Prostitución
Dedicado a Ella, siempre te amare.
1
Para Lucía el 22 de junio del 2025 empezó como cualquier día. Se levanto, se fue a asear; reviso muy bien toda parte de su muy bien conservado cuerpo que, aunque había perdido un poco de firmeza por la los años –y claro su practica de "El oficio mas antiguo del mundo" –pero no tenia nada que envidiar a las muchachitas de veinte con las que trabajaba.
Luego de tomar unas tostadas con margarina, encendió la videopantalla –la que tenía para uso personal –y puso el canal de política donde estaban pasando otra de las peleas de los regidores de América Mexicana y Nueva Aztlan para decidir donde quedaría la frontera entre el Bloque Noramericano de Regiones Unidas y el Bloque Sudcontinental de Américas Socialistas. Por supuesto esto afectaría a Lucía puesto que vivía en la zona en disputa: la sección de la serpiente, en la región montañosa de Nuevo Aztlan; claro eso quizá por poco tiempo mas, quizá.
Apago la política y Lucía se puso en marcha hacia el trabajo pues tenia, como todos los domingos, que llegar temprano para preparar todo el trabajo de la noche.
De camino a su trabajo se tropezó con un hombre que vestía de negro. Al chocar con el le pareció sentir un objeto metálico y largo bajo su capa, así que le dijo que viera por donde iba y se fue apretando el paso hacia el prostíbulo de la siguiente calle.
Algo tenía ese hombre, algo en su presencia le daba un pavor increíble, algo que no sabía describir…
Al llegar, rezo a un dios en el cual ya no creía y luego como cuando era niña, rezo por que llegara un caballero de elegante envergadura y sobre caballo blanco, el que esperaba que llegara a salvarla de tipos como el hombre de negro.
A veces hay que ser más cuidadoso con lo que se desea.
2
Después de lo que paso en el pueblo de La Villa, José se dirigió hacia el norte sin siquiera pensar en el cantinero muerto. Estaba seguro que pasarían semanas antes de que se dieran cuenta, de que el cantinero del pueblo había sido decapitado sin piedad y dejado en su barra en forma burlona.
-Me da igual –dijo en voz alta mientras cruzaba los restos de la México-Pachuca. Su travesía tenía un destino incierto, pero algo si quería hacer: llegar al norte, puesto que le había prometido todos – aunque jamás lo hubiera hecho, pero él así lo creía –que destruiría lo que había arruinado la vida de todos sus conocidos.
Ya tenía en mente como hacerlo, pero primero había que llegar al lugar donde las cosas empezaron y ahí acabarlo.
Solo había que llegar.
3
Llego a donde tenía que llegar, cuando tenía que llegar.
Jamás volvería a pisar esas tierras Lugo de haberlas dejado.
Nunca.
4
Cuando dio sus primeros pasos de regreso a la ciudad, todo le era diferente; sin embargo no había cambiado nada.
Si, claro, había nuevos edificios, la plaza central había cambiado de nombre; pero para José siempre seguiría siendo la misma ciudad.
Vio que el mundo se había movido en muchos lugares, pero en ninguno le sorprendió tanto como ahí: hacia cualquier lado que uno mirara solo se veían una de tres cosas: prostíbulos, tabernas y ruinas de lo que alguna vez fue la ciudad que vio crecer a José.
Al pasar por un prostíbulo llamado "La Rosa Silvestre" se tropezó con una mujer que tenia pinta de trabajar ahí –no por su aspecto, sino que extrañamente tenia prisa por entrar en domingo- José solo alcanzo a verle una pequeña parte de la cara la cual, como pudo ver, era un hermoso rostro que tenia una gran muestra de madurez, pero al mismo tiempo parecía muy asustada al verlo.
José pensó que más en la noche pasaría al lugar para entretenerse un rato.
Decidió pasarse la tarde sentado en un parque, el cual estaba tan descuidado que daba pena verlo. Hojas caídas por todas partes y hierba por todos lados. Incluso en esa estatua de…
No podían ser, se suponía que era una acción secreta del gobierno…no iba a salir a la luz…no podían ser…
Y aún así lo eran. La placa de la corroída estatua, que mostraba tres hombres de pie, con una expresión de orgullo en sus rostros, rezaba:
A los grandes al servicio de país.
