Aclaración:

1-Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestado para poder adaptar esta historia.

2-La historia es una adaptación a SasuSaku, ya que la original esta escrita por Melanie Milburne y se titula "El dolor de la traición".

3-La narración esta de parte de Sakura tanto como de Sasuke, al igual que los pensamientos.

CATEGORÍA: "T".

AU- LENGUAJE UN POQUITO BULGAR…

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Capítulo 2:

—Te lo advierto, Sakura, si no aceptas el contrato de Uchiha me largo de aquí —amenazó Ino a primera hora del martes—. Esto es lo que he estado esperando desde que me gradué. Es lo que ambas hemos estado esperando. No me puedes hacer esto… maldita sea, no nos lo puedes hacer a ninguna de las dos.

Sakura se mordió el labio y volvió a mirar el reloj. Disponía de menos de veinte minutos para llegar a la ciudad y darle la respuesta final a Sasuke. En las últimas cuarenta y ocho horas apenas había dormido, obsesionada con lo que debía hacer. Verlo otra vez había revivido todo, el corazón roto y la aplastante desesperación de su incredulidad y rechazo.

—Sé que te preocupan algunas de las cláusulas del contrato —dijo Ino—. Pero ya hemos manejado contratos complicados antes y salido airosas. Es una oferta demasiado buena para dejarla pasar. Además, ya sabes lo cerrada que es esta industria. Como se corra la noticia de que hemos rechazado un proyecto tan grande como éste por motivos personales, ¿cómo podremos mantener la cabeza alta en el terreno profesional?

—Lo sé, pero… —se mordió el labio.

—No lo estropees, Sakura —cortó Ino—. Si cuando vuelvas luego al estudio no has firmado el contrato, quiero que compres mi parte del negocio.

—Sabes que no tengo fondos para hacerlo. Me arruinará. No dispongo de ahorros y conseguir un crédito personal sería imposible ahora.

—Me has mentido durante casi cuatro años, Sakura —comentó Ino con amargura—. Me contaste que el padre de Sora había muerto en un accidente de coche en Italia. ¿Sabes cómo me hace sentir eso? Totalmente traicionada. Creía que era tu mejor amiga.

Encontró la mirada herida de Ino.

—Sé que debería habértelo contado, pero me sentía tan alterada y confusa al volver a casa, que me pareció más fácil decirle a todo el mundo que el padre de Sora había fallecido en un accidente. No podía soportar el interrogatorio de mamá y Karin. Me habrían vuelto loca. Quise contártelo tantas veces, en especial después de lo que habías hecho por mí, pero también tuve que pensar en Sora. ¿Cómo va a sentirse en el futuro al enterarse de que su padre no quiso saber nada de él?

—Entiendo todo eso, pero ¿qué tiene de difícil aceptar un proyecto de varios cientos de miles de dólares, o más? —replicó Ino—. Entra en el mundo real, Sakura. ¿Y qué si no cree que Sora es su hijo? Él se lo pierde. Ésta es una transacción de negocios. Deja a un lado tus asuntos personales y trabaja.

—No es tan simple…

Ino la miró fijamente.

—No estarás todavía enamorada de ese hombre, ¿verdad?

—No, claro que no —bufó, ofendida—. Es que es… es…

—Muy atractivo —ofreció su amiga—. Y multimillonario.

La miró indignada.

—Sabes que no soy esa clase de persona, Ino.

Ésta bufó.

—No, no lo eres, y peor para ti. Eres demasiado amable. Dejas que te pisoteen. Esto es un negocio, Sakura —añadió—. Hablando de lo cual, será mejor que te des prisa o nunca llegarás a tiempo.

—Iré en taxi en vez de tratar de aparcar por allí —recogió el bolso y las gafas—. Dios, cómo me gustaría que hubiera una salida para esto.

—La hay —indicó Ino—. Firma el contrato, haz el trabajo y di adiós. Fácil.

Abrió la puerta del estudio y le hizo una mueca a su amiga.

—Eso crees tú.

