CAPÍTULO 2: Sesshomaru (2º parte)
Durante tres días con sus respectivas noches fueron en dirección al castillo sin ningún tipo de prisa. En todo el trayecto estuvo pendiente de detectar cualquier atisbo que indicara que Jaaku pudiera estar vigilándoles, pero eso no sucedió. Para su sorpresa, fue un viaje de lo más tranquilo, lo cual le permitió estar pendiente de todo lo que le explicó su anteriormente protegida. En cuanto abrió la boca, se acordó de lo parlanchina que solía ser cuando era una niña, y ese rasgo era evidente que no lo había modificado con la madurez, porque prácticamente no calló en todo el trayecto exceptuando para comer y dormir. Aun así, gracias a esa verborrea pudo enterarse de casi toda la historia en primera persona, deseando tener al imbécil de su medio hermano en algunos momentos frente a él para partirle la cara debido a algunos asuntos "desagradables" que su protegida pasó. Para él, estaba claro quién era el culpable de todo aquello, y nada ni nadie iba a cambiar la opinión que tenía de su persona.
La noche del segundo día, después de acampar, Rin encendió el fuego y se dispuso a hacerse la cena. Él estaba sentado, apoyando su espalda en el tronco de un árbol mientras veía como trabajaba afanosamente. De pronto, mientras estaba buscando algo, Rin empezó a vaciar el saco que portaba consigo y vio algo que le llamó la atención.
- ¿Qué es eso?- Preguntó mientras fijaba su vista en las dos dagas que acababa de sacar.
- ¿El qué…?- Se giró bruscamente al escucharle, para después mirar en el suelo en cuanto vio hacía donde se dirigía su mirada.- Ah, son mis dagas.
Se levantó y se dirigió hacia donde estaban para verlas con más detalle. Cogió una del suelo, en concreto la daga blanca por la parte de la vaina y la observó detenidamente. Lo que le había llamado la atención no era el hecho de que las portara, sino el tipo de arma que era.
- ¿Qué haces tú con este tipo de arma?- Preguntó mientras con la otra garra agarró el mango y sacó media hoja de la vaina para observarla mejor. Estaba muy bien hecha, y por el acabado casi podía asegurar quien le había fabricado esa daga. Metió nuevamente la hoja en la vaina, tiró la daga al suelo y miró fijamente a Rin, esperando una respuesta.
- Ah…Bueno… me las hizo el maestro Totosai.- Respondió sonriente mientras se levantaba y se situaba frente a él, confirmando sus suposiciones.
- Así que ese viejo herrero aun sigue vivo… - Pensó en alto para después volver a mirarla fijamente.- ¿Acaso no te avisó del peligro de portar estas armas?
- Sí claro, de hecho tomamos todas las precauciones en el momento de entregármelas, pero por suerte no pasó nada y las dagas me aceptaron.- Contestó su protegida con total inocencia y muy segura de lo que decía.
- De todos modos, es una temeridad por parte de de ese viejo estúpido hacerte unas armas con colmillos de dragón.- Dijo casi para sí mismo, pensando que en cuanto encontrara a ese viejo herrero iba a saldar con él esa cuenta de forma contundente por haber permitido semejante insensatez.
- ¿Qué?...no, no, no piense mal de él, por favor. El maestro Totosai solo me hizo las armas siguiendo una petición que yo le hice, él no tiene la culpa.- Respondió Rin negando con la cabeza mientras justificaba a aquel viejo herrero.
- Explícate.
- Verá…Ya le he comentado que estuve unos cuatro años en el monasterio Yamabushi. Pues allí tuve un maestro que antaño fue un jefe ninja, y me explicó que durante una temporada hicieron y utilizaron armas hechas con colmillos de dragón, pero que al final las desecharon porque empezaron a ponerse enfermos y a fallecer debido a su uso. Cuando salí del monasterio, quedé desarmada en una pelea contra un demonio y poco después fue cuando le encontré. Ya hacía tiempo que estaba barajando especializarme en matar demonios de alto rango, así que aproveché la situación y le pedí al maestro si podía hacérmelas. Tengo que decir en su favor que él no estaba del todo de acuerdo en fabricarme las dagas, pero yo misma le dije que asumía el riesgo y que me hacía responsable de ello.
Aunque Rin había defendido la acción de Totosai de forma algo convincente, eso no justificaba bajo ningún concepto lo que hizo ese viejo estúpido, pero prefirió guardarse esa opinión para sí, a partir de ahora era un asunto que le concernía a él. Se giró y se dispuso a irse sin decirle una sola palabra.
"De todos modos, eso que había dicho Rin sobre matar a demonios de alto rango..."
- Contéstame a una pregunta.- Dijo como quien no quería la cosa mientras detenía su paso y la miraba por el rabillo del ojo.- Entiendo entonces que pediste hacer esas dagas a Totosai para matar a seres como yo.
Al principio Rin no entendió que era lo que quiso decir, pero en cuanto se percató del trasfondo hizo una pequeña exclamación de sorpresa.
- ¡Pero señor Sesshomaru, no piense eso de mí! Yo jamás me enfrentaría a usted, no le quepa ninguna duda, antes preferiría morir a hacer algo así.- Aseveró muy convencida para después ahondar en sus pensamientos.- Aunque, por supuesto, eso es algo de jamás ocurrirá. En el hipotético caso de que sucediera usted acabaría conmigo con solo blandir una sola vez a "Colmillo Explosivo", no tendría ninguna posibilidad.
Su tono de voz denotaba que ni se le había ocurrido esa idea, no tenía ninguna duda de que decía la verdad; de hecho a su antaño protegida le parecía tan inverosímil la situación que ni siquiera notó en sus palabras un tono de decepción ni de reproche, solo sorpresa. Pero igualmente no le había convencido del todo sus argumentos.
- ¿Entonces por qué quieres exterminar esa clase de demonios?- Preguntó indiferente después de girarse para observarla.
La chica suspiró y, mirando al suelo, pensativa, se tomó su tiempo para elaborar su respuesta. Después le miró y sonrío sinceramente.
