EL PLAN
Autora: Yakumo Kaiba
Fandom: Thor, Avengers, Marvel

Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece. Actualmente son propiedad de Marvel Comics, Disney; teniéndose en cuenta de que originalmente son parte de la Mitología Nórdica. Solo me pertenece la trama y redacción de este fanfic. Post Thor, Avengers y Thor: Mundo Oscuro.

ADVERTENCIA DE M-PREG (Embarazo Masculino) Si no te agrada NO LEAS!

Notas: Segundo Shot. En lo personal no me agrada, porque me siento poco original al hacer prácticamente un "walk through" de Thor: Mundo Oscuro. Ya saben, una recostrucción de la película, pero tratando de que coincida con el primer capítulo de este fic. Lamento decir que este cap tiene casi nula interacción entre Thor y Loki :c porque Loki anda más preocupado de su bebé que de nada. Más notas al final, gracias por leer!


EL PLAN
To~2~To

Tres veces comida apareció dentro de tu celda antes de que tu madre apareciera frente a ti con un halo luminoso rodeándola. Su repentina visión no te sorprendió, ya que la esperabas, sin embargo si provocó que te embargase una triste resignación, porque su mágica visita significaba que ni siquiera se te era permitida su consoladora presencia de forma tangible. Hasta ese nivel llegaba su castigo.

—Loki —su voz no era diferente, mientras se acercaba hacia ti que permanecías rectamente sentado en una silla acolchada en verde al centro de la celda—, mi niño.

—Madre. Hace mucho tiempo que dejé de ser un niño —le recordaste sin vacilación, intentando transmitir perfecta calma con tu voz y tu mirada, ocultando bajo pesadas capas el temor, la soledad y el anhelo que sentías al verla. Sin embargo algo de ello debió mostrarse, porque la sonrisa de Frigga fue todo y más de lo que necesitabas en ese momento, poniéndote de pie, pero sabiendo que no era sabio tratar de alcanzarla con tus manos.

Ambos dioses hechiceros permanecieron en silencio observándose mientras el tiempo parecía detenerse en esa blanca prisión. Se escuchaban en la lejanía algunos gritos y gruñidos, provocados probablemente por una pelea doméstica entre los prisioneros de Asgard, pero ninguno de ustedes les prestó atención alguna, totalmente perdidos en los ojos ajenos.

Tú fuiste el primero en parpadear e inclinar la mirada. Siempre lo hacías al final ante Frigga, la única de la familia real a quien le debías tu respeto y, aunque jamás fueses a reconocerlo, tus disculpas. Frigga no necesitaba que le hablases con tu lengua de plata, pues ella de alguna manera siempre había sabido leerte a la perfección y simplemente volvió a sonreír un poco más, haciendo aparecer una silla gemela frente a la tuya antes de sentarse con delicadeza, instándote a imitarla. Obedeciste, naturalmente, con ambas manos sobre los apoyabrazos, esperando a que ella comenzase aquella conversación que no pudieron tener a causa de la apresurada sentencia del consejo y del Padre de Todo por tus atroces actos tanto en Midgard como durante tu corta estadía como el Rey de Asgard. «Y eso que no saben lo más interesante de todo», no pudiste evitar pensar, mientras una sonrisa se apoderaba de tus facciones, conteniendo el impulso de tocar tu abdomen.

—Espero que estés cómodo, hijo. Traté de convencer a tu padre de mantenerte en tus aposentos hasta que te redimieras, y no en las celdas, pero no me escuchó. Solo conseguí que…

—Odín no es mi Padre, Madre —le interrumpiste mientras contenías el enojo que comenzaba a enervarte con tanta rapidez desde que te enteraste de tu verdadera ascendencia. Tus ojos verdes se clavaron en los de la diosa, pero ella solo parpadeó indiferente a tu venenosa interrupción, antes de continuar.

—Los muebles son cómodos. Pero debes cuidarlos, porque no creo que se me permita traerte más si los destrozas. Conozco tu carácter, hijo, y tu padre…

—¡QUE NO ES MI PADRE!

Tu grito hizo vibrar las paredes de la prisión, mientras la mayoría de los muebles caían de sus lugares. Un jarrón se destrozó contra el suelo, desapareciendo de inmediato, mientras Frigga observaba impasible la escena antes de suspirar y negar con la cabeza, cruzando sus manos sobre su regazo.