Cuando llegó al viejo Arlington en la ciudad, había varios trabajadores, ya que el edificio se hallaba en la primera fase de su rehabilitación. El exterior estaba rodeado de andamios y las puertas principales abiertas. El fino polvo en el aire le produjo un cosquilleo en la nariz.

Cruzó el vestíbulo desnudo hasta la recepción, pero tuvo que hacerse a un lado cuando transportaron un sofá viejo hacia los ascensores de servicio. Luego continuó, pero la zona de la recepción se encontraba vacía, ya que el hotel había cerrado hacía varias semanas.

Se volvió y miró escaleras arriba; se encontró con los ojos de Sasuke, que se hallaba en la siguiente planta, mirándola. Sintió un nudo en el estómago y el corazón comenzó a latirle con fuerza cuando bajó.

—Hola, Sakura.

Ésta sintió la piel de gallina al tenerlo delante. Su pelo levemente rebelde estaba brillante por la humedad, como si se hubiera duchado hacía poco. Podía oler la fragancia exótica de la loción para después del afeitado y la mente se le llenó con imágenes del aspecto que había tenido en la ducha.

—No estaba seguro de que vendrías —comentó.

Ella parpadeó, con la mente aún en la ducha y el corazón retumbándole en los oídos.

—Mmm… necesito el dinero… —dijo, pero al instante lo lamentó al ver que los ojos de él se endurecían—. Quiero decir, el negocio ha estado flojo en el verano y no quiero… —se mordió el labio, odiando sonar tan poco profesional. Por lo general era vivaz y eficiente con clientes potenciales, pero Sasuke no era sólo un cliente.

Era el padre de su hijito.

Él la miró un rato. Había pasado los dos últimos días pensando en ella, preguntándose cómo sería volver a tenerla en la cama.

En realidad, esa reacción no lo había sorprendido; después de todo, había sentido lo mismo al conocerla. En ese momento podía notar la palpitación de la atracción sexual crepitando en el aire que los separaba. Verla otra vez había hecho renacer los recuerdos de cómo había reaccionado en sus brazos. Nunca antes o desde entonces había vuelto a experimentar algo igual. Incluso en ese momento sintió que se le tensaba la ingle pensando en el placer que su cuerpo le había proporcionado al tiempo que estallaba con los espasmos de la liberación.

Se alegró de no haberle dicho que se había enamorado de ella cuatro años atrás… desde luego, no después del modo en que había tratado de engañarlo.

—¿De modo que has decidido trabajar para mí, Sakura? —comentó en el silencio demasiado prolongado.

Ella se humedeció los labios.

—Sí… Sí, lo he decidido…

—Porque necesitas el dinero.

Tragó saliva dos veces antes de poder encontrar su voz.

—Es como tú has dicho… un gran contrato. Y también uno que ocupará todo nuestro tiempo. Tengo otros clientes que he…

—Tu socia, Ino Yamanaka, podrá ocuparse de ellos mientras tú trabajas para mí.

—Es un proyecto demasiado grande como para llevarlo sola —afirmó—. Ino tendrá que participar, al igual que uno o dos diseñadores independientes.

—Dejaré que tú te ocupes de todos los arreglos necesarios —indicó.

—No es sólo eso —respiró hondo antes de continuar—. Me preocupa cómo están las cosas… entre nosotros.

Él entrecerró un poco los ojos.

—¿A qué te refieres?

—No somos exactamente amigos, Sasuke.

—No necesitamos ser amigos para centrarnos en el negocio, Sakura.

—Siempre y cuando se mantenga estrictamente como un vínculo profesional —afirmó sin rodeos.

La expresión de él fue levemente burlona.

—¿Lo dices por mí o por ti?

—¿Qué insinúas? —Sus ojos centellearon.

—Aún puedes sentirla, ¿no, Sakura? —expuso con voz baja y sexy—. Puedes sentir esa tensión palpitante que llena el aire en cuanto nos encontramos juntos en la misma habitación. Yo la sentí el otro día, y sé que tú también.

—Tonterías —movió la cabeza—. Además, ya te lo he dicho, salgo con alguien.

—¿Cómo se llama?

