Disclaimer: Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto-sama.

Advertencia: Yaoi.


Ilusión

Capítulo 2: Mal presentimiento.

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Naruto veía a Hinata dormir a su lado, recostados ambos en una misma cama, ella estaba en su conjunto de ropa interior blanca de encaje, mientras que el rubio llevaba unos pantalones y el torso descubierto. De repente, ambos empezaron a distanciarse, ella empezó a alejarse de él.

De repente la cama matrimonial ya no era una, si no dos camas separadas, distanciadas una de la otra, de una sola plaza. El rubio quiso moverse, para acercarse a su mujer, pero no pudo, las sábanas estaban demasiadas ajustadas, pegadas a su cuerpo, tanto, que no lo dejaban moverse de debajo de ellas.

Entonces, hizo acto de presencia en su habitación, Sasuke, quien empezó a acariciar las piernas de la ojiperla, que aún seguía dormida. Luego de acariciar sus muslos, continuó masajeándolos, creando en el rostro de la ojiperla una mueca de satisfacción, de gusto, para luego inmiscuir su mano por debajo de la ropa interior y estimular su parte íntima con los dedos.

El rubio no podía creerlo, estaba pálido, y temblaba de la impotencia. Mientras tanto, Hinata despertaba con una sonrisa al abrir los ojos y encontrarse con que el pelinegro introducía sus dedos en su vagina. La ojiperla comenzó a gemir y a Sasuke se le escapó una sonrisa socarrona de la boca, para luego acallar esos gemidos besando a la Hyuga.

—¿¡Qué rayos hacen?! ¡Suéltala, teme! —gritó el rubio— ¡Suéltala de una de vez o te mataré-ttebayo! —amenazó el rubio forcejeando para zafarse de esas apretadas sábanas.

Pronto los besos entre el Uchiha y la ojiperla se hicieron más pasionales. Casi sin darse cuenta, la peliazul y el moreno ya estaban ambos recostados en la cama, besándose con lujuria, a punto de tener relaciones carnales.

—¡Ya basta! —continuaba gritando el rubio, sin lograr que le prestasen atención— ¡Déjala! ¡Suéltala-ttebayo!

—Deja al dobe —dijo Sasuke—, escápate conmigo. Larguémonos de aquí. —propuso el pelinegro.

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—¿Naruto-kun? —pronunció Hinata, que lo miraba extrañada, recostada a su derecha, sacándolo abruptamente de ese trance en el que llevaba minutos viajando.

El rubio salió de su trance y miró a la ojiperla con seriedad. Volteó bruscamente hacia la izquierda y no había rastros de Sasuke y aquella cama separada de la suya en la que que estaba a punto de acostarse con su mujer.

—¿Estás bien, Naruto-kun? —preguntó la ojiperla, cada vez más preocupada por la salud mental de su marido.

—¿Dónde está Sasuke? —preguntó desesperado.

—Tranquilo, Naruto-kun —intentó calmarlo—. Seguramente está durmiendo...

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Hinata se despertó como normalmente lo hacía, con tranquilidad, para luego darse vuelta y ver que Naruto no estaba acostado junto a ella, algo que le llamó mucho la atención. Pero se dijo a sí misma que seguro se había levantado temprano y andaba rondando por la casa, ya que sería muy pero muy extraño que la dejara sola en la casa, teniendo en cuenta lo obsesivo que se había puesto en estos últimos tiempos.

Se vistió y bajó a desayunar. Allí estaban sentados Naruto y Sasuke, ambos tomando café.

—Buen día —saludó tranquilamente la ojiperla.

—Buen día, hime —dijo el rubio sonriéndole con cariño.

—Hmp —Fue lo único que salió de la boca del Uchiha.

El desayuno fue normal, exceptuando el hecho de que Naruto, al momento de sentarse Hinata a la mesa, el rubio se sentó entre medio de ella y Sasuke, para que éstos no tuvieran contacto alguno, algo extraño, ya que, conociendo el carácter poco sociable del Uchiha, aunque la ojiperla se sentara al lado de él o estuvieran frente a frente a una distancia de 5 centímetros, tendrían una relación irremediablemente nula.

—Hinata-sama —dijo Ko haciendo acto de presencia en el comedor—, buen día —saludó—. ¿Quiere que valla al mercado a comprar la comida para la cena? —preguntó mientras tomaba las tasas de café vacías y las llevaba a lavar.

—No, muchas gracias, yo misma puedo ir —aseguró la ojiperla con tranquilidad.

—No —cortó el rubio apresurado—. Sasuke-kun y yo podemos ir. Tú quédate con Ko-san. —dijo levantándose de la mesa.

El pelinegro sólo lo miró con una mezcla de enojo y extrañes. Naruto no podía dejar que su mujer saliera con el Uchiha, no si él no estaba de por medio para mantenerlos vigilados; en parte eran puros celos, por otra parte era el mal presentimiento de que si dejaba ir a la ojiperla con su mejor amigo, quizá no volvería. Temía de dejarla a solas con Sasuke.