- Señor Sesshomaru… No puede hacerse una idea de lo mucho que le he echado de menos. Cuando dejó de venir sin ningún tipo de explicación tuve momentos en los que casi caí en la tristeza más absoluta, pero lo entendí y lo acabé aceptando con el tiempo. Hacía mucho que me había percatado que era muy débil en comparación con todos ustedes, de hecho, en la batalla final contra Naraku pude confirmarlo. Mientras intentaba asumir el hecho de que no volvería a verle, entendí que si no me ponía a un nivel mínimo de autodefensa sería imposible volver a ir con usted, el señor Jaken y Ah-un, aunque milagrosamente vinieran a buscarme. Porque me percaté de que, tarde o tempano, me acabarían matando y no podían estar siempre defendiéndome de todos los enemigos, no quería ser una carga para nadie y menos para usted. Así que empecé a entrenar como cazadora de demonios en cuanto tuve oportunidad de ello, pero luego aquello empezó a gustarme. Cada vez que íbamos a matar a algún demonio sentía un nerviosismo que me invadía todo el cuerpo, aquello me hacía sentir viva. Sentía como si, cada vez que matábamos un demonio, llenara un vacio que tenía dentro, me recordaba muchísimo a cuando íbamos todos a atrapar a Naraku, y aquella era mi forma de resarcirme de todas las veces que estuve indefensa en alguna confrontación y usted tenía que salvarme. Tiempo después, cuando ya estaba exiliada del pueblo junto a la señora Sango y el señor Miroku, ayudamos a una familia la cual su hijo pequeño estaba poseído por un Tsuchigumo de alto rango y, la verdad, me gustó el reto. Pensé que, si entrenaba mucho y me esforzaba lo suficiente, podría unirme en un futuro junto con el señor Inuyasha y los demás en unas condiciones parecidas, pero aunque ya tenía asumido a simple vista que no lo volvería a ver y no quería reconocérmelo a mí misma, lo hice también porque aun tenía un atisbo de esperanza de que algún día viniera a buscarme y no quería fallarle. Quería estar a la altura del grupo, pero sobretodo de usted, debía ser digna de estar a su lado, y para eso debía esforzarme al máximo.
Después de que su protegida acabara su explicación, volvió a girarse y siguió su camino sin volver a dignarle la palabra mientras entraba en la maleza de los árboles. Cuando desapareció de su vista, pudo ver de soslayo como Rin se encogía de hombros a modo de aceptación y siguió a lo suyo, sin mostrar un solo gesto de rabia o de sorpresa por aquel desplante. Necesitaba alejarse de ella para pensar en todo lo que le había dicho, pero sobretodo había algo que le tenía intrigado y que le daba un mal presentimiento. Desconocía exactamente cuánto tiempo llevaba Rin con aquellas dagas, supuso que no mucho, pero aun así debería notarse algún síntoma de cansancio o enfermedad por mínimo que fuera, y más en una humana joven como ella. Ese tipo de armas eran muy poderosas, pero si uno no era lo suficientemente fuerte acababan matando a su portador tarde o temprano sin embargo, Rin estaba perfectamente, al menos a simple vista. Tal vez había subestimado a su protegida, y era alguien más fuerte de lo que pensaba, pero se le hacía bastante improbable. Su intuición le decía que había algo más profundo detrás de todo eso, pero aún era pronto para averiguarlo. Sea lo que fuera, iba a estar pendiente de ella, aquello no le gustaba lo más mínimo.
Al día siguiente llegaron al castillo, una imponente fortaleza símbolo del poder de los señores del oeste, antaño morada de su padre y ahora de su propiedad por ser su legítimo heredero. En cuanto divisó el castillo todo el rostro de su protegida se transformó en una mueca espontanea de sorpresa, la cual le hizo algo de gracia, ya que tampoco hacía ningún esfuerzo por disimularlo. Pero cuando entraron al patio principal, al ver a todo aquel personal esperándolos aquella mueca de sorpresa se transformó en una de incomodidad. Localizó a la gobernanta del castillo y se dirigió hacia ella.
- Naoko, ocúpate de ella y aposéntala en su habitación.
- Si señor.- Respondió la anciana mientras le hacía una reverencia.
A partir de ahí se desentendió por completo de Rin, ya que sabía que estaría adecuadamente atendida, y se fue a resolver unos asuntos que tenía pendientes. Al cabo de unas horas hizo llamar a la gobernanta para que le informara de todo lo sucedido a partir de entonces.
- Todo ha ido bien mi señor.- Contestó la anciana con una leve sonrisa después de saludarle con una reverencia.- Aunque, como anécdota, quisiera informarle de que su protegida no está del todo cómoda en sus nuevos aposentos.
- ¿Qué quieres decir?
- Bueno… si me permite un comentario a título personal, es evidente que su protegida no es una joven acostumbrada a los lujos. – Puntualizó.- Se quedó muy impresionada con las estancias que se le asignaron, hasta el punto de que se negaba a aceptar que fuera para ella. Después de informarle que la asignación de sus estancias era la correcta, la dejé para que se instalara cómodamente. Al cabo de un rato me localizó de casualidad y me llevó prácticamente a rastras para explicarme bastante alterada que me había equivocado de habitación, ya que había visto toda la ropa y enseres que se compraron para ella y los había confundido con las pertenencias de alguna noble que habitaba en el castillo. La convencí de que aquellos artículos eran para su utilidad y creo que lo ha aceptado.
Se quedó pensando un par de segundos y le respondió.
- Bien, asegúrate de que utiliza la ropa y los enseres que se han adquirido para ella.
- ¿Eh?- contestó algo sorprendida.- Por supuesto, señor.
Después de aquella conversación, la gobernanta se despidió y se fue a hacer su trabajo. La verdad, no le sorprendió lo más mínimo la reacción de Rin, de hecho era la que se esperaba. Rin nunca había sido un ser de grandes aspiraciones terrenales, era una humana tan sencilla y austera que podía ser perfectamente feliz durmiendo al raso y comiendo cualquier cosa que encontrara en el suelo sin problemas. El hecho de haber tenido una infancia tan dura le había enseñado a valorar lo auténticamente valioso, y desde luego, los bienes terrenales no eran lo más importante para ella.
"Tarde o temprano se acabará acostumbrando"
Pero en seguida fue evidente que no se acostumbraría tan rápidamente como a él le hubiera gustado. Durante los dos días siguientes observó que seguía llevando su ropa de siempre, algo que no le desagradaba del todo, pero tampoco le acababa de convencer. Desconocía exactamente los motivos de su negativa a utilizar su ropa nueva, aunque podía hacerse a una idea. Tal vez si le daba una razón para cambiar de opinión lo haría por su propia voluntad, aunque con ello tuviera que utilizar a una tercera persona para su cometido.
- Veo que mi protegida sigue llevando la ropa que trajo del pueblo de cazadores de demonios.- Informó a la anciana gobernanta en cuanto esta llegó, después de haberla llamado.- Entiendo que la informaste adecuadamente sobre qué hacer con sus nuevas pertenencias.