Lo miró con la mente en blanco.

—Hummm… preferiría no contártelo.

—¿Cuánto tiempo llevas saliendo con él? —preguntó.

Ella frunció los labios y lo miró irritada.

—Creía que había venido a hablar sobre la rehabilitación de este edificio, no los detalles de mi vida personal. Y ahora, ¿podemos ponernos con ello? Tengo una agenda llena de citas y he de ir a recoger a mi hijo a las cinco y media.

La miró unos instantes.

—Disculpa —dijo cuando empezó a sonar su teléfono móvil.

Sakura observó mientras él estudiaba el número de quien llamaba y fruncía el ceño al apartarse unos metros. Le brindó la oportunidad de estudiarlo mientras él no miraba, aunque no pudo evitar preguntarse con quién hablaba en un italiano rápido, con voz tensa e irritada.

Bebió de su visión… las piernas largas, el estómago plano, el vello negro de sus antebrazos donde la camisa estaba remangada de forma casual. Todo él irradiaba éxito y poder; tenía el mundo al alcance de las manos y no había nada que no pudiera hacer si se lo proponía.

Salvo reconocer a su hijo como propio.

Odiaba recordar la noche en que le había hablado de su embarazo. Y nunca lograba bloquear los recuerdos.

—Sasuke, tengo algo que contarte —le había dicho en cuanto él regresó de su despacho en Milán.

Él había dejado el maletín en el suelo y le había dado un beso en los labios.

—Mmmm —había musitado—. Has estado comiendo chocolate otra vez.

Ella había intentado sonreír, pero tenía un nudo en el estómago.

—Sé que vas a quedarte terriblemente anonadado. Ni yo mismo puedo creer que pasara… —se había mordido el labio—. Debería haber tenido más cuidado. Sé que suena estúpido e ingenuo, pero no sabía lo fácil que era…

Sasuke había sonreído y le había alzado el mentón con el dedo índice.

—Deja que lo adivine. ¿Te has quedado sin crédito en el móvil?

—No, no se trata de eso…

—Ya te lo he dicho, cara, el dinero no es un problema para mí —había afirmado, acariciándole la mejilla con el dedo pulgar—. Fui yo quien te animó a quedarte en Milán unas semanas más, de modo que es justo que te dé una asignación para que estés cómoda.

—No, no quiero aceptar dinero de ti, Sasuke —había repetido—. No lo haré. Si se me agota el efectivo, podré conseguir un trabajo en una cafetería.

Él frunció el ceño con desaprobación.

—No, no quiero que trabajes en una cafetería atestada y calurosa. Me gusta volver a casa y ver que te alegras de verme.

—No es cuestión de dinero —repitió ella—. En cualquier caso, tengo unos ahorros en casa que puedo hacer que me transfieran aquí.

—¿No te gusta la idea de que se te pague por ser mi amante?

Ella frunció el ceño.

—Claro que no me gusta. Es absolutamente arcaico, Sasuke. La gente no hace eso, o al menos no en los círculos en los que yo me muevo.

La miró con expresión inescrutable.

—Quiero que seas mi amante y no me importa pagarte para que te quedes conmigo.

—¿Por… por cuánto tiempo? —susurró.

El pulgar le acarició el labio inferior.

—¿Cuánto tiempo te gustaría quedarte en Milán? —Le preguntó.

El corazón comenzó a latirle de forma irregular.

—¿Cuánto tiempo quieres tú que me quede? —musitó.

Le besó la comisura de la boca.

—Como me siento ahora mismo, quiero que te quedes mucho tiempo… mucho, mucho tiempo.

Sakura soltó el aliento contenido en un suspiro de alivio. Había anhelado que le dijera que la amaba, pero casi era igual de bueno saber que deseaba que se quedara de manera indefinida.

—Sasuke… —se puso de puntillas y lo besó en la boca—. Te amo. No pensé que fuera posible amar a alguien tanto y tan pronto, pero así es —lo miró embelesada—. Me encanta estar contigo. Es lo que más me gusta en el mundo.

Él volvió a sonreír.

