Hola, hola, Izzie aqui =D =D actualizando capitulo =)
Muchas gracias a todos por el apoyo y como siempre, Digimon no me pertenece =( espero les guste la historia.
Psicofonía
¿Podría ser la muerte un obstáculo ante dos almas destinadas a amarse?
Acto Cuatro
Compasión
La madera chirrió y ella por segunda vez tuvo miedo. Sacudió su cabeza y se acarició los brazos en un intento de desaparecer los escalofríos que le invadieron, dio un paso más y se adentró por completo en la mansión, con la luz del día, se miraba menos tenebrosa y mucho más antigua de lo que imaginó, el enorme candelabro que colgaba del techo estaba cubierto de telarañas, así como el espejo sobre la chimenea y todos los cuadros que aún estaban sobre la pared las cuales estaban mohosas y resquebrajadas, apenas se lograba ver que en algún momento tuvieron un bonito tapiz del cual solo quedaban pequeñas tiras de papel colgando de la pared, las alfombras que seguramente en su época fueron costosas y finas, ahora solo eran trapos oscurecidos por el polvo, las gradas majestuosas, solo eran una pila de madera carcomida y en el ambiente solo se respiraba polvo y moho combinado con antaño y melancolía, Sora sintió pena, imaginando a la familia que una vez fue feliz.
Se adentró a la estancia, sus pasos se movían al ritmo de la madera chirriante, llegó hasta una enorme sala, cubierta también de polvo y moho, se sorprendió al ver que todo seguía ahí, los muebles, las alfombras, los adornos así como lámparas, todo oscurecido y quizás hasta podrido, las paredes tristes mostraban cuadros de paisajes hermosos y en medio de una de las paredes, un cuadro enorme, con el retrato de la familia Tachikawa, los tres ataviados con ropas típicas japonesas, los tres sonreían, llenos de vida, de alegría, de esperanzas que fueron arrebatadas de una forma tan cruel.
Sora recordó el cuadro que se había deslizado de sus manos días atrás, el golpe seco al caer al suelo la siguió por todas las noches cuando sus ojos se cerraban, ahora que estaba ahí, aún seguía escuchando al cuadro golpearse contra el suelo. Giró sobre sus talones y se dirigió a la entrada principal, en donde, había visto a Taichi Yagami.
Se detuvo cuando la punta de su zapato tocó el cuadro que ella misma dejó caer, se inclinó hasta que sus dedos rozaran el cuadro, lo sostuvo entre sus manos y una vez más le dio la vuelta, encontrándose con la imagen de la heredera Tachikawa, pintada con colores pasteles y de ojos color miel y brillantes, Sora imaginó que así se le miraban siempre los ojos llenos de vida y quizás de amor por su prometido, no quiso imaginarse esos bonitos ojos apagándose junto con la vida que se le escapaba por cada tiro que le dispararon.
Era espantoso y cruel algo que ella jamás lo pudo ver, había escuchado mil veces la historia de ellos y jamás había sentido pena hasta que se vio dentro de ese lugar y los sintió más cercanos que nunca.
— ¡Bu!
Sora respingó y el cuadro se deslizó una vez más ocasionando ese molesto sonido hueco que la dejó sin aliento, su piel se erizó y una suave risa ajena a la suya acompañó a su escalofrío, Sora se abrazó a sí misma, queriendo calmar el helor de su piel.
—Sora-chan—susurró una voz suave que hizo que sus escalofríos aumentaran, se encogió de hombros sintiendo como todo su cuerpo se estremeció—. Pensé que no ibas a volver.
El bolso que sostenía en sus manos cayó al suelo creando una vez más ese odioso sonido hueco que comenzaba a odiar, Sora retrocedió, queriendo escapar, queriendo correr y nunca volver a ese escalofriante lugar.
— ¿Qué te pasa?—preguntó y Sora pudo percibir una nota de preocupación en su voz, se sorprendió, ¿los fantasmas podían sentir?—. Te ves muy pálida, parece que estas enferma.
Ella no dijo nada, su garganta estaba seca al tenerlo ahora frente a ella, a solo unos cuantos pasos, su cuerpo así como su semblante se miraban tan real como si se tratare de una persona más, de un joven vestido con ropa extraña, pero un joven con vida al fin y al cabo, ¿A caso, si tratara de tocarlo, Su mano atravesaría su cuerpo?