—Algún día comprenderás que negándolo solo te niegas a ti mismo, Loki. Él es tan tu padre como yo soy tu madre. Y Thor tu hermano.

—Mi verdadero padre era Laufey, rey de Jötunheim, no Odín, Padre de Todo, gobernante de los Aesir —el tono de burla en tu lengua al hablar de aquel que por mucho tiempo llamaste Padre podría haber provocado indignación en la mayoría de los habitantes de Asgard, pero no en tu madre, quien probablemente fuese quien más te conociera en todos los nueve mundos.

Su mirada compasiva fue como un latigazo para tu orgullo, provocando que solo apretases los dientes y los apoyabrazos, resquebrajando la madera bajo la fuerza de tus delgados dedos. Frigga simplemente volvió a mover negativamente la cabeza, antes de sonreír un poco hacia ti. Otra vez la calma pareció limpiar tus heridas y tu orgullo quedó momentáneamente olvidado, mientras maldecías a Odín por negarte el cálido abrazo de tu madre. Si pudieras sentir sus suaves dedos peinando tus cabellos, quizás esa odiosa celda no pareciese tan pequeña. Ella sabía lo que estabas pensando, obviamente, pues te mandó un beso con sus dedos, haciéndote reír tristemente mientras mirabas a tus rodillas.

—¿No me vas a preguntar el "Por qué" de todo lo que hice, Madre? —preguntaste casi jocoso, pero odiando el ligero nudo que sentías y que creías Frigga podría notar— Thor no dejó de preguntármelo y Odín ni siquiera intentó hacerlo. Pero quizás a ti podría responderte.

—No, no lo harías. Además, no lo necesito. Yo sé por qué lo hiciste.

No te sorprende realmente, que ella lo sepa. Dicen que Heimdall todo lo ve, y que Odín todo lo sabe, pero tú siempre has sabido que la única que es capaz de realmente ver a través de todas las máscaras y saber de cada una de las intrigas, es Frigga. La miras fijamente con tus ojos verdes tan oscuros que parecen negros, antes de sonreír. «Si sabes el por qué, me gustaría que me lo explicases» pensaste en un segundo de debilidad, antes de recomponerte y mostrar aquella altanería que te caracterizaba, cruzando tus piernas.

—Por supuesto que lo sabes. Entonces supongo que sabes porque estoy aquí y no en alguno de los confines de Yggdrasil siendo torturado hasta el Ragnarök por una serpiente venenosa. Debes saberlo.

—Lo sé. Naturalmente.

Le sostienes la mirada nuevamente a Frigga, a quien habías invocado ante Odín y el Consejo por protección. No como madre, sin que cómo Diosa; como la protectora de los hogares, la fertilidad y la maternidad. Como la ideal protectora para el ser que crecía en tu interior, lento pero sin descanso. Su nieto, al fin y al cabo.

No dejas de mirarla, ni aún incluso cuando ella se pone de pie para luego arrodillarse frente a ti. Tu pecho se apretó ante la imagen de tu madre en esa posición y más que nunca te gustaría poder arrodillarte a su lado y dejarte cobijar en su seno, pero no puedes hacerlo. Odín no te lo permite, y lo odias un poco más por eso.

—No te voy a preguntar nada sobre eso, hijo mío, pero te diré que te amo tanto como siempre te he amado… y que le amaré tanto como te he amado a ti.

Por un momento la imagen de Frigga se desvanece ante ti y crees que se ha ido, pero pronto notas que son tus lágrimas las que provocan que tu visión se ponga borrosa. Parpadeas furiosamente para ahogarlas, odiando tu debilidad ante esas emociones que no puedes controlar, porque amas a Frigga aunque no sea verdaderamente tu madre y te haya mentido toda tu vida, tanto como Odín. La amas y mueres de deseos de ser abrazado por ella, pero sabes que eso no ocurrirá por un largo tiempo.


