Regalos de verano.
Resumen: John buscaba una idea para el regalo de cumpleaños de Sherlock… y en verdad estaba buscando un consejo, porque no tenía ni la menor idea de que podía darle. Lo que menos buscaba era que su amigo se resintiera con él.
Serie: Sherlock BBC
Pareja: John-Sherlock.
Clasificación: Romance-Amistad-Kid!Lock
Advertencia: -
Capítulos: 02/03.
Palabras: 2,542.(Capitulo dos).
Notas: Segundo capítulo… espero terminarlo antes de que acabe enero.
Fecha: 02/01/2013.
Beta Reader: Pleasy TheYoko Stay.
Disclaimer: Todo lo referente a Sherlock Holmes pertenece a Sir Arthur Conan Doyle.
Regalos de verano.
Capitulo 02: ¡Él es mi amigo!.
Se habían conocido años atrás, en medio de unas vacaciones aburridas y sin más entretenimiento que la de juntar piedras a un lado de la costa. Esa tarde, Sherlock llevaba una muestra de lodo, que él mismo había sacado de algún lado casi inaccesible para cualquier otra persona. Pero a pesar de su pequeña batalla ganada, volvía a su casa pateando las piedras del camino, terriblemente aburrido cuando se chocó con él. John no había dudado en sonreírle, y Sherlock no tardó en girarse para asegurarse que no había nadie detrás de él a quien estuviese saludando.
—Mi nombre es John, John Watson. —El chico rubio había estirado su mano en un saludo formal entre caballeros.
Algo que Sherlock no entendió hasta que John casi retiró su mano.
—Sherlock Holmes. —Contestó, pensando si estaba teniendo alguna clase de alucinación. Mycroft le había contando que en esa isla se habían realizado en tiempos pasados muchas reuniones de Hechiceros, y algún espíritu podía estar jugando con él… Pero era obvio que Sherlock no creía que eso fuera cierto.
—¿Tú eres de aquí?.
—No… ¿Y tú?.
—Tampoco, estamos de vacaciones con mis padres y mi hermana. Aunque es aburrido estar con ella, y más aún con mis padres.
Sherlock sonrió, el chico parecía tan corpóreo como él. Cuando volviera a casa, golpearía a Mycroft por hacerle creer tales cosa.
—Yo también tengo un hermano mayor, y es insufrible… Y mis padres también son aburridos. Tu padre es doctor, y tu madre abogada, ¿no?.
—Sí. ¿Cómo lo supiste? —John pareció confuso ante lo acertado del cometario, y Sherlock apretó sus puños por no haberse callado a tiempo.
Muchas veces ya, Mycroft le había sugerido que evitara deducir a la gente si quería hacer amigos de una vez por todas. Algo en lo que su hermano menor no veía la menor necesidad de esfuerzo. Para el mayor de los Holmes, todos, incluso su pequeño hermano, eran unos completos imbéciles.
—Yo sólo lo deduje… —Sherlock suspiró, tratando de sonar casual. —Hay cosas a simple vista que me dicen cómo eres. Por ejemplo: sé que eres zurdo, tienes dos perros pequeños, tal vez terriers… También sé que te gusta el deporte, y acabas de recuperarte de una lesión en la pierna por la forma en que te mueves.
—¿Cómo…? Wow, eso fue increíble…
—¿Estás seguro?.
—¿Bromeas? ¡Fue jodidamente fantástico!.
Esa fue la única vez en que Sherlock no se sintió un 'bicho raro' por hacer lo que sabía; John había halagado su forma de ser, tan única, y tan especial. El rubio tenía apenas unos años más que Sherlock, y en más de una ocasión en ese verano, había salido a pelear las batallas que el chico no podía por sí solo.
Ese verano ambos niños se volvieron inseparables. Lamentablemente no vivían lo suficientemente cerca para seguir su amistad de otra manera que no fuera por carta¹ o teléfono. Y Sherlock siempre elegiría escribir por sobre todas las cosas. Sus cartas eran extensas, aunque la mayor parte de ellas las usaba para quejarse de todo, y de todos. Desde sus aburridos maestros, hasta la necesidad de usar ese feo uniforme para ir a la escuela, la cual obviamente, era una total pérdida de tiempo, según él.
