. La miró una vez más y sonrió- volveré a almorzar- Comentó mientras que bajaba las escaleras del templo saludando con la mano.

- ¡¡Cuídate mucho!!- Avisó su madre mientras que le devolvía el saludo.

Una vez abajo se quedó mirando el cielo con una sensación extraña en su cuerpo, había algo distinto, pero... ¿qué era eso?. No podía entender que era lo que le estaba pasando. Suspiró con algo de cansancio e intentó seguir caminando, pero no, se sentía extraña, distinta. ¿Por qué pensaba que algo en su vida estaba mal?. Sí, eso era, algo en su vida no era como debería ser. Miró a su hermano cerca del pequeño templo. Se acercó a él y lo miró intrigada.

- ¿Qué sucede Souta?- Dijo con curiosidad- sabes que está prohibido jugar en los templos- Acotó con el ceño fruncido.

- Díselo a Buyo, es él quien juega dentro de los templos- Comentó acusando al gato.

Ambos entraron dentro del templo y miraron a su alrededor. Souta se sentó en el suelo buscando a Buyo con un plato de comida y Kagome se agachó a su lado esperando a que el gato subiera, pero no daba resultado.

- Hermana ¿puedes ir a buscarlo?- Preguntó el pequeño temblando.

- Ah, se supone que ya eres un hombrecito- Bromeó- ¿por qué no lo haces tú?- Contrarrestó ella con un suspiro de cansancio. Souta se quedó inmóvil, entonces ella bufó y bajó las escaleras del templo.

- Hermana... – Musitó el pequeño con temor.

Kagome miró a su alrededor y de pronto sintió que un pequeño animal se frotaba contra sus piernas. Miró hacia abajo y encontró al pequeño gato que maullaba. Sonrió ampliamente y suspiró observándolo con un aire de reproche.

- Buyo... me asustaste... sabes que no puedes estar aquí- Murmuró mientras que lo alzaba en brazos y volvía a subir las escaleras del templo- aquí lo tienes¿ves?... nada malo sucedió, eres un miedoso- Dijo con un tono burlón.

- ¡Eso no es cierto!- Gritó Souta mientras que la miraba subir.

- Claro que lo es... – Rió ella con gracia mientras que corría fuera del alcance de su hermano.

- ¡No es cierto...¡Regresa Kagome!- Llamó mientras que la perseguía con todas sus fuerzas.

Mientras corría para que su pequeño hermano no lo alcanzara, sintió una punzada en el pecho. Esa situación... eso, ya lo había vivido antes, lo sentía. Pero... de una forma distinta, esta parte era nueva. Frunció el ceño disminuyendo la velocidad hasta quedar parada pensando. Souta se detuvo a su lado y la miró preocupado.

- ¿Qué sucede hermana?- Preguntó con temor.

- Nada, es solo que... – Se quedó pensando un minuto. ¿Qué podía decirle a su hermano?. Nada. Negó rápidamente y sonrió otra vez intentando olvidarse de todo eso- ¡nada!... no te preocupes, vamos... a o llegaremos tarde- Recordó riendo mientras que comenzaban a caminar normalmente. Lo mejor sería olvidar aquella extraña sensación. Tal vez, era su imaginación, sí, de seguro eso era. Rió para sí misma y continuó su camino sin pensar en nada más.

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- ¡¡Papá¡¡papá!!... mira las bellotas que junté para ti- Gritó el pequeño pelirrojo con alegría mostrándole a su padre las manos que estaban llenas de bellotas que lucían bastante buenas.

- ¡¡Vaya!!... son muy lindas hijo... me siento orgulloso de ti, encontraste las mejores bellotas de toda la región- Dijo el padre con una amplia sonrisa.

- No es para tanto papá- Contrarrestó el pequeño Shippo con las mejillas sonrojadas.

- Como tú quieras... anda... vamos a comerlas... – Animó entrando junto con él a la cueva que tenían por hogar.

- ¡¡Sí!!- Sonrió feliz y ambos entraron contentos para poder comer las bellotas que con tanto esfuerzo había juntado el pequeño pelirrojo para su padre.