El espíritu de Taichi Yagami arrugó sus cejas y ella abrió sus ojos impresionada antes de apartarlos de su figura que aparentaba realidad, Sora miró hacia el suelo sintiendo como su corazón se enloquecía contra su pecho, por un segundo, se vio a si misma corriendo lejos, sin embargo, sus pies se quedaron anclados en el suelo.
—Estoy un poco enferma—susurró en voz temblorosa, sin alcanzar a creer que estaba hablando con un fantasma.
— ¡¿De verdad?!—Inquirió sin cambiar su voz de preocupación—. Entonces debes abrigarte más, la ropa que llevas se ve que no calienta nada.
Sora miró de reojo su ropa, su abrigo café, sus medias negras y los botines que tanto le gustaban, no era ropa fría, pero quizás para un fantasma de noventa y cuatro años, eran tan solo prendas y no abrigos.
—No te preocupes—dijo, alzando su rostro, una sonrisa fingida surcó de sus labios—. ¿Tu cómo estás?
—Un poco aburrido—respondió él, llevando la mirada hacia las gradas—. La función está por empezar, pero Mimi no baja, Hikari ha de estar desesperada, a ella no le gusta esperar, pero es tan buena niña que jamás dirá que está molesta o apurada.
Se mordió el interior de su mejilla a la vez que sentía como el estómago se le revolvía, tragó duro y sus piernas temblaron así como algo dentro de ella se agitó y un extraño sentimiento golpeteaba su pecho.
— ¿Hace cuánto la esperas?—preguntó, con las palabras temblantes.
—Siento que ha pasado una eternidad—respondió sin apartar su mirada de las gradas—. Es extraño, siempre que se tarda, me grita diciéndome cualquier cosa para que se me olvide el enojo de esperarla tanto, pero esta vez no me dijo nada y tampoco la puedo escuchar cantar, a ella le encanta cantar.
Sus ojos pronto se humedecieron, Taichi Yagami extrañaba a su novia y después de noventa y cuatro años la esperaba con fervor, sin darse cuenta que él mismo estaba muerto.
—Taichi—le llamó observando también hacia las gradas desechas—. ¿No notas que algo está diferente?
Él guardó silencio, sin dejar de mirar las gradas y el pasillo que dirigía hacia las habitaciones, Sora lo observó con un poco de temor, su semblante se mostraba serio y a la vez triste, era extraño, porque su cuerpo estaba enterrado y sin embargo su figura mostraba más que lo que un ser viviente podría mostrar.
—La función tendría que comenzar en una hora—dijo dirigiendo su mirada a una pared añejada—. Y miré el reloj y las horas pasaron y Mimi nunca bajó. Una vez, el reloj se detuvo, cayó al suelo y se deshizo y nunca más supe la hora.
Sora tragó saliva, buscando con su mirada los escombros del reloj del cual hablaba Taichi, el tiempo se había encargado en reducirlo en cenizas, de él, ya no había nada.
—Es extraño—continuó—. He visto la lluvia, así como un gran sol, he visto la nieve y he visto las hojas de otoño, lo he visto todo, pero sigo sin verla a ella. No he sentido frío, ni tampoco calor, pero no he dejado de sentirme solo, angustiado, abatido, he visto miles de personas acercándose, husmeando por la casa y aún no puedo verla a ella.
Sora no quiso seguir escuchando, todo aquello le resultaba muy doloroso, porque ella muchas veces se había sentido sola, pero nunca, nunca como Taichi lo estaba y eso le hacía reconsiderar el egoísmo que había cosechado para con su madre.
—Hikari ya no me está esperando, tú no pudiste verla y ella nunca atravesó esa puerta, no podría perdonarme si algo le pasara.
—Taichi—soltó su nombre permitiendo que una lagrima escurridiza danzara por su mejilla—. Lo siento tanto, Taichi…pero…
No pudo continuar y Taichi tampoco quería que continuara, lo supo al sentir el suelo temblando bajo sus pies y el viento soplar contra su rostro, algo andaba mal y sus ojos se lo comprobaron al ver la turbación en el rostro de Taichi.
— ¿Hikari no está bien?—preguntó en un hilo de voz.
—Nada está bien—dijo, tragando sus lágrimas, ya no quería ser la portadora de las malas noticias—. ¿Es que no lo notas? Taichi, tú ya no perteneces aquí.