Pasaron cuatro veranos más encontrándose en el mismo lugar. A pesar del aburrimiento de sus hermanos mayores, ellos esperaban el viaje como si se les fuera la vida en ello.
Pero el último de sus veranos… no fue el mejor vivido por ellos.
—No entiendo por qué le sonríes; es solo una niña tonta, John… No te retrases. —Sherlock no había dejado de gruñir desde que John pasó por él a su casa.
—Sólo espera un poco, Sherlock. Se buen amigo. —Y John no había dejado de sonreírle a Millie, en ese mismo tiempo.
Millie era de pronto la nueva adicción de sus vacaciones. La habían conocido hacia un año atrás y vivía muy cerca de Sherlock, por lo que John podía verla cada vez que iba a buscarlo para salir. Era una chica sumamente linda, y dulce, y el rubio había comenzado a interesarse por ella hacía algún tiempo, pero por más que quiso que su amigo le contara algo sobre ella, éste se había negado.
Claro que Sherlock tenía una razón, un motivo de peso para hacer eso. Él jamás se había negado a hacer una deducción, mucho menos si John era el que la pedía, pero esa vez… Sherlock podía casi vaticinar el desastre si John llegaba a saber que Millie estaba interesado en él.
Esa niña boba no perdía oportunidad para sonreírle a John, y hacer que su amigo se quedara como un completo imbécil por un largo rato. Ella estaba atentando contra su verano, tal cual Sherlock lo conocía.
Pero lo que Sherlock no pudo prever es que Harry Watson, como toda mujer, tenía casi un sexto sentido para esas cosas. Ella fue quien animó a John a hablarle, y como su compañero había sabido de antemano, la chica estuvo más que gustosa en pasar tiempo con él… Todo el tiempo, a decir verdad.
Es obvio, se dijo a si mismo Sherlock, cuando vio pasar a John por la playa de la mano de esa… La verdad es que aún no había encontrado un adjetivo justo para atribuirle, aunque internamente la llamaba la 'usurpadora'. Sabía que sonaba muy a las telenovelas que veía su madre en horarios centrales, pero a falta de algo mejor… Además, eso era lo que era; ella esta usurpando su lugar… él tenía que ser el que estuviera con John todas las tardes como siempre había sido desde que se conocieran.
Incluso esperaban por muchos meses para volver a verse directamente, y no sólo saber del otro mediante cartas. Sherlock planificaba muy bien los experimentos con los cuales iba a asombrar a John…
Y el verano no era algo eterno, según ellos mismos habían experimentado a través de los años que venían pasándolo juntos. Aunque ese en concreto estaba siendo interminable para Sherlock.
—¡Sherlock! Mami dices que entres, ya deja de estar bajo la lluvia. —La voz de Mycroft sonó monótona, aunque interiormente tenía ganas de decirle que se lo había advertido. Pero ello no ayudaría a lo que Sherlock estaba sintiendo en esos momentos. —No será la mejor de tus vacaciones si te resfrías con una tonta lluvia de verano.
—Ya es la peor de mis vacaciones, y ni siquiera estoy enfermo. —Contestó el joven, sin moverse de su lugar.
Sus ojos estaban perdidos en algún lugar del patio trasero de su casa, fijos en un punto cualquiera sin mirar realmente. Ya había observado demasiado ese día. Ese día, oficialmente, era el peor de su existencia.
Mycroft podía apostar por ello también. Había visto a su pequeño hermano terriblemente enojado, enfadado con el universo entero, y él bien sabia porque era eso. Había sido muy claro cuando le dijo a Sherlock que era obvio que John no tardaría en fijarse en alguna joven, porque eso era lo que los adolescentes aburridos hacían… la mayor parte del tiempo.
Pero Sherlock no había querido creer en sus palabras. Para él, que John estuviera interesado en una estúpida niña no era más que una pérdida total del tiempo que debían pasarlo juntos.
—¿Qué sucedió, Sherlock? —Mycroft suspiró, dejándose deslizar directamente bajo la lluvia. No iba a sentarse en la tierra como su hermano, pero al menos estaría lo más cercano que podía estar.