A C.O.P.S.
Coacalli19 de Noviembre 2020
Hacia años que José no oía ese nombre. Eso le hizo ir hacia su pasado, a otra época, a otro tiempo, a otro José. Cuando la guerra estaba en el cenit, y si morías, eras el héroe más grande de todos los tiempos
Claro si morías por la patria.
Por la puta patria.
5
Las balas pasaban volando junto a sus odios. El que luego se haría llamar José, corría desesperado junto con otro par de soldados con un arma automática al hombro y solo un pensamiento en la cabeza. Odio
El había jurado que jamás volvería a ponerse al servicio del ejército. ¿Por qué había cedido?
Después de los experimentos y haber sido robado por el mismo gobierno, José decidió cortar cualquier contacto con la milicia Mexicana. Para su desgracia su trabajo había hecho que tuviese que romper cualquier tipo de relación con cualquier conocido de su pasado.
Durante un tiempo estuvo viviendo en un departamento cerca de los pueblos antiguos. El no era feliz claro está, pero eso era mejor que pasarse la vida diseñando armas para el puto gobierno…
Pero lo siguieron hasta su lugar de residencia, y lo llamaron hasta que lo volvieron a necesitar. Cabrones. La única razón por la cual acepto ir al frente de guerra y no de nuevo a sus laboratorios, (donde se creaba muerte y dolor a personas inocentes) era que ya no tenía por que vivir. Su existencia era inútil.
-Neto, ve hacia atrás –dijo Jacob mientras movía su brazo hacia atrás de forma que parecía que se rompería por el esfuerzo.
Algo que los cabrones del ejercito hicieron –o eso creyó el –para que volviera a estar de su lado, fue reunir a un par de los mejores soldados –y personas - que había tenido la oportunidad de ver José.
-Mierda –dijo Neto al ver como explotaban minas a su alrededor. –Hay que continuar hacía el norte…
Uno de ellos: Ernesto. El mejor en tácticas de supervivencia. Sin él, no podrían haber sobrevivido tanto en zona de guerra.
-¡¡Muéranse hijos de puta!! –grito Jacob descargando todo el cartucho de su arma.
-Cálmate, o vas a hacer que nos maten a todos aquí mismo – le reprocho Neto.
Jacob era una clase especial de sujeto. Si le dijeses que tomara un arma, apuntara a un enemigo y disparara, no importaba cuan lejos o de que calibre fuese esa bala, él lo mataba.
Si. Ellos eran los mejores en lo que hacían. Ellos eran los mejores amigos desde hacia años y una puta guerra no cambiaria eso. Y con José al mando era casi seguro que sobrevivirían. Casi.
Ahí estaban en el verano del 2018, en las empinadas calles de la antigua ciudad de Miami – de ella ya no quedaban mas que ruinas – con una M16 al hombro, sus cuchillas encintadas y un par de las bombas de nitrógeno liquido que había creado para su uso personal; peleando por una causa que no le interesaba y para un gobierno que lo traiciono años antes…
Pero la única y verdadera razón por la cual acepto eso fue: lo habían obligado. El jamás apoyaría los ideales de individuos que no les importaban las vidas humanas.
Jacob se encontraba recargando su arma cuando sucedió la desgracia. El les había señalado a los demás que venían enemigos por la retaguardia, por lo cual no se dio cuenta del imbécil que le había apuntado desde su izquierda, y por lo tanto tampoco vio la bala que después se le alojo en la cabeza.
-¡¡Dewey!! –gritaron al unísono Neto y el ser que era José antes.
Las balas que los venían siguiendo desde casi un kilómetro atrás los dejaron de seguir. Era como el enemigo – ¿De quién? ¿Quién sabe? –se hubiese dado cuenta de que tenían que lamentar la caída de un compañero. Pero no siempre los esperarían.
-Resiste güey. –Dijo Neto –No te mueras cabrón. ¡No te mueras!
-No –dijo él con una voz moribunda –se que aquí voy a quedar.
