En fin, veo que ha gustado bastante mi anterior fic, y el inicio de la continuación. Me agrada un montón leer vuestros comentarios, me incitan a escribir cada vez más y más.
Disclaimer: Creo que Snk aún no me pertenece . *Va a consultar su cuadro de patentes*. Si, en efecto, este fic va a seguir inspirado en el manga real y no parte de él. Una lástima, pero es la verdad.
Si alguna vez sentiste ardor de estómago al imaginarte a Hanji y Levi siendo algo más que compañeros, creo que será mejor que no sigas leyendo...
.
.
.
La situación en la ciudad se volvía cada vez más y más austera. El espacio se reducía por momentos. La escasez de alimentos era cada vez más notable. Demasiados refugiados.
Gracias a la intervención del ejército, numerosos ciudadanos habían conseguido salvar sus vidas. No obstante, no estaban consiguiendo mantenerlos vivos.
Enfermedades, hambrunas, azotaban sin descanso. La legión de reconocimiento, por orden del comandante Erwin había decidido prescindir de la mayoría de sus alimentos para ayudar a paliar esa hambruna.
No era suficiente.
Motivados por el ejemplo de su superior, pequeños escuadrones de la tropa estacionaria hicieron lo mismo.
No era suficiente.
Demasiados refugiados.
Hanji se encontraba de pie escarbando en el pequeño huerto que había comenzado a criar hace poco. En unos meses darían frutos. Al menos podría alimentar a su propio escuadrón durante un tiempo y dejarían de prescindir de las ayudas del pueblo. A su lado observaba otro pequeño cultivo que comenzaba a germinar.
Más escuadrones seguían este ejemplo. Sabía que no sería suficiente, pero al menos ayudaría durante un par de años. En su tiempo libre, procuraría que aquellas plantas no murieran. Era lo poco que podían hacer para mantener a la humanidad a salvo.
Mientras la chica con cabello corto negro terminaba de regar tuvo un terrible presentimiento. Si esta situación no mejoraba pronto, sucedería.
Otra vez. No había duda de ello.
El rey, quién menos se cohibía de sus bienes y alimentos, no dudaría en fusilar ciudadanos con tal de aumentar el espacio. Por supuesto, la mayor autoridad en aquellas murallas tenía una manera muy elegante y limpia de actuar en este tipo de casos.
Mandar a los civiles a las suicidas expediciones del cuerpo de reconocimiento.
¿Sería otra vez al azar? ¿Les obligarían a escogerlos ellos mismos? ¿O quizá pretendiese que se ofreciesen voluntarios?
Fuese como fuese la idea le repugnaba. Sabía que tendría que presenciar esa escena una y otra vez. Una y otra vez.
- Okappa-chan, ¿tienes familia en la ciudad? - su voz sonaba algo triste, la chica se dio cuenta.
- Por favor, Hanji-san, no utilice ese apodo...- su líder no pareció oír este comentario, demasiado inmersa en sus pensamientos – Sí, tengo una hermana pequeña. Dos años menor que yo.
- No quiero mentirte, pero es posible que ella sea reclutada en la próxima expedición. Han surgido rumores de que se pretende hacer una intervención para recuperar el muro María.
- ¿Cómo? - la regadera cayó al suelo haciendo un golpe sordo – E-Ella es demasiado asustadiza, no deberían obligarla a ello.
- Aún no lo sé, de que manera lo hará. El rey es así de impredecible – arañó la tierra con frustración, llenando sus uñas de tierra.
- ¡P-pero eso no es justo!¡Los civiles no tienen porque intervenir en el ejército! - los ojos vacíos de su capitana le indicaban que no había nada que hacer – Al menos... ¿podría entrar en nuestro escuadrón? Si está con nosotros, quizás pueda protegerla y...
- Lo siento Nifa, pero se me ha arrebatado la posibilidad de participar en esa expedición...- la chica dejó caer sus rodillas sobre la tierra húmeda, manchando los blancos y pulcros pantalones de su uniforme – Por lo visto, no soy lo suficientemente apta para ello. Por consiguiente, si yo no voy, nadie de mi escuadrón irá...