Sherlock no contestó. Estaba tan seguro de que John no tardaría en darse cuenta que Millie no tenia comparación con él, que no dejaba de ser una chica aburrida con voz nasal y completamente tonta… Pero al parecer había obviado ciertas cosas.
John era más grande que él, sólo dos años, pero al parecer esa diferencia de edad se hacía más evidente ahora que tiempo atrás.
Los había seguido. Tal vez y tendría la oportunidad de arruinarle el pelo a Millie con algo de barro… Y si estaba lleno de insectos, estaría mejor. Claro que él no contaba con aquella lluvia repentina. John había comenzado a correr con Millie de su mano, riendo como idiotas, y Sherlock trató de no perderles pisada.
Verlos entrar a la vieja casa abandonada fue un frio puñal en su corazón. No podía creer que John la llevara a su lugar secreto en ese maldito lugar. Sintió que sus manos se comprimían, y sus ojos ardían de rabia. Estaba dispuesto a entrar allí de decirle a John lo que pensaba de él como amigo…
Y así lo hizo, corrió las tablas conocidas dejándole el espacio suficiente como para colarse dentro. Era un trabajo de todos los años, apenas llegaban, hacer la limpieza de su lugar secreto, donde no sólo se escindan de sus hermanos, sino que también compartían la mayor parte del tiempo en las vacaciones.
No tardó ni dos minutos en llegar a la planta alta de la casa, el único lugar donde habían podido acondicionar un sillón y un par de velas por si la noche los encontraba allí. Pero al instante que estuvo en frente de los dos adolescentes, todo, incluso el enojo que John había causado en él, se desvaneció por completo.
—Sherlock.
La voz de John sonó enfadada, y lo único que pudo hacer en esos momentos fue salir corriendo.
Él los había visto, abrazados caminando, o simplemente tomados de la mano… Estaba seguro de que John había conseguido besarla, sabía que Millie había estado desesperada por que lo hiciera. Pero eso…
John, su John… Su mejor amigo y compañero desde ese primer verano…
¿Cómo ponerlo en palabras? Si no creía haber visto lo que vio, hubiera deseado no haberlo visto… O que simplemente no hubiera pasado aquello.
—John es un muchacho normal, Sherlock. Y como tal tiene necesidades de experiencias diferentes a las nuestras… —Mycroft sonrió de lado. —Debía de pasar en algún momento. Ahora que ya pasó, guarda esto lindos momentos con tu amigo y sigue adelante… No te detengas, hermanito. No vale la pena.
El mayor de los Holmes volvió a sonreírle a su hermano pequeño. Agitó su cabello como si sólo eso pudiera devolverle a su mundo el balance original.
—Déjame solo. —Gruñó en contestación, apartando la mano de Mycroft de su cabeza.
No le importaba lo que dijera su hermano, John no era solamente alguien normal. Él lo sabía, llevaba años conociéndolo… Aunque tampoco hubiera sabido cómo catalogarlo, si hubiera tenido que hacerlo.
Se quedó solo, sentado bajo la lluvia mientras Mycroft volvía dentro de la casa. Sabía que su madre no estaría de regreso demasiado pronto, por lo cual estaba seguro de que su hermano lo dejaría allí el tiempo que él quisiera quedarse.
La lluvia no cesó en el tiempo que Sherlock permaneció sentado en el jardín. No tenía ni idea de cuánto tiempo había sido, pero estaba seguro de que habían sido horas enteras. Además, Mycroft había ya encendido las luces de afuera.
—Las siete de la tarde… —Murmuró para sí mismo, con los ojos perdidos en la grama bajo sus pies. Siempre era bueno para ubicarse en el tiempo, las manías horarias de su hermano mayor.
Suspiró, pensando hasta cuándo se quedaría allí. Tal vez hasta que se diera cuenta de que había vuelto a estar solo. Seguramente, John ya habría desvestido a Millie por completo y ahora…
¡Dios! Era asqueroso de sólo pensarlo. ¿Cómo demonios alguien podía querer hacer eso?.
¿Cómo John quería experimentar eso?.