- Por supuesto, mi señor.- Respondió Naoko con la mirada gacha.
- ¿Entonces por qué sigue negándose a utilizar la ropa se le compró?
- Verá señor...- Titubeó la anciana.- No he hablando con ella al respecto, pero intuyo que, por su forma de ser, no se siente merecedora de todos esos regalos.
"Uhm, eso mismo pienso yo…"
- Dile a Rin que la utilización de sus nuevas pertenencias no es una opción, es una orden.- Resolvió para después girarse, quedándose de espaldas a ella y mirar por el rabillo del ojo a la gobernanta.- Por cierto Naoko… que esto no vuelva a suceder.
- Si…mi señor…- Contestó por lo bajo la anciana para después saludar y marcharse tan discretamente como vino.
Conocía de hacía muchos años a Naoko, y no le cabía la más mínima duda de que cumpliría con su cometido, como así hizo. Al día siguiente la vio aparecer con uno de los kimonos nuevos muy discretamente, quedándose en un segundo plano mientras él arreglaba unos asuntos. En cuanto la olió dirigió su mirada hacia su dirección, lo cual hizo que la chica se cohibiera un poco, ya que los demás oficiales también dirigieron su mirada hacia donde estaba situada. Verla así le complació bastante más de lo que pensaba, e inmediatamente volvió a borrar ese pensamiento de su mente, pensar en eso le hacía sentir una incomodidad que le desagradaba sobremanera.
- ¿Qué quieres, Rin? – Preguntó con un tono completamente indiferente.
- D-de-desearía comentarle dos cosa en privado, señor.- Contestó avergonzada después de acercarse a él, pero manteniendo una distancia prudencial.- Solo será un momento, pero esperaré a que acabe.
Consideró que los asuntos que estaba tratando con los oficiales tampoco eran tan importantes y les ordenó que se marcharan, para centrar su atención en su protegida.
- ¿Y bien?- Preguntó después de ponerse frente a ella.- ¿Qué deseas comentarme?
- Verá, señor Sesshomaru, quisiera pedirle permiso para poder cuidar a Ah-un junto con Renji. Ya he hablado con él, y nos hemos puesto de acuerdo para turnarnos, así que solo espero su aprobación
La proposición de su protegida no le desagradó del todo, así que no tuvo inconveniente en dárselo.
- ¿Algo más?
- Si. No tiene por qué regañar a Naoko por algo de lo que no tiene la culpa.- Contestó intentado medir sus palabras, pero aun así no pudo evitar cierto apasionamiento a la hora de exponer su argumento.- Si tiene algún problema conmigo dígamelo a mí, no utilice a terceros que paguen injustamente las consecuencias.
Bien, ahora veía a la Rin con carácter que recordaba cuando era niña, un recuerdo familiar que le complació. Sonrió de medio lado al comprobar que todo había salido tal y como esperaba, cosa que hizo que Rin se asustara un poco al confundir el mensaje de sus gestos y retrocediera un par de pasos.
- El hecho de que hoy lleves un kimono nuevo me confirma que hice lo correcto. - Respondió impávido.
- ¿Cómo dice?- Preguntó completamente sorprendida.
- Solo me aseguré de que te llegara la orden.- Indicó con la mayor indiferencia del mundo.- Si te lo hubiera dicho directamente, tal vez no me hubieras obedecido. Sin embargo, al decírselo a Naoko, me garantizaba que cumplirías mi orden solo para evitarle problemas a esa mujer. Cosa en la que no me he equivocado.
Se cruzó por su lado y siguió caminando como si no hubiera pasado nada, dejando a una Rin atónita, la cual no movía un solo músculo mientras meditaba lo que le acababa de decir. Sin embargo, su olfato pudo percibir como la furia entraba en su ser a pasos agigantados, hasta el punto de que casi podía imaginar metafóricamente como el humo salía de sus orejas. El hecho de que tuviera un mínimo de autocontrol era porque estaba en un sitio público y supuso que no querría montar una escena, pero inmediatamente oyó como giró vigorosamente y se dirigió a paso decidido al edificio principal, se figuró a sus aposentos. Allí en la intimidad de su habitación podría desfogarse a gusto, incluso no sería nada descabellado pensar que se estuviera acordando de todos sus antepasados de forma no muy respetuosa que digamos. Sonrió nuevamente de medio lado y continuó su camino para seguir con sus asuntos.
Una vez que acabó, se dirigió a los establos para ver el estado de Ah-un, y vio en el patio trasero a lo lejos como tres personas estaban entrenando con espadas. A dos los reconoció en seguida nada más verlos, eran los hijos del comandante Yoshida, pero en cuanto un olor familiar entró en sus fosas nasales y reconoció a su protegida como la tercera persona situada allí, no pudo evitar picarle la curiosidad en averiguar que estaban haciendo más específicamente, así que cambió de opinión con respecto a su destino. Apoyó su espalda contra la pared, cruzó sus brazos y se quedó observando a ver qué hacían, a una distancia lo suficientemente prudencial para que los cachorros no le detectaran con su olfato.
Al principio pensó que eran los muchachos los que estaban enseñando a Rin, ya que le constaba que estaban aprendiendo para poder entrar en un futuro en su ejército, pero al fijarse con más detalle, descubrió con sorpresa que era Rin quien les estaba enseñando ciertos movimientos de espada, y por lo que estaba viendo, su técnica tenía el sello inconfundible de su medio hermano Inuyasha. La verdad es que aquello no le dejó indiferente, la chica manejaba la espada mejor de lo que había pensado, aunque era evidente que le faltaba bastante experiencia y algo de rapidez en el manejo, pero tenía buen fondo.
En cuanto acabaron, empezaron a recoger sus cosas y uno de los chicos comentó la ausencia de Jaken, lo cual hizo que Rin se sorprendiera bastante. Por lo visto nadie se había tomado la molestia de contarle el estado de salud de su criado, y eso la había tomado por sorpresa. Decidió entonces que era momento de intervenir, y a medida que iba avanzando, los cachorros se percataron de su presencia y se quedaron inmóviles de miedo, algo a lo que ya estaba acostumbrado. Sin embargo, Rin, al estar a espaldas a él, ni siquiera se dio cuenta de su venida, pero cuando lo hizo al girarse y encontrarle frente a ella, pudo notar como pegó un pequeño brinco de susto. Los cachorros apenas tuvieron tiempo de saludarle y salir corriendo como si hubieran visto a su peor enemigo.