—Lo sé y a mí también me encanta estar contigo. Y ahora, tesoro mío, cuéntame lo que tanto anhelabas decirme cuando entré. Soy todo oídos.

Respiró hondo y anunció sin rodeos:

—Sasuke, estoy embarazada.

La soltó tan bruscamente que trastabilló y sólo logró recobrar el equilibrio porque pudo apoyarse en una valiosa estatua de mármol que tenía al lado.

La expresión de él irradiaba furia y sus ojos eran dos lanzas de hielo.

—Vio slut ripugnante! —espetó con veneno—. Vio whore ripugnante!

Los ojos de Sakura se desencajaron por el estupor; llevaba en Italia el tiempo suficiente como para reconocer un juramento salvaje cuando oía uno. Aunque había esperado que se sorprendiera, y quizá que se enfadara un poco, que le lanzara semejantes improperios era tan inesperado que se quedó muda, sin poder defenderse.

—Has intentado engañarme para que te pidiera en matrimonio —continuó él con el mismo tono frío y duro—. No sólo querías mi dinero a cambio de una pequeña aventura… lo querías todo, ¿verdad?

—Sasuke… —se ahogó con un sollozo—. ¿Por qué te comportas de esta manera? Creía que me querías. Yo… —reculó cuando él plantó un dedo entre el espacio que los separaba.

—Siete una frode affamata dei soldi deceitful —bramó.

Tragó saliva.

—No estoy segura de lo que dices. Por favor, ¿puedes hablar en inglés?

Se acercó más y cerró la mano en su muñeca.

—Eres una mentirosa y una estafadora hambrienta de dinero —tradujo con saña—. Eres una sucia ramera, una repugnante prostituta.

Sakura quiso soltarse de sus férreos dedos.

—Para, Sasuke, por favor, me haces daño.

Le apartó el brazo y la miró airado.

—He de reconocer que eres buena.

—No digas cosas así, Sasuke —pidió con el corazón herido—. Sabes que yo no soy así.

La risa carente de humor que soltó él tuvo un deje de crueldad.

—Te abriste de piernas a los tres días de conocerme, pero ahora, por supuesto, sé por qué lo hiciste. Buscabas un padre para tu hijo ilegítimo. Vosotras, las turistas sois todas iguales, os acostáis con el primero que aparece por simple diversión. Esta vez te pillaste los dedos y tenías que encontrar un padre a toda velocidad. ¿Quién mejor que yo, un caballero vestido de Armani?

Sakura apenas podía creer lo que oía. El encono que había en su tono le resultaba desconocido. Jamás lo había visto perder los estribos; no estaba segura de cómo encararlo, ni siquiera de cómo defenderse. La asustaba que el hombre al que le había entregado el corazón y el alma de pronto se convirtiera en una persona completamente diferente.

—Recoge tus cosas y sal de mi casa —espetó—. Te doy diez minutos para hacerlo.

El pánico le tornó borrosa la visión y le resecó la boca, pero luchó con valentía contra esas sensaciones mientras intentaba entender lo que estaba pasando.

Respiró hondo varias veces para serenarse.

—No tiene sentido lo que dices, Sasuke —dijo con voz baja y suave—. Sabes que no. Cariño, ¿qué te sucede?

La miró con llamas en los ojos e instintivamente ella retrocedió un paso.

—Es imposible que dentro lleves a mi hijo —afirmó.

—Claro que es tuyo, Sasuke. No te entiendo.

—¡Mientes! —gritó.

Sakura se afanaba por no llorar.

—No miento. Sólo tuve un amante antes que tú, y eso fue más de un año antes de conocerte. ¿Cómo es posible que dudes de mí?

—Llevas semanas viajando con ese tal Inuzuka, pero lo hiciste a un lado en cuanto me conociste, sin duda porque ya empezaba a quedarse sin fondos —especuló él.

—¡Eso no es verdad! Jamás me he acostado con Kiba. A él y a los otros les dije que se marcharan sin mí porque quería pasar más tiempo contigo.

—Una decisión muy inteligente para ganarte mis favores, ¿verdad?