Ya ni siquiera recuerdas cuanto tiempo ha pasado. Al comienzo calculabas los días por las comidas, pero perdiste la cuenta en algún momento que sin querer los guardias olvidaron alimentarte por lo que pareció una semana. Ni siquiera las visitas de tu madre son constantes, muchas veces por causa tuya. Eres hosco e hiriente cuando se presenta, intentando hacer de aquellas ocasiones lo más cortas posibles. Pero no es tu culpa en realidad, es solo que cuando tu cuerpo se pone realmente sensible, mantener la ilusión de impecabilidad de tu celda y ti mismo es en verdad difícil, y no quieres que Frigga te vea en el real estado en el que te encuentras.

Siempre luces impecable, tanto para los guardias como para los otros prisioneros. Los miras con desprecio mientras te recuestas en un diván de satín verde, rodando perezosamente las hojas de algún viejo libro midgardiano que algún guardia te dejó junto con la comida en cierta ocasión, creyendo ofenderte al pasarte algo de Midgard. Pero ellos no saben que tú de Midgard solo desprecias su inmadurez social, su inútil fuerza y su nulo instinto de supervivencia global. Su arte y sus sedas, tal como todo asgardiano, siempre han sido de tu admiración.

Tu ropa y tu cabello siempre son perfectos. Tus muebles siguen tan exquisitos como el primer día, y cuando te ven los prisioneros de guerra, que llegan desde las tierras pacificadas por Thor y el ejército de Asgard, siempre se preguntan que qué hizo el principito para estar en las mazmorras, pero jamás dudan del trato privilegiado que recibes. Sin embargo cuando Frigga es la que llega hasta ti, tu magia no responde correctamente. Tus paredes tiemblan y el ser de tu interior se inquieta, provocando que temas por tus ilusiones… y sin tus ilusiones, no eres nada.

Es como que aquel que traes dentro de ti amase oír la voz de su abuela; como si ansiase poder sentir su toque maternal a través de tu piel, queriendo obligarte a romper las ilusiones y dejarle sentir la calidez del contacto. El ser que cargas no entiende de hechizos e imágenes incorpóreas, simplemente siente tu anhelo por el toque de tu madre y lucha por alcanzarlo, pero jamás puede.

Duele negarle algo a aquel que crece cada día más fuerte, a quién prometiste que le darías los nueve mundos, sin embargo no puedes permitir que tu madre se preocupe. Así que gritas, la desprecias y le instas a irse.

—Entonces… ¿yo no soy tu madre?

Viste el dolor en su mirada, la misma discusión de cada visita, y tú simplemente esta vez no quieres darle la razón. Porque decirle lo que sientes, «Siempre serás mi madre», provocará que el ser en tu seno quiebre todas las ilusiones en su esfuerzo por alcanzar a aquella imagen de su abuela, por el llanto silencioso que sabe tiene tu alma en su anhelo de un abrazo de Frigga. Así que mientes, como has mentido toda la vida. El dios de las mentiras, lengua de plata. ¿Qué es una mentira más? Tragas saliva y aprietas tu corazón y el de tu pequeño al mismo tiempo.

—No lo eres.

El silencio lo inunda todo, junto con la frialdad de tu naturaleza. La presencia dentro de ti se apaga por un segundo, como la llama de una vela con un soplo, y tus ilusiones están vivas otro día más. Ahogas con hielo tu amor por Frigga y al mismo tiempo te ahogas tú con él.

Y los ojos de tu madre solo muestras compasión

—Siempre eres muy perspicaz con todo el mundo… excepto contigo.

Se va, pero sabes que volverá, tarde o temprano. Y la esperanza es la que te sostiene.

Solo que esta vez no regresa del todo.


Odias a Odín y odias a Thor. Odias a los cuatro guerreros, a los soldados asgardianos, al Consejo y a la mayoría de la corte del palacio. Los odias a todos prácticamente en ese lugar, con excepción de tu madre, así que cuando ves a esa bestia infernal ni siquiera dudas un segundo en indicarle un camino más expedito hacia la destrucción de tu antiguo hogar.

No te preguntas porque no te liberó. En circunstancias inversas, tú tampoco te liberarías, en vista de que tus ilusiones siguen en pie. Observas esos ojos ardientes y el desastre, y sonríes. Merecido se lo tienen los arrogantes asgardianos, pero en el fondo agradeces no ser liberado, porque si no muy probablemente hubieses acabado en el lado equivocado de la pelea. Cualquiera fuese el lado equivocado de ello.

