Disclaimer: Resident Evil y sus personajes correspondientes son propiedad de Capcom.

La canción "Hotel California" es propiedad de The Eagles. Sólo utilizo el nombre para dar título al capítulo de este fic. Gracias.

Que los disfrutes, mi querido lector…

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"Luz de Sol"

Por: Galdor Ciryatan

CAPÍTULO 2.- Hotel California

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"Estamos llenos de círculos viciosos, hábitos que parecen más fuertes que nosotros. A veces nos metemos en algo que nos deja atrapados. Lo sé porque yo también tengo mis vicios… Y el alcohol…es uno de ellos…"

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Leon no hubiese pensado que Steve fuese un joven tan apático, evasivo y miserable, esto último porque ni siquiera un gracias le regaló. Realmente parecía encantador…de vista. Pero el muchachito tenía un carácter difícil.

"Mejor ya no me preocupo por él" pensaba Leon, "Le ofrecí a Steve comprensión y ayuda pero la rechazó. Dios quiera y le vaya bien en la vida. Aunque con esa actitud, lo dudo."

Ya era tarde, aproximadamente las 6 PM. Leon miraba el televisor mientras esperaba a que llegar la pizza que había pedido. Normalmente no consumía comida rápida, pero era soltero y ese día no tenía ganas de cocinar.

It entró a la sal, venía del patio de atrás. Leon lo miró directo a los ojos. El celeste brillante y el esmeralda grisáceo chocaron.

"Algo hiciste" pensó el policía. La mirada del perro denotaba un regocijo interior, propio del alguien que acaba de salirse con la suya. En ese instante alguien llamó a la puerta. It se relamió los bigotes.

— Si le hiciste algo al repartidor nos van a poner en la lista negra— el rubio se levantó y caminó a la puerta de entrada mientras aún hablaba— ¡Sería la tercera pizzería que nos suspende el servicio! It, te juro que si el repartidor me hace un solo comentario acerca de un perro-lobo, en esta casa nos haremos vegetarianos y…

Leon no pudo acabar de amenazar a su mascota. Al girar la perilla de la puerta principal, algo hizo que ésta se abriera de golpe. En el acto, alguien cayó de espaldas hacia el interior de la casa, una persona que había estado recargada en la puerta. Leon se sobresaltó pero alcanzó a atraparle en brazos. Le miró todavía sosteniéndolo, era un conocido.

— ¿Steve? ¿Qué haces aquí?

— Hola, Leon— la mirada del pelirrojo estaba más perdida que de costumbre y hablaba murmullos—. Yo… quería pasar a saludarte.

— Por Dios… Steve, no necesito hacerte la prueba del alcoholímetro para saber que estás ebrio… Ponte de pie, anda.

Con poca delicadeza, Leon le ayudó a Steve para que se levantara. El joven se tambaleaba de lo borracho que se iba, casi ni podía quedarse de pie. Leon le pasó un brazo por la cintura y prácticamente lo llevó arrastrando a la sala. El pelirrojo cabeceaba, se le doblaban las rodillas y sus zapatos topaban con cada mueble en su camino. Finalmente fue depositado (con un poco más de dulzura) en el sofá de la sala, el mismo en el que ya había dormido.

— Emborracharte hasta el tope no te va a solucionar nada— le reprendió el policía—. ¿Cuál es tu edad?

— Tengo veinte años y medio— respondió con el típico tono del ebrio altanero.

— ¿Dónde diablos conseguiste el alcohol?

— Alguien me lo vendió— mintió—. Y es perfectamente legal que yo pueda comprarlo.

¬¬u Estás desvariando. La mayoría de edad es hasta los 21— murmuró imperceptiblemente el policía falto de ganas para ponerse a discutir con un muchachito alcoholizado.

Steve se tendió en el sofá cuan largo era su cuerpo. Cerró sus ojos e ignoró a Leon. Estaba cansado, ebrio, sucio y divagaba, ya sólo quería dormir y olvidarse de todo.

— Ahora sí tengo que llevarlo a su casa con su familia— pensó en voz alta el rubio al verlo en tan humillante estado.

Steve abrió los ojos casi al instante y le dedicó una mirada un tanto de enfado un tanto de dolor. — ¿Sabes qué?... No tengo familia. Soy huérfano y estoy solo en este $#.!´¿& mundo… Así que no me insistas con esa fregadera… ¡Da lo mismo que esté allá solo en mi departamento!

— Muchacho…— Leon se arrodilló junto al sofá y le miró con expresión comprensiva— perdona, yo no sabía eso.

— Es obvio que no— dijo aún más dolido— ¿Sabes? Yo…yo…vine aquí porque…pensé que me haría bien la compañía de alguien como tú— Steve se sentó en el sofá, seguí algo mareado pero no necesitó ayuda—. Y es que yo…soy un asco de persona. No valgo nada, no tengo nada ni a nadie… Tú eres tan diferente de mí, creí que me sentiría mejor si pasaba tiempo contigo… No sé. Nadie me trata con amabilidad después de que se dan cuenta de mi carácter, pero tú…

Leon se sentó al lado del joven, tomó su rostro entre sus manos y le hizo mirarle a los ojos. —Muchacho, entiende que estás muy tomado, trata de calmarte y descansar.

— Pero es verdad. Doy pena, mírame. Cuando empiezo a tomar no puedo detenerme… Soy un imbécil y aún así me salvaste la vida, y ni siquiera te lo agradecí.

Cuando Steve estaba ebrio le daba por hablar mucho. Generalmente se le soltaba la lengua acerca de él, su vida y las estupideces que cometía, caso contrario en su sobriedad. Debido a que todo eso era muy amargo, siempre terminaba llorando. Se ponía sentimental, no podía evitarlo.

Las lágrimas ya pugnaban por desbordarse sobre su rostro. De cuando en cuando sollozaba.

— Leon… Ya no quiero ser así… Pero no puedo cambiar, es muy difícil.

— No es verdad, sólo necesitas ayuda.

— Pues entonces quiero que tú me ayudes— soltó el joven.

"Desvaría", se repitió Leon.

— Ayúdame a cambiar, ya no quiero ser así.

El policía miraba al muchacho al borde del llanto y no podía cruelmente decirle que no. ¿Cómo le negaba la ayuda a alguien que quiere mejorar?

"¿Cómo le negaba yo a un jovencito tan lindo mi apoyo?... De sus ojos azulados brotó una lágrima, recorrió su pómulo y terminó siendo enjugada por el dorso de mi mano."

"Yo necesitaba una luz en mi vida. Le pedí a Leon que me ayudara, y es que a pesar de mi estado, estaba consiente de que él podía ser esa luz; el que me guiara a salir de tantas sombras."

Steve se dejó vencer, mas no esta vez por el alcohol; permitió que el sueño y el cansancio se apoderaran de él. Lo último que alcanzó a decir fue el nombre del rubio en un suspiro. Luego, todo el peso de su cuerpo se recargó en el otro a su lado.

— Te prometo ayudarte— habló el rubio en voz baja. Rodeó la cintura del pelirrojo con sus fuertes brazos y lo atrajo aún más.

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CONTINUARÁ…

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Notas finales.- Tal vez aquellos que comprendan un poco la retórica de "Hotel California", hayan entendido mejor el por qué del título de este capítulo.

Sin más, mi adorado lector, hasta pronto.

Galdor C.