Él lo había visto con sus propios ojos: la mano del rubio deslizándose lentamente por debajo de la blusa húmeda de Millie, bordeando sus senos, en lo que parecía ser una primera exploración. Y Sherlock lo había arruinado todo; John se oyó verdaderamente molesto con él… y si no se hubiera ido corriendo de allí, estaba seguro que el rubio lo hubiera echado a patadas por fisgón y entrometido.
Oyó a Mycroft hablar dentro de la casa, pero sus padres aún no habían llegado. Y su hermano no tenía a nadie con quien hablar, ni tampoco le importaba tenerlo. Alzó la vista justo cuando la puerta trasera de su casa se abría, iluminando el jardín con una luz amarilla demasiado intensa.
—¿Sherlock?.
La silueta inerte, que no era otra que la de John, no tardó mucho en internarse bajo la lluvia, caminando el escaso trecho hasta donde Sherlock estaba sentado. Contrario a lo que su hermano había hecho, John estuvo sentado a su lado en menos de un segundo, sobre la tierra mojada. Las piernas cruzadas y las manos sobres sus rodillas, flexionándolas repetitivamente. Sherlock conocía ese movimiento, John lo había cada vez que estaba nervioso, y debía tranquilizarse rápidamente.
Pero no quería que John lo regañara por lo que había hecho, no era necesario, y haberlos visto era ya demasiado castigo para él.
—Lo siento, Sherlock. —John murmuró a su lado, aunque su voz sonó segura, y totalmente arrepentida. ¿De qué?, era algo que Sherlock quería preguntar.
—¿Por qué? —Fue lo único que pudo pronunciar. Sus ojos se elevaron hasta encontrar los de John vueltos hacia él, aunque el cabello sobre su frente estaba dificultándole verlo del todo.
—Por todo… creo. —John le sonrió, dejando que su mano corriera los rizos mojados que escurrían sobre la frente de su amigo. Suspiró por un instante. —Tienes razón… Eso es algo que ya no me sorprende, que siempre tienes razón. Millie es una niña tonta… Muy tonta en realidad.
¡Bien! John había entendido eso… Pero, ¿por qué? O, ¿cómo?… más bien.
—Sé que puedes estar enojado conmigo, y sé que me lo merezco, Sherlock. Pero si me dejas resarcirme… —La risa baja de Sherlock cortó la frase de John, obligándolo a ver el rostro nuevamente bajo de su amigo.
—¿'Resarcirte'?… ¿De qué deberías resarcirte tú? —Siseó en voz baja, tratando de ocultar el tono que las lágrimas le habían dejado a su voz.
—De muchas cosas. Pero lo primero sería por haberte dejado de lado. Lo siento, Sherlock. —John suspiró cuando no obtuvo respuesta, pero rápidamente siguió con su monólogo, tal y como lo había planeado mientras se dirigía al hogar de Sherlock. Otras veces tampoco le había contestado, y eso jamás lo detuvo para seguir hablándole. —Sé que fui un idiota al llevar a Millie a nuestro lugar…
Sherlock chasqueó la lengua con total disgusto, pero siguió oyendo la disculpa de su compañero.
—Lo sé y te pido que me perdones. Fui un estúpido… no estaba pensando con la cabeza, ciertamente. No con la cabeza de arriba… —John sonrió cuando, aunque quiso evitarlo, Sherlock rió por lo bajo.
El chico a su lado no tardó en reprenderse por ese desliz. Pero John estaba allí, aunque hubiera hecho algo tan asqueroso… estaba allí, pidiéndole perdón.
—Y prometo jamás volver a cometer el mismo error. Nunca volveré a poner a alguien más antes que a ti.
Sherlock acabó por levantar su rostro del todo ante esa promesa. Muchas veces no creía en algo como en una 'promesa'; sus padres eran muy afines de romper las que constantemente le hacían a él; pero John era diferente… Era John, y nunca había fallado a algo que le había dicho con anterioridad.
Asintió con seguridad, mientras el brazo de John rodeaba sus hombros y sonreía contra su sien izquierda con un suave 'gracias'.
Continuará.
Notas Finales: Me costó acabar este capítulo, aunque tenía escrito más de la mitad del mismo… pero bueno, es que he pasado por días malos. Pero bueno, eso es harina de otro costal.
El capitulo está terminado, y ahora sólo falta la ultima parte.