Él jadeó y la casa entera tembló, Sora perdió el equilibrio y cayó al suelo, le miró negar con la cabeza a la vez que retrocedía, queriéndose alejar de ella, alzó sus manos y sus ojos se abrieron de golpe, como cayendo en cuenta de lo que ella había soltado segundos atrás.
—Mientes—soltó en un desalentador suspiro—. ¡Mientes!—gritó y el espejo sobre la chimenea se agrietó—. ¡Mientes! ¡Mimi!... ¡Mimi!... ¡Respóndeme!—chilló, llevando sus manos a la altura de su cabeza—. ¡Hikari!.. ¡¿Hikari, donde estás?!
Taichi gritó por tercera vez el nombre de su hermana, encontrándose con un aterrador silencio, Sora se encogió en su puesto, Taichi había cambiado, su rostro se había desfigurado en una mezcla de dolor y turbación y tan pronto se dio cuenta que ni su novia ni su hermana contestarían, soltó un sollozo, seguido tras otros, hasta que se convirtieron en verdaderos gritos de dolor.
El aire se volvió espeso y cortante, revolviendo sus cabellos y ropa, el espejo se rompió por completo, los pocos cuadros que colgaban cayeron al suelo y el candelabro majestuoso teñido de polvo y telarañas cayó también, creando una sinfonía de cristales rotos, cerró sus ojos y se cubrió los brazos, queriendo protegerse del vidrio que chocaba contra ella.
Sora nunca creyó en los fantasmas o en cualquier ente paranormal, nada le daba miedo y muy pocas veces se asustaba, sin embargo, en aquella ocasión, entre cristales y lamentos que llegaban hasta su corazón, Sora creyó en ellos y lejos de sentir temor, sintió compasión.
Acto Cinco
Miedo.
La habitación oscureció, llenándose de matices naranjas que poco a poco se tornaron en un color rojizo que terminó en completa oscuridad, Sora de pronto se encontró sola, Taichi Yagami había desaparecido hacía tanto y ella no había sido capaz de moverse del suelo, en cambio, había abrazado sus piernas heridas, ignorando el ardor en algunas partes de su cuerpo.
Sus dientes castañearon al mismo tiempo en que sus piernas temblaban, quería escaparse de ahí, salir corriendo y nunca más regresar, simplemente quería cerrar sus ojos y despertar en su cama, lejos de esa oscuridad que sentía de a poco comenzaba a absorberla.
—Entonces… ¿Estoy muerto?
Sora se estremeció al escuchar la voz apagada de Taichi Yagami atrás suyo, reprimió un chillido y ocultó su rostro en sus rodillas, arrepintiéndose mil veces de haber acudido a ese escalofriante lugar.
— ¿Estoy muerto?
Demandó elevando su voz, el piso tembló bajo sus pies y sus ojos se llenaron de lágrimas, tenía miedo, por primera vez en su vida, tenía miedo, mucho miedo y la presencia de Taichi Yagami a sus espaldas la envolvía en esa horrorosa sensación que la estaba asfixiando.
—Lo siento—susurró con voz entrecortada—. Fue hace mucho.
—No lo puedo creer—dijo y Sora percibió verdadera desesperación en él—. No puedo creerlo, ¿Por qué no me di cuenta? ¿Tú sabes algo? ¿Por eso viniste aquí?
Sora no quiso contestar entrando en un estado de pánico, su respiración se había tornado entre cortada y la presencia de Taichi Yagami paralizaba su corazón por segundos, sudaba frío y sus pies estaban engarrotados, tenía mucho miedo, se abrazó con más fuerza, pretendiendo desaparecer del espíritu atrás suyo.
— ¿Por qué no me contestas? Sora-chan, ¿Por qué no me quieres contestar? ¡¿Qué es lo que sucede?! ¡Necesito respuestas!
Sora tapó sus oídos con las palmas de sus manos, dejando que su respiración enloqueciera aún más, no aguantaba, necesitaba salir de ahí, pero su cuerpo no le respondía, quedándose anclada en el piso bañado en cristales.
— ¿Qué pasa? ¿Me tienes miedo?—demandó el espíritu con su voz desquebrajada—. ¡¿Me tienes miedo?! ¡No me puedes tener miedo!—gritó y los cristales a su alrededor danzaron al compás de la desesperación del espíritu—. ¡Soy yo el que tiene miedo! ¡Cada parte de mi ser se está deshaciendo en miedo!
