AAAAAAL FINNNNNNN! Perdón! Perdón! Perdón! Perdón! Perdón! Perdón! Perdón! Perdón! Perdón! Tardé mucho... lo sé :'( Pero lo subí finalmente!
Capitulo dedicado a la mejor: Jaquie duncan's princess ! Que cumplió 20 añitos el 24 de marzo y se lo super merece! Te quiero millones nenaa!
Ahora si: CAAAAP
Reviewen y cuéntenme que les parece :3
OoOoOoO
¿Nunca has sentido que la vida no esta de tu lado? ¿Qué vas de un lado a otro impulsado por tus únicas energías y que después de un largo y tedioso viaje recibís otro golpe… donde uno ya no resiste y donde nadie te acompaña? Si alguna vez lo has sentido… Bueno, bienvenido a mi vida.
Increíble vista. Nadie se hubiese imaginado que justo donde yo me encontraba parado era uno de los mejores lugares con vista hacia la ciudad. El antiguo almacén Thompson, abandonado ya hace varios años. Era un buen lugar… aislado y silencioso, pero la carretera estaba cerca, perfecto para que nadie te escuche. Aunque me gustase estar ahí, mi visita tenía otro propósito, uno más macabro. Al girar, un espacio lleno de vidrios rotos, cartones y materiales sueltos desparramados por todos lados me decepciona después de ver la hermosa ciudad. Pero algo más tiene mi atención centrado en la sala.
La última media hora un no tan pacifico ser maniatado y sujeto a una silla había estado intentando zafarse o al menos implorar ayuda a un ángel. Sufría casa segundo con pavor, sin vergüenza alguna. Nada nos interrumpiría. Otra vez me percataba de que tan buena ubicación era el viejo almacén: Nadie cuerdo se acercaría a estas zonas. Yo era el único loco.
-Vamos Tom… ambos sabemos que nadie puede oírte. Es inútil insistir. -Le dije.
Mi acompañante balbuceó histérico, era lo único que podía hacer con la boca tapada de esa forma. Me acerqué hacia él acechante. Intentando intimidarlo haber si de una vez se resignaba.
-¿Qué dices Tom? ¿Qué tu mamá es un elfo? ¿O que tu zapato se atascó en un pastel? Lo siento… no entiendo una palabra.
El joven sabía qué sucedería pronto. Me miró con horror. Odiaba esa mirada. Todas y cada una de mis victimas la hacía eventualmente, algunos después que otros, pero siempre aparecía. Era mi señal, solo necesitaba proceder con el paso final. Continuaba intentando gritar, comenzaba a desesperarme.
Acerqué mi rostro a su oído y muy bajo le hablé:
-Tom… ¿Me harías un pequeño favor…? ¡CÁLLATE!
Silencio total en la penumbra.
-Es hora de terminar con esto, se me hace tarde para cenar. Y odio cenar tarde. -Tomé un arma de fuego de mi cinturón sin vacilar en absoluto. Mi última acción antes de proseguir fue correr el estropajo de su boca. No decía una palabra. -¿Algo que decir? Creo que es tu última oportunidad.
-¡Por favor! ¡Juro que no quería! ¡No te he hecho nada! ¡Por favor!
-Ah… Tom querido, ordenes son ordenes. Pero en tal caso, deberías haber recapacitado antes de proponerte como mula narcotraficante. No lo tomes personal, solo es mi trabajo.
-¡No, por favor! ¡Espera! ¡Necesitaba el dinero!
-Siempre hay otras opciones. Trabajar, por ejemplo.
-¡Oh, por favor! ¡Tú vas a matarme por dinero! ¿Qué acaso eso es peor? ¡Por favor te lo ruego! ¡No lo hagas!
¿El idiota acababa de compararme con él? Solo pude mirarlo con asco. Él no sabía nada de mí y no viviría para conocerlo tampoco.
-No tienes idea de quién soy. No te atrevas a compararme.
Le di una última mirada. Era un hombre joven: alrededor de 30 años. Lloraba como una niña. Pero eso no fue suficiente.
-¡Por favor! ¡No!
Alcé mi brazo sin titubear, pero un segundo antes corrí mi rostro a un lado. Presioné el gatillo sin voltearme. El disparo retumbó en todo el edificio como un trueno, al volverme a él su cuello colgaba hacia un lado totalmente inmóvil. La mula finalmente había muerto.