- ¿Apta? ¿Qué es lo que quiere decir capitana?
- Los altos cargos creen que soy demasiado peligrosa e insubordinada. De haber una situación de riesgo creen que priorizaría la vida de los más débiles sobre la de mis superiores – sonrió ante el comentario.
- ¿Y eso es cierto?
- Sí – no le sorprendió aquella respuesta – No me uní a este sitio para defender al rey y procurar que mantenga su mesa llena y su cama caliente. Sino para defender a las miles de personas que no pueden hacerlo. Ese concepto les choca demasiado.
- P-pero, este cuerpo se creó para proteger a la humanidad y...
- Y así debería ser, pero en el ejército hay normas, y jerarquías... Y ya he demostrado en demasiadas ocasiones que no las sigo demasiado – comenzó a juguetear con sus cabellos pensativa.
- ¿Eso significa que...? - tragó saliva y olvidó su pregunta.
- Si lo que quieres decir es si asesinaría al comandante para salvar la vida de alguien más débil, así es.
Un silencio invadió la zona. Apenas se oían los ruidos lejanos de los reclutas que finalizaban su entrenamiento.
- Quizás deberías haberte unido a otro escuadrón... Este... quizás se disuelva pronto – sus dedos se hundían sobre la tierra mojada – Al fin y al cabo, no les interesa la investigación. El único interés que tenían, al caer las murallas cayó también.
- Y-yo no creo qu-que su manera de pensar sea incorrecta. Al fin y al cabo, defender a los ciudadanos es nuestra prioridad fundamental. A costa de quien sea.
Hanji resopló con resignación. Sin duda, aquella chica era demasiado joven e inexperta para comprender el alcance de la situación. O, incluso para intentar vislumbrar lo que acaecía por las mentes de los adultos.
- El rey solo quiere ciudadanos que le sean útiles en un futuro – La palabra "útil" le llamó la atención, se giró hacia otro lado con un acto de culpabilidad, ¿solo los soldados eran útiles? - Es decir, solo las personas que estén dispuestas a dar su vida por él, no por el resto de vidas humanas que aquí habitan.
- Los ciudadanos más fuertes, los que más respeten sus normas. ¿Eso es lo que necesita? Vulgares corderitos que le den lana y leche – Hanji sonrió con dulzura y acarició los cabellos negros de la muchacha.
- Veo que te he enseñado bien.
Se levantó para irse de aquel sitio antes de la oscuridad no les permitiese continuar con su trabajo.
- Hanji-san, el comandante Erwin... él fue imbuido por ese pensamiento. Utilizar a quién fuese incluida usted, para conseguir su objetivo, ¿verdad? - ella asintió con cierta tristeza – ¿Por eso le odia?
- Yo dejé morir a su esposa y a su hijo. Así que supongo que estamos en tablas.
.
.
.
La pluma se movía con soltura sobre el papel, dejando un fino trazo tras de sí. Como si fuera un bello dibujo de lineas entrecruzadas entre sí. La tinta dejaba una mancha legible delineando palabras.
Pero aquellas palabras no mostraban ninguna belleza. Sus ojos azules se posaron sobre el trozo de papel que tenía ante sí. Alcanzó a leer varias palabras, "no apta", "expulsión irrevocable", "peligro".
Observó con detenimiento lo que acababa de escribir. Meramente su firma "Erwin Smith".
- No puedo hacerlo – Hizo una bola con el papel y la arrojó a una pequeña papelera cercana.
Reclinó su asiento hacia atrás y contempló el techo. Cada vez, más y más le forzaban a obligarla a dimitir. Pero no podía. No después de todo lo que había hecho.
Ella era inteligente, más que él. Perder su inteligencia sería un grave problema para la humanidad. Pero al estúpido diligente que había emitido ese escrito no le importaba el avance. Tan solo la permanencia. De haber una revuelta, él sería el último en morir. Mientras, viviría feliz en su elegante palacio sin ningún tipo de preocupación.
Lo más fácil, era erradicarle. Fácil, simple, limpio.