Ni siquiera te preocupa en verdad. Conoces en carne propia lo fuertes que son los guardias del palacio, Thor está en el reino y nadie permitiría que tu madre se pusiese en peligro, así que haces lo único que puedes hacer en esa horrible celda: te sientas y lees uno de los envejecidos libros que Frigga te ha traído, la mayoría infantiles que jamás tocaste en tu infancia, pero que hoy te divierten… porque sabes que los finales felices no existen, pero te gustaría pensar en que aquel que a veces jala de tu magia en tu interior puede conseguir una de esas raras conclusiones de cuentos, con tu ayuda. «Y fue feliz para siempre» lees silenciosamente con una sonrisa burlona en tus labios, cuando una visión de una décima de segundo apareció frente a ti.

—¿Ma… dre?

Parpadeas con rapidez, pero Frigga ya no está. Solo fue un instante, ella de pie y luego ya no. Tu corazón tembló, al igual que tu magia y el ser ahí dentro. Apenas medio segundo, menos quizás.

—Madre. ¡Madre! —giras sobre ti mismo, sintiendo que tus ilusiones tiemblan, pero no hay nada en la celda— Madre.

Descansas apenas, buscando explicación al rostro serio de Frigga. La preocupación, pero también la firmeza de su expresión. Sujetaba algo tras su espalda ¿qué era? ¿Por qué había aparecido?

Cuando sentiste los pasos, supiste definitivamente que algo ocurría. Era de madrugada, creías, si tu reloj interno no se había acabado de averiar del todo, y aquel soldado caminó directo a tu celda, la única entera luego de la revuelta.

Apenas escuchaste, solo asintiendo por inercia, mientras el aesir se aleja. Te sientes adormecido, golpeado por Hulk una vez más, pero sin el dolor físico. Es la derrota; eso es lo que sientes, tal como cuando el gigante verde te venció en Midgard. El conocimiento de que es el fin del camino, que ya perdiste esa batalla.

Esta también es una batalla que perdiste, y ni siquiera sabías que estabas peleando.

Tu energía brotó descontroladamente por un momento, enviando por los aires ilusiones y el resto de los pocos muebles que aún quedaban en pie luego de todos tus ataques de ira desde que fuiste condenado a esa prisión. Un segundo, y todo está en el suelo. Al siguiente segundo, simplemente no puedes sentir nada mientras te dejas caer por la pared, sintiéndote absolutamente solo, a pesar de que sabes que hacía tiempo que no estás solo en verdad. Pero estaba vez no encuentras consuelo, porque tu pequeño sufre tanto como tú con la pérdida de lo único familiar de fuera de esas paredes.


Así es como te encuentra Thor. No sabes cuánto tiempo ha pasado, pero el adormecimiento aún no se te ha escapado del espíritu. Sonríes y tratas de ser tan hiriente como en el pasado, pero no te resulta. El dolor brilla en tus ojos y él puede verlo.

— No más ilusiones.

¿Por qué tendrías que hacerle caso? ¿Por qué mostrarle tu vergüenza cuando no se lo mostraste a ella en todo este tiempo? Porque a Frigga no querías causarle pesar, y deseas que Thor lo sienta, aunque sea un poco. Las ilusiones caen y sonríes con algo que trata de ser burla, mientras tu apariencia desmadejada aparece frente a aquel hombre que te robó tu futuro. Y algo más.

—Ahora me ves… hermano.

Thor parpadea con lentitud. Le ves tragar saliva y de pronto te arrepientes de haberle mostrado. No quieres su lástima, pero de pronto tampoco quieres su arrepentimiento por haberse olvidado de ti. En el fondo sabes que nunca lo ha hecho… porque tú tampoco has podido olvidarlo, pero no le hubieses visitado si hubiese sido Thor el encarcelado. O quizás sí.

No quieres pensarlo, así que cambias el tema. Uno menos peligroso, pero igual de doloroso. ¿Por qué más iba a venir Thor hacia ti? Te necesitaba, necesitaba desafiar a Odín… para vengar a la madre que compartieron. Hubiese sido tan fácil negar eso último y enviarle solo a una misión que no podría cumplir, pero no pudiste hacerlo, no solo porque tú ansiabas esa venganza, sino porque el ser en tu interior no te lo permitió.