Había terminado. No quise mirarlo mucho, jamás lo hacía. La sangre me impresionaba bastante. Incluso insulté bastante fuerte cuando noté que mi camiseta se había manchado un poco de ella. Marché hacia la salida, bajando por las escaleras, sin mirar atrás. Era solo una víctima más. Sus palabras finales me hicieron pensar en todo el tiempo que si había pasado viviendo a costas de las vidas de otra gente que siquiera conocía. Pero todo ese tiempo había llegado a su fin justo en el momento en que su alma dejó su carne. El era la última víctima, finalmente.
Ya afuera subí a mi auto, tragué saliva tan fuerte que mi garganta incluso dolió por un par de segundos. Solo faltaba regresar a la "oficina" para notificar que había terminado y así dar por sentado las… buenas noticias.
OoOoOoO
Después de media hora de un tráfico imposible e insultos llegué a mi destino. Bajé de mi automóvil orgulloso y debo admitirlo: Feliz. La amargura del momento se había disipado. Hoy era un gran día, mi última misión había sido cumplida y finalmente me retiraría del negocio. Con solo veintiocho años, tenía una nueva vida por delante.
Alcancé la puerta de las oficinas y la abrí extático, esperando ver a Arthur principalmente. Arthur era el encargado de las misiones, nos las explicaba y daba todos los datos necesarios para llevarlas a cabo. Hacía meses que venía diciéndole lo feliz que me encontraba de que una vez por todas terminaría. Pero en si no era una persona que me agradara tener cerca, solo lo suficiente. Si, uno podía disfrutar de sus charlas… pero era una de las personas más frívolas y avariciosas que conocía.
-¡Ey Arthur! ¡Mira quien esta listo para irse de una vez!
Alguien me hablaba desde más adentro en el edificio -¿Duncan? ¿Eres tú?
-El único e irrepetible, como siempre.
Arthur se acercaba pacifico, muy usual en él, con unos papeles en sus manos. -¿Y? ¿Cómo te fue?
-Bien, bien. El pobre tipo no entendía nada, fue fácil. Bueno… ahora, ¿Qué debo hacer? ¿Hay algún procedimiento para la retirada? Aun no puedo creer que terminé.
-Este… hay algo que tengo que decirte… Duncan…
Sus palabras me sonaron mal. -¿Qué sucedió?
-Tuvimos que asignarte otra misión.
-¡¿Qué? ¿Es una broma no?
-Me temo que no.
-¡No podes hacerme esto! ¡Cumplí mis treinta misiones! ¡Eso es todo!
-Sé que esto es bastante molesto… pero juro que esta es la ultima. Nos pidieron el mejor, tuve que darles el mejor.
-Al menos pudiste habérmelo dicho con anterioridad.
-Acaban de irse, te entregué recién. Pero las buenas noticias son… que es uno extremadamente fácil. Seguramente es el más fácil que has tenido que hacer.
-Si es tan fácil, ¿Por qué quieren el mejor?
-Quieren que se haga bien, debe parecer un accidente. Vamos, hazlo, pagaran extremadamente bien.
-Aj, demonios, esta bien. ¿Qué datos hay?
-Siéntate. -Arthur extendió su brazo señalándome la silla frente a él e hice lo que me indicó. -Bien, para empezar… Si… ésta es. Aquí tengo su foto. Tiene veintisiete años. -Dijo entregándomela.
Me quedé sin aliento. Una mujer. Una divina mujer. Esto de verdad debía ser una broma.
-Arthur… es… una mujer.
-Ajá.
-¿Ajá? ¿Nada más?
-¿Qué más quieres que diga?
-¡No puedo matar a una mujer!
-¿Pero por qué no?
-Porque… nunca lo he hecho antes.
-Es lo mismo Duncan. Exactamente lo mismo… Sabes como dicen… "el cliente siempre tiene la razón". Es una pena que sea tan bonita.
-Sí lo es… lo es de verdad… -Dije algo abstraído en la imagen. -¿Qué fue lo que hizo?
-Según lo que dijeron, vió algo que no debía.
-¿Qué vió?