- ¿Cuánto tiempo lleva usted ahí?- Se atrevió a preguntarle después de recuperarse un poco de la sorpresa.
- El suficiente.- Respondió con un tono neutro.- ¿Ya se te ha pasado el enfado?
Inmediatamente su olfato volvió a percibir que el enfado volvía a apoderarse de ella, aunque se auto controló en seguida. En realidad no era su intención hacerla enfadar a propósito, solo era una pregunta como cualquier otra, pero a veces los humanos son demasiado impredecibles debido a sus inestables sentimientos, eso les hacía demasiado susceptibles a según qué comentarios. Ese era uno de los motivos de por qué los consideraba unos seres débiles y patéticos, se dejaban llevar demasiado por sus sentimientos y poco por la razón.
- Por cierto, tienes muy buena técnica, reconozco que estoy sorprendido.- Indicó para quitar hierro al asunto y ayudar así a su protegida a relajarse, ya que la notaba muy tensa.- Se nota que te han enseñado bien.
- Gracias, señor Sesshomaru.- Respondió tímidamente con una mueca de incomodidad, como si intuyera que aquel comentario fuera una trampa, el cual no tenía esa intención. De pronto hizo un gesto como si se acordara de algo. - Disculpe, me acabo de enterar de la enfermedad del señor Jaken, y me gustaría ir a verle. ¿Me concede el permiso para visitarle mañana?
No tenía ningún inconveniente en que viera a Jaken, de hecho esa visita le venía en el momento preciso, así que su protegida sin proponérselo iba a hacerle un pequeño favor. Hacía tiempo que sospechaba que Jaken estaba alargando demasiado su periodo de convalecencia, ya que le habían informado que su criado había mejorado ostensiblemente su estado de salud, hasta el punto de que hacía vida normal. El hecho de que Rin fuera a visitarle sería un recordatorio del lugar que le correspondía realmente, y de paso le transmitiría el mensaje de regreso a sus obligaciones.
Le concedió el permiso, lo cual hizo que su protegida se alegrara vista la sonrisa con el que le obsequió. Le saludó y se dispuso a irse, cuando vio que nuevamente hizo un gesto como si se acordara de algo.
- Otra cosa, señor Sesshomaru. ¿Le importaría que entrenara regularmente con Dachi y Jiro?
No le hacía ninguna gracia que Rin entrenara con armas, es más, para él el hecho de que se hubiera formado como cazadora de demonios era como una anécdota de mal gusto la cual quisiera olvidar, pero luego se percató que su protegida no era la clase de persona que aceptaría un "no" como respuesta y se resignaría obedientemente a esa orden. Seguramente si se negaba a ello lo haría a sus espaldas con todo lo que eso conllevaba, así que lo reconsideró nuevamente, a fin de cuentas solo era entrenar, y eso la ayudaría a mantenerse ocupada. Después de aceptar su proposición, se giró y mientras se alejaba le indicó lo siguiente.
- Rin, mañana llévate a Ah-un contigo, él sabe el camino. Y si ves a Jaken recuperado, le dices que lo quiero inmediatamente de vuelta al castillo, le doy como plazo dos días para que regrese.
- Si señor.- Respondió la joven muy segura de sí misma, para después oír cómo se iba de allí con paso decidido.
Al día siguiente le informaron de que su protegida había salido muy temprano con Ah-un, aunque eso ya lo sabía, ya que pudo verla partiendo del castillo montada en su mascota. El día transcurrió tranquilo, sin incidentes importantes. De hecho, le informaron de una noticia que le satisfizo mucho.
- Señor, tenemos una información que creemos importante.- Informó un oficial en cuanto le encontró.
- Habla.
- Nuestros merodeadores nos han informado de que un sirviente de Jaaku está merodeando a diez Ri* de aquí, en dirección sudeste. Aun falta confirmar la información, pero creemos que es Ryochu.
Esa información hizo que sonriera levemente de satisfacción. Seguramente ese sirviente había logrado escapar del yugo del Wairudomonsutā y ahora andaba por ahí completamente desorientado. Hasta ahora buscar a Jaaku había sido un completo rompecabezas, ya que esa bestia era más lista de lo que pensaba y sabía cómo no dejar ningún rastro para que le siguieran. Jaaku no solía soltar a sus sirvientes muy a menudo al exterior y una oportunidad así no aparecía todos los días, El hecho de que Ryochu hubiera aparecido en escena era una valiosa pista que no pensaba desaprovechar bajo ningún concepto
"Por fin te tengo…"
También había que suponer que pudiera ser una trampa, un señuelo para así atraparle, por lo que decidió tomárselo con calma. Esperaría unos dos días, justo el tiempo que le ha dado a Jaken para que regresara al castillo e iría a por él personalmente. Si había suerte, podría sacarle suficiente información de primera mano para localizar el escondite de Jaaku antes de que a este le diera tiempo a reaccionar y acabar con él de una vez por todas.
Ordenó al oficial que mandara a los espías más discretos y sigilosos que hubiera en su ejército para tener controlado a ese demonio. Quería conocer todos sus movimientos para corroborar si realmente se había escapado o si lo había soltado Jaaku aposta como un señuelo. Si todo iba como había previsto, en unos días tendría la respuesta.
Empezaba a anochecer y Rin junto con Ah-un seguían sin regresar. Era poco probable que Jaaku les hubiera atacado, que él supiera esa bestia no podía volar, y tampoco tenía constancia de que alguno de sus sirvientes pudiera hacerlo. Pero si era posible que los hubiera atacado algún otro demonio o hubieran tenido algún percance. No estaba ni de lejos nervioso por el estado de su protegida y de su mascota, pero tuvo que reconocerse a sí mismo que estaba levemente intranquilo por la incertidumbre de la tardanza, y estuvo pensando en enviar a alguien para que los fuera a recoger, incluso estuvo barajando ir en persona. Pero de pronto olió en el aire a Ah-un dirigiéndose al castillo y cambió inmediatamente de opinión. Al cabo de un rato lo vio sobrevolar el castillo a toda velocidad, con su protegida montada a su lomo, para ir directos a los establos. Por cómo fueron de rápidos, intuyó que les había pasado algo, así que fue en dirección a estos para que Rin pudiera explicarle el motivo de su tardanza, y de paso, que le contara como había visto a Jaken. Al dirigirse a los establos los vio entrar desde lejos, y a través de la puerta de entrada de los establos vio como Rin preparaba a Ah-un con gesto rápido y apurado. Una vez hubo acabado, su protegida volteó rápidamente y prácticamente se topó con él en el arco de la puerta.