Un sollozo involuntario escapó de su garganta seguido tras otro a la vez que sentía como el polvo se deslizaba por su cabeza, su cuerpo se tambaleó de un lado a otro siguiendo las vibraciones del suelo, pedazos de escombros cayeron al suelo, Sora imaginó que la casa le caería encima, pero su cuerpo no fue capaz de reaccionar.
—N-no…no llores—pidió Taichi y las vibraciones se detuvieron—. No entiendo nada…no llores…por favor, ya no llores…no fue mi intención…
Y lo sintió, una presión sobre sus hombros, que lejos de helarle la piel, la reconfortó como nunca, Sora se permitió relajarse dejando que las lágrimas se secaran y su corazón volviese a su ritmo, sus piernas habían dejado de temblar y el miedo había desaparecido por completo, Sora abrió los ojos y lo pudo ver: a Taichi Yagami entre la oscuridad, su figura parecía brillar ante tanta negrura en especial sus ojos que parecían cristalinos, que parecían sufrir, que parecían querer transmitirle todo el dolor, desasosiego, impotencia y tristeza que abordaba su espíritu en ese momento, ella le miró embelesada, creyendo ver una deidad llena de un sufrimiento que ella no podía curar, de un vacío que no podía llenar, de una soledad de la cual, quizás nunca podría escapar, sus ojos volvieron a aguarse volviendo otra vez ese sentimiento de tristeza y compasión que la motivó a regresar a ese lugar y hablar con él, su mano, pequeña y delicada, se alzó queriendo acariciar la mejilla de Taichi, queriendo transmitirle un poco de todo lo que ella sentía, queriendo reconfortarle como él hizo con ella, sin embargo, su mano atravesó su figura y los ojos de Taichi Yagami se expandieron incrédulos ante lo que había pasado, cayendo en su triste realidad…
—Estoy muerto—susurró en voz neutra, alejándose de ella y viéndola, como si ella fuere el fantasma y no él—. De verdad estoy muerto—dijo, viendo sus manos con completa incredulidad.
—Lo siento tanto—dijo Sora con sus labios temblantes.
—¿Cuándo fue?
—En enero de 1920.
—Hoy—soltó Taichi, a pesar de que aún faltara para que fuera enero—. Vine aquí junto a Hikari, a traer a Mimi, iríamos los tres juntos a ver la obra, como solíamos hacer, no entiendo, ¿Qué fue lo que sucedió?
—Fue…fue…aquí—soltó atropelladamente—. Tú… entraste y te dispararon.
— ¿Disparo?
—Si por detrás, moriste al instante, quizás por eso es que sigues aquí, porque no te diste cuenta de tu muerte.
Taichi guardó silencio, quizás aún impactado por la noticia que ella acababa de soltar, Sora aprovechó para ponerse de pie, sus medias estaban rotas y de su cabeza seguía danzando el polvo, se apartó los residuos que estaban en su ropa con ayuda de sus manos, palpó su rostro también, buscando algún rasguño que por suerte no encontró, por un segundo se sintió extraña, cayendo en cuenta que estaba hablando con un espíritu, algo que todavía no podía llegar a creer.
—No lo entiendo—dijo el espíritu aún contrariado—. No lo siento, no lo puedo sentir, ¿De verdad fue aquí? ¿Por qué me querrían matar aquí? No hice nada malo para que sucediera todo esto.
—No lo creo—contestó Sora a la vez que mordía su labio inferior con nerviosismo.
— ¿Y Mimi? Yo la estaba esperando aquí y si me mataron acá, ella pudo correr peligro, ¿Sabes cómo está ella? Por favor, dime que todo está bien.
Sora apartó su mirada anclándola en el suelo, incapaz de decirle la verdad sobre su prometida y hermana, porque a pesar de que estuviere muerto, él sentía como un humano y el dolor lo quebraría, incluso a él, que ya estaba muerto.
—Hikari me estaba esperando afuera, dentro del coche, ¿Ella está bien? O…Dios, dime que está bien.
Sora negó con la cabeza con lágrimas acumuladas en sus ojos ardientes y ardor en la garganta, sintiendo el filo del miedo rozando su pecho.