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Miró a su hermano con una amplia sonrisa y luego de eso tomó a su pequeña gata youkai en brazos. Su padre asomó la cabeza mientras que sonreía de igual manera. Sango lo miró complacida y muy satisfecha por el trabajo que su hermano menor, Kojaku estaba haciendo. Sonrió y su papá la miró de igual manera.

- Está progresando... ¿no crees?- Animó con gracia.

- Sí que lo creo... está muy bien... pronto será tan bueno como cualquiera de nosotros- Comentó volviendo a entrar. Sango sonrió satisfecha sabiendo que eso había sido un cumplido, luego se lo diría a Kojaku para animarlo- ¡ah! Y Sango, ya cenaremos, avísale a tu hermano- Anunció.

- ¡Kojaku!... cenaremos ya... – Gritó agitando una de sus manos.

- Ahh... sí, ya voy- Respondió acercándose a ella.

- Lo has hecho muy bien hermano, estás progresando mucho- Sango revolvió sus cabellos y lo felicitó sabiendo que eso animaría mucho a su pequeño hermano- papá dijo que pronto serás como uno de nosotros- Comentó en voz baja.

- ¿En verdad dijo eso?- Se sorprendió Kojaku observándola fijamente.

Sango asintió y lo tomó por el hombro caminando junto con él dentro de la cabaña para ir a cenar. Sonrieron cómplices cuando se sentaron frente a su padre que los miró con una amplia sonrisa. Ambos sabían que él no solía decir las cosas y expresar sus sentimientos con tanta libertad, por eso era Sango quien le decía a Kojaku los progresos que estaba teniendo. Por supuesto sin que su padre lo supiera, de lo contrario, ella tampoco sabría eso. Sango sonrío feliz, que bueno, estaba tan contenta de tener esa familia, nada podía ser malo. Miró a Kirara y esta le devolvió la mirada, eso era bueno, nada estaba mal. Es cierto, ella era feliz y nada cambiaría eso.

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Caminó rápidamente hasta donde se encontraba su padre. Una vez que llegó lo miró con una sonrisa y se sentó frente a él con ánimo. Su padre lo miró tranquilo y suspiró con cansancio. Miroku se acomodó y tomó una taza de té que tenía frente a él. Bebió un poco y luego suspiró fijando sus ojos azules en los de su amado padre.

- Padre, he decidido partir- Comentó mientras que se cruzaba de brazos.

- ¿Ah, sí?... pues... ¿a dónde iras hijo?- Preguntó con curiosidad.

- Bueno, he pensado que dado a que muchas mujeres no tienen con quien consolar sus almas atormentadas, sería lógico que las ayudara a encontrar el camino al descanso de sus mentes y corazones ¿no crees?- Dijo con gracia y una amplia sonrisa.

Su padre se quedó mirándolo por unos cuantos minutos hasta que de pronto pasó un brazo por el cuello de su hijo y sonrió ampliamente acercándolo de manera cariñosa.

- ¡Muy bien!... ¡¡ese es mi hijo!!... un monje debe hacer lo que un monje debe hacer- Bromeó.

- Es lo que siempre digo... tal vez pronto tengamos la fortuna de tener un pequeño corriendo por este viejo templo- Soñó Miroku imaginándose a un pequeño niño corriendo por el lugar.

- Eso espero hijo... ¿cuándo partirás?- Preguntó con inocencia.

- Esta misma tarde, una vez que el abuelo llegue, quiero despedirme de él... – Anunció con picardía.

- Muy bien, esta tarde será... hijo, prepárate... – Ordenó mientras que caminaba a preparar la cena.

- Sí papá... – Afirmó saliendo de ese lugar para preparar sus cosas, después de todo, sería un viaje largo. Y estaba dispuesto a pasar las noches en las mansiones más lujosas del pueblo, sí, ya pensaría una mentira para poder entrar, eso era sencillo. Sonrió satisfecho y feliz, estaba seguro que ese viaje sería muy bueno.