- ¡Ah!, disculpe.- Dijo después de dar un respingo de sorpresa.- No le esperaba aquí.
- Habéis tardado mucho.- Indicó, esperando que explicara el motivo de su tardanza.
- Si, es verdad.- Afirmó inocentemente.- Es que Ah- un se perdió en el camino de ida y por eso hemos tardado más de la cuenta.
En realidad aquello resultó ser un incidente sin importancia, así que lo eliminó inmediatamente de sus pensamientos, se giró y siguió caminando como si nada mientras esperaba que Rin le siguiera, cosa que hizo poniéndose a su lado. Aguardaba que ella misma le informara del estado de Jaken y que le confirmara si la información que tenía sobre él era cierta o no, pero al ver que permanecía callada, decidió entonces tomar la iniciativa.
- ¿Y bien? ¿Jaken se ha muerto por fin?
Al principio esa pregunta la cogió por sorpresa, pero por alguna razón que él desconocía la muchacha empezó a reír, cosa que le extrañó. Fuera lo que le hubiera dicho, a su protegida le había divertido mucho aquella pregunta y estuvo tentado a pedirle una explicación sobre qué era lo que le había hecho tanta gracia, pero el sonido de su risa lo dejó por unos segundos hipnotizado. Esta era cristalina, alegre y cálida, sin atisbo de ninguna maldad, como si aquella risa fuera la representación sonora de su propia esencia.
- No, aun, no. Pero según él, ha estado increíblemente enfermo y a punto de morir.
Hizo un levísimo gesto de exasperación al escuchar aquello. Jaken siempre había sido un quejica para todo lo que le molestaba, un exagerado con respecto a sus propias limitaciones e incluso un cobarde para según qué cosas, pero ahora había que añadir a su lista de defectos su enorme teatralidad con respecto a sus mentiras y su intento de evadir sus responsabilidades. Se apuntó mentalmente el ponerle debidamente en su sitio en cuanto llegara por haberse atrevido siquiera a intentar engañarle de una forma tan burda.
- ¿Le has comunicado mi mensaje? - Volvió a preguntar.
- Si señor.- Respondió la joven decidida, confirmándole la información que le habían dado con respecto a su criado. - El señor Jaken ya está perfectamente recuperado, y me ha confirmado que en dos días lo tendrá disponible en el castillo. También me ha pedido que le enviemos a Ah-un para que lo recoja.
- Bien.- Dijo pensativo, después paró de caminar. - Puedes retirarte.
- Sí, señor Sesshomaru.- Saludó la chica para después girarse y seguir su camino.
Perfecto, todo estaba saliendo según lo planeado. Ahora solo tenían que confirmarle que, efectivamente, Ryochu no era un señuelo y que verdaderamente se había escapado del yugo de Jaaku. En cuanto Jaken estuviera presente y le confirmaran ese dato partiría inmediatamente a buscarle y sacarle a como fuera lugar la situación exacta del escondite de Jaaku. Si todo iba bien, los días de esa bestia por fin estaban contados.
Al cabo de dos días, tal y como había prometido, se presentó Jaken junto con Ah-un en el castillo, aterrizando en el patio trasero. Su viejo criado había captado el mensaje y había decidido volver voluntariamente tal y como había confirmado. Cuando le vio llegar, pudo comprobar que el ocioso tiempo que se había permitido alargar innecesariamente no le había sentado bien psicológicamente, ya que venía de muy mal humor. Lo primero que hizo, nada más aterrizar Ah-un y bajarse de su lomo, fue ponerse hecho un basilisco y reprender sin motivo a los dos hijos del comandante Yoshida por un par de bromas sin importancia que le hicieron hacía bastante tiempo, pero por lo visto Jaken las recordaba como si se las hubieran hecho ayer mismo. El hecho de que les reprendiera no le interesaba lo más mínimo, pero si le desagradó que se pusiera así estando Rin enfrente, ya que estaba casualmente con los cachorros entrenando. Sobretodo porque, en vez de serenarse, se estaba alterando hasta el punto de que su criado parecía que estuviera dándole un ataque, así que decidió intervenir para cortar por lo sano todo aquel bochornoso espectáculo que estaba generando.
- ¡Señor Sesshomaru! - Exclamó Jaken contento en cuanto le vio. No dudaba de su alegría al verle, pero no hacía falta ser muy intuitivo para fijarse que, internamente, estaba añorando su ociosidad innecesaria y recientemente finalizada. Lo conocía demasiado bien para no percatarse de ello.
Vio de reojo como Rin aprovechó aquella interrupción para susurrarles discretamente a los cachorros que se llevaran a Ah-un a los establos, para después hablar seriamente con ellos al respecto de lo que le habían hecho a Jaken. Su rostro mostraba una mueca de circunstancias, pero podía intuir perfectamente que estaba levemente sorprendida e incómoda por la situación. Los cachorros agarraron a Ah-un rápidamente y se fueron lo más discretamente que pudieron.
- Señor Sesshomaru, ya he vuelto al castillo.- Informó Jaken sonriente mientras se acercaba hacia donde estaba situado.- ¿Me necesitaba para algo?
- Mañana partimos del castillo al alba, prepara a Ah-un y todo lo que necesitemos para el viaje
- ¡Ah!- Observó cómo Jaken se quedó perplejo.- Señor, eso es que vamos a perseguir a….
Asintió levemente para responder a su duda, y de paso para que Jaken dejara de hablar más de la cuenta, otro de los muchos defectos que tenía. Se había fijado que había criados en el patio que podían escuchar perfectamente la conversación, y era consciente que solo nombrar a Jaaku haría cundir el pánico entre la servidumbre, afectando negativamente al funcionamiento normal del castillo. No le gustaban nada los chismorreos del personal, siempre solían ser falsos y exagerados por la imaginación desbordante algunos miembros de este, y menos de algo tan serio, por lo que cortarlo de raíz era la mejor solución. Jaken, entendiendo entonces por qué lo había interrumpido, se despidió, dio media vuelta y salió del patio a preparar todo lo necesario para el día siguiente.
Rin y él se quedaron solos, observando que la chica se estaba girando muy discretamente para salir de ahí, suponiendo falsamente que molestaba. De todos modos, tenía que informarle de su lugar en este viaje, y aquel era el momento propicio.
- Rin
- ¿Ah?- Rin se paró en seco, ya que no esperaba que hablara con ella.
- Tú vendrás con nosotros.
- Eh… s-sí, señor Sesshomaru.- Respondió levemente sorprendida después de girar ligeramente la cabeza, para después irse definitivamente.
