Hola!

Os dejo otro cap de este fic, seguidito, ¿eh?


John llegó a casa una hora después de que su hermana se hubiera marchado al hospital. Encontró una nota en la puerta, por dentro:

"Edward y yo hemos ido a ver a unos amigos. Volveremos tarde, no nos esperéis despiertos. Besos, Layla.".

John suspiró y sacudió la cabeza. Se sentó en el sofá a esperar a su hermana, al descubrir lo cansado que estaba. Encendió la televisión y se entretuvo hasta que se acabaron los programas buenos, y la apagó, aburrido.

Entonces reparó en que el vestido que su hermana había tirado apresuradamente al sofá aquella tarde no estaba. Su madre se lo habría llevado a su habitación. Miró el libro que estaba junto al vestido; su madre lo había colocado en la mesilla.

Lo observó unos minutos, entre fascinación y desagrado, y decidió cogerlo cuidadosamente por una esquina. Dudó, y acabó rindiéndose. Con un suspiro de aburrimiento, lo abrió lentamente y empezó a leer…

Horas después, la puerta se abrió, y Philippa apareció arrastrando los pies con desgana, mirando al suelo. John volvió a dejar el libro en la mesilla y se levantó:

-¿Phil?-dijo suavemente.

Su hermana levantó la vista y le miró un instante… antes de lanzarse a sus brazos y enterrar la cabeza en su hombro.

-¿Cómo está ella?-le preguntó John, acariciándola el cabello pelirrojo e instándola a sentarse en el sofá.

-Ahora mejor.-susurró la joven, sentándose y permitiendo que su hermano se apartara, aunque impidiéndole que le soltara las manos.

-¿Y tú, Phil?-inquirió serenamente, apretando su mano con suavidad y mirándola a los ojos, por lo que se dio cuenta de que aún no se había vuelto a poner las gafas.- ¿Cómo estás tú?

-Bien.-Philippa inspiró hondo y le miró.- Sé que es una tontería, siento haberme puesto así.

John apoyó la mano en la mejilla de su hermana y siguió el rastro de sus lágrimas con los dedos. Finalmente sacudió la cabeza y la obligó a apoyarse en su pecho.

-No importa.-respondió.

Philippa intentó darle a su sonrisa un toque de alegría, y casi lo consiguió. John la rodeó la cintura con el brazo y miró el reloj: eran ya las nueve.

-Phil.-recordó de pronto.- Mañana vamos a la cafetería otra vez a ver a Dybbuck.

-¿Qué quiere ahora?-sonrió la joven.

-Ya lo sabrás cuando lleguemos.-John suspiró.

Philippa alzó las cejas, intrigada por el misterio, pero no insistió. John desvió el tema de conversación hacia otras cosas menos importantes, y consiguió que Philippa olvidara todo aquello.

Un tiempo después, la joven comenzaba adormilarse. Apoyó la cabeza en el regazo de su hermano mayor y musitó de forma apenas audible:

-¿Y mamá y papá?

-Con unos amigos.-respondió John en voz baja, para no desvelarla.- Volverán bastante tarde, creo.

Philippa pareció asentir, y cerró los ojos. Al minuto siguiente estaba dormida. John la estuvo mirando un rato, y finalmente la apartó, se levantó, y con un suspiro resignado la llevó en brazos hasta su habitación. La dejó en la cama, la tapó ligeramente con la sábana, y se fue a su propia habitación, donde tampoco tardó mucho tiempo en dormirse.

Aproximadamente a las dos de la madrugada del día siguiente, Layla y Edward Gaunt entraron en la casa, imprimiendo suavidad a su paso para no hacer ruido. Silenciosamente, se aseguraron de que sus hijos estaban en sus camas, y se fueron a dormir.