—No quiero quedarme aquí encerrada todo el día, Naruto-kun —dijo la ojiperla encaprichada.

No podía estar mucho tiempo sola en la casa, tampoco salía si quiera a comprar al mercado sola, por insistencia del rubio tenía casi prohibido subir al segundo piso, donde estaba el cuarto de huéspedes, la oficina de Naruto y al mismo tiempo la biblioteca de Hinata, y por último el ático.

—Entonces te acompaño —dijo sacando las llaves del auto de su bolsillo.

—Ya siéntate —ordenó el pelinegro en voz baja pero firme—. Yo la acompañaré, quédate tranquilo y quieto de una vez. —dijo tomando las llaves del auto de la mano de Naruto.

—Ni lo sueñes —gruñó el rubio mirando al Uchiha con rivalidad—. No irás con ella a ningún lado.

La ojiperla miraba la escena perpleja. El moreno hizo uso de la reserva de paciencia que tenía para momentos especiales y respiró hondo.

—¿Qué demonios te sucede, dobe? —preguntó el pelinegro.

Naruto sudaba, tenía el ceño fruncido y respiraba con dificultad, como cuando se agitaba por estar enojado, y realmente lo estaba. Miró a su mujer y a su mejor amigo, que lo miraban con extrañes y quizá con algo de enojo e incertidumbre. Al rato recordó que las imágenes de Hinata acostándose con el pelinegro no habían sido reales y se tranquilizó.

—Lo siento, lo siento... —dijo dando un paso hacia atrás, tranquilizándose.

—¿Vamos al mercado o no? —preguntó Sasuke a la ojiperla con su conocida falta de paciencia.

—Oh, sí, ahora voy —dijo levantándose y yendo a la habitación a buscar su abrigo—. Ya vuelvo.

—Cuida de ella —dijo cuando la ojiperla ya estaba lo suficientemente lejos como para no oír—. No quiero que nada le pase.

—Yo tampoco —dijo algo molesto.

Al pelinegro le molestaba que Naruto, conociéndolo tanto como lo hacía, desconfiara de él. Pensaba que el rubio sabía lo suficiente de él como para dar por hecho que si alguien quería dañarlo, o dañar a alguien cercano a él para lastimarlo, como a Hinata, el Uchiha lo haría trisas.

Las cosas se calmaron, y la ojiperla y el moreno fueron a comprar en el auto del rubio, mientras éste se quedó sentado en el sillón de la sala con expresión pensativa.

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—¿Me pasas el condimento, Sasuke-kun? —pidió la ojiperla con tranquilidad.

—Hmp. —contestó tomando el condimento.

En el momento en que la peliazul estiró su brazo y el moreno hizo lo mismo para alcanzarle lo que le había pedido, fue sólo por unos escasos segundos que sus manos se rozaron. Hinata miró a los ojos al pelinegro y, aunque ya tenía en su mano el condimento, no quitó su mano ni dejó de tener contacto con la piel del Uchiha, el cual hizo lo mismo.

"Están frías", pensó la ojiperla respecto a las manos del Uchiha. Un muy mal presentimiento le invadió el pecho a Hinata; Sasuke le daba muy mala espina, algo que pocas veces pasaba cualquiera. Decidió de ahora en más tener cuidado con acercarse a él, ya que sabía que las mujeres eran ases de la intuición, por lo que, haciéndole caso a su intuición, mantendría vigilado al moreno.

—Ya... —Se le escapó en un susurro a Naruto.

El rubio, desde su celosa y obsesiva perspectiva, veía toda la escena desde un ángulo muy distinto. Esa expresión seria y cautelosa de Hinata, que se formaba en su rostro cada vez que tenía un mal presentimiento, el rubio la veía como si fuera una sonrisa seductora dirigida hacia Sasuke, quien a su vez la miraba de la misma forma altanera y seductora.

Naruto miró ambas manos, las cuales estaban entrelazadas con la excusa de pasar un condimento de una a otra, y por un segundo creyó ver una caricia con la yema de los dedos de la mano de Hinata hacia la del Uchiha.

—¡Ya suéltale la mano-ttebayo! —espetó el rubio golpeando con ambos puños la mesa.

La ojiperla dio un respingo y soltó la mano del pelinegro junto con el condimento de golpe, mientras que el Uchiha sólo retiró la mano lentamente.

—¡Ya es el colmo! ¿¡Qué rayos te sucede, Naruto?! —estalló el Uchiha—. ¿Sabes qué?, no me contestes —cortó el pelinegro antes de que el rubio respondiera—. Me voy a dormir, mientras tanto tú come, cállate y, aunque no quieras, tranquilízate. Ya pareces enfermo. —dijo levantándose de la mesa echando humo por las orejas.

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—Hime, perdón —dijo en voz baja por enésima vez en la noche—. No sé que me sucedió, ttebayo... —intentó excusarse el rubio.