¿Por qué decidió llevársela? En parte por su protección y porque se aseguraba de tenerla vigilada de cerca, pero principalmente porque estaba intrigado sobre las nuevas "habilidades" de su protegida. Ella misma le había explicado que se había entrenado duro para poder estar a su altura. Bien, pues ahora era el momento propicio para que le demostrara todo lo que había aprendido en todos aquellos años. Este viaje no era excesivamente peligroso, al menos la parte que correspondía buscar a Ryochu, y comprobaría de primera mano que era lo que le habían enseñado ese inútil que tenía de medio hermano junto con sus estúpidos amigos humanos. Dependiendo de lo que viera iría a matarle directamente o se esperaría un tiempo para discernir lo que iba a ver, puede que incluso, si le gustaba lo que veía, le perdonara la vida a ese idiota de Inuyasha.
Al día siguiente, al alba, partieron del castillo en dirección sudeste, rumbo a atrapar a ese Ryochu. Recordó que, al empezar aquel viaje, estaba levemente intranquilo e intrigado, ya que el día anterior le confirmaron que la escapada de Ryochu era autentica, pero de madrugada el oficial le informó que los espías habían desaparecido, ya que no tenían noticias ni de su ubicación ni de su estado. Aquello le daba un mal presentimiento, era posible que Ryochu hubiera localizado y asesinado a sus espías para evitar que le delataran. Si esa suposición era cierta, podía ser factible que supiera que lo estaba buscando e intentara huir lo más lejos posible de la zona, si no lo había hecho ya. Eso le generaba un problema, y era que tendrían que alargar este viaje más de lo esperado hasta encontrarlo, pero en el fondo tampoco le preocupaba tanto. Confiaba en su olfato y tenía la certeza absoluta de que lo encontraría tarde o temprano.
Cuando llegaron a la zona donde estaban ubicados sus espías, comprobó que lo que le indicó el oficial era cierto, y que estos habían desaparecido. Durante unos días los estuvo buscando para que le informaran de lo que había pasado, y al final los encontró, pero muertos. De hecho, la forma en la que estaban destripados los cadáveres que encontró no le gustó nada, aquella era la firma de alguien a quien conocía bastante bien. Por suerte, Rin, Jaken y Ah-un estaban acampados en otra parte y no vieron aquella carnicería.
"Es evidente que no soy el único que está buscando a Ryochu."
Lo que suponía un viaje casi rutinario se estaba empezando a complicar con ese descubrimiento, por lo tanto debía ir con mucho cuidado, ya que podría llevarse alguna desagradable sorpresa que hiciera que algo se escapara de su control. Jaaku no era tan tonto y seguramente había identificado a sus soldados, poniéndole en conocimiento su propósito. Por suerte, de entre todos aquellos restos pudo ver un trozo de tela el cual hacía un olor muy particular, supuso que era la pista que utilizaban sus soldados para seguir a Ryochu. Memorizó aquel olor, se giró y siguió su camino, teniendo la certeza que aquel demonio estaba destinado a caer en sus redes tarde o temprano.
Al día siguiente caminaban por un frondoso bosque, donde había localizado levemente el olor de Ryochu, pero había sido algo fugaz. Aun así no cejaba en su empeño, ya que estaba seguro que no debía andar muy lejos. De pronto, escuchó por encima como Rin y Jaken hablaban.
- Señor Jaken. ¿El señor Sesshomaru ha encontrado el rastro de Jaaku?
- Eh…, no, no es Jaaku. Ese ser controla su olor, no es la forma de encontrarlo.
Por lo visto, Jaken le había puesto al corriente sobre el motivo de este viaje sin su permiso, pero decidió obviar esa metedura de pata por parte de su criado, no era el momento de llamarle la atención. Tenía que estar concentrado en localizar nuevamente el olor de Ryochu, aunque no obvió del todo la conversación que seguían teniendo.
- En realidad está buscando a Ryochu, un sirviente de Jaaku.- Siguió hablando Jaken.- Supongo que, si lo apresamos, nos dirá donde está su escondite y podamos matar a esa mala bestia de una buena vez.
Nada, no había manera de interceptar nuevamente su olor, señal de que se había retirado definitivamente. No pudo evitar sentirse ligeramente frustrado, ya que nuevamente ralentizarían el objetivo de este viaje y no le convenía hacerlo sabiendo que Jaaku estaba buscando a su criado y era posible que los estuviera espiando también.
- Maldita sea. –Musitó.
- Señor Sesshomaru…¿Qué sucede?- Preguntó preocupado Jaken
- Le he perdido el rastro.- Respondió con un tono neutro, aunque por dentro estaba molesto por la situación.
Dio la vuelta y se cruzó con ellos, dispuesto a encontrar a ese estúpido a como diera lugar.
- Vámonos.- Indicó para que le siguieran.
Detrás de él los pesados pasos de Ah-un giraron para seguir su camino. De pronto, escuchó como Rin le pedía a Jaken que esperara un momento mientras saltaba del lomo de Ah-un y corría hacia el lugar donde había estado olfateando.
- ¡RIN, VUELVE AQUÍ!¡MALDITA MOCOSA…!- Oyó bramar a Jaken mientras me alejaba de ellos.
Se giró para observar lo que hacía la chica, esta paró al llegar al lugar y se puso a investigar con la mirada, al estilo humano. Estuvo un rato así, avanzó un par de metros y se arrodilló para observar mejor, hasta que le preguntó algo a Jaken que le llamó la atención.
- Señor Jaken. ¿Ryochu es un demonio grande, de pelo rojo y con alguna prenda de color marrón?
- Si. ¿Por qué lo preguntas? - Cuestionó Jaken como si estuviera molesto mientras se acercaba a ella, llevando a Ah-un por las bridas La pregunta le llamó la atención porque Rin jamás había visto a Ryochu, pero le había descrito sin equivocarse, y eso solo significaba una cosa. Decidió acercarse también para ver lo que había encontrado con más detalle.
- Porque no hay duda, ha huido por aquí.- Respondió la joven mientras miraba a un punto indefinido.
- ¿Estás segura?
En cuanto escuchó su voz, giró su cabeza con una mueca de sorprendida, como si no esperara su presencia tan cerca de ella.
- Completamente, señor.- Contestó confiada mientras se ponía de pie y afirmaba con la cabeza.
Observó el punto que había estado mirando Rin y entonces se percató de lo que había visto. Se había centrado tanto en la localización de su olor que no se había fijado en que ese demonio había dejado unas pistas físicas bastante evidentes.