—Todos fallecieron.
Taichi había gritado, había gritado mucho más que antes y ella había vuelto a caer en el suelo, su cuerpo lastimado vibró y se estremeció, el espíritu de Taichi en cambio, quería y anhelaba llorar, soltar todo su dolor en lágrimas las cuales fueron interpretadas a través de las lágrimas de Sora, las cuales una vez más danzaron por sus mejillas, llenas del dolor que el espíritu en esos momentos le transmitió.
Taichi le había pedido que buscara a su hermana, su espíritu apoyado sobre la ventana rota no podía atravesar el umbral y adentrarse hacia la negrura cubierta de nieve que rodeada la mansión, Sora no tuvo que ser una experta para darse cuenta que su espirito permanecería encerrado quizás por toda la eternidad en ese pequeño espacio de la entrada hacía las gradas en donde murió, darse cuenta de eso le había puesto mucho más triste que antes, Taichi Yagami estaba condenado a permanecer encarcelado en esa desolada y tétrica mansión, sufriendo por la muerte de su hermana y de su prometida, condenado a vagar por ese reducido espacio esperando a alguien que nunca bajaría esas gradas, que estaría solo para toda la vida, sin amor y sin alegrías.
Sólo por una eternidad…
Sin embargo y a pesar de sentir tanta empatía por él, Sora no se atrevió a adentrarse a la densa noche y buscar a otro fantasma.
Su madre le había abofeteado en cuanto llegó a su casa, Sora no rechistó y aceptó el regaño de su madre así como la culpa al haberla dejado sola por toda una noche y la mitad del día en que se tardó en regresar a Tokio, Sora no había planeado quedarse toda una noche en esa fría mansión, pero la tristeza del espíritu de Taichi Yagami, le había impedido querer dejarle solo, acompañándole por lo menos una tan sola noche en su eterna soledad, olvidándose de las posibles consecuencias que aquella decisión contraería.
Su madre le había aumentado el castigo y a los días que le siguieron, Sora cayó enferma por una fuerte gripa, producto de haber pasado una noche entera sin calefacción junto con el polvo recorriéndole a cada segundo, a lo largo de sus días de enferma, Sora había olvidado a Taichi Yagami.
Hasta que comenzó a suceder, Sora no podía asegurar si se trataba de su propia mente o de verdad algo paranormal la estaba asechando, ella de pronto, comenzó a sentirse insegura e intranquila.
Primero fue un peso extraño en su espalda, parecido a cuando Taichi tocó sus hombros, solo que en lugar de reconfortarla, le sofocaba, luego, los pasos que le seguían cuando ella estaba sola, así como la sensación de que le estaban viendo, después, las cosas cayéndose a mitad de la noche, habían sido libros, ollas y adornos y algunas cuantas veces su televisor se encendía en un canal interferido.
Sora había perdido los nervios en más de una ocasión, dos grandes ojeras adornaban su rostro moreno así como una profunda palidez, acompañada de dolores de cabeza y pequeños ataques al corazón cada vez que escuchaba un sonido extraño o alguien se colocaba detrás de ella, odiaba aquella situación a la que ella misma se había sometido, ella nunca en su vida había creído en un ente paranormal, ella nunca había sentido esa clase de miedo y ahora, lo vivía a cada segundo, día y noche la acompañaba, adentrándose también en sus pesadillas.
Sentía que faltaba nada para volverse completamente loca…
— ¿Qué te pasa?
Había preguntado una voz a su espalda, una tarde después de las clases, cuando ella se había quedado sola en el salón de clases contemplando el atardecer, una mano grande se había posado sobre su hombro provocando que su piel se erizara y su corazón se detuviera por un par de segundos, Sora se encogió de hombros y cerró sus ojos, completamente horrorizada.
— ¿Sora? ¿Qué es lo que te pasa?—demandó una vez más aquella voz, agarrándola del mentón y obligándola a alzar su rostro, abrió los ojos, sintiendo alivio al encontrar azul y no café derretido frente a ella.
—Yamato—susurró.
—Estás extraña, te ves enferma, ya no sales con nosotros y es raro el día que te he visto comiendo, ¿Tienes problemas con tu mamá?
Ella negó suavemente con su cabeza, su madre en realidad se había portado muy bien con ella desde que enfermó.