A ella se le fue el alma al suelo.

—No… no. No es verdad. ¿Cómo puedes decir eso?

—Puedo decirlo porque es verdad. Intentaste engañarme para pagar por tu hijo bastardo, pero hay algo con lo que no contaste acerca de mí.

—Sasuke, lo que dices no tiene sentido. Hemos hecho el amor cientos de veces, muchas de ellas sin protección. Me puse a tomar la pildora tarde. Pensé que sería seguro, pero es evidente que no lo fue.

—El embarazo no planeado es una manera hábil de obligar a un hombre a casarse, pero en la actualidad resulta demasiado fácil demostrar la paternidad.

—Me haré una prueba para demostrarlo —indicó ella con creciente desesperación—. Entonces tendrás que creerme.

La miró de arriba abajo.

—Tengo todas las pruebas que necesito. Y ahora lárgate de mi vida.

Lo miró atónita.

—No hablarás en serio al echarme a la calle a estas horas de la noche, ¿verdad?

La cara de él estaba tallada en roca.

—Es donde perteneces, ¿no?

Sakura abrió la boca para protestar, pero él ya se había vuelto para llamar a un empleado de la casa, dando la orden tajante de que se guardaran todas las cosas de la signorina Haruno de inmediato y se bajaran a la puerta.

En cuanto el criado se marchó, Sasuke volvió a mirarla con desprecio.

—He de felicitarte por tu ingenio. Me han perseguido muchas mujeres, pero ninguna ha estado tan cerca de que la invitara a vivir conmigo, aunque temporalmente.

Una burbuja de furia dentro de Sakura encontró su camino a la superficie.

—Sólo fui una distracción momentánea para ti, ¿no es cierto? —dijo—. Únicamente te interesaba una aventura de verano, y para tu propia comodidad me pediste que me viniera aquí contigo. Jamás ibas a hacer que las cosas fueran permanentes entre nosotros.

—La permanencia es algo que jamás he buscado ni buscaré en mis relaciones. Valoro demasiado mi libertad.

El corazón se le hundió cuando el criado bajó por la enorme escalera portando su mochila.

Sasuke exhibió una mueca desdeñosa y abrió la puerta principal.

—Adiós, Sakura.

Recogió la mochila y se la pasó torpemente por el hombro, los ojos anegados por las lágrimas.

—Algún día vas a lamentar esto —dijo con voz quebrada—. Sé que lo harás. Te odiarás por no creerme.

—Lo único que lamentaré es dejar que me engañaras y me hicieras pensar que no eras como otras mujeres socialmente trepadoras —replicó—. Y ahora, lárgate antes de que haga que te echen.

¿CONTINUARA?...

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Hola! =)

Para empezar me alegra mucho que les haya interesado y gustado el principio de esta historia.

Para seguir, jajaja me maté de la risa con sus comentarios. Pobre Sasuke me lo dejaron por el suelo y muchas estan por matarlo o_O¿? Lo más probable es que ahora lo odien más gracias a los recuerdos de la peli rosa... jeje no me lo matén, o por lo menos dejenmelo sano de la cadera para abajo (pervertida ¬¬* jejej)... Ya pongamonos serios, ay una rázon para la forma de actuar de este hombre... pero eso es algo que no les voy a decir :D

Bueno, cuídense y prometo actualizar muy pronto.

SAYO!... xD

P.D.: No se a ustedes, pero mientras terminaba de arreglar los últimos detalles del capi, y volvía a leerlo, se me escaparon un par de lágrimas por la manera en que Sasuke la trató T_T...

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LES AGRADESCO A TODOS LOS QUE DEJARON SUS COMENTARIOS O QUE SÓLO LEYERON, Y QUE TAMBIÉN PUSIERON ESTA HISTORIA EN SUS FAVORITOS Y ALERTAS…¡MUCHAS GRACIAS!...=)

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Por favor dejen sus "REVIEWS", positivos o negativos, esa es mi forma de saber si continuo o no… ONEGAI… :) no necesitan tener una cuenta para poder comentar. Hasta pronto.

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"…SaKu-14…"