- Pues vamos.- Les informó, empezando a levitar para ir más rápido. Debían darse prisa para poder localizar su olor y atraparlo antes de que fuera demasiado tarde.
Vio de soslayo que Rin subió ágilmente al lomo de Ah-un y se encargó rápidamente de Jaken agarrándolo de la solapa. En cuanto Ah-un empezó a levitar, salieron volando lo más rápidamente posible en aquella dirección para atrapar a Ryochu. Al cabo de un rato, el olor de Ryochu le inundó las fosas nasales, y pensó en alto que ya lo tenía atrapado, pero luego percibió a través del olor que este era demasiado fuerte y tuvo un mal presentimiento, aquello no le gustaba, pero decidió continuar para ver si su suposición era o no cierta. Cuando aterrizaron, el presentimiento que tuvo se confirmó, a Ryochu lo habían matado, y no había duda de quién había sido.
- Qué horror…- Murmuró Jaken lívido, para después ponerse a temblar.- No hay duda, esto es cosa de Jaaku, ni siquiera respeta a sus aliados.
- Aquí no hay nada que hacer.- Sentenció mientras se giraba y seguía su camino. - Prosigamos.
Debía pensar detenidamente el plan a seguir. Ahora sin Ryochu volvía a estar como antes, con la diferencia de que Jaaku era consciente de que le estaba buscando nuevamente. Conociéndolo como lo conocía, seguramente se quedaría agazapado esperando que dejara su búsqueda para salir nuevamente de su escondite y hacer de las suyas, aunque igualmente era arriesgarse demasiado presuponer eso. De pronto, oyó como Jaken hizo una pregunta para sí mismo.
- ¿Pero por que tuvo que matarle?, si era su sirviente, no tiene sentido.
- Lo mató para que no le delatara.- Pensó en alto, aunque sospechaba también que estuviera diciéndole que sabía que lo estaba persiguiendo. Esa forma tan salvaje que tenía de intimidar era algo patético, solo a una bestia salvaje se le ocurriría hacer algo así.
- Yo estoy de acuerdo con el señor Sesshomaru.- Comentó Rin al cabo de un rato.- Es más, creo que utilizó a su sirviente como señuelo para evitar que lo capturáramos.
- ¿Qué quieres decir Rin?- Preguntó Jaken intrigado.
- No sé si se ha fijado, pero tenía la sangre escampada por todas partes, y el abdomen abierto, sin embargo, no ha devorado sus restos. Quería que el olor de Ryochu se escampara pronto para captar la atención del señor Sesshomaru y alejarle de su camino de salida.- Dijo pensativamente.- Realmente es un demonio muy inteligente.
Lo que decía su protegida no era nada descabellado, de hecho es lo primero que pensó al notar que su olor era demasiado fuerte y se confirmó al ver el cadáver de Ryochu, aunque al contrario que su protegida, dudaba seriamente de su inteligencia. Jaaku era listo y astuto, pero desde luego no era inteligente. Si lo fuera jamás se habría atrevido a desafiarle como lo había hecho desde un principio, eso hasta un cachorro de Oni lo sabía, pero no se podía pedir mucho más de esa bestia psicópata que solo se guiaba por su instinto.
La noche siguiente estuvo pensando que hacer y decidió que debía abortar este viaje y volver al castillo. Tenía la sensación de que algo, o mejor dicho, alguien les observaba, no había que ser muy listo para darse cuenta de quién era. Jaken empezó a gimotear que sentía que alguien les estaba observando, Ah-un estaba intranquilo y Rin estaba sorprendentemente silenciosa; eso era mala señal, estaban expuestos y era una situación demasiado peligrosa para afrontarla a la intemperie. Por supuesto que no le daba ningún miedo esa bestia salvaje, pero dudaba bastante que no pillara desprevenido a alguno de sus acompañantes y ya tenía un aviso por el ataque que realizó a Jaken, así que era mejor ser prudentes y volver al castillo para meditar bien el plan a seguir.
Pero en el viaje de regreso, justo cuando estaban a punto de llegar al castillo, ocurrió algo que jamás pensó que pasaría. Fue un acto fugaz, pero le pilló tan desprevenido y le trastocó tanto que luego cometió una serie de errores que hicieron desencadenar unos acontecimientos que no pudo controlar. Se acordó perfectamente, era de noche, una noche especialmente helada. Por descontado a él no le suponía ningún problema, no le afectaba tanto el frio como a otras razas, pero durante ese trayecto resolvió que no debería alejarse demasiado del campamento base por si a Jaaku se le ocurría hacer algo de las suyas, así que volvió más temprano. Cuando llegó, se encontró a su protegida acurrucada a los pies de un árbol, frente a una hoguera para darse algo de calor mientras intentaba dormir, pero tiritaba tanto que se podía ver a simple vista. Se acordó que su protegida portaba una manta para abrigarse en la noche, pero en ese momento no la tenía puesta, lo cual supuso que se la había dado a Jaken para que realizara la inspección. Pensó en darle un buen capón en cuanto le viera, Jaken sabía perfectamente que los humanos eran sensibles a las bajas temperaturas y por su culpa corría el riesgo de que Rin se hubiera congelado en el transcurso de la noche. Para evitar eso, se sacó su estola y se la lanzó para que pudiera abrigarse. Cuando la estola aterrizó en su cuerpo, al contacto Rin abrió los ojos y se incorporó.
- S- s- señor Sesshomaru…- Balbuceó ligeramente sorprendida.- ¿Por qué me deja su estola?
- Tápate. Estas temblando.- Ordenó con indiferencia.
Rin obedeció y se acurrucó en esta, observando que hizo un gesto de alivio, aunque fue casi imperceptible. Al cabo de un rato dejó de temblar y empezó a relajarse, mientras se recuperaba se sentó a su lado, apoyando su espalda en el tronco del árbol donde estaba Rin. Miró la fogata, pensativo, concentrándose en que era lo que tenía que hacer. Lo primero que pensó era en dejar a Rin y a Ah-un en el castillo, allí tendría la certeza de que estarían seguros y a salvo. La duda sin embargo la tenía con Jaken, por una parte era su criado personal, tenía que estar a su lado para servirle incluso en el campo de batalla y en otras circunstancias no hubiera dudado de su puesto. Pero en este caso no sabía si sería lo adecuado, Jaken acababa de recuperarse de un ataque casi mortal de Jaaku y se estaba percatando de que psicológicamente aún no estaba preparado para afrontar una batalla con esa bestia. Dudaba hasta cierto punto si sería capaz de afrontar una búsqueda de Jaaku sin ponerse a llorar como un cachorro pequeño por el trauma y eso a él le complicaría las cosas en vez de ayudarle.