-No digas eso. –trato de consolarle José. O quizás de consolarse a si mismo.
-Te vamos a mover de aquí y te vamos a curar esa fea herida –ni siquiera él mismo creía en sus palabras. No lo hubiesen podido curar ni aunque estuvieran en el mejor puto hospital del mundo.
-Yo se que me voy a morir. –decía ya con una voz que parecía mas a la aceptación. Y con su último aliento dijo: -Vean, ya puedo ver la luz...
-No es una luz –dijo Neto. Sus ojos estaban bañados en lágrimas. – Es una…
-Carajo –susurro José, antes de que cayera la bomba.
6
Gotas de lluvia empezaban a caer. El crepúsculo inundaba el horizonte con su sanguinolento manto de muerte y hermosura. La noche estaba cerca.
José seguía demasiado absorto en sus propios recuerdos, tanto que necesito que una gota de agua le cayera precisamente en un ojo. Cuando ya se empezaba a preguntar donde pasaría la noche, recordó que había pasado junto a un prostíbulo y había prometido que iría al anochecer.
Bueno, ya era noche. Ya era hora de ir.
Llegó a "La Rosa Silvestre" poco después de que la luna ya se había colocado en el campo de visión nocturno. Por un momento se le ocurrió que en el lugar se pondrían al brinco al darse cuenta de su falta de tarjeta. Pero sus temores eran infundados, ya que le dijeron que podría entrar si quería ver. Pero él quería más que ver.
El establecimiento estaba mejor de lo que la gente esperaría de un lugar así. La fachada estaba iluminada por la luz roja que irradiaba un letrero de neón, el cual era una rosa, que tenia las palabras "La Rosa Silvestre" debajo de ella. Al entrar, el lugar estaba tapizado con fotografías y pinturas antiguas, algunas parecían hechas por las mismas prostitutas.
Al lado de la entrada estaba una mujer, no tendría más de cincuenta años; y por la pinta que tenía, era la madame del burdel. Por lo que parecía, la mujer si se exaltaría al ver que en su limpio establecimiento –limpio por el lugar, no por lo que se hacía ahí –entrara un hombre como aquel, que estuviese sucio y con una capa donde bien podría ocultar cualquier cosa.
-Tardes, forastero – dijo con un tono algo despectivo -¿viene a ver o busca a alguien en especial?
-Solo vengo para entretenerme un poco.
-Si quiere le podemos dar de lo mejor, pero claro solo después de ver el color de su dinero.
-Plateado –Y dicho esto José puso sobre su mano cuatro monedas de las mismas con las que había pagado en la cantina. A la mujer se le ilumino el rostro al ver tal cantidad de dinero junto, parecía que se pondría a bailar de gusto, Nunca en su vida había visto tanto dinero junto. Pero en vez de eso solo llamo a la señorita más cercana y le dijo algo por lo bajo.
-Tráete a Lucía –alcanzo a oír José – y que sea rápido.
Al poco tiempo llego ante él, la misma mujer con la que se había tropezado horas antes. Vestía una bata blanca que dejaba ver que no solo era sabia y hermosa del rostro, sino también del cuerpo.
-Quiero que le des al caballero un servicio especial –explico la dueña del lugar al la que, al parecer, se llamaba Lucía – ha pagado por adelantado, y no queremos que se decepcione ¿o sí?
Lucia se limito a mover la cabeza hacia la izquierda, moviendo con eso todo su largo – y realmente hermoso – cabello.
Este gesto hizo que José regresara veinte años en el pasado. Le remonto a una época que ya no existía. Donde las cosas pudieron ser mejores. Le hizo recordar a…
-¿Si quiere subir señor? –Le dijo Lucía a José – o ¿tal vez prefiera hacerlo aquí abajo?
-No, subamos –dijo José con una voz distante cuando lo sacaron de sus sueños del pasado.
Se dirigieron hasta una escalera que estaba al fondo de la estancia cuando la jefa del burdel se dirigió a José.
- Que tenga una buena noche –dijo con un tono, que quería decir que aunque le hubiera dado todo su dinero no habría forma de que le dejara de desagradar este tipo.
-Si señora. Así será.
