DISCLAIMER: Ninguno de los hombres/mujeres/otro mencionados y/o utilizados me pertenecen, si no que son propiedad de Jota Ká.


Capítulo II: Los cinco usos de la marihuana

Palabras: Frank, Edgar, marihuana


Generalmente no sucede así, pero esa tarde la clase le está resultando eterna y particularmente incomprensible, así que empieza a arrepentirse de haber escogido sentarse en primera fila. La voz del profesor Quirrell le llega en forma de murmullos aislados y carentes de sentido. ¿De qué está hablando? Frank alterna la mano que sostiene su barbilla y tamborilea levemente sobre el pupitre de madera. Debería estar prestando atención. Edgar sigue en la Enfermería y le ha prometido prestarle los apuntes de Estudios Muggles de ese día. Bueno, eso y llevarle un pedazo de tarta de chocolate después de la cena.

Baja la vista a su pergamino en blanco y se siente terriblemente culpable. Los TIMOS están cada vez más cerca (como bien les recuerda la profesora McGonagall en cuanto se presenta la ocasión) y su mente no parece dispuesta a asimilar que, como siga así, únicamente podrá aspirar a un puesto en la Oficina de Centauros. En cuyo caso, por supuesto, será asesinado previamente por su madre (a Frank le consta que ya se ha deshecho de la vieja cabeza de Graphorn, la que colgaba sobre la chimenea, para hacer hueco a la Orden de Merlín Primera Clase que obtendrá al prestar sus impecables servicios como auror). Qué calamidad... Más le vale prestar atención.

–Y por e-eso... los-los muggles la encuentran particularmente estimu-esti-es... –Quirrel apoya las manos sobre el libro que sostiene y que tiembla tanto o más que él–. Bien, copiaremos los cinco... cinco usos de... de la mari... mari.. ma...

–Marihuana –aporta Sirius Black, que continúa tumbado encima de la mesa de un James Potter inusualmente aplicado.

–Gra... gracias, señor Black. S-sí, bien... –Frank hunde su pluma gastada en el tintero y la mantiene inmóvil sobre la hoja de pergamino–. Su nombre pro-proviene de un salmo que los mu-muggles entonan en celebraciones pri-privadas, cuya fina-finalidad es hacer aparecer hu-humo para ca-calentarse. Ta-también tiene usos decora-decorativos y los muggles la-la suelen colocar en esca-escaleras, o lu-lugares ocultos para sor-sorprender a sus invitados. Su se-segundo uso co-común es cu-culinario. Los muggles la u-usan a menudo en sus guisos porque la-la re-re... –pausa– regalan en sus tien-tiendas. Pa-para obtener una mu-muestra de esta planta solo te-tenemos que acercarnos a un mercado muggle y pro-pronunciar "perejil". Lue-luego la ofreceremos en sacri-sacrificio al guiso para que no se... no se ponga ma-malo.

Frank acaba de anotar la última palabra y relee el texto por encima, sin mucho entusiasmo. Ha visto por el rabillo del ojo que Evans no ha copiado ni una sola frase, y que se limita a observar al profesor Quirrel con una ceja arqueada. O bueno, lo ha estado haciendo hasta que Black ha reparado en su gesto.

–Qué, Evans, ¿vas a cocinarnos algo con marihuana? Apuesto a que toda la clase estaría encantada de asistir a una aplicación práctica...

Evans se enfada, pero Frank debe admitir que está de acuerdo con el comentario de Sirius. Y ya no sólo se trata de su interés académico y las notas que su madre espera ver en su boletín... es que ese mismo fin de semana le ha preparado una cena a Alice en un rincón del Invernadero Cinco.

¿Y qué mejor manera de demostrarle lo mucho que sabe de ese mundo que cocinándole un menú muggle con mucha de esa... marihuana?