Estaba tan concentrado en sus pensamientos que no advirtió de que Rin se había incorporado y se estaba inclinando sobre él para colocarle una parte de la estola en sus piernas, para poder compartirla. En cuanto notó el contacto salió de su ensimismamiento, sorprendido.
- Pero, qué….
- No se preocupe, señor Sesshomaru.- Respondió la joven mientras se inclinaba hacia él con toda la inocencia del mundo y le colocaba bien su parte de la estola. – Es que no quiero que pase…
Antes de que pudiera incluso reaccionar sintió nuevamente como su olor inundaba sus fosas nasales, dejándolo completamente paralizado, sin poder dejar de mirarla. Entonces Rin giró la cabeza para mirarle a los ojos y seguir hablándole, pero en cuanto lo hizo algo pasó. Perdió la noción del tiempo, percibiendo como se hundía en su mirada irremediablemente, en aquellos ojos tan negros y profundos, pero al mismo tiempo tan limpios y llenos de calidez. Sin aun explicarse como, sintió que tenía unos enormes deseos de besarla, pero por suerte, Jaken apareció de pronto, gritando su nombre como si nada. Por una parte eso hizo que recuperara la compostura, aunque inmediatamente pensó que debía darle un buen puñetazo por su falta de cuidado, ya que con esos gritos podría atraer a Jaaku u otros demonios.
Se levantó y partió a paso decidido para alejarse de ahí, cuando escuchó como Rin le preguntaba inocentemente si quería su estola.
- Quédatela por esta noche.- Respondió sin girarse mientras caminaba.
Necesitaba alejarse de ahí, pensar, analizar lo que había pasado, aunque era evidente quien tenía la culpa. Estaba furioso consigo mismo, había sido débil y lo sabía, aun con todas las señales que le indicaban que no era recomendable haber traído a Rin nuevamente a su vida no les había hecho caso y estas eran las consecuencias. Había subestimado su olor, su belleza a pesar de ser humana y su personalidad, minimizado esos sentimientos humanos que le provocaba, pero sobretodo había menospreciado su instinto de macho en pos de su razón y había caído en la trama, demostrándose nuevamente que era más débil de lo que pensaba. Había infravalorado el hecho de que su protegida hubiera crecido y que se hubiera comvertido en una hembra de su especie ya madura para procrear. Pensó que, al ser humana y ser su protegida, esas circunstancias serían suficientes para que todo siguiera igual, pensando estúpidamente que nada había cambiado, pero estaba completamente equivocado. Tenerla a su lado resultaba una opción muy peligrosa y ahora se encontraba con un problema que él mismo se había buscado y que no era el momento de solucionar por las circunstancias en las que estaba.
Necesitaba una acción inmediata y en seguida supo lo que hacer. Lo primero era llegar al castillo, encerrarla allí y alejarse lo más posible de ella, así estaría a salvo y protegida. Mataría a Jaaku y en cuanto lo hiciera llevaría nuevamente a Rin al pueblo de cazadores de demonios para dejarla y no volver a saber más de ella. Estaba claro que volver a buscarla había sido un error garrafal y tenía que cortar esto de raíz. Cuanto antes la alejara de su lado mejor para los dos, y sobretodo mejor para él.
Se pasó el resto de la noche recordándose lo idiota que había sido, en cómo había cometido tamaña estupidez. Seguramente su padre le habría dicho que su juventud le habría llevado a semejante error, él siempre decía que la experiencia era un grado, aunque en ese momento lo ponía en duda. El problema principal era que no sabía tratar con humanos, esos seres sentimentaloides y débiles, los cuales debido a su falta de razón les hacía bastante imprevisibles. Rin, aun siendo bastante diferente a sus congéneres, tenía ese defecto, el ser humana, y eso hacía que muchas veces no supiera anticipar ciertas cosas con respecto a su comportamiento. Ya de niña era así, aunque tampoco era algo que le importara mucho, ya que era Jaken el encargado de cuidarla y él tenía bastantes problemas como para fijarse en esas cosas. Como mucho esos altibajos de pensamiento en su protegida le generaban algo de curiosidad, aunque tampoco mucha. Ahora se daba cuenta de que tratar con humanos era mucho más difícil de lo que había pensado, y si no solucionaba esto tenía un problema que le estallaría en sus garras tarde o temprano.
Al alba los fue a buscar y observó que Rin estaba ojerosa, señal de que no había dormido en toda la noche. Si por un momento pensó que a Rin no le había afectado lo que pasó la noche anterior es que era un crédulo, reafirmándose nuevamente en lo que tenía que hacer. En aquel momento pensó que aquella era la mejor solución, un parche temporal para ganar tiempo hasta que solucionara lo de Jaaku, pero tal y como sucedieron los acontecimientos, nuevamente no contó con la humanidad de su protegida, haciendo que todo su plan estallara por los aires.
* RI: Unidad japonesa de longitud, equivalente a 3927,273 metros.
Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi, excepto los inventados por mí.
Bueno, segundo capítulo de los anexos acabado. Creo que me ha quedado bastante bien, aunque como comenté antes en el primer capítulo, se hace francamente difícil. Solapar esta historia con la original tiene su miga, y si detectáis algún error, mis más sinceras disculpas de antemano. Me gusta ser perfeccionista pero, como Rin, también soy humana y tengo mis "errorcillos" como todo el mundo.
Gracias nuevamente a Dulce Locurilla por su Review, y a las chicas que habéis escogido esta historia como favorita, las alertas, muchas gracias, de verdad.
Y bueno, ya me diréis que os parece este capítulo, si creéis que se ajusta al carácter de Sesshomaru o si veis que se va al OoC. Mi idea es explicar las cosas desde un punto de un ser que ve las características y emociones humanas como algo extraño y desagradable. Intento ver las cosas desde el punto de vista de un demonio que no entiende la idiosincrasia humana, amen de hacerlo también un ser poderoso, orgulloso, inteligente y calculador. Aunque luego veamos que con Rin, todos los cálculos y planes no salgan como a él le hubiera gustado, de ahí que haya momentos que le frustre tenerla a su lado. Ella es alguien que escapa a su control y eso le pone nervioso, aunque no sé si ha quedado bien explicado.
Bueno Guapas/os. Hoy traigo galletas de chocolate y pastelitos de crema para que la lectura se os haga más amena. Y como siempre, espero que os haya gustado el capítulo.