—Si me traicionas, te mataré —te advirtió Thor tratando de plasmar fallidamente sus intenciones homicidas en esa frase, pero tú solo pudiste sonreír mientras pensabas en que ya le habías traicionado hacía mucho tiempo atrás y Thor ya no podía hacer nada contra eso.

—¿Cuándo empezamos?


No sabías si era la libertad o la presencia cálida de Thor a tu lado. Tu rubio hermano ni siquiera trataba de aparentar que no estaba enfadado contigo, pero tú por algún motivo no podías evitar sentir un subidón de energía directo a tus venas. Tu magia vibra, la pruebas y juegas con ella. No sabes porque, pero quieres hacer reír a Thor. Quieres que se ría, como en los viejos tiempos. Como sientes que se ríe aquel a quien cargas dentro. A cambio, solo recibes unas esposas y una cercanía enviciante, que por un momento te hizo pensar que te iba a besar. Pero eso no pasó.

«¿Todo por este estropajo de ser humano?» quisiste preguntar cuando esa Jane Foster se atrevió a abofetearte con su ridícula fuerza midgardiana. Bebés le habían golpeado con más ganas.

—Me gusta —dijiste con tu tono más burlón, mientras perdías tus ojos en los azules de Thor. Ni un parpadeo hubo allí y de pronto lo sabes. Esto no es por la midgardiana.

Cuando comprendiste que por una vez Thor estaba pensando realmente como un Rey, y uno más sabio que Odín, lo odiaste más. Lo odiaste y decidiste que ibas a tener que ayudarlo, porque Thor estaba cumpliendo lo que Frigga había comenzado, y no iba a ser él quien ocasionase que la muerte de su madre fuese en vano, no importaba cuantas amenazas de muerte recibiese en el camino de parte de los amigos de su hermano. «Me gustaría saber qué pensarían de saber todo por lo que deberían odiarme» pensaste con una sonrisa burlona, resignado.

Aunque eso no significaba que no podría volver algo loco a su hermano por el camino.

Y ser engañado en el camino por él.

—Estoy realmente impresionado —murmuraste para ti, mientras veías la mirada de Thor ablandarse para ti mientras Fandral se lanzase hacia sus persecutores para darles tiempo de escape. Thor te había engañado. Thor había planeado un escape, y había funcionado. Quizás… quizás si había aprendido algo de ti, después de todos esos años.

Realmente no te importaba si esa Jane moría o no. Al final, un midgardiano siempre sería un midgardiano. Vidas cortas, saludes débiles. Si tú tuvieras el Aether sin duda le podrías dar un mejor uso, pero no quieres ni arriesgarte a transmitirlo a quien crece dentro tuyo. Solo por eso, compartes el plan de Thor para destruirlo.

La tristeza te embarga cuando Frigga sale a tema en el Mundo Oscuro. Odias no haberla podido proteger, y vuelcas tu odio sobre Thor. Tratas de culparlo de todo, pero cuando se miran a los ojos saben que ambos se sienten ya suficientemente culpables por el fallecimiento de la única persona que les amaba plenamente en todos los nueve mundos, por no haberla podido salvar en el momento que les necesitaba. No necesitan restregárselo mutuamente en la cara. Y quizás en otras circunstancias podrían haber llorado juntos por ellas. Hoy no había tiempo para ello.

Malekith debe morir y el Aether ser destruido. Si Jane moría o no en el camino, no es algo que te interesase, pero de preferencia te gustaría que Thor continuase con vida. Después de todo, las travesuras jamás son suficientemente grandiosas si la víctima jamás se entera de ellas.

—Thor, tu plan para escapar de Asgard fue brillante, tiene totalmente mi aprobación, sobre todo eso de destruir el palacio y las viejas estatuas, pero no creo que tu astucia haya alcanzado aún mi nivel…

—Basta con tu absurdo parloteo, Loki, di lo que tengas que decir —Thor trata de parecer molesto, pero su tristeza se ve reflejada en sus ojos y alcanzas a ver algo más allí abajo. Algo que por un segundo prefieres ignorar, aunque aquel dentro tuyo te lanza hacia la dirección del rubio como si fuese un imán.