Pero se había ocupado de colocarse en un puesto bien protegido, por mucho que lo intentase, llegar hasta él, en aquellos momentos era una imposibilidad.
Lo más seguro, para lograr el avance, era, crear un pensamiento común, desde abajo. La hormiga reina caería ante su hormiguero.
Pero sus aliados no eran lo suficientemente fuertes, y menos en ese momento. Para librar una lucha en el interior, primero debería librarla fuera. En aquel espacio tan reducido los enemigos eran tantos, que apenas podía diseñar una estrategia.
Siempre había sabido, que la humanidad no avanzaría bajos las órdenes tan excesivamente restrictivas de sus superiores. A lo largo de su carrera militar había podido constatar que las batallas se ganaban con bajas, y arriesgándose.
Tan solo compartía con el rey, una sola, cosa, una vida humana es igual a otra. Sea de quién sea. Su sacrificio apenas se percibirá en comparación con las miles de vidas salvadas. La única diferencia era que él si quería salvar vidas, el rey no.
Por eso le detestaba, mientras siguieran bajo su gobierno, la gente seguiría asustada. Él había sido uno de esos estúpidos, asustado, sin comprender el baile que dirigía ese ingrato superior.
Para poder cambiar el futuro, necesitaba convertir el miedo en esperanza. Pero no lo conseguiría si se veía obligado a abandonar a sus soldados más fuertes, los más inteligentes. Los que había reclutado a lo largo de los años.
Una de ellas, quizás siendo demasiado joven. Ella podría haber tenido otro tipo de vida, podría haber disfrutado de su adolescencia. Pero, debía reconocerlo, él sabía como motivarla a forzar su ingreso en la milicia lo antes posible.
- Helenka, si estuvieras aquí, estarías golpeándome sin descanso. Y me lo merezco. Debería haber muerto yo en tú lugar... - acarició el colgante que colgaba de su cuello, en el cual permanencia incrustada su alianza de matrimonio.
La última imagen que tuvo de ella fue la de su cráneo aplastado bajo aquellas piedras, las cuencas de sus ojos reventadas debido a la presión. Ni tan siquiera quiso mirar su estómago. No quería ver el estado en el que se encontraría su hijo.
No podría amar a nadie como había hecho con ella. Incluso había llegado a plantearse abandonar sus planes de derrocar aquel gobierno por esa mujer. Pero ahora, su determinación era cada vez más directa. Su esposa no habría muerto en vano. Ella le daría las alas que necesitaba para volar libre de aquellas restricciones y ataduras.
Y para eso, necesitaba a Hanji. Ella continuaría con su legado una vez él fuera descubierto. Lo ejecutarían, de eso no quedaba duda. Pero ella lo conseguiría. Estaba seguro.
Pero aún no podía confiarle ese plan.
Hasta que llegase el momento oportuno, debería colocarse su máscara ante todos los que le rodeaban. Manejándolos cual marionetas para alcanzar su objetivo.
La única manera de avanzar era esa, y había decidido sacrificar su propia felicidad para ello.
Se acercó a su ventana y observó la pequeña flor que destacaba entre el resto. La tierra había sido removida por alguien, que la cuidaba con esmero.
- Lo siento, Hanji, esta es la única manera en que puedo protegerte – fueron las únicas palabras que consiguió decir antes de firmar un papel que ocupaba su mesa escrito con su caligrafía.
En el encabezado se podía leer "Petición para la reclusión temporal de Hanji Zoe".
.
.
.
Aún caían gotas de su cabello cuando entró al comedor. A lo largo de aquellos años, tanto él, como su escuadrón habían tomado la costumbre de ducharse antes de la hora de la cena. Comer mientras olían a sudor le resultaba algo asqueroso. Y había prohibido a cada uno de los miembros de su escuadrón entrar allí sin haberse lavado antes.
Los 4 miembros con los que estuviera hasta hace una hora ocupaban ya sus asientos en su mesa habitual. A varias mesas de distancia el escuadrón de su compañero, Mike Zakarius, que, como siempre, parecía planear alguna escapada con sus subordinados.