7
Cuando Regina fue a buscar a Lucía, esta se encontraba acomodando la ropa de una cama, que había sido usada con anterioridad. Al bajar y ver al hombre que se había encontrado de venir al trabajo, le entro el terror.
Antes no le había visto el rostro, pero después de decirle con un gesto a su jefa –la cual le caía muy mal por cierto – que no le importaba, él la vio directo a los ojos y le dejo ver que tenía un rostro marcado por la edad, la guerra y el conocimiento. Pero aunque su cara era de miedo, lo que realmente asusto a Lucía fueron sus ojos. Cafés, oscuros, fríos y penetrantes.
Lo único que se ocurrió a Lucía para que dejase de verlo, fue decirle que si se iban a mover, o si se iban a quedar ahí a follar.
Después de eso subieron al cuarto.
8
Lucía llevo a José a las escaleras que se encontraban al fondo del vestíbulo. Al subir lo llevo hasta un pasillo que supuso, llamaban "Pasillo Rojo" puesto que todo el lugar estaba cubierto de ese tono carmín.
Alfombra roja, tapiz rojo y una serie de inquietantes cuadros, que solo mostraban rosas. Rosas en prados, Rosas solitarias ante el marco innegable de una noche de luna llena. Pero siempre, eran rosas rojas. En cada uno de los cuadros se podía sentir la esperanza puesta en cada una de las rosas. Todos los cuadros eran bellos y únicos. Todos al parecer, habían sido hechos por la misma
("puta")
persona, una que firmaba sus firmaba sus obras solo con una L en escritura gótica.
Al final del pasillo había solo una puerta. Atravesaron la puerta y José vio que era –como supuso – un cuarto carmesí. La habitación se veía como la suite más exclusiva de un hotel de cinco estrellas. Cama matrimonial, dosel de terciopelo, un tocador con un gran espejo y encima de este…
José se abalanzo precipitadamente sobre el objeto que estaba encima del tocador. Era un cuaderno negro que parecía tener veinte años. Lo hojeo con frenesí, lo contemplo durante unos momentos, y sin previo aviso lo agito enfrente de la cara de la prostituta por la cual acababa de pagar.
-¡¿DE DONDE ROBASTE ESTO?! –Gritó José a Lucía. Se le estaba subiendo muy rápido la sangre a la cabeza. - ¡RESPONDE MUJER! ¡¿DE DONDE LO HURTASTE?!
En vez de responderle, Lucía le propino una bofetada, lo cual ocasiono que el hombre tambaleara, y casi que se cayera sobre la alfombra.
-Le agradecería señor…como-sea-que-se-llame…
-José –dijo este con voz más calmada – mi nombre es José.
-Muy bien, José, le agradecería que no me tocara mis cosas, ni que me acusara de ladrona.
-Es que…No puede ser, no es posible. No puede ser suyo. -dijo mientras daba vueltas por la habitación.
-Y ¿Por qué no? Claro, si puedo preguntar.
-Porque yo le regale ese cuaderno a alguien hace más de quince años. Se lo regale con la esperanza de no ver el maldito cuaderno, ni a ella otra vez. Pero aun así le dije que: "Nos volveremos a ver…
-…cuando nuestros caminos se crucen de nuevo" Eso decía en la
("su")
carta. -dijo Lucía.
José se le quedo viendo, con una expresión que mostraba que aun no podía entender lo que estaba pasándole. Ella también estaba desconcertada, ya ni siquiera sabía muy bien lo que había dicho antes. Lo único que ahora quería, era volver a verlo a la cara y saber si era él.
-Luz –dijo él.
-Jonh –dijo ella.
9
A veces, aunque uno no crea en cosas como la predestinación, el destino o cosas por ese estilo, cuando a uno le suceden cosas así, uno tiene que creer.
El trato de explicárselo. Ella hizo que callara poniendo su dedo sobre su boca. Unieron sus labios en un beso tan apasionado, como solo apasionados pueden ser los verdaderos amantes.
Y así unieron sus caminos. Sellando su unión con la muestra del verdadero amor; un amor como ninguno, el cual solo puede ser destruido por una cosa. La muerte.