— ¿Quieres hablarlo?—preguntó sabiendo que algo muy malo ocurría con ella.
—Es muy complicado de hablar.
Yamato se encogió de hombros y ella supo que no se marcharía sin saber lo que sucedía, suspiró, sintiéndose un tanto patética por considerar hablar de ese tema con una persona que probablemente no la creería nada.
—Tengo todo el tiempo del mundo—dijo, jalando una silla y colocándola a un lado de su pupitre, se sentó y la miró fijamente—. Sabes que puedes contar conmigo, Sora, no me gusta verte así.
—Yamato—le llamó mordiéndose la lengua de inmediato, no quería hablar, pero sentía que se iba a volver loca si no se desahogaba—. ¿Crees en los fantasmas?
Su amigo frunció el ceño y la miró con cierta incredulidad, Sora se encogió en su puesto, sintiendo la vergüenza teñir sus mejillas.
—No lo sé—contestó condescendiente—. No he visto uno, solo por internet y no te puedo asegurar que sean reales. ¿Vistes algún fantasma?
—Creo…creo…que me están asustando—fue capaz de decir, por alguna extraña razón, se negó a compartir la historia de Taichi.
— ¿Por qué dices eso?
—Pasan cosas raras en la casa, en el día, en la noche, en mis sueños…yo…no puedo estar en paz, Yamato, algo raro está pasando conmigo—confesó en voz temblorosa y quebrada—. No lo soporto, es una tortura… ¡No sé qué es lo que pasa conmigo!—chilló, agarrándose la cabeza con sus manos.
—Sora—le habló, apartando sus manos de su cabeza—. No está pasando nada malo, tienes que tranquilizarte.
— ¡Si está pasando!—exclamó enardecida, deshaciendo el agarre entre sus manos—. Lo siento, Yamato, lo siento todos los días, es como si fuera real.
—Es real porque tu permites que lo sea—dijo con tal seguridad que por un segundo le creyó.
Sora negó con la cabeza, no podía ser algo de su mente, se negaba a que su miedo se materializara por culpa de su psique, Sora siempre fue una persona escéptica, Yamato más que nadie debería de saberlo, ella, entre todos era la que menos creía en lo paranormal, no podía hacerle esto, no podía verle con incredulidad, no podía juzgarla, simplemente no podía, ella no estaba inventando nada, todo era muy real, ¿Por qué, simplemente, no le podía creer?
—Tranquilízate—pidió Yamato en voz fuerte, Sora cerró los ojos y una vez más sus manos sostuvieron su cabeza al mismo tiempo que su respiración se agitaba, se estaba descontrolando, el miedo poco a poco comenzaba a consumirla y no había nadie que pudiera ayudarla—. Sora, tranquilízate—pidió una vez más, esta vez sus manos anclándose en sus brazos, sosteniéndola con firmeza, logrando reconfortarle un poco—. Yo te creo, Sora, yo de verdad te creo—su voz se suavizó así como el agarre en sus brazos—. Pero debes comprender que eso no te debe dominar.
Sora asintió con un movimiento de su cabeza, inhaló aire por varios segundos hasta que sintió que ya podía respirar con tranquilidad, Yamato la soltó y ella abrió los ojos.
—lo siento—susurró, apenada—. Entré en crisis.
—Tu eres más fuerte que todo esto, además, no le tomas a los muertos, témele a los vivos, ellos si hacen daño.
Sora no pudo estar de acuerdo con aquello, Taichi Yagami por poco hubiera tirado la casa si se hubiese enojado un poco más, pero decirle eso a su amigo, resultaría otra mala mirada por parte de él.
— ¿Quieres que nos reunamos con los chicos? Así podrás relajarte un poco.
—Mamá anda un poco enojada, no creo que pueda.
—Tranquila, entonces te visitaremos cada vez que se pueda.
—Gracias—susurró, soltando una leve sonrisa, sintiéndose un poco más aliviada, haber contado sus miedos, le había quitado un enorme peso de encima.
Sin embargo, Sora corroboró que nada de aquello era solo cosas de su mente, cada día, a cada segundo, lo sentía más real que nunca, su cuerpo se erizaba ante la frialdad que tocaba su espalda, hombros y cabeza durante las noches, su corazón dejaba de palpitar cada vez que se movían las cosas o se caían de la repisa sin sentido alguno, sus perfumes habían terminado rotos en el suelo en una madrugada más fría que lo normal, su cama había danzado con ella acostada y Sora había roto el televisor cuando éste, una vez más se prendió.