En esos momentos, el solo hecho de compartir mesa con sus aliados, los alicientaba para trabajar más duro y no rendirse. Era una manera, de recordar a sus inferiores, que ellos también eran humanos.
Giró su cabeza buscando una última mesa, usualmente ocupada por científicos. Distinguió a su segundo al mando con un gesto de preocupación mientras comía. La única mujer que veía en la mesa era la nueva incorporación de su escuadrón.
No había ni rastro de Hanji. La conocía la suficientemente bien como para saber que no se habría demorado por estar en la ducha. Ella solía entrar al comedor una vez terminaba su trabajo, apestando a sudor.
-Oi, Moblit, ¿donde está Hanji? ¿Está otra vez encerrada en el laboratorio? - el resto de comensales levantaron su vista ante la mención del nombre.
- No, l-la capitana se ha quedado entrenando fuera.
- ¿¡Entrenando!? - Ni tan siquiera había luz fuera, ¿cómo se supone que estaba entrenando? - Idiota...
- Esto, sargento Rivaille... S-si va a buscarla... ¿podría llevarle la cena?
- Sabéis las normas. Estamos en tiempos de escasez, quien no aparezca por el comedor pierde su ración – era una dura norma. Pero cierta.
La joven y más pequeña miembro de su escuadrón cogió un pequeño pan y lo puso sobre una bandeja vacía.
- No me apetece comer pan... - su compañero con gafas a su lado percibió el gesto y cogió una pera y la puso al lado del pan.
- La fruta me da dolor de estómago. Si alguien se la quiere comer adelante.
Poco a poco, aquellos 5 individuos llenaron la bandeja con los alimentos que conformaban su cena. Cogió su propia bandeja y la nueva bandeja de comida y observó a aquellos chicos.
- Hanji debe de estar orgullosa de vosotros. Os ha entrenado bien.
.
.
.
No tardó en encontrarla en el patio exterior. La oscuridad cubría el sitio, pero una pequeña luz se percibía justo al lado de un poste que solían utilizar para practicar la defensa personal.
Incluso aunque se encontrase a bastantes metros de distancia podía oír el crujir de la madera mientras la golpeaba con sus piernas.
Hanji no era el tipo de soldado que priorizaba su entrenamiento físico, sino al contrario, prefería pasar los días encerrada en la biblioteca o en su laboratorio. Aquel día la había afectado demasiado hasta el punto de llegar a sentirse tan débil que quisiera entrenar en vez de descansar.
- Hanji, déjalo ya – ella se giró instintivamente ante el sonido de su nombre – Es demasiado tarde. Ya no tiene sentido que sigas.
La chica asestó un último golpe al tronco que se rompió por la mitad cayendo hacia el lado contrario. Alcanzó una toalla y secó las gotas de sudor que cubrían su cabello. Parecía sonreír satisfecha.
- Vaya, ¿has robado esa comida para mí? - dijo señalando la bandeja – No deberías, no hay suficiente comida, y ya había asumido qu-
- Esto me lo han dado los chicos de tu escuadrón – le colocó con rudeza la bandeja sobre sus manos – De sus propios platos.
- Vaya... Son buenos chicos, no me los merezco...- Dirigió su mirada hacia la otra bandeja - ¿Vas a comer conmigo?
-...
No mediaron más palabras y se sentaron en el suelo con las bandejas sobre sus piernas. Alumbrados tan solo por la débil luz del candil. Hacía bastante tiempo que no disfrutaban de aquella intimidad.
- ¿Y a qué se debe este reciente interés por el ejercicio físico? - Hanji no era el tipo de soldado que abandonase su forma física. Pero solía dar preferencia a sus investigaciones sobre su entrenamiento.
- Creo que no es mala idea que me mantenga más en forma. Se que no voy a llegar a tu altura o la de Mike, pero como líder, es importante que de ejemplo – comenzó a comer mientras hablaba. Generando una mueca de desagrado en su compañero al mismo tiempo que las migas de pan manchaban su uniforme.
- No tienes porqué disimular. Erwin me lo ha contado – hundió el tenedor sobre el minúsculo trozo de carne y lo elevó a su boca.