Tragas saliva y vuelves a clavar tus ojos verdes en los celestes, apretando los puños en las esposas.

—Tengo una idea. Pero tu mortal no se puede enterar de nada.

Hay seriedad en los ojos celestes, pero de pronto se ablandan y tú sabes que nuevamente lo tienes en tu puño. Thor, el noble y confiado Thor. Una vez más se rinde ante ti, te entrega su confianza y su corazón. ¿Y qué vas a hacer con él?

Lo único que sabes hacer, naturalmente.


Llegaste a Asgard por donde mismo partiste. Débil y consumido. Apenas puedes sostenerte, pero lo haces.

Tu pecho duele, tu abdomen también. Toda tu magia se rebela contra ti, al igual que el pequeño mestizo de jotun y aesir que te tortura desde tu interior, habiendo sentido el dolor de su otro padre cuando una vez más le hiciste creer que estabas muerto.

—Es su culpa… es… es su culpa por ser un crédulo —te convences, pero el pequeño ser no te cree, y te atraviesa con su propio dolor—. ¿Qué importa… si estoy muerto? Por lo menos en 100 años él no volverá…

Cuando las lágrimas abandonan tus ojos todo parece calmarse. Tu magia es tuya una vez más y desde tu vientre oleadas de cálido amor sanan tus heridas metafísicas, y comprendes bien la lección esta vez. No más dolor para Thor, no mientras vuestro hijo pueda evitarlo.

—Tú no lo entiendes… él ni siquiera sabe de tu existencia. Ni siquiera entiende la magnitud de sus actos… y de los míos.

Hablas solo, mientras recompones tu apariencia. Es cierto, Thor no lo entiende. Pero hay alguien que si puede hacerlo.


—Tenemos un cadáver.

La voz del guardia era perfectamente controlada, su inclinación era perfecta, y la magia que lo rodeaba también. Sabías que realmente habían muy bajas oportunidades de que Odín mismo fuese engañado, por lo que cuando escuchaste tu nombre de sus labios intentaste no reaccionar.

—Loki.

Te mantuviste impasible antes de asentir un poco, pero pronto la lanza de Odín estuvo contra tu barbilla, obligándote a levantar la vista hacia él, viendo como en su ojo se mostraba el conocimiento.

—Hola, Padre de Todo —tu apariencia cambió mientras una sonrisa burlona aparecía en tus labios. La lanza fue alejada, mientras Odín se dejaba caer en el derruido Hlidskjalf con más cansancio del que jamás le hubieses visto—, te ves fatal.

Ninguno de los dos dijo nada por largo rato, Odín sentado y tú de pie. Estabas agotado, sin embargo tu faz no demostró nada de eso. Una pequeña incomodidad en tu vientre ocasionó que acercases una mano allí, llamando plenamente la atención del rey de Asgard, quien rápidamente hizo aparecer una cómoda silla para ti, sorprendiéndote.

—Siéntate.

—¿No es demasiada amabilidad para un reo que ha escapado de tu prisión, Padre de Todo? —preguntaste sarcástico, pero no rechazaste el lujo. Te sentaste con cuidado, de a poco resintiendo los golpes de la batalla, el gasto de energía e incluso el golpe que te diste al ser lanzado por Thor desde la nave de los elfos.

El silencio pesado e incómodo volvió a llenar el destruido salón del trono, mientras enlazabas tus manos sobre tu abdomen, mirando hacia arriba al anciano Aesir. Odín en cambio solo perdió su vista más allá de las paredes del castillo y las tierras de Asgard, recorriendo el caos que estaba provocando Malekith junto con la Convergencia. Quisiste preguntarle que veía, pero no supiste como plantearlo sin parecer demasiado preocupado. Odín creía que eras un desalmado que preferiría que los nueve mundos fuesen destruidos, así que… ¿para qué quitarle esa impresión?

—Tu hijo ha crecido fuerte y sano, por lo que sé.

La voz de Odín retumbó en las paredes vacías del salón, haciendo que dieses un respingo de la sorpresa. No esperabas que fuese él quien tomase el tema, pero al final simplemente no quedaba más que decir la verdad.