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La luz del sol le dio directamente en la cara con mucha fuerza. Cerró un ojo para intentar mitigar el brillo y luego de unos segundos se incorporó con dificultad. Miró a su alrededor¿y Kagome?. Ya no estaba con él¿dónde estaba ella?. La buscó con la mirada desesperadamente, pero no la vio. Caminó un poco, buscando a sus amigos, pero tampoco los encontró. ¿Dónde estaban Miroku, Sango, Kirara, Shippo? Y lo más importante... ¿dónde estaba Kagome?. Comenzó a tener un mal presentimiento. De pronto se movieron unas hojas causando que él llevara una mano a Tessaiga, pero cuando quiso tocar su funda, no estaba allí. ¡Su espada no estaba!... ¡Maldición!... ¿qué estaba sucediendo ahí?. De la nada, una mujer de cabellos azabaches y mirada castaña salió a su encuentro, lo miró aliviada y se acercó a él. Inuyasha la observó sin comprender. ¿Kikyo?... ¿qué hacía ella ahí?. Además, lucía distinta, parecía tener más... ¿vida?.

- Inuyasha... te busqué por todas partes, ya me estaba preocupando por ti... – Dijo con un suspiro.

- Ki... Kikyo... ¿qué sucede aquí?... ¿Y Miroku, Sango... Shippo?... ¿dónde está Kagome?- Preguntó atropelladamente.

- ¿Kagome?... ¿quién es ella?- Contrarrestó Kikyo con una mirada extrañada. Inuyasha la miró sorprendido- ¿te encuentras bien?- Insistió riendo.

- Kagome... ella... es... como tú... ¡tu reencarnación!- Soltó sin saber como explicarle.

- ¿Mi reencarnación?... pero Inuyasha¿de qué estás hablando?, Si ni siquiera estoy muerta- Comentó guiñándole un ojo con algo de gracia- ven, regresemos a la aldea- Ordenó mientras que comenzaba a caminar.

Inuyasha se quedó de pie observándola alejarse¿qué estaba sucediendo?. Kikyo estaba viva, sus amigos no estaban y más aún, ella no sabía quien era Kagome, eso era absurdo, después de todo, fue Kagome quien le salvó la vida¿o no?. Fijó la vista en el cielo, era todo muy extraño, demasiado. Se llevó una mano al cuello pero notó algo, el collar¡el rosario Kotodama no estaba!. Bajó la vista y efectivamente notó que no se encontraba ahí. Algo estaba sucediendo, parecía que... parecía que ninguna de las cosas que había vivido fueron verdad, ni Miroku, ni Sango, ni... Kagome.

Esto, era... tan extraño. Comenzó a caminar detrás de Kikyo sintiendo que algo no andaba bien en él, ni en el mundo en el que estaba viviendo en esos momentos. Tenía que averiguar que sucedía, tenía que encontrar a sus amigos, no podía quedarse de brazos cruzados. Tenía que saber de Kagome¡maldición!, Que no le pasara nada a ella. Había algo que no estaba encajando, es como si de repente todo lo que sucedió hasta hace unos días, no existiera, jamás pasara, es como si de pronto... todas aquellas personas a las que quería y amaba se esfumaban en un abrir y cerrar de ojos. ¿Qué clase de ilusión era esa?. ¿En que maldito mundo estaba viviendo?, sea cual fuere no le gustaba para nada, quería despertarse de esa pesadilla y volver a donde estaba antes, con Kagome, ambos acostados en el césped observando el cielo estrellado de la noche anterior. Eso quería, quería volver a ver a sus amigos, reírse con ellos, no quería regresar a su miserable vida de hace años, en la cual vivía solo y sin que nadie confiara en él. Era todo tan... extraño. Kikyo lucía mucho más animada y más vivaz que de costumbre, él la recordaba con un cuerpo frío hecho de barro y huesos, pero solo eso, con una mirada tenaz, fría y calculadora, pero ahora... era distinta. Tenía una mirada más cálida, dulce y comprensiva, muy distinta a la Kikyo que recordaba. De todas maneras, aquellos ojos jamás llegaban a igualar a los de Kagome, eran distintos, Kagome siempre estaba feliz y sus ojos brillaban en todos sus estados, estando enojada, contenta, triste, confundida... sí, esa era Kagome, esa es SU Kagome y esa era la mujer que quería ver en esos momentos, a la que estaba buscando con desesperación. Estaba muy confundido, negó con la cabeza, de seguro... la anciana Kaede le diría que estaba pasando.

- ¿En qué piensas?- Preguntó Kikyo con entusiasmo mientras que lo observaba de reojo.