- ….. - deslizó con tranquilidad los cubiertos sobre el plato y sonrió con tristeza –¿Tú también crees que es mejor que abandone?
- Ya sabes cual es mi respuesta a ese tema. Aún así, ¿estás entrenando para que no te expulsen?
- La excusa oficial que me han dado es que mi escuadrón se va a disolver porque después de la caída de las murallas, necesitan guerreros, no investigadores.
- Que excusa más patética – torció su boca en un gesto de disgusto. Los altos cargos estaban llenos de inútiles.
Pero ninguno de esos inútiles había combatido jamás. No sabían lo necesarios que podían volverse las personas más inteligentes en el ejército. Una buena estrategia casi siempre era sinónimo de victoria, con contadas excepciones e imprevistos.
Una victoria sin estrategia estaba abocada al fracaso directamente. Por muy fuertes y leales que fueran sus soldados, si no eran capaces de pensar por sí mismos, no sabrían reaccionar ante situaciones adversas en el campo de batalla.
- Me han dicho, que va a organizarse una expedición para comprobar el estado de las murallas invadidas, e intentar ganar territorio – el hombre deslizó los ojos hacia arriba y la miró con sinceridad.
- Es cierto. Pero Erwin no quiere que participes.
- Lo daba por hecho – se reía con cierto sarcasmo ante el comentario.
- Deberías de hablar seriamente con él. A pesar de todo lo que ha hecho... - no pensaba que fuera a decir lo que iba a decir – él siempre te ha apoyado en tus decisiones fueran cuales fueran.
- Sinceramente, a pesar de todo lo que vosotros creáis. No estoy realmente enfadada. Aunque me haya criado junto a él. Sigue siendo mi superior... - Rivaille ya sabía ese punto – Tan solo opino que él nos ha manipulado de esa manera por que tiene un objetivo que no nos ha contado. No puedo confiar en él si él no puede confiar en mí lo suficiente como para contármelo.
- ¿No le odias?
- Le detesto – dijo riendo – Me ha hecho perder parte de mi infancia y toda mi adolescencia. Pero...- Su sonrisa se volvió melancólica – De no haberme llevado detrás suya, no habría descubierto la pasión de mi vida y me hubiera convertido en uno de esos ciudadanos asustados que viven tras las murallas.
- ¿Y nada más que agradecerle? - parecía algo molesto con que solo recordase esos últimos años por su trabajo.
- Bueno, también he tenido la oportunidad de conocer a los chicos de mi escuadrón, que son todos realmente generosos. Luego están Mike, Petra, Nanaba, ... – mordió el pequeño pan con alegría.
- ….. - Rivaille se levantó con un deje molesto llevándose la bandeja con él y dejando a Hanji algo confusa.
- ¿Te vas a dormir?
- Sí, tengo sueño – dijo aún molesto.
Hanji recogió su bandeja y se abalanzó detrás suya riendo alegremente, como siempre.
- ¿Acaso estás celoso por qué no dije tu nombre? - gruñó ante el comentario mientras intentaba deshacer su agarre.
-...
- Venga, sabes que no necesito nombrarte, jajajaja – aún se reía ante la actitud del chico con cabellos negros ante ese tema -... Levi, ¿añoras estar conmigo?
- Ya conoces la respuesta a esa pregunta – se agachó y entrelazó las cansadas piernas de la chica alrededor de su cintura agarrando sus muslos para que no se cayera – Debes estar cansada. Te llevaré a tu cuarto.
- Ah, que amable... la afortunada que tenga tu corazón debe ser la mujer más feliz del mundo – se dejó caer cansada sobre él mientras cernía sus brazos sobre su cuello y dejaba caer su cabeza a un lado.
- Lo es. Pasa los días enteros sonriendo...
.
.
.
En ocasiones, cuando caminaba le daba la impresión que sus zapatos pesaban más de lo habituado. Quizás era solo por el cansancio que acumulaba y el poco descanso, pero le costaba levantar los pies del suelo al avanzar.