Ambos estaban en su habitación, recostados en su cama; Hinata leía con expresión seria y Naruto intentaba conseguir el perdón de la Hyuga por lo sucedido minutos antes en la cena.

—Ya no quiero hablar de eso, Naruto-kun —cortó la ojiperla—. Duérmete. —dijo secamente.

El rubio, que nunca se rendía, la abrazó por la cintura, acariciando su vientre antes, y comenzó a darle ligeros besos en el hombro y cuello.

—Naruto-kun —dijo en voz baja con una pequeña sonrisa y con las mejillas ligeramente arreboladas—, ya es tarde, deberíamos irnos a dormir. —dijo dejando su libro de lado.

La ojiperla apagó el velador con y se acomodó de espaldas al rubio para poder dormir, quien insistió en acariciarla y besarle la nuca y la espalda. Entre risas risueñas y caricias cargadas de amor, la Hyuga cedió y se dio vuelta para encarar al rubio, quien la besó con pasión.

—Naruto-kun —frenó la ojiperla—, ya es tarde, hay que dormir, mañana se termina mi licencia por estar recién casada.

—Pero no tengo sueño-ttebayo. —Se quejó el rubio con un gracioso puchero.

—Pues yo sí —dijo entre risitas—, ya es hora de dormir. Duérmete. —pidió la Hyuga.

—¿O si no qué? —desafió el rubio.

—O nada, duérmete o vete a dormir a otro lado —dijo mientras reía, a causa de que el rubio le hacía cosquillas. Pero aún así sintió algo de culpa por esa contestación, como si el rubio fuera hacerlo, y si lo hacía, sería lo peor que pudiera hacer.

Tuvo todo un día lleno de malos presentimientos.

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La ojiperla se despertó desnuda, pero sin su marido a su lado, como ella esperaba. Escuchó ruidos en el piso de arriba, por lo que se puso su bata y, en medio de la oscuridad de una casa que no tenía ni una sola luz prendida, subió, a pesar de saber que, por orden de Naruto, tenía terminantemente prohibido subir al primer piso.

Los ruidos provenían de ático, eran como ruidos de pisadas. Hinata tenía el mal presentimiento de que allí había algo siniestro, sabía que algo malo habitaba allí, que nadie podía entrar al ático, o no saldría con vida.

Dejó de mirar con terror a donde estaría la entrada para subir al escalofriante ático, de donde salía el rechinar de las maderas y sonido de pisadas de pies descalzos, para prestarle atención al cuarto de huéspedes, de donde también salían ruidos como pequeños gruñidos y gemidos.

—¿Sasuke-kun? ¿Naruto-kun? ¿Son ustedes? —preguntó entre preocupada y aterrada.

Abrió la puerta lentamente y su marido estaba recostado, sin prenda alguna, en la cama que ahora sería de Sasuke. Al principio creyó que sólo era una broma, pero luego, al ver que algo se movía debajo de las sábanas, sus ojos se fueron abriendo exageradamente.

Ahh... Mmhh... —gimió el rubio.

Debajo de las sábanas, estaba Sasuke, practicándole sexo oral al rubio, que gemía y de vez en cuando gruñía de placer incontenible. La ojiperla estaba a punto de llorar. Tenía la garganta cerrada, le ardía el pecho y sus ojos se habían tornado vidriosos.

—¿Naruto-kun? ¿¡Porqué?! —preguntó a todo pulmón.

—Aahh... Tú dijiste que... mnnhh... nmh... me fuera a "dormir" a otro lado... —respondió el aludido entre gemidos.

—Ya cállate —ordenó el Uchiha—, dobe. —finalizó mientras estimulaba el miembro del Uzumaki con su mano.

El pelinegro se sentó de frente entre ambas piernas del rubio, para luego tomarlo por las caderas y penetrarlo por completo de una sola estocada.

—¡Aahh! —gimió Naruto estruendosamente, entre el dolor de la primera vez y el placer, agarrándose con todas sus fuerzas de las sábanas— ¡Ahh! ¡Hmmn! —continuaba gimiendo mientras el Uchiha entraba y salía de él con mucha lentitud.

—¡Basta! —pidió la ojiperla llorando.

La ojiperla lloraba como si la estuviesen destrozando, y ver esa escena con sus ojos era bastante parecido a que lo hicieran. Lo peor de todo fue ver que nada era forzado, se veía tan real, tan placentero; Naruto parecía no sentir ni culpa y sufrir de cargo de conciencia ni en el menor grado, y Sasuke... Sasuke. Él se veía tan satisfecho, tan bien, pero no sólo al hacer el amor con el rubio, si no que también de ver el sufrimiento de la pobre Hinata. La sonrisa del pelinegro se sentía como si le escupieran la cara.

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N/A:

¡Oyaho! Gracias por leer, comentar y agregar a fav. Lamento haber tardado tanto en actualizar. Nos vemos en el siguiente cap. no se vallan sin dejar review. ¡Saludos!

¿Review?