-No tiene importancia…
-Pero… ella no esta involucrada… ¿o sí?
-No, ella no tiene nada que ver.
-Entonces… ¿Es inocente?
-Aja, me temo que sí.
-Estas comenzando a cansarme con tus "ajás" desinteresados. ¡No puedo hacerlo!
-¡Basta Duncan! A nosotros nos señalan el blanco y disparamos, somos el mensajero. ¿Recuerdas las tres reglas? No dudes. No mires de más, y…
Suspiré molesto -No te involucres.
Exacto. No tenemos por qué involucrarnos en la historia. Esas son las reglas, repítelas antes de hacerlo, después vienes y estas libre por siempre. ¿Quedó claro?
-Supongo que si…
-Bien, así me gusta. Ahora, este es el plan. Ella es una de las abogadas más importantes de una línea de casinos. Es muy lista, deberás ser precavido ya que sospechara hasta del más mínimo detalle. Y no quiero hablar de fallas, no puede haber ninguna. Entonces, esto es lo que haremos: Su jefe dirá que recibió una carta de amenaza dirigida hacia ella realizada por un cliente del casino insatisfecho. Tú sabes cómo es la gente con el dinero. Después de esto le designará seguridad personal. Ahí entras vos. Vas a ser su guardaespaldas principal, infiltrado por supuesto.
-¿Su guardaespaldas? ¿No había nada más sencillo?
-¡Vamos! ¿Dónde esta tu sentido de la aventura?
-¿Aventura dices? De verdad Arthur, deja de ver tantas películas. Sal fuera y vive un poco. –Suspiré exasperado. –Su guardaespaldas… nunca escuché semejante idiotez. ¿Quién ideó todo esto?
-Yo. Asique vas a tener que hacerlo.
-¿Cómo se supone que haga mi trabajo si supuestamente la estoy protegiendo?
-Ese es el truco. Serás el único que estará pendiente de ella las veinticuatro horas del día.
-¿Y su familia?
-Vive sola y es soltera.
Por alguna razón, en ese momento me emocionó escuchar que estaríamos mucho tiempo solos. Definitivamente iba a tener que concentrarme en las tres reglas estando en su presencia.
-¿Cuánto tiempo tengo?
-Ese es otro tema. Como quieren disimularlo lo más posible, tenes un mes para aprender todo sobre ella. Gánate su amistad. Después, cuando ella esté completamente convencida de que puede confiar en ti… das el golpe.
-¿Un mes? ¿Y esta se suponía que sería la más fácil?
-Sí, es más larga de lo que pensabas, lo sé. Pero te repito de nuevo: es muy inteligente y se debe hacer todo muy ordenadamente. Lo bueno es que estoy seguro que al final el dinero valdrá la pena. Me dieron un adelanto… bueno, dejémoslo en "jugoso".
-Deseo más terminar con todo esto que el dinero.
-Paciencia. Te será sencillo. Luego podrás desaparecer de aquí como tanto deseas. ¡Ah! Y recuerda… no te involucres.
-Sí, sí. Ya me lo has dicho como treinta veces antes.
-¿Tengo que recordarte casos anteriores?
-¿Cuáles casos? Vamos Arthur, estas exagerando.
-De los treinta casos que te designe, te acostaste con veintiún novias, esposas, amantes, hermanas, primas e incluso madres de las víctimas. No te hagas el inocente…
-Pff, como si a ellos les importara ahora... La mayoría de esas solamente querían su dinero. Y esto es distinto. Estamos hablando de la victima misma.
-Yo solo te lo advierto. Las mujeres te vuelven algo imbécil. –Sonreí amargamente distrayéndome de sus palabras. Esto sería más difícil de lo esperado, lo presentía. –Ánimo Duncan… tu padre estaría muy orgulloso si pudiese verte.
Mi padre… si claro. Como si él realmente supiera algo.
Palmeó mi hombro y se retiró nuevamente hacia el interior del edificio para seguir con sus demás temas… o solo para contar su preciado oro verde. Reflexioné por un momento: seria fuerte, frío y calculador. Las mujeres no me volvían imbécil… eran puros desvaríos de otro loco. Me recliné en la vieja e incómoda silla repitiéndome a mí mismo:
"No dudaré. No miraré de más. Y definitivamente… no me involucraré"