La suela de sus botas solía ser bastante gruesa para que no sufriesen demasiado daño al realizar frenadas con sus pies. Aunque en los últimos años que llevaba trabajando en aquel cuartel se había visto obligada a cambiar de calzado casi cada mes debido al intenso uso.
Por ironías del destino, aquel día estrenaba botas, las cuales le daba la impresión que rechinaban.
Antes de entrar en el edificio del cuartel invirtió un tiempo en restregar la suela contra el suelo, para intentar desgastarla.
Intentar hacer avanzar a la humanidad mientras sonaba aquel sonido tan estúpido bajo sus pies era denigrante.
- Maldita sea...
Volvió a colocarse las botas y comprobó sobre el suelo de la entrada al edificio que ya no se oía dicho sonido.
De no haber parado por sus botas no habría avistado a varios soldados que estaban llegando montados en caballos. En su pecho podía ver un emblema que parecía algo parecido a un caballo.
- ¿Qué se supone que hace la policía militar aquí? - algo debía haber pasado en la ciudad.
Algún tipo de altercado que afectase a la milicia. Pero, no obstante, pedir a la tropa de reconocimiento que asistiera en asuntos de la ciudad era extraño.
Avanzó por los pasillos mientras calculaba todo tipo de opciones. ¿Quizá como apoyo para la expedición a las murallas para recuperarlas?¿Han descubierto los planes de Erwin secretos hasta para ella?
No imaginaba que podía tener él en mente. Pero fuera lo que fuese, los pequeños engranajes de su plan estaban girando en aquellos instantes mientras sus pies avanzaban casi sin tocar el suelo.
Abrió la puerta de golpe y observó la enorme figura de su comandante de pie frente al cristal de la ventana, observando la tumba de su esposa.
- ¿¡Qué se supone que hace la policía militar aquí!? - dijo entre jadeos, intentando respirar debido a la gran carrera que acababa de hacer - ¿¡Qué te ha pasado ahora por la cabeza!?
Cuando se giró hacia ella sintió sus tristes ojos por primera vez en años. Siempre acostumbraba a eliminar las expresiones de su rostro para no denotar debilidad.
Dos pares de brazos la sujetaron por detrás inmovilizándola. Intentó forcejear mientras uno de los soldados abrió un papel y comenzó a leer en voz alta.
- Hanji Zoe, como presunta cómplice del asesinato de un superior del ejército hace 18 años, será confinada a prisión hasta que se demuestre su inocencia – Sus padres. Habían recurrido al único crimen que cometieron aquellas desesperadas criaturas. ¿En serio pensaban que una niña de 7 años podía ser cómplice de eso?
Sin duda, era una estrategia maquinada por Erwin, quería retenerla allí. Pero, ¿de qué? ¿de la expedición hacia el muro María? Ridículo. Fuese lo que fuese había algún trasfondo más detrás.
- ¿Qué es lo que estás maquinando, Erwin? - su voz salió ahogada, pero con fuerza de sus labios.
Mientras la sacaban a rastras de aquel cuarto, centró su atención en los labios del hombre mientras se movían lentamente. Pudo adivinar perfectamente la frase.
Confía en mí.
.
.
.
Dioooooooooooooosssssssssss, me siento... no se, muy relajada. He tardado en escribir este fic bastantes días. Porque he intentado describir el plan de Erwin lo más simplificado posible.
En el fondo es un astuto estratega que planea dar un golpe de estado. Para mí, el hecho de que el rey controle de esa manera a las masas, me parece ridículo.
Así que la idea de un Erwin manipulador, que coincide en que, mientras estén allí encerrados nunca avanzarán...
Así que no me digáis más que odio a Erwin. Para mí es un hombre realmente inteligente.
Y Hanji, a ver, no es que le odie realmente. Tan solo le apena que tras los años que han pasado juntos ella no se haya ganado aún su confianza. Eso le duele.
Esos datos quería dejarlos claros. Que puede que Hanji esté fría con él, pero tan solo porque detesta no poder adivinar lo que piensa. Le frustra por así decirlo.
Perdón por estas aclaraciones, quería que quedase claro, antes de continuar.
Un saludo a todos los que habéis leído este capítulo y espero vuestros reviews para animarme.