Alzaste la barbilla con el orgullo que habías aprendido del mismo dios al que ahora mirabas y simplemente dijiste la verdad.

—La criatura en mi vientre es hijo de Thor, tu heredero.

Esperaste un grito, ira, incluso un intento de asesinato e infanticidio (si se podía denominar así), pero jamás esperaste la calma resignada del Padre de Todo, mientras asentía un momento. Tu garganta se secó y de pronto ya no recordabas porque estabas aquí. ¿Qué es lo que querías? ¿Qué es lo que habías pensado? Thor estaba en una batalla contra Malekith, para vengar a vuestra madre y ¿qué estabas haciendo tú?

«Estoy asegurando el futuro de mi hijo. Voy a conseguirle el trono que merece, aunque tenga que matar al mismísimo Odín, dejar que Thor muera defendiendo a su estúpida humana y luego vengar por mí mismo a Madre». Eso fue lo que te aseguraste, pero ahora que estás frente al Rey, ya no sabes que es lo importante de todo eso.

—Frigga siempre lo supo ¿verdad? —preguntaste de pronto con la garganta apretada.

La compasión, las negaciones de cabeza. «Te odio, Thor», «Odín no es mi padre», «No lo eres. No eres mi madre».

«Siempre eres muy perspicaz con todo el mundo… excepto contigo.»

Odín solo te miró antes de elevar su ojo hacia el techo del salón, con un suspiro atrapado en la garganta.

—Tu madre veía mucho y hablaba de poco de aquello. Ella lo sabía, y lo amó todo el tiempo.

Te inclinaste y te abrazaste a ti mismo mientras apoyabas tu frente sobre tus piernas. No querías que Odín te viese llorar, porque eso no era más que una estúpida muestra de sentimentalismo provocada por tu vástago. Tu sensibilidad provocó que tu magia simplemente colapsase, mientras la ilusión final se caía, mostrando frente al Padre de Todo tu verdadera figura.

Los pasos viejos y apresurados se escucharon mientras Odín bajaba las escaleras con premura. Sus manos apenas rozaron tus brazos, cuando los alejaste con un relámpago violento. Tus ojos inundados en dolor e ira.

—¡No! ¡No me toques!

—Loki, tu hijo…

—No, no, no, Odín. Es tú hijo el que debe preocuparte —le sonreíste burlón, con el sudor cayendo de tus sienes, mientras sentías que tu abdomen hinchado iba a estallar— él es el que está peleando a muerte con Malekith en este momento.

El ojo de Odín atravesó la desafiante mirada verde de tus ojos y alcanzó el dolor y el miedo oculto debajo de todo. Aun arriesgándose a las dagas de tu magia, sus fuertes manos arrugadas te sujetaron con firmeza mientras te ponía en pie sin soltarte jamás.

—Ese hijo puede protegerse por sí mismo con ayuda de sus amigos. Es de este hijo mío del que estoy preocupado en este momento.

Quisiste gritarle que no eras hijo suyo, que tu padre había sido un maldito gigante de hielo que asesinaste solo para complacer a Odín, solo para demostrarle que eras digno, y que él te pagó tu esfuerzo con desprecio. Quisiste exigirle que te soltase, maldecirle por sus brazos fuertes y su aroma consolador, totalmente diferente al de Frigga, pero que también te recordaba al hogar, aunque no lo desearas. Quisiste hacer mucho, pero cuando el dolor fue demasiado, simplemente perdiste la conciencia mientras comprendías que nada jamás podría detener al ser que habitaba dentro de ti desde hace tanto y que llevaba meses listo para salir al mundo. Tu magia ya no podía retener más su nacimiento, y de todas formas ya era hora de comenzar a gobernar.


¿Cuántos años estuviste practicando a Odín a escondidas? Toda tu vida, de hecho.

Adorabas ver a los soldados prácticamente orinarse del susto al ver aparecer de pronto al Padre de Todo, ver palidecer a las sirvientas cuando las descubría chismorreando, o al Mayordomo real cuando le confundías las órdenes. Jamás usaste tu truco ni con Thor, ni con Frigga ni con el mismo Odín. Una, porque sabías que a los dos últimos jamás les engañarías. Y segundo, porque sabías que en algún momento te sería útil con Thor, y necesitabas que fuese fresca tu actuación.