— ¡¿Qué sucede contigo?! —había gritado su mamá, cuando ella, en uno de sus arranques, golpeaba con el mango de su raqueta, la pantalla del televisor.
Sora no supo dar razón y su madre la miró como si fuera una desquiciada, sus ojos se llenaron de lágrimas y sus manos soltaron la raqueta como peso muerto, su madre, contra todo pronóstico, le abrazó y le dedicó unas cuantas palabras de consuelo, Sora quiso desahogarse y contar todo su sufrimiento, pero muy dentro de sí, sabía que su mamá no le iba a creer así como Yamato, que se había mostrado escéptico con ella.
Y a pesar de su silencio, su madre le arregló una cita con el psicólogo, alegando que habían problemas en su etapa de adolescente, Sora no replicó, prefiriendo que su madre creyera que era tan solo una etapa de rebeldía a que había un fantasma asechándola día y noche, así que una tarde por cada semana, Sora terminaba encerrada junto con un psicólogo, que muy raramente le ayudaba, quizás porque ella aún no se atrevía a contar su verdadero problema.
Sora intentó por un segundo ignorar lo que según Yamato y su psicólogo decían "eran cosas de su mente" se aisló de lo que venía agobiando y se dedicó a olvidar a Taichi Yagami, creyendo que esa era la solución a su "paranoia" descubriendo días después que olvidarse de él, no solucionaría ni un ápice lo que estaba viviendo ni el tormento por el cual, el espíritu pasaba.
Fue en una de esas tantas noches calurosas, en donde el calor le escocía con su sutilidad y los grillos la acompañaban por la madrugada, en esa ocasión, los chicos se habían quedado en su casa para una noche de películas, su madre, gracias a la ayuda de su psicólogo, había aceptado la pequeña reunión, no muy contenta y con cierto recelo, pero al fin a y al cabo, terminó accediendo, todo por la felicidad que hacía mucho tiempo su hija había dejado de sentir.
Optaron por una maratón de películas, Takeru se había encargada de elegir las mejores películas de acción-a petición de Yamato- y Koushiro se había encargado de descargarlas, Joe había puesto las bebidas, Yamato la comida y Sora la casa.
Se habían entretenido con las tres primeras películas, Sora por esas horas se había sentido relajada y por ese instante había dejado de sentir miedo, había reído e incluso bromeado con sus amigos, fue para la cuarta película en que sin poderlo evitar, cayó profundamente dormida, enredada en lazos de oscuridad, como venía soñando desde hacía tanto tiempo.
Y en medio de su oscuridad, divisó el brillo de los ojos de Taichi Yagami, Sora una vez más sintió ese confort que había sentido cuando Taichi le había tocado, sonrió junto con la sonrisa del espíritu, pero su dicha se erradicó al sentir aquella frialdad que le paralizaba y erizaba su nuca, Sora comenzó a asfixiarse y no había nadie que la salvara.
Forcejeó contra los lazos que la tenían amarrada, sin éxito alguno y antes de perder la cordura escuchó una suave voz que le susurraba en su oído.
Sora gritó al mismo tiempo que sus ojos se abrían con fuerza, sintió unas manos sobre sus hombros y ella perdió el control comenzando a mover sus brazos y piernas para deshacerse del agarre.
— ¡Sora! —gritaron varias personas, ella no supo distinguir a nadie cegada ante su propio miedo en donde sus ojos estaban anclados ante el oscuro techo, la presión en sus hombros se hizo más fuerte, logrando elevarla del mueble en donde estaba recostada.
—Sora, soy yo, Yamato.
Sus ojos nublados bajaron hasta el rostro de Yamato, soltó unas cuantas lágrimas y se escondió entre el hueco de su hombro y cuello, permitiéndose llorar más de lo que había llorado en todos esos días, la situación, poco a poco comenzaba a hundirla.
Muchas gracias a todos por el apoyo dado, me siento muy feliz por el recibimiento del fic y espero que este capitulo tenga igual recibimiento =) =)
Lenore: gracias por tu rr linda y por tus dibujos tambien (me hacen falta) espero que este capitulo tambien te guste, te mando un mega abrazo =)