- ¿Uh?... en... nada... solo... – Dudó un momento. ¿Cómo demonios le explicaría a ella las cosas? Si al parecer ni siquiera recordaba a Kagome. Sería una tontería intentar explicarle algo- nada... estaba... distraído... es... todo-

Kikyo le sonrió aunque no de la manera a la que él estaba acostumbrado a que le sonrieran, definitivamente necesitaba a Kagome a su lado. Se detuvo un momento sin que Kikyo lo notara. Un momento, todo esto... tenía una extraña sensación... como si hubiera regresado en el tiempo. Miró apenas a su alrededor, pero no podía distinguir entre lo que era de hace cincuenta años a lo que era ahora. Suspiró cansado de tanto pensar, ya que, por más que lo intentara no encontraba solución a sus preguntas, por más que le doliera. Siguió a Kikyo que se había dado vuelta al notar que él no estaba, nuevamente se sentía extraño. Estar así con ella... le parecía tan... asquerosamente miserable. De alguna forma recordó todas las veces que se encontraba con Kikyo a escondidas y luego lo que pasaba con Kagome, la hería, la lastimaba terriblemente, y él lo sabía. Por eso en esos momentos se sentía un maldito, porque de alguna forma sabía que eso la hacía sufrir, y lo que menos quería en el mundo era verla triste, aunque muchas veces la había hecho llorar. ¡Qué ironía! Y pensar que cuando apenas se conocían casi había sido capaz de matarla, jamás se hubiera perdonado si algo malo le pasaba a Kagome por su culpa, de hecho, cada vez que ella salía herida en alguna batalla, se sentía un idiota que no merecía vivir, ya que, de alguna forma rompió la promesa que le hizo hace tiempo... que siempre la protegería. Nuevamente suspiró con algo de cansancio. Tenía que saber que sucedía en ese mundo. Miró a Kikyo, tal vez... tal vez ella sabía que estaba sucediendo. Se acercó apenas y la detuvo.

- Dime Kikyo... acaso... ¿tú sabes que está pasando?- Preguntó con toda calma.

- Eso es lo que quiero preguntarte a ti... Inuyasha... ¿qué sucede contigo?- Contrarrestó ella sin comprender que le pasaba al chico que al parecer estaba totalmente perdido.

- Es que yo... siento... siento... que no pertenezco a este mundo- Comentó casi en un susurro esperando a que ella comprendiera a que se refería cuando decía eso.

Kikyo sonrió y acercó una mano al rostro de Inuyasha que se tensó por completo. Se quedó inmóvil sin ser capaz de mover un solo músculo. No podía hacerlo. Estaba completamente tenso y no podía separarse de ella.

- Oh Inuyasha... mi querido Inuyasha... siempre pertenecerás a este mundo... jamás dudes de eso... – Respondió ella en un tono que intentaba ser dulce.

- Ah... claro... – Murmuró apenas. No quería admitirlo pero él esperaba otra cosa, alguna otra palabra, como las que solía decirle Kagome cuando él se sentía de esa manera. Pero por el contrario, Kikyo era totalmente distinta a lo que él esperaba, ahora lo comprendía.

Nuevamente bufó molesto y se alejó de ella que lo miró sin comprender. Definitivamente Inuyasha no era el mismo, estaba más malhumorado que de costumbre, ambos caminaron de regreso a la aldea sin cruzar palabra alguna. Estaba convencido, tenía que salir de esa realidad que ya no soportaba, ese mundo lo estaba ahogando y no quería pasar un minuto más en ese lugar que parecía haberse quedado en el tiempo. Frunció el ceño y se propuso que no descansaría hasta poder encontrar una solución a lo que le estaba pasando, aunque fuera a costa de la vida de Kikyo o de quien fuera... con tal de tener a Kagome y a sus amigos de regreso.

Continuará...

N/A: Hola amigas!! Aquí otro de los capítulos. Tal vez no entiendan muy bien que es lo que pasó y porque nadie recuerda nada excepto Inuyasha. Bueno, les voy a explicar porque pasa esto. Es sencillo. ¿Recuerdan la estrella fugaz y el deseo que pidieron Inuyasha y Kagome¡Esa es la explicación!. No voy a contarles que fue exactamente porque sino no habría fic, jaja. Lo descubrirán más adelante amigas. Saludos y gracias por los reviews!! Suerte en todo!! Las amo!!

Kag-