Y eso había ocurrido cuando Thor apareció luego de la gran batalla, directamente a hablar con el Padre de Todo.

Humildemente creías que ni siquiera Odín mismo podría haber hablado mejor. Fuiste controlado y diplomático, incluso consolador, sin serlo. Thor se lo tragó completamente, y antes incluso de que emprendiese la retirada, supiste que no podrías simplemente revelarle que estaba vivo como habías llegado a pensar.

No, porque Thor te creía un héroe. Porque Thor te creía cambiado. Porque Thor merecía lo que quisiera después de derrotar a Malekith, y si lo que quería era a esa insulsa humana, pues que se la quedase. Al final, tú tenías suficiente trabajo administrando Asgard como para preocuparte de él.

—Hijo… usa tu destino— terminaste tu discurso con la mirada blanda, y odiándote por eso.

Thor se veía más guapo que nunca sonriendo con suavidad, aunque hubiese un aura de tristeza en su mirada que te gustaría creer, era por ti.

—Gracias, padre.

Le ves irse y sientes como un ligero temblor en tu ojo tapado te afecta. Quieres detenerlo, pero no lo haces. En cambio solo acabas por sonreír, acomodándote en el trono de Odín, antes de susurrar casi solo para ti mismo — Gracias a Ti.

Gracias por el Reino.

Gracias por el Sueño de Odín.

Y especialmente, muchas gracias por Fenrir.

Algún día Thor regresará, y tú estarás listo para él. Y los nueve mundos estarán listos para el hijo de ambos. Era el destino al final.

Era el plan.

~Skal fortsættes~


Lo sé, lo sé. Es horrible, como lo dejé ahí. No es mi culpa, es de los condenados que hicieron Thor: Mundo Oscuro uvu

Esto es como un preludio para un tercer shot y final, como habrán notado; pero como aún no sé bien que quiero hacer con esto, no sé si vaya a estar luego o no.

La existencia de esta continuación es gracias a todos quienes me dejaron hermosos reviews en la primera parte ;A; no saben cómo se los agradezco. Me hace muy feliz saber que lo que escribo es de su agrado. No sé si esto lo vaya a ser, pero sus opiniones son muy importantes para mí.

Gracias a bess20, Nekiare, yui-nesan, fantasmaalineal, Lucrecia B, , Ayame Chan, Tlacuilo1, kaoryciel94, Breyito-Black-Lupin, Misery Tonks, lizayan, Ophelia Wells y Cuencas Vacias. ¡Sois maravillosas! Muchas gracias por cada una de sus palabras, gracias a ellas me animé a escribir esto.

Tenía muchas cosas que decir de esto, pero ahora no sé qué. Me siento apenada por aquellos que esperaban algo más, pero necesitaba escribir esto, para siquiera pensar en una continuación mejor (y final).

Por cierto, por si no se entendió del todo, Loki mantuvo su embarazo más tiempo del que debía, engañando a todos con ilusiones en su apariencia. Su madre se preocuparía, pero no enseguida, en vista de que los embarazos asgardianos duran mucho, pero (al menos en este fic xD) los jotun nacen antes. Así, Loki necesitaba estar libre para dar a luz, ya que de lo contrario temía que su hijo pudiese serle arrebatado a la fuerza y él condenado. Sabía que mientras Frigga estuviese eso no sucedería, pero cuando murió supo que debía hacer algo, y Thor fue la solución. De todas formas, no esperaba dar a luz tan pronto, pero como él mismo menciona saber, al parecer nadie iba a poder dominar jamás a Fenrir.

¿Por qué Fenrir? Porque es el hijo de Loki que más me gusta, tiene la ferocidad y salvajismo de Thor y es indomable. Además será quien acabe con Odín, y Odín no me agrada del todo en el universo Marvel.

Eso es todo por ahora. Me gustaría saber sus opiniones respecto a esto, y si quieren que siga uvu

Como dije, lo escribí impulsivamente porque DEBÍA, pero al final no me gustó demasiado :c

Necesito volver a escribir más. A ver si sus lindos comentarios y/o críticas me ayudan a motivarme a escribir el final de esto ´v`